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viernes, 1 de mayo de 2026

El concierto de Europa en la ciudad de Haydn, pero "casi" sin Haydn

 

El concierto del 1º de mayo de este año ha tenido lugar en el precioso auditorio del precioso, imponente Palacio Esterhazy de Eisenstadt. Ya se sabe, el palacio en el que vivió y trabajó durante casi 30 años Joseph Haydn. Por eso he aquí la primera decepción: al genial compositor se le despachó con una obertura (deliciosa, por cierto) de cinco minutos: la en Re mayor Hob.Ia:7. ¿Cómo es posible que Kirill Petrenko no dirigiese una Sinfonía del “Padre de la Sinfonía”? Incomprensible y lamentable. Mozart tuvo muy buena relación con Praga, pero no vivió allí tres décadas, ni muchísimo menos. Sin embargo, el Concierto del 1º de mayo de 2006, celebrado en la capital checa, se dedicó todo él a Mozart (Sinfonías “Haffner” y “Linz”, Concierto de trompa nº 1 con el checo Radek Baborák y de piano nº 22, con Barenboim tocando y dirigiendo).

A menudo me quejo de la escasa atención que se le presta al autor de La Creación, y, como se comprueba una vez más, no me falta razón.

Eso sí, la interpretación de la Obertura me pareció ejemplar, llena de vida y chispa. Pero… ¿eso es todo? ¡Ha sabido tan a poco! ¡Qué oportunidad perdida para haber interpretado una de sus magníficas Sinfonías! La sesión contaba con un cellista importante y muy conocido: Gautier Capuçon. ¡Pero tampoco se les ha ocurrido tocar uno de los dos Conciertos para cello de Haydn!

Tras la Obertura, el director titular de la Filarmónica de Berlín interpretó una versión de libro de la Suite Pulcinella de Stravinsky. Tras ella, el cellista francés (¡que ya tiene 44 años!) tocó con corrección las Variaciones Rococó de Tchaikovsky, versión que tanto por él como por la batuta, me resultó algo dulzona. (Hay que escuchar la grabación de Rostropovich y Karajan para saber lo que la obra puede dar de sí. Los hermanos Renaud y Gautier Capuçon se venden muy bien: están en todas partes, creo que algo por encima de sus méritos. Mientras tanto, un violonchelista bastante superior a Capuçon, el austríaco de origen iraní Kian Soltani, aún no ha debutado con la Filarmónica de Berlín). Me pareció muy buena idea ofrecer como propina la bellísima y conmovedora canción popular catalana El cant dels ocells armonizada y preparada por Pablo Casals con el (leve) acompañamiento de cuerdas graves de la orquesta. La versión, hermosa, fue quizá en exceso lenta.

La segunda parte ha constado de la Segunda Sinfonía de Beethoven. La versión de Petrenko, sin llegar a irritar, puesto que ha sido irreprochable (aunque algo superficial el apresuradillo Larghetto), ha sido hecha con el piloto automático puesto, sin inspiración ni la menor aportación personal. De trámite más bien que de otra manera. La Filarmónica de Berlín ha estado a su altura habitual, aunque en Beethoven no se ha dejado respirar, frasear con algo de libertad a sus solistas, que han estado sensacionales en Stravinsky).

martes, 5 de febrero de 2019

Dos blu-rays de gran interés: Rostropovich y Iolanta + Cascanueces


"Slava": violonchelista y director
En primer lugar, el documental del sello Naxos titulado "Rostropovich: el arco indomable", realizado por el excelente Bruno Monsaingeon. Consta de tres partes, que en total duran más de dos horas y tres cuartos. La primera es el documental propiamente dicho, uno de los más convincentes que recuerde sobre un músico. Cuenta con una impresionante documentación tanto video como fotográfica, con numerosas entrevistas. Pero lejos de abrumar, se sigue con enorme interés. Creo que la aproximación al personaje es de las más certeras que se hayan visto en este género. 

La segunda parte, que figura como bonus, es la inclusión de tres interpretaciones del gran cellista: las dos últimas variaciones y la coda de las Variaciones rococó de Tchaikovsky con Ozawa y la Sinfónica de Boston (1986), en las que despliega (aún) un enorme virtuosismo y toda su capacidad de sacar todo lo imaginable de músicas que, como esta, no son nada del otro jueves. Y antes de una excelsa Sarabanda de la Segunda Suite para cello solo de Bach (1969, bastante anterior por tanto a su filmación de la serie para EMI), un Trío "Archiduque" de Beethoven (París, 1974) en compañía de dos solistas reputadísimos: Yehudi Menuhin y Wilhelm Kempff. El genial violinista da, pese a algún que otro desliz, no pocas muestras de su legendaria musicalidad. Pero el imprevisible y tantas veces sobrevalorado pianista tuvo uno de sus (demasiado frecuentes) días malos, y no lo digo en primer lugar por sus variadas chapucerías, sino sobre todo por una palpable ausencia de sentido musical: transiciones mal enhebradas, ausencia de poesía, rutina imperdonable en momentos clave del trío con piano más hermoso de la historia de la música: nadie ha expresado mejor el éxtasis que Beethoven al final de este Andante cantabile. Es una pena, pero no deja de ser un ejercicio interesante escuchar esta versión en la que no se entienden (no se pueden entender) como auténticos músicos de cámara (ni qué decir tiene que en la grabación de DG, 1970, con Szeryng y Fournier, sin ser una maravilla, Kempff está mucho más cabal). La perfección de la prestación de Rostropovich es absoluta, pero el pianista a menudo no les deja volar a sus partenaires. 

