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viernes, 6 de marzo de 2026

Franz Schubert: Discografía (XII)

 

Algunas palabras sobre las Sonatas para piano de Schubert  

Beethoven fue un compositor idolatrado por Schubert, pero al que mayormente supo resistirse como creador. Es decir: opino que dominar la música de Beethoven es muy conveniente para interpretar correctamente a Schubert, pero a la vez creo que no debe abordarse a este como una prolongación de aquél, pues la personalidad del autor de Rosamunda es muy fuerte, inconfundible, muy diferente de la de su antecesor. En el caso de estas Sonatas, el conocimiento a fondo de la sonata clásica es fundamental, pero teniendo bien presente que Schubert -lo mismo que hizo Beethoven, pero de otra manera- no siempre aplica la forma según las reglas heredadas, sino de modo muy personal, y apasionante por cierto. Estas Sonatas “inauguran un mundo nuevo y permiten formarse una idea de lo que significa realmente el Romanticismo en la música: una original interacción de conmovedoras melodías, riqueza armónica y concisión rítmica que no se ve constreñida por formas excesivamente estrictas, sino que se encuentra sostenida por una extraordinaria sensibilidad tímbrica y una expresividad inmensa y esencialmente omnipresente”, escribe Detlef Giese. 

El tan característico humanismo schubertiano, su dulzura, su inagotable inspiración melódica, no lo son todo en su música. Sus procedimientos son muy suyos y a las abundantes repeticiones temáticas que propone no es fácil (como le pasa a Bruckner) hacerles justicia, comunicarles toda la debida variedad de acentos y expresión. Como decía Federico Sopeña, “si se le interpreta bien, esas repeticiones, tan fatigosas en otros compositores, son en Schubert bienvenidas una y otra vez, nunca cansan: es algo realmente misterioso” (cito de memoria lo que le oí decir en una conferencia).

Un último aspecto importante: tocando estas obras es fácil caer también en la dulzonería, para mí especialmente odiosa. Dulzura y dulzonería o blandura son cosas muy distintas. Además hay pianistas a los que parece darles vértigo emplearse a fondo en la tragedia personal de Schubert, mucho más omnipresente de lo que muchos piensan (sigue pesando mucho el viejo prejuicio de que Schubert es sólo delicioso, encantador). Sviatoslav Richter fue quizá el primer pianista grande que se libró por completo de este temor; el reputado Alfred Brendel no siempre supo hacerlo (en contra incluso, a veces, de lo que él mismo decía sobre la música: una cosa es explicarlo bien con palabras, como él hacía, y otra bien distinta llevarlo a la práctica tocando). Barenboim lo aplica sin rodeos en, al menos, algunos momentos de todas estas obras: él ha dicho en alguna ocasión que en la música de Schubert se dan a menudo la mano la sonrisa y el dolor; lo pone en práctica con todas las consecuencias, si bien es cierto que en ciertas sonatas predomina abiertamente ese último. Radu Lupu, Mitsuko Uchida y Elisabeth Leonskaja son otros pianistas que han llegado con frecuencia al fondo de Schubert. Hay algunos más, pero que han grabado con menor profusión su música.


OTRAS OBRAS PARA PIANO

 

Adagio D 612 (1818)

1979 Vox         Peter Frankl      5’18     8/7

2003 MDG       Leonskaja         4’54     9/9

 

Allegretto D 915 (1827)

1940 EMI         Schnabel          4’49     8/6

1969 DG          Kempff            4’54     7/7,5

1974 Philips     Brendel             4’19     7/8

1978 DG          Barenboim       7’05     10/8

1980 Philips     Arrau               6’39     9/8

1989 Naxos      Jandó               4’45     7/8

1992 Decca      A.Schiff           5’11     8/8,5

1993 Nonesuch Goode              5’50     8,5/8

1995 EMI         Kovacevich      5’02     9/8,5

1998 DG          Pires                5’41     7/8,5

2003 MDG       Leonskaja         6’18     9/8,5

2008 HMundi   Perianes           6’49     8,5/9,5 

2009 Erato       David Fray       6’06     9/9,5

2010 Hänssler   Gerhard Oppitz 6’14     9/8

2014 Erato       Chamayou       4’23     8/9

2019 Erato       Pludermacher   3’36     5/8

2020 DG          Sokolov            6’16     9/9,5

2020 Signum    Llyr Williams   4’29     7/8

2022 Warner    Eric Lu            6’16     8/9

2022 Edify       Rachel N.Kudo 6’02     8/9

 

