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martes, 22 de septiembre de 2026

Barenboim vuelve a El Escorial

 

Schubert, Wagner y Schumann

34 años después de su memorable concierto con Plácido Domingo y la Orquesta Filarmónica de Berlín, en la Basílica del Monasterio, Barenboim ha vuelto a San Lorenzo de El Escorial; no pude asistir al concierto del pasado día 19 en el Teatro del Auditorio de la localidad madrileña, pero sí he podido escuchar una grabación del mismo; no es buena, pero suficiente para percibir cómo fueron las interpretaciones.

Los tres o cuatro críticos cuyas crónicas he leído y que nunca han soportado a Barenboim, o al menos nunca han sido capaces de reconocer su genialidad, ahora admiten que el de Buenos Aires ha sido uno de los grandes (aunque, insisto, siempre han sido negacionistas de su talento, sobre todo como director). ¡Demasiado tarde, muchachos!: no tenéis credibilidad, que lo reconozcáis ahora no tiene ningún valor, porque han sido otros, no vosotros, quienes sí vieron -vimos- desde hace mucho tiempo la extraordinaria musicalidad de este intérprete, sea al piano o dirigiendo.

Pero, no contentos con este ejercicio de hipocresía, esos han vuelto a poner muy serios reparos -algunos grotescos, como que por momentos Barenboim no dirigió, sino que la orquesta tocó sola- a las recreaciones del día 19: nadie con un poco de experiencia asistiendo a conciertos puede afirmar en serio una cosa así. Amparándose, claro está, en que la mayoría de sus lectores no han escuchado ese concierto, siguen vertiendo su incomprensión o su inquina.

Pero es que, al margen de algunos deslices de ciertos músicos de la Orquesta del West-Eastern Divan, sobre todo en la Sinfonía “Renana” de Schumann, las interpretaciones de las tres obras programadas han sido sencillamente excelsas. Quienes las han fustigado no lo habrían hecho si, en lugar de haberlas dirigido Barenboim, lo hubieran hecho por ejemplo un Giulini o un Celibidache. La Sinfonía “Inacabada” de Schubert se ha parecido en concepto bastante a la que el propio Barenboim hizo el pasado 4 de octubre de 2025 con la Filarmónica de Berlín, que es, para más de uno entre los que me cuento, la más honda, hermosa y emocionante que hayamos escuchado nunca. La diferencia: que la Orquesta del día 19 no es tan extraordinaria desde el punto de vista técnico como la portentosa formación berlinesa.

¡Cómo ha sido el Preludio y Muerte de Isolda de Wagner! Hasta los más anti han reconocido su genialidad (pese a, por descontado, ¡faltaría más!, señalarle algún defecto). Creo que no he escuchado jamás algo tan sublime.

La “Renana” no tuvo apenas nada de la tópica interpretación que puede esperarse de un venerable maestro anciano, pues el vigor y el entusiasmo de los movimientos más rápidos -el primero y el último- apenas surgieron más lentos de lo habitual. El famoso cuarto, el que rememora la solemne ceremonia en la Catedral de Colonia, fue despojado de parte de su opulenta grandiosidad, pero no, ni mucho menos, de su íntima emoción y espiritualidad.

Pues sí, Barenboim está físicamente muy mermado, pero su musicalidad y su lucidez están tanto o más pujantes que nunca. Por cierto, un par de críticas que he leído sí las puedo compartir en buena parte: las de Fernando López Vargas-Machuca (“Ya nos queda un día menos”) y Víctor Mourelle (“Plateamagazine”). A los demás que he leído -no voy a nombrarlos- lo que les sigue apeteciendo es atizar. Y parece que no piensan apearse del burro. 

 

miércoles, 24 de junio de 2026

La seriedad y fiabilidad de los críticos musicales

 

Prácticamente me retiró la palabra y desde entonces se ha dedicado, a lo largo de años, a llevarme agriamente la contraria en mis opiniones. Esta fue la furibunda reacción de un conocido crítico musical por haberle dejado -en privado- en evidencia. Escribió en una revista que tal versión de uno de los grandes Conciertos para violín era fría, distante, indiferente, etc. Discutí con él diciéndole que no podía entender que opinase eso de aquella interpretación. No hubo forma de que se bajase del burro.

Por aquel entonces nos intercambiábamos grabaciones en cassette que no teníamos en disco. Dejé pasar unas semanas, pero lo rumié en secreto y por fin le grabé esa interpretación que tan fría le había parecido, eso sí, anotando los nombres de otros intérpretes diferentes -solista, orquesta y director- que ya sabía que le gustaban mucho. “¿Qué te ha parecido?”-“Magnífica, deslumbrante, candente, ardiente, apasionadísima”, etc.- “Pues, mira por dónde, ¡es la misma que pusiste a parir diciendo que era justo lo contrario de lo que acabas de decirme!”. ¡Fíjense lo fiable que puede ser este crítico musical dominado por sus filias y sus fobias, más bien odios!

 

No tan flagrante como ese radical cambio de opinión, recuerdo muy bien cuando, tras escuchar en vivo una interpretación de una de las Sinfonías más hermosas del repertorio, un servidor y otros amigos estábamos entusiasmados por lo que acabábamos de escuchar. Pero hete aquí que un crítico del grupito nos aguó la fiesta a los demás asegurando que lo que tanto nos había gustado a él le había parecido una cursilería.

Años después, el referido crítico escribió sobre esa misma interpretación, que había sido grabada en público de aquel mismo concierto. No cambió radicalmente de opinión sobre dicha versión -como sí ocurrió en el caso que acabo de referir del Concierto para violín-, si bien, atemperando un poco aquel demoledor juicio suyo, sí siguió criticándola, aunque en unos términos bien diferentes, retirando por completo algo que pudiera relacionarse, ni de lejos, con cursilería o ñoñería.

Todos podemos cambiar, o al menos modular, opiniones nuestras anteriores, pero me parece poco tolerable aceptar los bandazos de unos y otros.

 

En una ocasión en que hicimos una de aquellas comparativas a ciegas de varias grabaciones de una misma obra, un conocido crítico -ya tristemente fallecido- emitió una temeraria opinión que nadie le había pedido. Me explico: escuchábamos las Variaciones Haydn de Brahms en su versión orquestal. A los asistentes se les pedía que dijesen qué les parecía, cuánto les gustaba o disgustaba, cada una de las grabaciones, pero no que averiguase de qué intérpretes se trataba. Pues bien, tras escuchar una grabación -que era la de Karl Böhm con la Filarmónica de Viena -que, por cierto, fue la que más gustó a todos o casi todos los intervinientes- ese crítico dijo, al terminar de escucharla: “Puedo oler los tulipanes de esa ciudad”, haciendo clara referencia a la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam. ¿Qué necesidad tenía de meter la pata de ese modo? Podría haber dicho algo así: “Me suena a que pueda ser la Orquesta de Amsterdam”, o algo así. Pero no: ¡estaba tan convencido de que era una grabación que realmente no era!... (Para colmo, es muy probable que la Filarmónica de Viena sea, por su tan particular y personal sonido, la orquesta más reconocible de todas las grandes...)

