Opiniones de aquí y allá sobre música clásica, muchas veces a contracorriente, para que conozcan lo que opino algunos más que los amigos con los que me comunico directamente.
sábado, 3 de febrero de 2018
El Concierto de Año Nuevo en Viena 2018: Riccardo Muti
Para mi gusto, este de 2018 ha sido el más logrado de los dirigidos por Riccardo Muti hasta ahora (1993, 1997, 2000, 2004), y uno de los mejores de los últimos años. El director napolitano tardó algunos años en hacerse con las claves y los guiños requeridos por esta música tan especial, pero, una vez dominados, los explota a conciencia (ocasionalmente, para mi gusto, hasta el exceso): véase cómo este año ha jugado con las oscilaciones de tempo y con el empleo del rubato. Últimamente lleva años aumentando el número de novedades que se ofrecen en estos conciertos, lo cual en principio está muy bien, claro, pero esto lleva aparejado inevitablemente la merma de calidad conjunta del programa, pues rara vez las piezas nunca tocadas anteriormente son valiosas. Se salvan a menudo las que no son de compositores del ámbito exclusivo de los valses y demás danzas y marchas, es decir al margen de los miembros de la Familia Strauss, de Lanner, Komzak, Ziehrer, Hellmesberger y compañía. O sea, que me parecen de agradecer las inclusiones de compositores cuyo centenario se conmemora: no digamos si se trata de un Haydn o un Richard Strauss, e incluso de otros menores pero también bienvenidos, como Nicolai o Suppé.
Pues bien, este año ha habido siete primicias, que son tal vez demasiadas, aunque quizá no tantas y tan flojas como algunas del año pasado, que claramente perjudicaron lo suyo a Dudamel. Estas siete fueron el vals de Josef Strauss Wiener Fresken (Frescos vieneses), una página bastante destacada con el personal estilo, elegante, noble y soñador de su autor que Muti acertó a recrear. Muy endeble me pareció, en cambio, el Marienwalzer (Vals de María) de Johann padre, con el que el director napolitano hizo lo que pudo; es decir, no mucho. El Wilhelm Tell Galopp del mismo tiene a su favor solo los preciosos temas rossinianos que toma prestados, y que fueron brillantemente expuestos por Muti. Vistosa es la obertura de la opereta Boccaccio de Suppé, que me sorprende no se hubiera tocado antes. La batuta obtuvo de ella todas sus -superficiales, si se quiere, pero muy eficaces- virtudes, con la máxima brillantez (aun así, es curioso, la grabación de Willi Boskovsky, dentro de la opereta completa, no fue capaz de superarla el napolitano). Myrthenblüten (Floración del mirto) no está, en cambio, entre los mejores valses de Strauss hijo, sino que repite con cierta rutina y sin apenas inspiración los procedimientos habituales. Nunca había oído nombrar al húngaro Alfons Czibulka (1842-1894), y su Stephanie-Gavotte resulta no más que llevadera; ignoro el porqué de su inclusión. Hasta aquí las novedades. Casi todo el resto fue sustancioso, con alguna excepción.
La Einzugsmarsch (Marcha de entrada) de El barón gitano con que se abrió el concierto fue ya espectacular por su brillantez y su acertado juego agógico. Las polcas rápidas fueron briosas, ardorosas y muy brillantes -así Leichtes Blut (Sangre alegre) y Unter Donner und Blitz (Truenos y relámpagos) de Johann hijo o Eingesendet (Enviado o Despachado) de su hermano Josef, si bien Freikugeln (Balas mágicas) me pareció un pelín veloz e inflexible. Muy castrense pero a la vez garbosa la Festmarsch (Marcha festiva) de Johann hijo; algo pálida, en cambio, con las trompas muy en segundo plano, la pieza final, la Radetzky Marsch de Strauss padre. La polca-mazurca Stadt und Land (Ciudad y campo) de Johann II, muy rubateada, fue para mí uno de los puntos más altos del concierto: Muti logró hacer de una página relativamente menor toda una delicia. Para mi gusto, sobró la simplona cuadrilla sobre Un ballo in maschera del mismo.