El segundo bonus se titula "Solchenitsyn y Rostropovich" y se basa en entrevistas a la viuda y un hijo del escritor y a dos hijas del violonchelista. Ya se sabe que este se arriesgó muchísimo ocultando en su mansión campestre al perseguido por el régimen soviético autor de Pabellón del cáncer. Los subtítulos vienen en francés, inglés, alemán, ruso, japonés y coreano: ¡pero seguro que todos los melómanos españoles entienden a la perfección alguna de estas lenguas!...

Iolanta + Cascanueces
En marzo de 2016 la Ópera de París montó un espectáculo singular: dos obras de la última época de Tchaikovsky (1892): la más tardía se sus óperas, Iolanta, seguida, enlazada con el ballet Cascanueces. Una idea, al parecer, del controvertido e irregular director de escena Dmitri Tcherniakov, al que le he visto unas cuantas patochadas así como varios aciertos rotundos, estos últimos solo -curiosamente- en óperas rusas. La preciosa y mucho menos conocida de lo que merece Yolanda me parece una puesta en escena sensata a carta cabal y de gran sensibilidad y belleza. Sobre Cascanueces, en cambio, no sé muy bien qué pensar. 
De entrada, no me queda claro por qué encadenarlas: el escenario es el mismo, sobre todo en el primer cuadro completo, que es una fiesta familiar de cumpleaños. Casi todos los personajes -los cantantes mismos- de la ópera vuelven a aparecer en el ballet, coreografiado por Sidi Larbi Cherkaoui, Édouard Lock y Arthur Pita. Por sí sola, esta recreación, libérrima (mucho más que la fascinante de Maurice Béjart), oscura y trágica en gran parte, me parece más que discutible, pero es posible también que interesante, sobre todo el inesperado e impactante final. Decididamente no sé qué opinar de ella, pero lo cierto es que me ha mantenido la atención y ha habido escenas que he encontrado logradas; frente a otras que no me convencen o no las entiendo. Pero solo por la ópera me alegro de haber comprado este blu-ray de BelAir de excelente calidad técnica. 

La dirección musical, a cargo de Alain Altinoglu, la encuentro correcta pero no muy inspirada. Desde luego, la del imprevisible Teodor Currentzis (Blu-ray Teatro Real, 2012) es claramente más poética y espiritual. Pero la escena de Peter Sellars (nada estrambótica esta vez) me gusta menos que la de Tcherniakov, y los cantantes de la función madrileña no son en conjunto tan destacados. Allí eran Ekaterina Scherbachenko (Iolanta), Pavel Cernoch (Vaudémont), Dimitry Ulianov (Rey René), Willard White (Ibn-Hakia), Alexei Markov (Robert) y Ekaterina Semenchuk (Marta). En París son, en el mismo orden, Sonya Yoncheva, Arnold Rutkowski, Alexander Tsymbalyuk, Vito Priante, Andrei Zhilikhovsky y Elena Zaremba. 

Es lo que más me ha gustado de lo que le he escuchado hasta ahora a la protagonista, que se ha metido ya peligrosamente en los tremendos papeles de Norma y Médée. A mí me parece que no es una soprano dramática, sino una lírica con bella voz muy timbrada, técnica sólida y un considerable instinto musical. Así que me dan miedo esas aventuras: ¡no todas las cantantes, sino casi ninguna, pueden hacer lo que Anna Netrebko, cuya evolución desde lírico-ligera a dramática es casi incomprensible por su rapidez, y por no haberle pasado la menor factura a su voz! Correcto, interesante, bonito timbre lírico, el del tenor Arnold Rutkowski. En cuanto a Tsymbalyuk (Fafner en el Siegfried de Barenboim en La Scala y en el reciente Rheingold del Real), me parece una de las voces de bajo más impresionantes de los últimos tiempos, si bien aquí muestra cierta incomodidad al apianar. Discreto el barítono Zhilikhovsky y espléndidos el barítono-bajo Vito Priante y la veterana mezzo Elena Zaremba (59 años entonces). ¡Subtítulos en español! (no, no es broma...)