 

Parece que David Hurwitz tiene una gran audiencia, pero, por lo poco en que le he leído -no tengo interés en leerle más- me parece básicamente maniático, caprichoso y superficial. Del álbum Warner (EMI, Teldec, Erato) de Barenboim con la Sinfónica de Chicago que ha sido publicado hace poco opina con una frivolidad desconcertante si uno se lo tomase en serio. Solo un ejemplo: afirma que, de los tres ciclos sinfónicos de Bruckner, solo le interesa el primero, el de Deutsche Grammophon de entre 1973 y 1981 (que no está en ese álbum, claro). Cualquier melómano que conozca ese ciclo y los dos siguientes (Filarmónica de Berlín en Teldec y Staatskapelle Berlin en DG, este filmado por Accentus de la 4ª a la 9ª) comprenderá que esa opinión suya es inaceptable. Seguramente, me temo, ni conozca bien esos tres ciclos (incluso retirando lo de “bien”): no sería la primera vez que escucho a alguno, crítico oficial o melómano sin más, pontificar sobre grabaciones que no conoce: más de una vez los he pillado con todas las de la ley.

No es difícil reconocer que en el primer ciclo hay alguna versión que más tarde Barenboim no superó (es, en mi opinión, el caso de la Segunda Sinfonía), varias Sinfonías superiores en el segundo (Tercera y Séptima al menos) y que el tercero comprende varias versiones más maduras, equilibradas e indiscutibles. En fin..., ¡pobres de los que tomen al pie de la letra lo que dice este señor! 

[Tras escribir esto, he ido al libro de Fernando López Vargas-Machuca "Los mejores discos de Daniel Barenboim. El maestro sinfónico" y he aquí lo que leo: "Raramente suelo coincidir con las cosas que dice David Hurwitz, pero en este caso concreto discrepo de manera especial. De hecho, su afirmación según la cual 'Las interpretaciones de Barenboim a lo largo de sus tres ciclos de Bruckner han cambiado muy, muy poco en lo que respecta a los tempi* y al trazo global' PARECEN INDICAR QUE ESTE SEÑOR NO SE HA ENTERADO DE NADA"]

*Con respecto a los tempi, es bien fácil comprobar, objetivamente, la falta de fiabilidad de Hurwitz. 

lunes, 18 de mayo de 2026

Waltraud Meier: ¿voz fea con forma fea de cantar?

 

He recibido de “Observador” el siguiente comentario, que como afecta a una entrada de hace tiempo (28-XI-2024), prefiero traerlo aquí para, si los lectores lo consideran conveniente, abrir un debate:


“Hay varios que ven a Waltraud Meier como una voz fea con forma fea de cantar. Pero era muy linda. Así se explican muchas cosas en las últimas décadas de la ópera.
¿Qué opinión tienes al respecto? A ti te encanta como Isolda en la grabación de Barenboim para Teldec”.


Mi opinión: sin poseer la voz de Flagstad, de Nilsson o de Stemme, Meier ha estado en posesión de un talento interpretativo excepcional. No me refiero a su desempeño como actriz, que también*, sino ante todo a su capacidad para dar expresión a las palabras y las acciones de sus personajes. Por otra parte, su técnica vocal, a decir de no pocos expertos, ha sido sensacional.

No todo es la voz propiamente dicha, ni la potencia, ni los agudos, etc., que parece ser lo (casi) único que aprecian determinados operófilos.

Concretamente sus cuatro Isoldas que le conozco me parecen las más inteligentes y perspicaces que haya escuchado.

Y una cosa: cuando Observador dice que “hay varios...”, yo le contestaría que sí, pero que también “hay cientos de millones de personas en el mundo que consideran que la música clásica es un coñazo”.

*El gran director de escena Harry Kupfer afirmaba que nunca había trabajado con una cantante de ópera que fuera tan gran actriz como ella. 

 

Aunque haya sido “la mujer más linda del mundo”, parece raro que haya logrado realizar las siguientes grabaciones (audio o vídeo):

 

DISCOGRAFÍA/FILMOGRAFÍA de WALTRAUD MEIER (no es exhaustiva):

 

ÓPERAS

Beethoven: Fidelio - Mehta; Barenboim

Bizet: Carmen (con Domingo y Gheorghiu en Frankfurt; en el Met con Domingo, Gheorghiu, Leiferkus y Levine, 1997)

Berg: Wozzeck - Barenboim

Mascagni: Cavalleria – Muti

Mozart: Don Giovanni (Elvira) – Barenboim

Saint-Saëns: Sansón – Chung

R.Strauss: Electra (Clitemnestra) – Barenboim; Gatti; Salonen

Verdi: Don Carlo – Pappano

Wagner:

Tannhäuser (Venus) – Haitink; Mehta; Barenboim; P.Jordan

Lohengrin (Ortrud) – Abbado; Nagano

Tristán (Isolda) – Barenboim 83; 95; 95; 08

Walkiria (Siglinda) – Barenboim

Ocaso (Waltrauta) – Goodall; Barenboim 93, 13; Luisi

Parsifal – Goodall; Barenboim 91, 92; Levine; Nagano; Thielemann

 

LIED, ORATORIO, etc.

Beethoven: Sinfonía 9 – Barenboim 99, 06, 07, 09, 12, 13, 20

Misa Solemne – Barenboim

Brahms: Rapsodia contralto – Kletzki

Lieder – Oppitz

Chausson: Poema del amor y del mar – Muti

Mahler:

Sinfonía 3 – Tennstedt; Paavo Järvi

Sinfonía 8 – Sinopoli

La Canción de la Tierra – Barenboim; Maazel; Bychkov

Kindertotenlieder – Barenboim; Maazel

Das Klagende Lied – Sinopoli

Wunderhorn, selec. – Maazel

Rückert – Maazel

Schubert: Lieder – Oppitz

Schumann: Lieder – Oppitz

Verdi: Requiem – Barenboim

Wagner:

Wesendonck-Lieder: Barenboim; Maazel

Tristán: Muerte de Isolda – Barenboim; Maazel

Ocaso: escena final – Maazel

Escenas – Abbado

 

Ahora que lo pienso, a quien no le gusta Barenboim, tampoco suele gustarle Waltraud Meier; no en vano sus colaboraciones han sido múltiples, lo que sin duda significa fuertes coincidencias en la forma de entender la música.

 

lunes, 4 de mayo de 2026

Blomstedt logra su Bruckner más hermoso

 

La Séptima Sinfonía con la Orquesta Filarmónica de Berlín

El sueco-estadounidense Herbert Blomstedt sigue dirigiendo a sus 98 años. Sentado en el podio y desplazándose con ayuda de un andador, impresiona verlo, pero no menos admirar su extraordinaria lucidez musical a tan avanzada edad. Repasando su discografía bruckneriana me he encontrado con que yo le había asignado como mínimo un 8 a varias de sus grabaciones (en audio o en vídeo), un 8,5 a otras, y un 9 a su Primera (Gewandhaus, Accentus 2023), a una de sus Sextas (Digital Concert Hall 2010) y a otra de sus Octavas (DCHall 2015).  

A la Séptima Sinfonía del pasado 25 de abril en Berlín (Digital Concert Hall) le otorgo un 9,5 nada menos (para el 10 hay una competencia tremenda: dos grabaciones de Celibidache, con las Filarmónicas de Múnich y Berlín, y una de Barenboim, la que tiene con esta última Orquesta, en Teldec). Ha sido la de Blomstedt una versión amplia, no morosa (unos 70 minutos), muy bella en la sonoridad, que transmite una agradable sensación de calma y sosiego, pero no por ello ha estado carente de energía: una difícil cuadratura del círculo, que, para mi gusto, culmina en un memorable Adagio*. Formidable la Orquesta, con especial mención a los metales, al flauta Emmanuel Pahud y al clarinete solista (un chico bastante joven cuya cara me suena, pero que no consigo ubicar).