Los grandes valses fueron muy personales: Rosen aus dem Süden (Rosas del sur) fue muy elegante y delicado, con algunos toques decididamente decadentes y un juego agógico quizá excesivo, demasiado (e innecesariamente) libre; Geschichten aus dem Wienerwald (Cuentos de los bosques de Viena), con una sobresaliente intérprete (¡anónima!) de la cítara, me pareció ejemplarmente decadente en el mejor sentido. Pero la cima de la sesión fue para mi gusto An der schönen blauen Donau (El bello Danubio azul), lento, cantadísimo, muy intimista por momentos, con recurso extensivo al rubato y al balanceo en el tempo, no careciendo por ello de brillo y fuego: tal vez la interpretación más singular y valiente, desde hace bastantes años, del famosísimo vals. La pieza de Czibulka y Rosas del sur fueron coreografiadas, con más modernidad que lo acostumbardo hasta hace poco, creo que con acierto, por Davide Bombana. Pero prefiero optar, como puede hacerse ahora en el DVD/Blu-ray, por omitirlas, para no dejar de ver a los músicos. Por cierto, el sonido y la imagen del Blu-ray son esta vez rigurosamente óptimas (no siempre ha sido así). Huelga decirlo: la Orquesta Filarmónica de Viena no solo es totalmente irreemplazable en este repertorio por su sonido y su conocimiento del estilo, es que en manos de batutas magistrales como es el caso de Muti suena como los ángeles y con una precisión portentosa. Extrañamente, no hubo una sola broma: es la primera vez que esto ocurre desde que yo recuerde. La verdad es que Muti es un gran director, pero soso y casi mal encarado: no parece muy proclive que digamos a las chanzas.
viernes, 2 de febrero de 2018
Matsuev y Gergiev perpetran un horror de antología
Grabación de los Conciertos números 2 de Rachmaninov y Prokofiev para el sello Mariinsky
Hacía tiempo que no caía en mis manos -comprado por mí o,
como es este caso, para comentarlo en RITMO- un disco tan flojo. Denis Matsuev
recibió a los 23 años, en 1998, el Premio Tchaikovsky. No sé qué pudieron ver
en él en aquel momento (aparte de ser compatriota), pero, a juzgar por este
disco, es un instrumentista de dedos largos, fuertes y ágiles, pero de
musicalidad corta. Muy corta. Su meta parece ser correr todo lo posible y tocar
lo más fuerte posible. Su forma de masacrar el hermoso e inspirado Segundo Concierto de Rachmaninov es un
verdadero atentado al autor de La isla de
los muertos. Ya el comienzo resulta ruidoso y caótico, emborronado. La Orquesta
del Mariinsky tampoco está precisamente fina: brocha gorda, desajustes con el
piano y consigo misma... Matsuev parece incapaz de cantar una melodía
recreándose en su belleza: todo es lineal e insultantemente insípido. En
cambio, el basto Gergiev, uno de los directores más sobrevalorados del panorama
actual (que tal vez sería un desconocido de no ser íntimo amigo de quien más
manda en Rusia), llegado el minuto 7'27" del primer movimiento nos regala
con unas frases de un empalago insufrible, volviendo a la carga en los mismos
términos en el 6'02" del tercero. Por cierto, hay que remontarse a los
años cuarenta para encontrarse con dos primeros movimientos liquidados en menos
de diez minutos cada uno.
Un poco menos terrible y desconsiderado es el Segundo Concierto de Prokofiev; aun así
vuelven a primar el aporreo (¡qué horror de cadencia, compárese con la de Kissin,
puro fuego y puro poderío musical!) y la falta de sentido musical: la pasión
pasa a ser brutalidad, el humor sal gorda, el sarcasmo bordea o entra de lleno
en el mal gusto, etc. A qué seguir. Ignoren, por favor, este disco: de ambos Conciertos disponemos de interpretaciones
memorables: en los primeros puestos Ashkenazy con Previn o Haitink, Grimaud con
Ashkenazy o Abbado (este en DVD) para Rachmaninov, y Ashkenazy/Previn,
Postnikova/Rozhdestvensky o Kissin/Ashkenazy para Prokofiev.
viernes, 26 de enero de 2018
Triunfo de Perianes en otro gran compositor: Bartók
El Tercer Concierto para piano
Tras escuchar su recién
aparecida grabación del Tercer Concierto
de Béla Bartók (Harmonia Mundi HMM 902262) creo que el pianista Javier Perianes
puede añadir otro gran compositor a la ya larga lista de aquellos en los que
ha dado en el clavo: Beethoven, Schubert, Mendelssohn,
Chopin, Grieg, Debussy o Falla, entre otros. Con gran acierto enfoca este
tardío (1945) Concierto como lo que
es, una obra menos agresiva o cortante que los dos primeros, de algún modo otoñal (encuentro un cierto paralelismo
con lo que le sucedió al Richard Strauss crepuscular). Lo que no impide que el último movimiento sea
un entusiasta canto a la vida, con esa coda tan afirmativamente optimista y
vitalista. En perfecto entendimiento con Pablo Heras Casado, que me redime
aquí de varios chascos que le he escuchado últimamente (Schubert, Mendelssohn y
Schumann a la historicista: graves
errores para mí, malas influencias de lo que parece estar tan de moda y que ha
afectado también seriamente a una batuta superdotada como la de Nézet-Séguin).