16 Danzas alemanas D 783 (1824)

1973 Philips     Brendel            10’42   8/8

2020 Signum    Llyr Williams   10’58   7/8

2024 Naxos      Dominic Cheli  10’27   8/8,5

 

Fantasía Wanderer, D 760 (1822)

1935 APR        Edwin Fischer              20’28   8/4

1951 Decca      Curzon                         21’14   9/6

1959 EMI         Arrau                           22’58   10/6,5

1960 ¿?            Dino Ciani                   21’13   7,5/7

1963 EMI         Sviatoslav Richter        20’55   9,5/7,5

1966 RCA        Rubinstein                   21’13   8/8

1970 DG          Kempff                        21’09   7/7,5

19?? AAEP      Eduardo del Pueyo       23’58   8/7

1972 Philips     Brendel                        21’01   8,5/8

1974 DG          Pollini                          21’34   7,5/7,5

*1978 EuroArts  Brendel                      22’05   8/7,5

1979 Vox         Peter Frankl                  22’38   8,5/7

1986 Sony        Perahia                         21’48   9/8,5

1987 Decca      Ashkenazy                   20’42   8/8,5

1989 Teldec      Leonskaja                     20’54   8,5/9

*1991 DG        Kissin                          21’36   9,5/9

1992 Naïve       Rafael Orozco              20’55   7,5/7,5

1993 Naxos      Jenö Jandó                   21’12   8/8

1993 DG          Anatol Ugorski             24’54   7/8

2000 ECM        András Schiff               23’13   8,5/8

*2004 DG        Lang Lang                    22’08   9/9

2006 Atma       David Fray                   21’40   7,5/8,5

2007 Mirare      Brigitte Engerer            22’16   10/8,5

2010 Hänssler   Gerhard Oppitz             21’16   7,5/7,5

2011 Naxos      Eldar Nebolsin             21’21   8,5/8,5

2012 HMundi   Paul Lewis                   20’30   7/9

2013 WDR       Pérez Floristán             20’32   9/7,5

2014 Erato       Chamayou                   21’42   8,5/9

2014 Naïve       Aaron Pilsan                 20’14   8,5/9

2014 Dux         G.Ohlsson                    22’45   7,5/7

2015 Centaur   Sophia Agranovich       20’11   6/7

2016 Warner    Leonskaja                     21’34   9,5/10

2020 DG          Seong-Jin Cho              21’49   8/9,5

2024 Bis           Alexander Kantorow    21’26   8,5/9


 

miércoles, 6 de agosto de 2025

Interesante blu-ray: "La alquimia del piano"

 

 

El sello Naxos acaba de publicar este blu-ray, “The Alchemy of the Piano”, que me ha encantado. Con espléndida realización del conocido Jan Schmidt-Garre, se trata de conversaciones y ensayos del joven y talentoso pianista suizo Francesco Piemontesi (Locarno, 1983) con unos cuantos grandes del teclado, como Maria-Joao Pires, Alfred Brendel, Stephen Kovacevich, Antonio Pappano y el hoy casi olvidado Jean-Rodolphe Kars.