Por cierto: para quien pueda seguirla en Digital Concert Hall, le recomiendo que no se pierda los comentarios, escuetos y profundos a la vez, de Blomstedt sobre la obra, hablados en alemán y con subtítulos en inglés. Blomstedt afirma estar plenamente de acuerdo con la opinión de Arthur Nikisch de que es la Sinfonía más admirable compuesta después de Beethoven. Escuchándola ayer, pensé en varios momentos: ¡cómo es posible que haya melómanos -o al menos aficionados a la música clásica- que no sean capaces de disfrutar de las enormes, infinitas bellezas y emociones de esta obra! Creo que, o no se han tomado en serio escucharla con atención, o hay algo en su facultad de percibir que no les rula bien.

*"La música más bella jamás compuesta", en palabras de Karl Böhm.

viernes, 1 de mayo de 2026

El concierto de Europa en la ciudad de Haydn, pero "casi" sin Haydn

 

El concierto del 1º de mayo de este año ha tenido lugar en el precioso auditorio del precioso, imponente Palacio Esterhazy de Eisenstadt. Ya se sabe, el palacio en el que vivió y trabajó durante casi 30 años Joseph Haydn. Por eso he aquí la primera decepción: al genial compositor se le despachó con una obertura (deliciosa, por cierto) de cinco minutos: la en Re mayor Hob.Ia:7. ¿Cómo es posible que Kirill Petrenko no dirigiese una Sinfonía del “Padre de la Sinfonía”? Incomprensible y lamentable. Mozart tuvo muy buena relación con Praga, pero no vivió allí tres décadas, ni muchísimo menos. Sin embargo, el Concierto del 1º de mayo de 2006, celebrado en la capital checa, se dedicó todo él a Mozart (Sinfonías “Haffner” y “Linz”, Concierto de trompa nº 1 con el checo Radek Baborák y de piano nº 22, con Barenboim tocando y dirigiendo).

A menudo me quejo de la escasa atención que se le presta al autor de La Creación, y, como se comprueba una vez más, no me falta razón.

Eso sí, la interpretación de la Obertura me pareció ejemplar, llena de vida y chispa. Pero… ¿eso es todo? ¡Ha sabido tan a poco! ¡Qué oportunidad perdida para haber interpretado una de sus magníficas Sinfonías! La sesión contaba con un cellista importante y muy conocido: Gautier Capuçon. ¡Pero tampoco se les ha ocurrido tocar uno de los dos Conciertos para cello de Haydn!

Tras la Obertura, el director titular de la Filarmónica de Berlín interpretó una versión de libro de la Suite Pulcinella de Stravinsky. Tras ella, el cellista francés (¡que ya tiene 44 años!) tocó con corrección las Variaciones Rococó de Tchaikovsky, versión que tanto por él como por la batuta, me resultó algo dulzona. (Hay que escuchar la grabación de Rostropovich y Karajan para saber lo que la obra puede dar de sí. Los hermanos Renaud y Gautier Capuçon se venden muy bien: están en todas partes, creo que algo por encima de sus méritos. Mientras tanto, un violonchelista bastante superior a Capuçon, el austríaco de origen iraní Kian Soltani, aún no ha debutado con la Filarmónica de Berlín). Me pareció muy buena idea ofrecer como propina la bellísima y conmovedora canción popular catalana El cant dels ocells armonizada y preparada por Pablo Casals con el (leve) acompañamiento de cuerdas graves de la orquesta. La versión, hermosa, fue quizá en exceso lenta.

La segunda parte ha constado de la Segunda Sinfonía de Beethoven. La versión de Petrenko, sin llegar a irritar, puesto que ha sido irreprochable (aunque algo superficial el apresuradillo Larghetto), ha sido hecha con el piloto automático puesto, sin inspiración ni la menor aportación personal. De trámite más bien que de otra manera. La Filarmónica de Berlín ha estado a su altura habitual, aunque en Beethoven no se ha dejado respirar, frasear con algo de libertad a sus solistas, que han estado sensacionales en Stravinsky).

jueves, 16 de abril de 2026

La nueva película sobre Sergiu Celibidache: "The Yellow Tie"

 

Pocos CDs autorizados, pero sí una docena de DVDs y Blu-rays

Acaba de estrenarse este biopic, dirigido por el hijo del enorme director, Sergiu Ioan Celibidache, y protagonizado por nada menos que John Malkovich. Mi curiosidad por ver este film es enorme.

Pero el firmante de la crónica aparecida el 16 de abril en “El País”, Benjamín G. Rosado, insiste mucho en que “Celi” (como le llamamos muchos melómanos) tenía auténtica obsesión por que no le grabaran, y así los discos (aparte las piratadas) tomados con su consentimiento son de sus primeros años y muy escasos. Pero, ¡pero!… se ha olvidado de decir que, en sus últimos años, sí dejó que se filmasen algunos de sus conciertos, y gracias a este cambio de criterio, conservamos varios DVDs y Blu-rays comerciales de un interés excepcional.  

Y son nada menos que las Sinfonías de Bruckner Cuarta, (1983), Quinta (1985), Sexta (1991), Séptima (1990 con la Filarmónica de Múnich, como todo lo demás) y 1992 (con la Filarmónica de Berlín) y Octava (1990), así como un ensayo de su Tercera Misa, en Fa menor (1991).

También aceptó que se filmasen la Sinfonía “del Nuevo Mundo” de Dvorák más genial que se conoce (1991), la Sinfonía “Clásica” de Prokofiev con su correspondiente ensayo (1988) y nada menos que los Conciertos para piano de Brahms (los dos, 1990), Schumann (1991) y Tchaikovsky (nº 1, 1991), los cuatro con Daniel Barenboim de solista. ¡Ahí es nada, esta colección de doce conciertos y dos ensayos con imágenes publicados por Arthaus, EuroArts y Sony! Olvido, intencionado o no, incomprensible, de B. G. Rosado. (No sé por qué me da en la nariz que a algunos de los muchos antibarenboimianos de nuestro país no les hace nada de gracia que el genial Celibidache, al que tanto admiran, optase por el de Buenos Aires para grabar estos Conciertos, y, simplemente, deciden ignorarlos: rarísima vez los citan en sus críticas. No digo que este sea el caso de Rosado: ni idea).


viernes, 10 de abril de 2026

Todo Barenboim con la Orquesta de París en Warner (EMI y Erato)

 

 

De 1972 a 1989

Este álbum no recoge, por supuesto, todas las muy numerosas grabaciones que estos intérpretes hicieron para DG, ni las -pocas- para CBS/Sony. Aun así, son 15 CDs agrupados en una preciosa caja en la que cada disco reproduce la portada del LP original correspondiente. El libretillo, de 44 páginas, contiene un muy interesante artículo de Rémy Louis que ofrece numerosas informaciones poco conocidas. Por ejemplo, que la primera actuación del argentino con esta orquesta, el 23 y el 25 de septiembre de 1975, fue Romeo y Julieta de Berlioz con Berganza, Jean Dupouy y Bastin, o la fundación en 1982 del Festival Mozart junto al régisseur Jean-Pierre Ponnelle, la invitación regular a grandes directores como Böhm, Jochum, Celibidache, Kubelik, Giulini, Bernstein, Boulez o Mehta y a otros entonces jóvenes como Muti, Sinopoli o Chailly, así como a solistas primerísimos: Arrau, Michelangeli, Curzon, Brendel, Pollini, Lupu, Perahia, Milstein, Mutter, Zukerman, Perlman… o cantantes como Fischer-Dieskau, Waltraud Meier y Jessye Norman. Barenboim dirigió por esos años (1975-1989) multitud de composiciones contemporáneas: de Messiaen, Dutilleux, Gilbert Amy, Lutoslawski, Takemitsu, Henze, Boulez, Denisov, Penderecki, Berio…