Pues bien, ya la entrada está maravillosamente expuesta, con ese hondo
humanismo tan personal que caracteriza al último Bartók. Todo discurre del modo
más fluido y natural, todo está en su sitio -meridiana claridad, diálogos muy
trabajados- y el estilo de su autor no puede ser más reconocible. El
"Adagio religioso", debidamente recogido e íntimo, una especie de
reflexión solitaria en la noche, nos sumerge en una atmósfera muy llena de
sugerencias. Una vez más tengo la sensación de que la sección central anuncia
de algún modo los cantos de pájaros de Messiaen: Bartók nos traslada astuta y
hábilmente a otro mundo. El fraseo de
Perianes, con notas a menudo muy alejadas entre sí, está perfectamente ligado y
sostenido. Si los dos primeros movimientos me han encantado, puede que el
tercero lo haya hecho aún más. La Orquesta Filarmónica de Múnich se muestra
como lo que es, un conjunto de primera clase, excepcionalmente sensible y
maleable, con unos solistas de alto nivel. La toma de sonido, de los Estudios
Teldex de Berlín, es absolutamente ejemplar, acaso la más lograda que he
escuchado de esta obra.
El Concierto para orquesta
Bastante menos entusiasmo me
ha despertado el Concierto para orquesta.
Me parece que es una buena versión, claro, muy bien expuesto y explicado todo
su entramado, pero tengo algunas reservas: en el minuto 2'32" del primer
movimiento me parece algo flácida la entrada de la cuerda, y este tema y sus
variantes vuelven a resultarme algo blandas. El "Giuoco delle coppie" lo encuentro un poco rápido y de trámite, tocado casi todo el tiempo algo más fuerte de lo
debido, y algo descafeinada la tremenda, angustiosa "Elegia". Tampoco
creo que Heras acierte del todo con el singular sarcasmo del "Intermezzo
interrotto" (¡escúchese a Fricsay, a Solti o a Blomstedt!). Algo dulzonas
las maderas, no lo suficientemente incisivas, en el "Finale", que
sufre hasta de algún momento de blandura expresiva, y también de cierto
efectismo exterior. La orquesta está algo menos bien que en la otra
composición: el virtuosismo exigido es, como se sabe, extremo.
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sábado, 20 de enero de 2018
Cuatro discos nuevos: Currentzis, Belohlávek, Pappano, Flórez
Ya he dado en varias
ocasiones mi opinión sobre el director Teodor Currentzis (Atenas, 1972) como
uno de los más imprevisibles de la actualidad: capaz de maravillas (sin ir más
lejos, The Indian Queen de Purcell
comentada hace poco en este blog) o de desastres (así, su Concierto para violín de Tchaikovsky con la horrible
Kopatchinskaya). Pues bien, ahora vuelve al gran compositor ruso en su reciente
grabación para Sony, con el conjunto MusicAeterna, de su Sinfonía "Patética", que está siendo muy controvertida.
Daré mi opinión sobre ella. Había leído y oído decir algo así como que es una
interpretación "hiperdramática" y "en carne viva". Algo de
esto hay, así como destellos de un talento tremendo, el que no creo que se le
pueda negar al director griego afincado en la Ópera de Perm, a la que pertenece
MusicAeterna. Pero la impresión que he tenido al escucharla (impresión que
podría cambiar, en función del estado de ánimo con que me coja) es que es una
versión histérica, tremendamente efectista, extremadísima en sus contrastes,
feroz aquí y allá ¡pero también blandísma en algún momento! y que, no lo puedo
remediar, me da la impresión de ser menos sincera que numerera. Pero admito que haya a quienes les subyugue. A mí, aunque
me parece interesante, no me convence. La orquesta creo que es algo pequeña,
pero son capaces de hacer un ruido infernal. La toma de sonido tiene toda la
pinta de estar muy manipulada en busca de una transparencia a todas luces artificial.