Ya bastante próximo a su fin, Brendel asombra y emociona corrigiendo a Piemontesi sobre el primer movimiento de la Sonata D 960 de Schubert, con una vehemencia y entusiasmo que contrastan con su muy delicado estado de salud. En cuanto a Pappano, interesan particularmente sus puntos de vista como director y como pianista, estrechamente relacionados. De Kovacevich (antes Bishop, como es sabido) me quedo con una comparación acertadísima que aplica y explica: “una persona puede hablar inglés con vocabulario completísimo y con gran fluidez -viene a decir-, pero si no es su lengua materna siempre se le apreciará un acento. Es lo que les ocurre a muchos pianistas con la música de determinados compositores, que no se libran de un cierto acento. Por ejemplo, a mí me pasa con la música de Chopin”. En efecto, son muchos los casos en que se aprecia en ciertos intérpretes (sean instrumentistas, cantantes o directores): cierta falta de sintonía con el lenguaje personal de este o aquel compositor, por muy bien que lo traduzcan en sonidos.

Consciente de la importancia del canto y del legato en la forma de tocar el piano, Piemontesi también dialoga y acompaña desde el teclado a la maravillosa soprano albanesa Ermonela Jaho. Eldar Nebolsin -al que solo se le ven las manos- encarna al autor de las Danzas sinfónicas.  

El documental, de 90 minutos de duración, se completa con otros 60 minutos de música tocada en el piano Steinway que Rachmaninov tenía en la preciosa villa que poseía cerca de Lucerna, con vistas al lago de los Cuatro Cantones. El propio Piemontesi, más las pianistas rusas Yuliana Avdeeva (primer premio en el Concurso Chopin de 2010) y Zlata Chochieva interpretan piezas de Bach (en adaptaciones de Rachmaninov), Beethoven, Schubert, Chopin, Scriabin y, por descontado, Rachmaninov. Por cierto, la espléndida chopiniana que es la ganadora del referido premio, denota un muy perceptible acento tocando las 32 Variaciones en Do menor de Beethoven.

Pero lo más inesperado y asombroso de este blu-ray es que ¡incluye subtítulos en español, algo insólito a estas alturas!

viernes, 20 de junio de 2025

En la muerte de Alfred Brendel

 

 

El pasado martes 17 de junio moría, a los 94 años de edad, uno de los pianistas más destacados de las últimas décadas.

De entrada, me gustaría destacar algunas de sus cualidades y de recomendar algunas de sus grabaciones. Siempre llaman la atención su musicalidad intachable, inagotable, su sensibilidad y la belleza de su sonido.

En cuanto a su repertorio, sus escasos acercamientos a Bach me parecen magistrales. Una de sus labores más encomiables es la especial atención -rara avis entre sus colegas- que prestó a las Sonatas de Haydn. Pese a relativos altibajos, varias de sus Sonatas y de sus Conciertos de Mozart me parecen modélicos (entre estos últimos destacaría los núms. 15 y 25); en unas y otros suele destacar más la belleza musical que los tintes dramáticos de estas obras (Marriner y, tardíamente, el Mackerras historicista no fueron los colaboradores más acertados). Caso especial me parece su sensacional Quinteto con viento K 452.

También en Beethoven se le dieron mejor, por lo normal, las composiciones más serenas o clasicistas que las de mayores turbulencias; de nuevo el Quinteto con viento (op. 16) es memorable. Algunas de sus Sonatas de su ciclo de finales de los 70 (3, 7, 20 y 25, sobre todo) me parecen magistrales, así como las 5 Sonatas para cello con su hijo Adrian, pero en la cúspide están quizá sus Bagatelas (piezas por cierto nada insignificantes o banales, a las que seguramente les perjudica su título. Como defendía Tranchefort, si se les hubiese denominado “Momentos musicales” o algo así, otro gallo les cantaría, y mayor número de grandes pianistas se habrían acercado a ellas).

Su Konzertstück de Weber me parece el mejor que conozco.

Siempre fue un schubertiano de raza, acaso el compositor al que más tiempo dedicó -Beethoven aparte- y al que defendió con mayor ahínco. Sus primeras grabaciones para Philips (las analógicas) fueron pioneras en el redescubrimiento de un maravilloso legado pianístico no muy conocido (sobre todo las Sonatas) hasta entonces. Extrañamente, algunas de sus últimas grabaciones del autor de Rosamunda supusieron un leve paso atrás. Recomiendo muy especialmente el álbum de 5 DVDs del sello EuroArts (filmaciones de 1977) con las obras tardías del compositor, en el que explica las obras en introducciones extraordinariamente lúcidas e interesantes.