Los discos han sido numerados por orden cronológico; los dos primeros, grabados en 1972 y 1974, son anteriores a la titularidad de Barenboim. Comienza la serie con Bizet: una Suite de Carmen (5 números), Juegos de niños y la Suite I de La Arlesiana (lástima, no está la II). Espléndidas interpretaciones, vibrantes y no estrictamente a la francesa, según el extendido tópico. Más alejado aún de lo meramente francés es la impresionante, dramática y sobrecogedora versión del Requiem de Fauré, con el soberbio Coro del Festival de Edimburgo (aún no se había fundado el de la Orquesta, dirigidos ambos por Arthur Oldham), la exquisita -nada ñoña- Sheila Armstrong y el imponente Fischer-Dieskau. Se completa el disco con la Pavana en versión sinfónico-coral. Vuelta a Bizet en 1975: una bellísima Sinfonía (con el excelso oboe de Maurice Bourgue en el Andante) y dos páginas poco conocidas: La Jolie fille de Perth y la Obertura Patria. Del mismo año es el primer disco Mozart, en el que se aprecia cierta incomodidad de la orquesta con la música del salzburgués: el Concierto de flauta K 313 y el Andante K 315, más el de oboe, K 314. Soberbios solistas de la Orquesta: Michel Debost y el citado Bourgue. De 1976-77 es el 5º CD: los dos más notables Conciertos para violín (4º y 5º) de Vieuxtemps, con un deslumbrante Itzhak Perlman, cuyo virtuosismo e intensidad dejan sin respiración. Barenboim está ¡a su altura!

A partir de aquí empiezan las tomas digitales. Grabado en febrero de 1983 fue el CD que contiene una de las tres o cuatro mejores Sinfonías “Júpiter” de la historia del disco (¡menudo avance de la Orquesta, que está sensacional, en esos ocho años!), completada con una versión irreprochable pero algo voluminosa de la Eine kleine Nachtmusik. Esta Sinfonía 41 no había sido, ¡inexplicablemente! pasada a CD hasta ahora.

En 1984 se registró el segundo Requiem de Mozart por Barenboim. Yo asistí al concierto que precedió en un día (o siguió, no estoy seguro) a la grabación. El anterior, de 1972, fue con la English Chamber Orchestra y el Coro John Alldis. El nuevo no tiene un cuarteto vocal tan alucinante como el primero (Armstrong, Baker, Gedda, Fischer-Dieskau), pero sí uno excelente y sin fisuras: Kathleen Battle, Ann Murray, David Rendall y Matti Salminen. Muy bien el nutrido Coro de la Orquesta, la interpretación es sumamente dramática y decididamente desoladora: una de las grandes del disco, no lejos de las líneas de Böhm, Karajan o Giulini.

Con los siguientes discos pasamos de grabaciones originales de EMI a las de Erato. Las Noches en los jardines de España de Falla con Martha Argerich y los cinco números de Iberia de Albéniz orquestados por Fernández Arbós datan de 1986, en público en la Sala Pleyel de París. Las cualidades que solemos asociar a la pianista de Buenos Aires están perfectamente presentes en esta interpretación, en completa sintonía con la batuta. Creo que las piezas de Iberia están correctamente servidas, pero… lo siento, no me gusta el trabajo que hizo Arbós (y menos con la rabia de saber que su contrato impidió que Ravel orquestase la obra completa).

1986: cal y arena en dos composiciones rusas. La consagración de la primavera de Stravinsky presenta serios altibajos, pero, sobre todo, es una toma de sonido inexplicablemente desequilibrada. Por el contrario, el Poema del éxtasis de Scriabin es rigurosamente ejemplar: ardiente, sensual y de sabia planificación. E intachable toma de sonido.

CD 10, de 1987: las Sinfonías 1 (1951) y 2 “Le double” (1959), reconocidas composiciones de Henri Dutilleux, alcanzan interpretaciones magistrales. El disco 11, del mismo año, es una de las joyas de esta colección: admirable recreación de la Tercera Sinfonía,“el Poema divino”, de Scriabin, y una enormemente sentida Sinfonía de los Salmos de Stravinsky.

CD 12, de 1988: lo mismo puede aplicarse a los emotivos Kindertotenlieder de Mahler (en público), a unos Wesendonck-Lieder de Wagner de libro, más tres lieder de Hugo Wolf (In der Frühe, Denk’ es, o Seele!, Wo find’ ich Trost) orquestados por el autor. El talento y la expresividad de Waltraud Meier pasan de la escena a la sala de conciertos.

CD 13: monográfico Hugo Wolf: el magnífico y casi desconocido poema sinfónico Pentesilea, Preludio y Entreacto de la ópera El Corregidor (basada, sí, en El sombrero de tres picos de Pedro Antonio de Alarcón, espléndida ópera quizá inédita en España), la Serenata Italiana (con la viola de la portuguesa Ana Bela Chaves) y Scherzo y Final. Un disco raro y apasionante.

No es Edison Denisov (1929-1996) uno de los compositores rusos del XX más conocidos; sin embargo sus méritos son grandes. Por ejemplo en esta Sinfonía -enfrentamiento entre la luz y las tinieblas, en expresión de Ekaterina Kuprovskaja- encargada por la Orquesta de París y estrenada con Barenboim en 1988; he aquí su grabación en público en la Salle Pleyel. Aparte de por sus creaciones, Denisov es reconocido por haber completado el oratorio Lazarus de Schubert (1995) y la ópera de Debussy Rodrigue et Chimène (1993).

El último disco de la caja reúne grabaciones de 1988 y 1989 de tres importantes composiciones de Pierre Boulez, compositor con el que Barenboim ha gozado de una muy especial, intensa relación: Rituel (in memoriam Bruno Maderna), Messagesquisse y Notations (los números 1, 4, 3 y 2: los orquestados por su autor hasta aquel momento). Esta última serie, que Barenboim ha dirigido multitud de veces y registrado en cuatro ocasiones, se ha convertido en la obra más divulgada de su autor (ha sido grabada hasta en una decena de ocasiones: además de por el compositor, por Abbado, Gielen o Rattle, entre otros).

Los discos originales de EMI dicen (no me fío de que siempre sea cierto) haber sido remasterizados. Pero lo importante es que varios de ellos, y también alguno de Erato, suenan ahora mejor que en las ediciones originales.

Quedamos a la espera de otra caja, de 37 CDs, con las grabaciones para EMI, Erato y Teldec (sellos integrados hoy en Warner) de Barenboim con la Orquesta Sinfónica de Chicago. Saldrá a la venta el 15 de mayo.

miércoles, 25 de marzo de 2026

La "Tetralogía" de Wagner por Thielemann y Tcherniakov


Con unos cuantos héroes vocales

En realidad, me decidí a hacerme con este Anillo del Nibelungo en blu-rays (Unitel, 4 discos) sobre todo por disfrutar de dos cantantes que, en lo que pude ver de una retransmisión anterior, me parecieron magníficos: Michael Volle (Wotan, Wanderer) y Andreas Schager (Siegfried). No es que no supiera que había varios otros cantantes excelentes, pero en aquellos papeles que cito son más bien escasos los verdaderamente grandes en las grabaciones de los últimos tiempos (y de los de antes…). Pero, por otro lado, me desanimaba la escena de Dmitri Tcherniakov, que, en los fragmentos que vi, me había parecido más bien delirante.