Ma Vlast de Smetana
por Belohlávek
Desgraciadamente, el director
checo Jirí Belohlávek (1946-2017) no ha tenido tiempo de ver su
último disco, publicado siete meses tras su muerte: el ciclo de seis poemas
sinfónicos de Smetana que es algo así como la cumbre de la música nacionalista
checa (checoslovaca) o bohemia. Tras una admirable serie con las 9 Sinfonías y los 3 Conciertos de Dvorák y unas algo menos logradas pero estimables Danzas eslavas y Stabat Mater del mismo autor, todo con la Orquesta Filarmónica
Checa y para Decca, el presente ciclo del otro gran compositor nacionalista
checo del XIX me ha parecido estimable, a situarse entre las buenas
interpretaciones disponibles, si bien creo que no alcanza el nivel de
las Sinfonías del autor de Rusalka. Los poemas sinfónicos 3º, 4º y
5º creo que están algo menos logrados que los otros tres. Otra deficiencia: la
toma de sonido no ha sido todo lo buena que uno podría esperar hoy. Confío en
que se publique, sea en CD o en DVD/Blu-ray, la colosal, reveladora
interpretación que Barenboim ofreció el 12 de mayo de 2017 en Praga de este
ciclo con la Filarmónica de Viena, grabación que en audio ha circulado por la
red con estupendo sonido. Haberla escuchado, descubierto, merma
irremediablemente interés a esta publicación de Belohlávek.
Pappano dirige las dos principales obras orquestales
de Saint-Saëns
Warner ha lanzado
recientemente un disco la mar de interesante por contener una destacada, aunque
desigual, grabación de la magistral Tercera
Sinfonía de Saint-Saëns y una sensacional versión de la que para mí es la
obra cumbre de cuanto conozco de este compositor: El carnaval de los animales. El primer movimiento -si la
consideramos dividida en cuatro- de la Sinfonía
con órgano es admirable hasta el punto de que creo que nunca lo he
escuchado de forma tan convincente; el segundo, también bellísimo, lo encuentro
en exceso contemplativo, dejando bastante de lado su envolvente sensualidad. El
tercero, excesivamente rápido y con un error recurrente en los timbales, solo
levanta cabeza en su final, en el que Pappano descubre texturas nuevas. El grandioso finale es más pomposo que apasionado y
se ve lastrado tal vez por la toma en público, algo desequilibrada; aunque el
órgano, tocado por Daniele Rossi, tiene buena presencia, pasa a segundo término
frente a un bombo y unos platillos demasiado destacados. Francamente bien la
Orquesta de la Academia Santa Cecilia de Roma, aunque, claro, no es una de las
grandes. Por ello mismo es muy de admirar el altísimo nivel con el que se
desenvuelve en El carnaval -grabado a
pedir de boca en estudio- incluso sus solistas más comprometidos, como el
contrabajo en El elefante y el cello
en El cisne. Pero lo mejor de la
versión, plena de sentido del humor, es la intervención de Martha Argerich y
del propio Pappano en los pianos: ¡graciosísimos los Pianistas, incapaces sin cesar de mantener el tempo!
El recital Mozart de Juan Diego Flórez
El mejor tenor rossiniano de
todos los tiempos ha cometido, para mi gusto, un tremendo error grabando este
programa Mozart, por mucho que su voz sea ideal para casi todas estas diez
arias. Por culpa de varias carencias: falta de un buen estilo mozartiano, algo que
se le escapa por completo. Por una expresión casi invariable todo el tiempo,
muy escorada hacia la blandura muy edulcorada (¡insufrible en "Un aura
amorosa" de Cosí fan tutte!).
Por una pronunciación desastrosa del alemán en las arias de La flauta mágica y El rapto en el serrallo (no recuerdo, en décadas, nada tan deficiente
en un cantante de renombre). Por añadir adornos y algún agudo, totalmente
innecesarios e inconvenientes, y además del peor gusto, en las arias de Don Giovanni y Così: ¡qué manía la de empeñarse en el vano lucimiento! Y por
haberse dejado acompañar por uno de los peores directores de o con instrumentos
originales que ha escuchado jamás (¡y hay muchos candidatos!): Riccardo Minasi,
a quien dios confunda: un compendio de los peores resabios de los de su
especialidad, desde lo más bruto a lo más empalagoso. Este CD, editado por Sony
y de 51 minutos de duración, cuenta con la Orquesta La Scintilla de la Ópera de
Zúrich. Lo dicho: no basta, ni muchísimo menos, con cantar bien.
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sábado, 13 de enero de 2018
Mis mejores discos de 2017
Por supuesto hay multitud de
discos (de audio y audiovisuales) aparecidos en 2017 que no he escuchado, y
seguro que entre ellos hay algunos que me habrían gustado. Pero me limito a los
que he conocido. Estos son las que más me han satisfecho:
BEETHOVEN/LISZT: An die ferne
Geliebte. LISZT: Sonata en Si menor. SCHUMANN: Fantasía
op. 17 - Juan Pérez Floristán (Naxos 8. 573792)
BELLINI: I Puritani - Diana Damrau, Javier Camarena, Ludovic Tézier, Nicolas
Testé, Annalisa Stroppa. Coro y Orquesta del Teatro Real, Madrid. Evelino Pidò.