En Schumann destacó en el Concierto (sobre todo con Sanderling), en las Escenas de niños y en un maravilloso disco poco conocido: piezas para oboe y piano con Heinz Holliger. Curiosamente, a Chopin no le dedicó especial atención.

De Franz Liszt hizo especialmente bien los Conciertos y Totentanz, las 2 Leyendas y las piezas de última época.

En mi opinión, en Brahms sobresalió en el Segundo Concierto con Abbado, en las 4 Baladas y en las Variaciones Haendel.  

La música del siglo XX no interesó especialmente a Brendel; aun así, son grandes logros suyos algunas piezas de Busoni, el Concierto de Schönberg (sobre todo con Michael Gielen) y la Sonata de Alban Berg. En realidad, Brendel se limitó casi por completo al cultivo del Clasicismo y el Romanticismo centroeuropeos.

Hombre de profunda cultura, su libro Sobre la música (Acantilado, 2007) me parece sumamente interesante y esclarecedor. Y está muy bien escrito.

domingo, 7 de enero de 2018

Schubert explicado por Brendel



Mientras más las escucho, mi entusiasmo por las Sonatas para piano de Schubert crece más y más. Cuando se publicó el álbum de DG con todas las Sonatas no incompletas por Barenboim que comenté en este blog hice una serie de breves consideraciones sobre las obras -y las interpretaciones- que ahora, al leer "Sobre la música. Ensayos completos y conferencias" de Alfred Brendel (Acantilado, 2016), he visto que se hallan en sintonía con lo que el gran pianista austríaco defiende en este libro, explicado detalladamente y con clarividencia extraordinaria. Me gustaría mostrar a los lectores de este blog algunas de las frases o párrafos que encuentro más interesantes y acertados. (Advertencia: no siempre he seguido al pie de la letra la traducción, de Juan Luis Milán):

"En las Sonatas de Beethoven nunca perdemos la orientación, siempre sabemos dónde estamos. Schubert, por el contrario, nos sitúa en un estado onírico. Beethoven componía como un arquitecto; Schubert como un sonámbulo". "La música de Beethoven camina dinámicamente hacia adelante, nos permite experimentar un proceso, mientras que la de Schubert a menudo actúa sobre nosotros como un estado, una situación, como una serie de episodios que se comunican entre sí misteriosamente". 

Los prejuicios
Las Sonatas de Schubert se han visto perjudicadas por una serie de prejuicios que es preciso desmontar. Entre ellos: "Como compositor de Sonatas, Schubert seguía el modelo de Beethoven, sin llegar a alcanzarlo". La admiración de Schubert por Beethoven rozaba la idolatría [...], pero, a pesar de toda su veneración, no se dejó vencer por su grandeza, lo admiraba demasiado como para atreverse a desafiarlo con sus propias armas. Además, debió de notar la diferencia de naturaleza musical entre Beethoven y él. Las Sonatas de Schubert acontecen de una forma enigmática. Hay en ellas algo ingenuo que nos desarma. Ingenuidad y refinamiento están hermanados en esta música como solo lo están en la de Haydn. No hay que confundir ingenuidad con sencillez. La música de Schubert puede ser cualquier cosa menos sencilla. 'Nada es más falso que creer que la gran música no puede ser arruinada por medio de una interpretación equivocada' (Donald F. Tovey)".