Una vez escuchada y vista, no puedo decir que me arrepienta de la compra; ni tampoco que esté demasiado satisfecho. Vamos por partes: la dirección de Christian Thielemann la encuentro en líneas generales muy centrada -sabe, indudablemente, muy bien lo que se trae entre manos-, pero he apreciado algunas desigualdades, no solo de un título a otro (mejor, en conjunto, los dos últimos que los dos primeros), sino también algunas excentricidades momentáneas a las que suele ser aficionado, entre las que señalaría el Interludio orquestal (el Amanecer) y el Viaje de Sigfrido por el Rin, ambos en el Prólogo de El ocaso de los dioses, así como el insípido arranque de "Starke Scheite"). En El oro del Rin sobre todo, echo en falta algo más de la bronca, áspera rudeza que envuelve el mundo en el que se desarrolla la acción (Solti, Barenboim). En el primer acto de La Walkiria, un poco rápido, el penetrante lirismo de muchos momentos no está lo suficientemente atendido. O, en El ocaso, “la atmósfera siniestra, una sensación de pesadumbre casi intolerable de una gran tragedia que se precipita hacia su fin inexorable” (Ernest Newman), tampoco está del todo conseguida. Comparada con la dirección musical de las últimas Tetralogías que en blu-ray más me han interesado -Barenboim en Bayreuth y en Milán- quizá lo que más las distingue es el acentuado dramatismo del argentino y su mayor apasionamiento, un fuego casi omnipresente. La Staatskapelle Berlin vuelve a ser una pura maravilla (Luis Gago la definió como “probablemente la mejor orquesta wagneriana del mundo”), y, en El ocaso, el Coro, aunque quizá un poco reducido, está fenomenal (mérito en buena parte de su director, Martin Wright).

De la escena no sé muy bien qué opinar globalmente: me parece cuajada de aciertos, de disparates y de soluciones cuya comprensión se me escapa. Entre aquellos, la cuidadísima actuación e interactuación de los personajes, casi siempre muy inteligente, aunque de vez en cuando chocante. Pero me resulta nada estimulante la elección de muchos espacios escénicos con los que cuesta entrar en situación, y la pobreza con que se han resuelto escenas de muy difícil realización: cuando Alberich se convierte en gran serpiente o en sapo, la muerte de Siegmund en el final del acto II de La Walkiria y la famosa Cabalgada (mejor que Cabalgata, como señalaba Ángel Mayo), el Fuego mágico, la lucha contra el dragón Fafner en Sigfrido, la escena final de El ocaso, donde no hay pira funeraria ni nada que se le asemeje. Cada vez que se habla o debe aparecer Grane, el corcel de Brunilda, el que presenten un ridículo peluche… ¡en fin! Las soluciones realistas para estas difíciles escenas han sido a menudo, en muchas versiones, patéticas, pero aquí lo que resultan es pobretonas. Como ejemplo de lo que puede hacerse con acierto, imaginación y sin arruinar las finanzas del teatro es lo ideado por Harry Kupfer (Bayreuth, Liceu de Barcelona).

El equipo de cantantes prácticamente no tiene fisuras: el nivel es casi todo el tiempo muy alto, con muy pocas excepciones y ni un solo fiasco serio (¡no es poco!). En El oro del Rin (con la escena más salvable de todas, para mi gusto) se impone Michael Volle como Wotan. Este bajo-barítono alemán (n. 1960) es un cantante de una pieza, curtido en oratorio, lied y ópera -no solo alemana: ahí está su magnífico Falstaff verdiano- en posesión de una voz robusta y de una técnica excepcional que le permite, por ejemplo, aguantar impertérrito estas agotadoras funciones, sin aparentar cansancio. Por si fuera poco, su encarnación del personaje es penetrante y actúa con plena convicción. Otro héroe de esta función es Johannes Martin Kränzle como Alberich, para mí modelo absoluto -vocal e interpretativamente- en este papel, que tantas sobreactuaciones nos hizo padecer en el pasado. Espléndidas tanto Claudia Mahnke (Fricka) como Annett Fritsch (Freia) y Anna Kissjudit (Erda), lo mismo que las tres hijas del Rin (Evelin Novak, Natalia Skrycka, Anna Lapkovskaja). Sólido Lauri Vasar (Donner), muy bella voz lírica la de Froh (Siyabonga Maqungo) y admirable Stephan Rügamer como Mime. De los dos gigantes sobresale el tremendo Fafner de Mika Kares (finlandés, en la estela de Talvela o Salminen) y algo menos el Fasolt de Peter Rose. Caso aparte es el de Rolando Villazón, con la voz algo destimbrada pero convincente de principio a fin como Loge. Quizá la terrible perversión y ridiculización del personaje a las que le somete el director de escena le perjudique, haciéndolo especialmente odioso.

La Walkiria, que en conjunto me ha parecido la jornada menos lograda, se resiente algo por un Siegmund no muy acertado: Robert Watson, de escasa proyección vocal y no siempre perfectamente afinado (¿sería una sustitución?); tampoco actúa muy bien, frente a casi todos sus colegas de toda esta Tetralogía. Vida Mikneviciute, Sieglinde, es por el contrario, extraordinaria -y no solo por su rutilante registro agudo-. Nada nuevo acerca de Volle, de Mahnke o de Kares. Hace su aparición Anja Kampe como Brunilda: una cantante de enorme altura, intérprete entregadísima. Quizá algo menos extraordinaria que en Kundry o en Isolda -parece haber perdido algo de su rutilante registro agudo-, que sin embargo aborda con la mayor energía e intensidad. Y excelente el grupo de walkirias, entre las que están Fritsch, Skrycka y Lapkovskaja.

En Sigfrido aparece al fin Andreas Schager, el mejor tenor dramático (o heldentenor) wagneriano de las últimas décadas, un cantante que une la musicalidad de un Siegfried Jerusalem a la seguridad, la firmeza y el brillo de… creo que hay que irse muy atrás para encontrar tal poderío: ¿hasta Lauritz Melchior quizá? Tanto en esta ópera como El ocaso hace ostentación de una potencia, una entrega y una resistencia asombrosas. Sensacional Rügamer como Mime, tal vez el más admirable desde hace mucho tiempo (no hace falta tener un timbre desagradable para hacerle justicia a este personaje). Un pelín corto el Fafner de Peter Rose, sobresaliente de nuevo Kissjudit y sensacional Kränzle. E irreprochable el Pájaro del bosque de Victoria Randem.

Prácticamente todos los cantantes-actores que intervienen en El ocaso de los dioses habían aparecido en las jornadas precedentes, con lo que hay poco que añadir. Son nuevos Mandy Fredrich como Gutrune, soprano algo más lírica de la cuenta (¿por qué no lo haría Mikneviciute, voz ideal para este papel?) y la veterana Violeta Urmana como Waltraute, algo gastada pero aún impresionante. En cuanto a las Nornas, fueron encarnadas con especial humor (caracterizadas como viejas decrépitas ridículas) y plena solvencia por Noa Beinart, Kristina Stanek y Anna Samuil.

Resumiendo: una más que solvente dirección musical al frente de una orquesta excepcional y con unos elencos que se hallan entre los mejores de los que queda constancia grabada o filmada, y una puesta en escena extraña, incomprensible o disparatada, muy poco inspiradora pero no carente de aciertos.

La filmación tuvo lugar en la Ópera Estatal Unter der Linden de Berlín en octubre de 2022, con tomas de imagen (el realizador es Andy Sommer) y de sonido (entre los técnicos, el conocido Sebastian Nattkemper) de la más alta calidad técnica. La edición contiene subtítulos en español, algo muy raro últimamente. Los blu-rays señalan al final el agradecimiento a Daniel Barenboim, impulsor de este proyecto y quien debiera haber dirigido este Anillo, de no habérselo impedido la enfermedad. Una lástima, sin duda. 


jueves, 12 de marzo de 2026

Libro sobre Hugo Wolf · Un actor estúpido Algo más sobre el Concierto de Año Nuevo

 

¡Por fin un buen libro sobre Hugo Wolf en español!