Emilio Sagi (Blu-ray BelAir BAC442)
BOULEZ: Dérive 2. Dialogue de l'ombre double. Mémoriale. Anthèmes 2. Messagesquisse
- Michael Barenboim. Orquesta del West-Eastern Divan. Daniel Barenboim.
Le marteau sans maître - Hilary
Summers. Orquesta del West-Eastern Divan.
Pierre Boulez (DG 4797160, 2 CDs)
BRAHMS: las 4 Sinfonías - Orquesta Sinfónica de Boston. Andris Nelsons (Boston Symphony)
BRAHMS: los 3 Tríos para piano, violín y cello - Emanuel Ax, Leonidas
Kavakos, Yo-Yo Ma (Sony 88985407292, 2 CDs)
BRAHMS: la Música de cámara completa - Perlman, Barenboim, Oistrakh, Bauer,
Perényi, Kocsis, Fuchs, Bashkirova, Vengerov, Pergamenschikow, Schwalke,
Clevenger, A. Schiff, Shiokawa, Stern, Ax, Laredo, Ma, Cuarteto Keller,
Cuarteto Takács, Imai, Leister, Solistas de Berlín, Sexteto de cuerda de Viena
(Blu-ray EuroArts 2064014)
BRUCKNER: Sinfonías Nos. 1-9 -
Staatskapelle Berlin.
Barenboim (DG 4796985, 9 CDs)
CHOPIN: Impromptu 3. Mazurcas 11,
40 y 41. Nocturnos 2, 10, 13, 14, 15, 16 y 18. Polonesa-fantasía. Vals 9 -
David Fray (EMI 0190295896478)
DELAGE: Cuatro poemas hindúes. DUTILLEUX: Concierto para violín "L'arbre des songes". Métaboles. RAVEL: Le tombeau de Couperin. Dafnis y Cloe:
suite 2 - Leonidas Kavakos, Julia Bullock. Orquesta Sinfónica de Londres. Sir Simon Rattle (Blu-ray LSO LSO3038)
DVORÁK: Tríos para piano, violín y cello 1 y 2 - Trío Tempest (Naxos
8.573279)
ELGAR: The Dream of Gerontius
- Catherine Wyn-Rogers, Andrew Staples, Thomas Hampson. Coros de la Ópera
Estatal y RIAS de Berlín. Staatskapelle Berlin.
Daniel Barenboim (Decca 4831585, 2 CDs)
HAYDN: La Creación - Camilla Tilling, Mark Padmore, Hanno
Müller-Brachmann. Coro y Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara. Bernard Haitink
(BR Klassik 900125, 2 CDs)
PURCELL: The Indian Queen - Julia
Bullock, Vince Yi, Nadine Koutcher, Christophe Dumaux, Markus Brutscher, Noah
Stewart, Luthando Qave, Maritxell Carrero, Celine Peña. Coro y Orquesta MusicAeterna de la Ópera de Perm. Teodor
Currentzis. Peter Sellars (Blu-ray Sony 88875049529)
SCHOENBERG: Gurrelieder - Burkhard
Fritz, Emily Magee, Anna Larsson, Markus Marquardt, Wolfgang
Ablinger-Sperrhacke, Sunnyi Melles. Coros
de la Ópera Nacional Holandesa y del Chorforum Essen. Orquesta Filarmónica
Neerlandesa. Marc Albrecht. Pierre Audi (DVD Opus Arte OA 1227 D)
SCHUBERT: Sonatas para piano en La mayor, D 664, y en
Si bemol mayor, D 960 - Javier Perianes (Harmonia Mundi HMM 902282)
SCHUBERT: Lieder (gran antología) - Matthias
Goerne. Helmut Deutsch, Christoph Eschenbach, Andreas Haefliger, Elisabeth Leonskaja, Ingo
Metzmacher, Alexander Schmalcz, Eric Schneider (Harmonia Mundi HMX 2908750.61,
12 CDs.)
VERDI: I due Foscari - Plácido Domingo, Francesco Meli, Anna Pirozzi,
Andrea Concetti. Ballet, Coro y Orquesta de La Scala, Milán. Michele Mariotti.