"La música de Schubert se parece a los amables contornos del paisaje austríaco". "El autor de esta afirmación parece que no ha visto nunca el lado extraño, hosco y majestuoso del paisaje austríaco. Se dice que la música de Schubert es agradable, complaciente, sentimental y de bondad íntegra, una concepción que proviene de una época en la que se abusaba de sus melodías en operetas. Schubert puede ser todo eso, sin duda, aunque yo no veo sentimentalidad salvo en raras ocasiones. La diversidad de caracteres mucho más esenciales que tiene a su disposición es inmensa. Como todos los compositores verdaderamente grandes, Schubert no se deja encasillar en un solo carácter. Ya en 1928 Artur Schnabel señalaba que Schubert, mucho más que un simple melodista, era un creador de sonatas de alto dramatismo. Basta ver el uso que hace de los signos dinámicos para entender el alcance de su fuerza expresiva, que no refleja en absoluto al lírico blando. Con sus ppp y fff sobrepasa los límites habituales. Hay canciones que, como Der Doppelgänger, demuestran la necesidad que tenía Schubert de alcanzar extremos, desde el susurro hasta el grito. El punto dramático culminante de la Sonata en La mayor D 959, el paroxismo del "Andantino", deja tras de sí todas las ideas formales convencionales; no encontramos superado ese grado de anarquía hasta la tercera pieza para piano del Opus 11 de Schoenberg. Todavía hoy ese grito irracional forma parte de lo más atrevido y aterrador que la música haya producido jamás".

"Por qué no se ha prestado más atención a Schubert como compositor instrumental? He aquí mis respuestas:
- El abandono comenzó ya en vida del compositor. Schubert tenía un semblante poco agraciado. No se parecía a lo que se espera de un genio.
- Schubert no fue un concertista virtuoso.
- Con excepción de su música para piano a cuatro manos, la mayor parte de sus obras instrumentales se publicaron póstumamente, y algunas muchos años después de su muerte.
- El cantante Johann Michael Vogl convenció al público de las schubertiades de la genialidad de Schubert en el género del Lied. Se vio al compositor como un miniaturista. Eso, junto a la juventud de Schubert en el momento de su muerte, no parecía hablar en favor de un dominio de las grandes formas.
- El gusto clasicista del aficionado a la música. La música expansiva y a menudo imprevisible de Schubert contradecía el proceder consecuente de Beethoven o la autocomplaciente claridad de Mendelssohn.
- El gusto romántico. Se desconfiaba del empleo de formas aparentemente convencionales.
- Las obras para piano de Schubert sobrepasaban con frecuencia las posibilidades de los instrumentos de su tiempo, al igual que la Gran Sinfonía en Do mayor excedía el tamaño y las costumbres de la orquesta de la época. De todos los defensores importantes de Schubert en el XIX -Schumann, Mendelssohn, Liszt, Brahms, Dvorák, George Grove- solo Brahms tenía algo que ver con Viena. El mero hecho de que esos grandes compositores se cuenten entre los más activos admiradores de Schubert debería dar que pensar a los que todavía afirman que su capacidad no estaba a la altura de su talento. Liszt acertó de lleno cuando (por carta en 1868) decía de Schubert: "Casi hace olvidar la grandeza de su maestría ante el hechizo de sus emociones".
-"Schubert, compositor vienés". Pero ¿qué hay de vienés en sus Sonatas, en Viaje de invierno, en los Lieder sobre poemas de Heine, en la Misa en Mi bemol mayor o en el Quinteto de cuerda? El macabro final de la Sonata en Do menor D 958 está mucho más próximo a las pinturas negras de Goya -fallecido también en 1828- que a Kupelwieser o a Schwind [dos de los principales amigos, pintores, de Schubert]. ¿Qué es "compositor vienés"? ¿Es alguien a quien los vieneses obligan a hacer penitencia por no componer como Johann Strauss? ¿Alguien cuya música incómoda no les entra a los vieneses sino con esfuerzo y con retraso? Schubert pertenece a la ilustre serie de vieneses que sufrieron y sufren su ciudad. 
¿Dónde estaban, incluso en los años posteriores a 1945, los pianistas vieneses de renombre que podrían haber intercedido en favor de las Sonatas de Schubert? Para Sauer, Rosenthal o Godowsky estas obras no tenían la más mínima importancia. El impulso para su descubrimiento salió del Berlín de los años 20, de Schnabel, de Eduard Erdmann" [y más tarde, añadiría yo, también instalado en la capital alemana, de Edwin Fischer].