El mayor autor de lieder de la historia -después, naturalmente, de Schubert- tiene, por fin, un libro que le hace justicia en nuestra lengua: Las canciones completas de Hugo Wolf, por Richard Stokes (editorial Acantilado), con prólogo de Ian Bostridge, traducción de Luis Gago y dedicatoria, merecidísima, al magnífico pianista del lied Graham Johnson (n. 1950).

El libro, muy cuidadosamente traducido, dedica solo nueve páginas a la vida del compositor, veinte a la cronología de sus lieder, ¡678 a los textos bilingües agrupados por poetas!, 77 a cartas, 18 a apéndices varios, y las restantes, hasta alcanzar las 1040 páginas, a notas, bibliografía e índices. La edición, en papel muy fino, es absolutamente impecable. Una publicación por completo recomendable, que me parece particularmente necesaria al tratar de uno de los grandes, grandes, músicos especialmente poco conocido en España.

 

Las estupideces de un joven actor sobrevalorado

“No trabajaría en ópera o ballet: hay que mantenerlos con vida porque no le importan a nadie” (Thimothée Chalamet). A una afirmación como esta, propia de un ignorante malintencionado, hay que prestarle tanta atención como, por ejemplo, lo que pueda opinar Belén Esteban sobre Friedrich Schiller (“¡¿mande?! ¿Quién coño es ese?”)

 

Algo más sobre el Concierto de Año Nuevo 2026

Vuelto a ver y a escuchar en blu-ray, no tengo mucho más que añadir a lo que escribí el 3 de enero. Quizá, para mi gusto, algo saturado de color, la filmación me parece ejemplar, y espléndido el sonido de Sony. La frescura y la (aparente) espontaneidad de Yannick Nézet-Séguin, que dirigió de memoria, son un buen tanto a su favor, pese a que no mantuvo un nivel de excelencia constante y a que la Filarmónica de Viena no suena tan suntuosa como con Karajan o Barenboim, ni tan plateada como con Carlos Kleiber, Maazel o Prêtre. Y nada de la sosera de Thielemann o Welser-Möst. Creo que ahora lo he disfrutado más al librarme de los irritantes comentarios de Martín Llade.

Lo que sí llama la atención, una vez más, es cómo los diferentes directores, y Yannick también, por supuesto, se atienen, se adhieren en gran medida a la tradición, con los rubatos y los guiños que vienen desde al menos Willi Boskovsky. Quizá unos y otros comprenden que no es música para experimentar con ella (en algunas piezas lo hizo, más bien tímidamente, Harnoncourt, y no, no resulta…)

El pasado 1º de enero hubo, de nuevo, varias piezas de escaso valor, dándole, pues, demasiado importancia a la novedad. Los Cantos de sirenas de Josephine Weinlich creo que valen bien poco, mientras que sí mereció la pena Rainbow Waltz de Florence Price, muy bien orquestado por Wolfgang Dörner (quien, al parecer, no pudo hacer gran cosa con la pieza de Weinlich). El 10 pleno lo alcanzó Nézet, para mi gusto, en la cuadrilla de El Murciélago de Johann Strauss hijo, en la obertura de La bella Galatea de Suppé y en la Marcha Radetzky.

Cuando la retransmisión de TVE1 no me di muy bien cuenta de qué había pasado con el -tan criticado por algunos- beso del director a su marido; ahora lo he visto bien: un violinista de la orquesta se retiró para dejar el puesto al susodicho esposo, y durante la Radetzky, Yannick se le acercó y le dio un (casto, fugaz) beso. No veo el por qué del escándalo…

Durante el intermedio puede verse un estupendo documental sobre la Colección Albertina en el que, como es costumbre, músicos de la Filarmónica vienesa tocan fragmentos de piezas camerísticas -Ravel, Kreisler, Poulenc, Mozart, Haydn- con un nivel instrumental y de conocimiento admirables. Destacaría la preciosa Marcha miniatura vienesa de Fritz Kreisler maravillosamente tocada por el violinista Yamen Saadi, con Herbert Rüdisser al piano. Saadi, ahora co-concertino en la Ópera y la Filarmónica, fue durante años “el niño” de la Orquesta del West-Eastern Divan, el más joven de la plantilla.


viernes, 6 de marzo de 2026

Franz Schubert: Discografía (XII)

 

Algunas palabras sobre las Sonatas para piano de Schubert  

Beethoven fue un compositor idolatrado por Schubert, pero al que mayormente supo resistirse como creador. Es decir: opino que dominar la música de Beethoven es muy conveniente para interpretar correctamente a Schubert, pero a la vez creo que no debe abordarse a este como una prolongación de aquél, pues la personalidad del autor de Rosamunda es muy fuerte, inconfundible, muy diferente de la de su antecesor. En el caso de estas Sonatas, el conocimiento a fondo de la sonata clásica es fundamental, pero teniendo bien presente que Schubert -lo mismo que hizo Beethoven, pero de otra manera- no siempre aplica la forma según las reglas heredadas, sino de modo muy personal, y apasionante por cierto. Estas Sonatas “inauguran un mundo nuevo y permiten formarse una idea de lo que significa realmente el Romanticismo en la música: una original interacción de conmovedoras melodías, riqueza armónica y concisión rítmica que no se ve constreñida por formas excesivamente estrictas, sino que se encuentra sostenida por una extraordinaria sensibilidad tímbrica y una expresividad inmensa y esencialmente omnipresente”, escribe Detlef Giese. 

El tan característico humanismo schubertiano, su dulzura, su inagotable inspiración melódica, no lo son todo en su música. Sus procedimientos son muy suyos y a las abundantes repeticiones temáticas que propone no es fácil (como le pasa a Bruckner) hacerles justicia, comunicarles toda la debida variedad de acentos y expresión. Como decía Federico Sopeña, “si se le interpreta bien, esas repeticiones, tan fatigosas en otros compositores, son en Schubert bienvenidas una y otra vez, nunca cansan: es algo realmente misterioso” (cito de memoria lo que le oí decir en una conferencia).

Un último aspecto importante: tocando estas obras es fácil caer también en la dulzonería, para mí especialmente odiosa. Dulzura y dulzonería o blandura son cosas muy distintas. Además hay pianistas a los que parece darles vértigo emplearse a fondo en la tragedia personal de Schubert, mucho más omnipresente de lo que muchos piensan (sigue pesando mucho el viejo prejuicio de que Schubert es sólo delicioso, encantador). Sviatoslav Richter fue quizá el primer pianista grande que se libró por completo de este temor; el reputado Alfred Brendel no siempre supo hacerlo (en contra incluso, a veces, de lo que él mismo decía sobre la música: una cosa es explicarlo bien con palabras, como él hacía, y otra bien distinta llevarlo a la práctica tocando). Barenboim lo aplica sin rodeos en, al menos, algunos momentos de todas estas obras: él ha dicho en alguna ocasión que en la música de Schubert se dan a menudo la mano la sonrisa y el dolor; lo pone en práctica con todas las consecuencias, si bien es cierto que en ciertas sonatas predomina abiertamente ese último. Radu Lupu, Mitsuko Uchida y Elisabeth Leonskaja son otros pianistas que han llegado con frecuencia al fondo de Schubert. Hay algunos más, pero que han grabado con menor profusión su música.