Alvis Hermanis (Blu-ray C Major 742104)
YSAYE: las 6 Sonatas para violín solo - Stefan Tarara (Ars Produktion ARS
38 241)
"HISTORIA DEL ÓRGANO" - Marie-Claire Alain, Louis Robilliard, René Saorgin,
Gustav Leonhard, Xavier Darasse, André Isoir, Bernard Foccroulle, Hans Heintze
(Arthaus 109326, 4 DVDs)
"TERRA". BARTÓK: Cuarteto 2. GINASTERA: Cuarteto 1. R. HALFFTER: Ocho Tientos - Cuarteto Quiroga (Cobra
0059)
martes, 9 de enero de 2018
Barenboim interpreta música para piano de Debussy en concierto y en disco
Ayer, 8 de enero, tocó Daniel Barenboim en el Auditorio Nacional -con su piano "Barenboim" fabricado por Chris Maene, que ¡vive Dios! también es ideal para estas músicas- un programa monográfico de Debussy, tras haberlo ofrecido el día anterior en Oviedo. Programa que tiene previsto tocar también próximamente en numerosas ciudades europeas. Antes del comienzo el actor Miguel Rellán salió al escenario para pedir respetuoso silencio, especialmente importante para poder percibir hasta el menor detalle de una música en la que los matices sonoros, hasta los más sutiles, son decisivos. ¡Y vaya si lo fueron! Contra lo que algunos han opinado durante mucho tiempo, que el pianista argentino no era especialmente atento con la cuestión del sonido (que no lo es con respecto a los aspectos estructurales sería clarísimamente insostenible). No era esta precisamente la opinión del eximio barítono Dietrich Fischer-Dieskau, quien ya en 1980, al ser preguntado por qué había insistido en que fuese Barenboim quien colaborase con él en su grabación de los Lieder de Liszt, afirmó que lo requería por "su especial sensibilidad para el sonido". Pues bien, en la actualidad Barenboim atiende este aspecto más que nunca, hasta el punto de ser algo que llama extraordinariamente la atención.
Aquí se muestra el bonaerense
como un auténtico alquimista de las sonoridades, cualidad fundamental, claro
está, para interpretar a Debussy o a Ravel, y que sin duda no es ajena a su
profesión directorial. Anoche esto fue tan palpable que no se me ocurre nada
mejor que llamarlo magia. Pero, por
supuesto, esta extraordinaria imaginación para los timbres y los colores no
basta para hacer plena justicia a Debussy. Aunque, en el Primer Libro de los Preludios tuvo serios problemas de dedos
en una pieza como Las colinas de Anacapri,
que sonó emborronada y con varios tropiezos, Barenboim no se limitó a la
ortodoxia que representa en el más alto grado Michelangeli, sino que ahondó en
aspectos insospechados de estas piezas, como la introspección -asombrosa en Pasos sobre la nieve- o puntos de vista
que rebasan de lejos lo que se suele etiquetar de impresionista -el pavor con que tradujo Lo que ha visto el viento del oeste, el tremendo, insondable,
siniestro misterio y la impresionante grandeza arquitectónica de que dotó a La catedral sumergida-, el resaltadísimo
aire español de La serenata interrumpida-,
la increíble sensibilidad, belleza y dulzura con que envolvió La doncella de los cabellos de lino, la
alada y con nítidas resonancias de los scherzi
mendelssohnianos Danza de Puck o el
acentuado sentido danzable y el humor grotesco de Mintrels. Definitivamente, pianistas no tópicamente debussianos como Claudio Arrau o Barenboim
-ambos hispanoamericanos, curiosamente- han aportado mucho a la inagotable
riqueza de la música del francés. Por cierto que también en estos Preludios tienen ambos algunos rasgos en
común, entre ellos un sonido en general menos liviano y aristado que la mayoría
de los pianistas de la órbita francesa.
La segunda parte fue mucho
más corta, limitándose a las tres Estampas
-el refinado orientalismo de Pagodas,
la genial españolidad de La tarde en
Granada, con una inesperadamente muy apasionada sección central, y el rico,
diverso caleidoscopio de Jardines bajo la
lluvia. Versiones muy próximas -y no solo por cercanía temporal- a las del
disco (4798741) que Deustche Grammophon publica esta misma semana. Es lástima
que este no recoja las dos Arabescas
ni La isla alegre con las que ayer se
cerraba el programa. En la primera de las Arabesques
logró un legato milagroso, y en la
segunda un cambiante, sorprendente sentido del humor. En la página final, y
pese a algún que otro roce, llamó la atención la enorme flexibilidad,
naturalidad y fluidez del discurso.
El disco -que ayer ya se
vendía con unos pocos días de antelación en el Auditorio, y que Barenboim firmó
tras el recital- recoge el audio del Libro I de los Preludios filmado en el precioso edificio modernista que es el
Institut Pere Mata de Reus en agosto de 1998 (y publicado en DVD y Blu-ray
-2013114- por EuroArts). Ha sido muy buena idea, porque en la publicación
audiovisual una voz explicativa en francés pisaba
en numerosas ocasiones sobre la propia música, lo que me resulta irritante y
que por descontado no ocurre en el disco. No tan distante de lo escuchado
anoche (carente de fallos de ejecución, no hace falta decirlo), estos doce Preludios están sin duda al nivel de las
cimas discográficas de Michelangeli, Arrau o Zimerman. Cada una con sus
peculiaridades, que las hacen a mi entender de imprescindible
conocimiento.
