El concierto del 1º de mayo de este año ha tenido
lugar en el precioso auditorio del precioso, imponente Palacio Esterhazy de
Eisenstadt. Ya se sabe, el palacio en el que vivió y trabajó durante casi 30
años Joseph Haydn. Por eso he aquí la primera decepción: al genial
compositor se le despachó con una obertura (preciosa, por cierto) de cinco
minutos: la Hob.Ia:7. ¿Cómo es posible que Kirill Petrenko no
dirigiese una Sinfonía del “Padre de la Sinfonía”? Incomprensible y lamentable.
Mozart tuvo muy buena relación con Praga, pero no vivió allí tres
décadas, ni muchísimo menos. Sin embargo, el Concierto del 1º de mayo de 2006,
celebrado en la capital checa, se dedicó todo él a Mozart (Sinfonías “Haffner”
y “Linz”, Concierto de trompa nº 1 con el checo Radek Baborák y de
piano nº 22, con Barenboim tocando y dirigiendo).
A menudo me quejo de la escasa atención que se le presta
al autor de La Creación, y, como se ve una vez más, no me falta razón.
Eso sí, la interpretación de la Obertura me
pareció ejemplar, llena de vida y chispa. Pero… ¿eso es todo? ¡Ha sabido tan a
poco! ¡Qué oportunidad perdida para haber interpretado una de sus magníficas
Sinfonías! La sesión contaba con un cellista importante y muy conocido: Gautier
Capuçon. ¡Pero tampoco se les ha ocurrido tocar uno de los dos Conciertos
para cello de Haydn!
Tras la Obertura, el director titular de la
Filarmónica de Berlín interpretó una versión de libro de la Suite Pulcinella
de Stravinsky. Tras ella, el cellista francés (¡que ya tiene 44 años!)
tocó con corrección las Variaciones Rococó de Tchaikovsky,
versión que tanto por él como por la batuta, me resultó algo dulzona. (Hay que
escuchar la grabación de Rostropovich y Karajan para saber lo que
la obra puede dar de sí. Los hermanos Renaud y Gautier Capuçon se venden
muy bien: están en todas partes, creo que algo por encima de sus méritos. Mientras
tanto, un violonchelista bastante superior a Capuçon, el austríaco de origen
iraní Kian Soltani, aún no ha debutado con la Filarmónica de Berlín). Me
pareció muy buena idea ofrecer como propina la bellísima y conmovedora
canción popular catalana El cant dels ocells armonizada y preparada por Pablo
Casals con el (leve) acompañamiento de cuerdas graves de la orquesta. La
versión, hermosa, fue quizá en exceso lenta.
La segunda parte ha constado de la Segunda Sinfonía
de Beethoven. La versión de Petrenko, sin llegar a irritar, puesto que
ha sido irreprochable (aunque algo superficial el apresuradillo Larghetto),
ha sido hecha con el piloto automático puesto, sin inspiración ni la menor aportación
personal. De trámite más bien que de otra manera. La Filarmónica de Berlín ha estado a
su altura habitual, aunque en Beethoven no se ha dejado respirar,
frasear con algo de libertad a sus solistas, que han estado sensacionales en
Stravinsky).
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