OTRAS OBRAS PARA PIANO

 

Adagio D 612 (1818)

1979 Vox         Peter Frankl      5’18     8/7

2003 MDG       Leonskaja         4’54     9/9

 

Allegretto D 915 (1827)

1940 EMI         Schnabel          4’49     8/6

1969 DG          Kempff            4’54     7/7,5

1974 Philips     Brendel             4’19     7/8

1978 DG          Barenboim       7’05     10/8

1980 Philips     Arrau               6’39     9/8

1989 Naxos      Jandó               4’45     7/8

1992 Decca      A.Schiff           5’11     8/8,5

1993 Nonesuch Goode              5’50     8,5/8

1995 EMI         Kovacevich      5’02     9/8,5

1998 DG          Pires                5’41     7/8,5

2003 MDG       Leonskaja         6’18     9/8,5

2008 HMundi   Perianes           6’49     8,5/9,5 

2009 Erato       David Fray       6’06     9/9,5

2010 Hänssler   Gerhard Oppitz 6’14     9/8

2014 Erato       Chamayou       4’23     8/9

2019 Erato       Pludermacher   3’36     5/8

2020 DG          Sokolov            6’16     9/9,5

2020 Signum    Llyr Williams   4’29     7/8

2022 Warner    Eric Lu            6’16     8/9

2022 Edify       Rachel N.Kudo 6’02     8/9

 

16 Danzas alemanas D 783 (1824)

1973 Philips     Brendel            10’42   8/8

2020 Signum    Llyr Williams   10’58   7/8

2024 Naxos      Dominic Cheli  10’27   8/8,5

 

Fantasía Wanderer, D 760 (1822)

1935 APR        Edwin Fischer              20’28   8/4

1951 Decca      Curzon                         21’14   9/6

1959 EMI         Arrau                           22’58   10/6,5

1960 ¿?            Dino Ciani                   21’13   7,5/7

1963 EMI         Sviatoslav Richter        20’55   9,5/7,5

1966 RCA        Rubinstein                   21’13   8/8

1970 DG          Kempff                        21’09   7/7,5

19?? AAEP      Eduardo del Pueyo       23’58   8/7

1972 Philips     Brendel                        21’01   8,5/8

1974 DG          Pollini                          21’34   7,5/7,5

*1978 EuroArts  Brendel                      22’05   8/7,5

1979 Vox         Peter Frankl                  22’38   8,5/7

1986 Sony        Perahia                         21’48   9/8,5

1987 Decca      Ashkenazy                   20’42   8/8,5

1989 Teldec      Leonskaja                     20’54   8,5/9

*1991 DG        Kissin                          21’36   9,5/9

1992 Naïve       Rafael Orozco              20’55   7,5/7,5

1993 Naxos      Jenö Jandó                   21’12   8/8

1993 DG          Anatol Ugorski             24’54   7/8

2000 ECM        András Schiff               23’13   8,5/8

*2004 DG        Lang Lang                    22’08   9/9

2006 Atma       David Fray                   21’40   7,5/8,5

2007 Mirare      Brigitte Engerer            22’16   10/8,5

2010 Hänssler   Gerhard Oppitz             21’16   7,5/7,5

2011 Naxos      Eldar Nebolsin             21’21   8,5/8,5

2012 HMundi   Paul Lewis                   20’30   7/9

2013 WDR       Pérez Floristán             20’32   9/7,5

2014 Erato       Chamayou                   21’42   8,5/9

2014 Naïve       Aaron Pilsan                 20’14   8,5/9

2014 Dux         G.Ohlsson                    22’45   7,5/7

2015 Centaur   Sophia Agranovich       20’11   6/7

2016 Warner    Leonskaja                     21’34   9,5/10

2020 DG          Seong-Jin Cho              21’49   8/9,5

2024 Bis           Alexander Kantorow    21’26   8,5/9


 

viernes, 23 de enero de 2026

Manuel de Falla: Discografía (II)

 

Voy a contar una anécdota seguramente muy poco conocida: al escuchar

Ángel F. Mayo El amor brujo con Rocío Jurado, le entusiasmó la intervención

de la cantaora chipionera y, una vez que supo el gran crítico wagneriano

que Barenboim pensaba grabar la obra, decidió hacer gestiones con el agente

de Jurado, al que conocía, para que instase al entonces director de la

Sinfónica de Chicago a grabarlo con ella. Se le hizo llegar a Barenboim 

la grabación de López Cobos, para que escuchase a la cantaora, pero algo no fructificó, 

pues la grabación se hizo con la espléndida mezzosoprano Jennifer Larmore, 

que, como tantas otras, está un tanto fuera de órbita en la música del compositor gaditano. 

¿Fueron problemas de derechos? Probablemente, o tal vez el agente de la chipionera 

exigió unos emolumentos muy elevados. En resumen: una lástima.

 

Noches en los jardines de España (1907-1916)

1930 EMI         Manuel Navarro/OBéticaSevilla/E.Halffter 11’37+4’35+08’18        7/4

1949 RCA        Rubinstein/OSinfStLouis/Golschmann  08’45+4’38+07’08        3/5

1951 Decca      Curzon/OSinfLondres/Enrique Jordá     10’35+5’44+08’37        6/5

1954 EMI         Ciccolini/ONacRTF/E.Halffter              11’57+15’32                 7/6

1957 Medici     G.Soriano/ONacRTF/Argenta               09’27+5’04+08’20        9/5

1957 Cascavell Casadesus/OSuisseRomande/Ansermet 09’06+4’27+08’45        7/6

1958 RCA        Rubinstein/OSinfSanFrancisco/Jordá    09’23+5’01+07’38        5/7,5

1958 DG          Margrit Weber/OSinfRadioBerlín/Fricsay 10’02+4’38+07’56        6/6,5

1958 RCA        G.Soriano/ONacEspaña/Argenta           09’27+5’13+07’58        7/6

1960? Vox        G.Sándor/ORadioLuxemburgo/Froment 09’13+4’17+07’26        5/6

1961 Philips     Haskil/OLamoureux/Markevitch           09’59+4’35+07’44        7/7

1962 EMI         Larrocha/OSinfMadrid/Jesús Arámbarri 10’53+5’24+08’39       7,5/6

1963 EMI         Gonzalo Soriano/OConservParís/Frühbeck 10’13+5’40+09’14   9/8

1964 Philips     Del Pueyo/OLamoureux/Martinon        10’09+12’52                 8,5/7

1965 Marfer     Yvonne Loriod/OÓperaParís/Rosenthal 11’20+4’38+09’18        8/6

1966 DG          Margrit Weber/OSinfRBávara/Kubelik  10’03+4’45+08’02        8/7,5

1969 RCA        Rubinstein/OdeFiladelfia/Ormandy       09’16+4’41+07’02        5/8

1971 Decca      Larrocha/OSuisseRomande/Comissiona 10’17+5’21+08’49        7/7,5

197... Ensayo    Sabater/OSinfRTVE/O.Alonso              10’49+13’58                 9/7,5

1984 Decca      Larrocha/OFilLondres/Frühbeck           10’17+5’18+09’13        10/9

1986 Chandos  M.Fingerhut/OSinfLondres/G.Simon    10’41+4’47+08’50        7/8

1987 Erato       Argerich/OdeParís/Barenboim              10’53+13’57                 8/7,5

*1990 Decca     Larrocha/OSinfMontreal/Dutoit            10’30+5’12+09’06        9,5/9