La toma de sonido, a cargo
del bien conocido Toine Mertens, es, como ya se apreciaba en el Blu-ray (mucho
más que en el DVD), una maravilla. Pero el resto del CD no se queda atrás, como
es lógico, sino que suena un poco mejor aún: las tres Estampas y las otras tres piezas -Clair de lune, La plus que lente y Élégie- han sido registradas hace tres meses, en octubre de 2017,
en los famosos Estudios Teldex de Berlín por Friedemann Engelbrecht (productor)
y Sebastian Nattkemper (ingeniero). Exquisita la atmósfera que logra Barenboim
en el famoso Claro de luna,
perteneciente a la Suite bergamasque.
Excelsa, muy próxima al auténtico prodigio logrado en su ancianidad por Arrau y
no desprovista de pasión La más que lenta,
y pensativa, pesarosa, amarga la tardía (1915) Elegía.
El recital de ayer, tocado
sin partitura (la escritora Rosa Montero y Ana Arámbarri, autora de una
reciente biografía de Argenta, al lado de las cuales tuve la dicha de sentarme,
comentaban: "¡cómo puede aprenderse de memoria tal cantidad de
notas!") se prolongó, ante la insistencia del público, en una propina: una
increíblemente meditativa y bella Des Abends, página inicial de las Piezas
fantásticas op. 12 de Schumann, tocada mucho más piano de lo
habitual, con la mayor concentración imaginable. Sorprendente: quedó patente
que el particular universo del alemán no está aquí tan lejos como podría
pensarse del de Debussy.
domingo, 7 de enero de 2018
Schubert explicado por Brendel
Mientras más las escucho, mi
entusiasmo por las Sonatas para piano
de Schubert crece más y más. Cuando se publicó el álbum de DG con todas las Sonatas no incompletas por Barenboim que
comenté en este blog hice una serie de breves consideraciones sobre las obras
-y las interpretaciones- que ahora, al leer "Sobre la música. Ensayos completos y conferencias" de Alfred
Brendel (Acantilado, 2016), he visto que se hallan en sintonía con lo que el
gran pianista austríaco defiende en este libro, explicado detalladamente y con
clarividencia extraordinaria. Me gustaría mostrar a los lectores de este blog
algunas de las frases o párrafos que encuentro más interesantes y acertados. (Advertencia: no
siempre he seguido al pie de la letra la traducción, de Juan Luis Milán):
"En las Sonatas de
Beethoven nunca perdemos la orientación, siempre sabemos dónde estamos.
Schubert, por el contrario, nos sitúa en un estado onírico. Beethoven componía
como un arquitecto; Schubert como un sonámbulo". "La música de
Beethoven camina dinámicamente hacia adelante, nos permite experimentar un
proceso, mientras que la de Schubert a menudo actúa sobre nosotros como un
estado, una situación, como una serie de episodios que se comunican entre sí
misteriosamente".
Los prejuicios
Las Sonatas de Schubert se
han visto perjudicadas por una serie de prejuicios que es preciso desmontar.
Entre ellos: "Como compositor de Sonatas, Schubert seguía el modelo de
Beethoven, sin llegar a alcanzarlo". La admiración de Schubert por
Beethoven rozaba la idolatría [...], pero, a pesar de toda su veneración, no se
dejó vencer por su grandeza, lo admiraba demasiado como para atreverse a
desafiarlo con sus propias armas. Además, debió de notar la diferencia de
naturaleza musical entre Beethoven y él. Las Sonatas de Schubert acontecen de
una forma enigmática. Hay en ellas algo ingenuo que nos desarma. Ingenuidad y
refinamiento están hermanados en esta música como solo lo están en la de Haydn.
No hay que confundir ingenuidad con sencillez. La música de Schubert puede ser
cualquier cosa menos sencilla. 'Nada es más falso que creer que la gran música
no puede ser arruinada por medio de una interpretación equivocada' (Donald F.
Tovey)".
"La música de
Schubert se parece a los amables contornos del paisaje austríaco". "El
autor de esta afirmación parece que no ha visto nunca el lado extraño, hosco y
majestuoso del paisaje austríaco. Se dice que la música de Schubert es
agradable, complaciente, sentimental y de bondad íntegra, una concepción que
proviene de una época en la que se abusaba de sus melodías en operetas.