1994 Naïve       Orozco/JONDE/Colomer                      11’02+5’15+09’03        8,5/8

1994 Naxos      Thiollier/OSinfRadioPolaca/Wit            10’33+5’03+08’59        7,5/7,5 

1996 Erato       Heisser/OCámLausana/López Cobos     09’51+4’47+08’23        8,5/8

*1997 Arthaus Barenboim/OSinfChicago/Domingo      10’41+13’47                 10/9

1997 HMundi   Josep Colom/OCiudadGranada/J.Pons   10’47+5’22+08’48        9/9

1998 ArteNova Ricardo Castro/OFilGranCanaria/Leaper 10’18+5’08+08’28      7/7

2000 Teldec      Barenboim/OSinfChicago/Domingo      10’37+5’15+08’51        10/9

*2009 DG        Barenboim/OFilViena/Barenboim         10’42+5’13+08’46        8/8

2010 Limit       L.Milà/OSinfRTVE/Gómez Martínez    11’01+5’36+09’20        8/8

*2011 EuroArts Achúcarro/OFilBerlín/Rattle                 11’22+5’06+09’17        9,5/9   

2011 HMundi   Perianes/OSinfBBC/J.Pons                   10’16+4’43+09’06        8/9

2012 Chandos  J.E.Bavouzet/BBCPhilharmonic/Mena  10’05+4’42+07’36        7/9

2014 Mirare      Luis Fernando Pérez/ONacVasca/Rizzi  11’21+5’20+09’10        8,5/8,5

2017 Hyperion  S.Osborne/OSinfBBCEscocesa/L.Morlot 10’01+4’45+08’25      7,5/9

2017 Pentatone M.Kodama/OSuisseRomande/K.Yamada 09’58+4’51+08’46      9,5/9

2020 Linn        J.F.Osorio/OAméricas/Carlos M.Prieto 10’30+5’03+08’34        8,5/9

*2022 Unitel/ArteLang/OWest-EasternDivan/Barenboim 11’55+6’35+10’50        9,5/9

2023 Erato       Tharaud/ONacionalFrancia/L.Langrée   10’04+4’52+08’39        7,5/9

 

viernes, 19 de diciembre de 2025

Cosas diversas escuchadas en Radio Clásica

 

Programas de muy diversa índole

La escucho a menudo solo 20 o 30 minutos al día, pero casi siempre me encuentro con comentarios que me chirrían. He aquí algunos de los últimos:

“La oboísta XY: valenciana, claro; si es oboísta tiene que ser valenciana”…  Bien, ya sabemos que la región valenciana aporta muchos, una gran mayoría de instrumentistas de viento, sobre todo de viento madera. Pero yo le recordaría a la comentarista que decía eso que los dos oboístas españoles actuales más reconocidos no son valencianos, sino andaluces: Ramón Ortega Quero, primer oboe de la Sinfónica de la Radio Bávara, es granadino, y Cristina Gómez Godoy, solista de la Staatskapelle Berlin, es de Linares (Jaén). [Como me recuerda Xabier Armendáriz, Lucas Macías Navarro, oboe que ha estado en la Concertgebouw, es también andaluz (Valverde del Camino, Huelva)].

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El programa de Jesús Trujillo “La máquina del tiempo” me parece en líneas generales excelente (pese al ruido mecánico desagradable con el que se castiga a los oyentes para dar un salto en el tiempo: de Monteverdi a Ligeti, por ejemplo). Trujillo suele elegir músicas admirables en interpretaciones casi siempre admirables (es de los pocos de Radio Clásica que cuida este último aspecto). Pero… peca de mozartitis, de la que ya he hablado aquí. Me sorprendió ya hace un par de meses cuando habló de unas variaciones para piano de Mozart de primera época en términos no ya elogiosos sino, como suele decirse ahora un poco tontamente, “lo siguiente”. Por supuesto que Mozart tiene algunas maravillosas variaciones pianísticas, pero me parece que al hablar de aquellas (K ciento y pico o doscientos y pico, no recuerdo) exageraba una jartá (como dicen en el lugar de nacimiento del comentarista).

Y más recientemente, afirmaba con total contundencia que Mozart (Wolfgang Amadé suele llamarle: parece que ahora es moda lo de Amadé en lugar de Amadeus) era "el mayor genio de la historia de la humanidad". Puesto, creo, muy difícil de asignar. Pero es que además llegaba a esa conclusión porque el chaval de 14 años había copiado correctamente (con solo dos insignificantes errores), tras escucharlo solo una vez, el famoso Miserere de Allegri. Entonces sería, si acaso, una de las memorias más prodigiosas de las que tenemos noticia*. Y es que su referido programa tiene un apartado que se dedica al jovencísimo Mozart. Me parece bien, pero llegará un momento en que después de sacar a colación los Bastián y Bastiana, Lucio Silla o los Mitridate el filón se agotará. Le propongo que en ese momento establezca un apartado similar dedicado, por ejemplo, al jovencísimo Schubert, que tampoco fue manco ya en sus primeros años**. Otra cosa: se han programado en multitud de ocasiones en un concierto las tres últimas Sinfonías de Mozart. Pero que yo sepa, es la primera vez que se programan las tres últimas de Haydn: lo va a hacer Muti con la Filarmónica de Viena (el 17 de mayo de 2026). ¡Bravo, Riccardo!

Cuando afirmaba que Trujillo escogía con muy buen sentido sus interpretaciones, esto no ocurre siempre con sus invitados, a los que les pide su disco favorito. El de una de esas invitadas eran los Sextetos para cuerda de Brahms por el Cuarteto Amadeus, versiones creo que nada excepcionales (gangosillas, lloronas: anticuadas). Pero claro, esa persona debió de escuchar en su juventud esa grabación y por lo que quedó fascinada fue por la música. Pero es evidente que no conoce las interpretaciones con Menuhin, Gendron y compañía…

En cuanto a “Clásicos populares”, el programa de los concursos banales, es casi “clásicos populacheros”. Una de las pruebas en las que consiste me parece demencial: averiguar lo que suena reproducido a bastante velocidad y hacia atrás. Algunas piezas que he escuchado (solo suenan, menos mal, 20 o 30 segundos) podía uno imaginar qué eran, pero escuché hace poco una, original para piano, en la que, sonando al revés, ni siquiera era reconocible el instrumento.

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El 17 de diciembre pillé en el coche, recién comenzada, la Danza árabe (El café) del Cascanueces de Tchaikovsky; enseguida me dije: ¡qué mala follá (¡perdón!) tiene esta versión! Vino a continuación la Danza china (El té), también sosa, horterilla y no muy bien tocada, que además fue interrumpida a la mitad dos veces por aplausos. Supuse, como es lógico, que sería una grabación bailada tomada en público. ¿Quién resultó ser el tan vulgar director musical? Pues sí: era el gran protegido y amigo de Vladimir Putin: Valery Gergiev, con su Orquesta del Kirov de San Petersburgo. No hay como escuchar algo sin conocer sus intérpretes para confirmar los gustos que uno tiene. Y se constata, una vez más, que Amaya Prieto escoge las versiones al tuntún. Sí, porque a continuación emitió los dos movimientos finales del Concierto triple de Beethoven por Mutter, Yo-Yo Ma y Barenboim, nada menos.

*¿Es menos meritorio saberse de memoria, para tocarlas o dirigirlas sin partitura, y desde hace un montón de años, las 32 Sonatas de Beethoven, sus 9 Sinfonías, las 4 de Schumann y de Brahms, las de Bruckner o Tristán e Isolda? Ya sabéis de quién os hablo…

**Pese a vivir cuatro años menos que Mozart, debemos a Schubert una serie de composiciones que -al margen de las cuatro grandes óperas del salzburgués- son de importancia no menor (no hace falta recordarlas aquí, espero).