Schubert puede ser todo eso, sin duda, aunque yo no veo sentimentalidad salvo
en raras ocasiones. La diversidad de caracteres mucho más esenciales que tiene
a su disposición es inmensa. Como todos los compositores verdaderamente
grandes, Schubert no se deja encasillar en un solo carácter. Ya en 1928 Artur
Schnabel señalaba que Schubert, mucho más que un simple melodista, era un
creador de sonatas de alto dramatismo. Basta ver el uso que hace de los signos
dinámicos para entender el alcance de su fuerza expresiva, que no refleja en
absoluto al lírico blando. Con sus ppp
y fff sobrepasa los límites
habituales. Hay canciones que, como Der
Doppelgänger, demuestran la necesidad que tenía Schubert de alcanzar
extremos, desde el susurro hasta el grito. El punto dramático culminante de la Sonata en La mayor D 959, el paroxismo
del "Andantino", deja tras de sí todas las ideas formales
convencionales; no encontramos superado ese grado de anarquía hasta la tercera
pieza para piano del Opus 11 de
Schoenberg. Todavía hoy ese grito irracional forma parte de lo más atrevido y
aterrador que la música haya producido jamás".
"Por qué no se ha
prestado más atención a Schubert como compositor instrumental? He aquí mis
respuestas:
- El abandono comenzó ya en
vida del compositor. Schubert tenía un semblante poco agraciado. No se parecía
a lo que se espera de un genio.
- Schubert no fue un
concertista virtuoso.
- Con excepción de su música
para piano a cuatro manos, la mayor parte de sus obras instrumentales se
publicaron póstumamente, y algunas muchos años después de su muerte.
- El cantante Johann Michael
Vogl convenció al público de las schubertiades
de la genialidad de Schubert en el género del Lied. Se vio al compositor como un miniaturista. Eso, junto a la
juventud de Schubert en el momento de su muerte, no parecía hablar en favor de
un dominio de las grandes formas.
- El gusto clasicista del
aficionado a la música. La música expansiva y a menudo imprevisible de Schubert
contradecía el proceder consecuente de Beethoven o la autocomplaciente claridad
de Mendelssohn.
- El gusto romántico. Se
desconfiaba del empleo de formas aparentemente convencionales.
- Las obras para piano de
Schubert sobrepasaban con frecuencia las posibilidades de los instrumentos de
su tiempo, al igual que la Gran Sinfonía
en Do mayor excedía el tamaño y las costumbres de la orquesta de la época.
De todos los defensores importantes de Schubert en el XIX -Schumann,
Mendelssohn, Liszt, Brahms, Dvorák, George Grove- solo Brahms tenía algo que
ver con Viena. El mero hecho de que esos grandes compositores se cuenten entre
los más activos admiradores de Schubert debería dar que pensar a los que
todavía afirman que su capacidad no estaba a la altura de su talento. Liszt
acertó de lleno cuando (por carta en 1868) decía de Schubert: "Casi hace
olvidar la grandeza de su maestría ante el hechizo de sus emociones".
-"Schubert, compositor
vienés". Pero ¿qué hay de vienés en sus Sonatas, en Viaje de invierno,
en los Lieder sobre poemas de Heine,
en la Misa en Mi bemol mayor o en el Quinteto de cuerda? El macabro final de
la Sonata en Do menor D 958 está
mucho más próximo a las pinturas negras de Goya -fallecido también en 1828- que
a Kupelwieser o a Schwind [dos de los principales amigos, pintores, de
Schubert]. ¿Qué es "compositor vienés"? ¿Es alguien a quien los
vieneses obligan a hacer penitencia por no componer como Johann Strauss?
¿Alguien cuya música incómoda no les entra a los vieneses sino con esfuerzo y
con retraso? Schubert pertenece a la ilustre serie de vieneses que sufrieron y
sufren su ciudad.
¿Dónde estaban, incluso en los años posteriores a 1945, los pianistas vieneses de renombre que podrían haber intercedido en favor de las Sonatas de Schubert? Para Sauer, Rosenthal o Godowsky estas obras no tenían la más mínima importancia. El impulso para su descubrimiento salió del Berlín de los años 20, de Schnabel, de Eduard Erdmann" [y más tarde, añadiría yo, también instalado en la capital alemana, de Edwin Fischer].
¿Dónde estaban, incluso en los años posteriores a 1945, los pianistas vieneses de renombre que podrían haber intercedido en favor de las Sonatas de Schubert? Para Sauer, Rosenthal o Godowsky estas obras no tenían la más mínima importancia. El impulso para su descubrimiento salió del Berlín de los años 20, de Schnabel, de Eduard Erdmann" [y más tarde, añadiría yo, también instalado en la capital alemana, de Edwin Fischer].
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