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miércoles, 24 de junio de 2026

La seriedad y fiabilidad de los críticos musicales

 

Prácticamente me retiró la palabra y desde entonces se ha dedicado, a lo largo de años, a llevarme agriamente la contraria en mis opiniones. Esta fue la furibunda reacción de un conocido crítico musical por haberle dejado -en privado- en evidencia. Escribió en una revista que tal versión de uno de los grandes Conciertos para violín era fría, distante, indiferente, etc. Discutí con él diciéndole que no podía entender que opinase eso de aquella interpretación. No hubo forma de que se bajase del burro.

Por aquel entonces nos intercambiábamos grabaciones en cassette que no teníamos en disco. Dejé pasar unas semanas, pero lo rumié en secreto y por fin le grabé esa interpretación que tan fría le había parecido, eso sí, anotando los nombres de otros intérpretes diferentes -solista, orquesta y director- que ya sabía que le gustaban mucho. “¿Qué te ha parecido?”-“Magnífica, deslumbrante, candente, ardiente, apasionadísima”, etc.- “Pues, mira por dónde, ¡es la misma que pusiste a parir diciendo que era justo lo contrario de lo que acabas de decirme!”. ¡Fíjense lo fiable que puede ser este crítico musical dominado por sus filias y sus fobias, más bien odios!

 

No tan flagrante como ese radical cambio de opinión, recuerdo muy bien cuando, tras escuchar en vivo una interpretación de una de las Sinfonías más hermosas del repertorio, un servidor y otros amigos estábamos entusiasmados por lo que acabábamos de escuchar. Pero hete aquí que un crítico del grupito nos aguó la fiesta a los demás asegurando que lo que tanto nos había gustado a él le había parecido una cursilería.

Años después, el referido crítico escribió sobre esa misma interpretación, que había sido grabada en público de aquel mismo concierto. No cambió radicalmente de opinión sobre dicha versión -como sí ocurrió en el caso que acabo de referir del Concierto para violín-, si bien, atemperando un poco aquel demoledor juicio suyo, sí siguió criticándola, aunque en unos términos bien diferentes, retirando por completo algo que pudiera relacionarse, ni de lejos, con cursilería o ñoñería.

Todos podemos cambiar, o al menos modular, opiniones nuestras anteriores, pero me parece poco tolerable aceptar los bandazos de unos y otros.

 

En una ocasión en que hicimos una de aquellas comparativas a ciegas de varias grabaciones de una misma obra, un conocido crítico -ya tristemente fallecido- emitió una temeraria opinión que nadie le había pedido. Me explico: escuchábamos las Variaciones Haydn de Brahms en su versión orquestal. A los asistentes se les pedía que dijesen qué les parecía, cuánto les gustaba o disgustaba, cada una de las grabaciones, pero no que averiguase de qué intérpretes se trataba. Pues bien, tras escuchar una grabación -que era la de Karl Böhm con la Filarmónica de Viena -que, por cierto, fue la que más gustó a todos o casi todos los intervinientes- ese crítico dijo, al terminar de escucharla: “Puedo oler los tulipanes de esa ciudad”, haciendo clara referencia a la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam. ¿Qué necesidad tenía de meter la pata de ese modo? Podría haber dicho algo así: “Me suena a que pueda ser la Orquesta de Amsterdam”, o algo así. Pero no: ¡estaba tan convencido de que era una grabación que realmente no era!... (Para colmo, es muy probable que la Filarmónica de Viena sea, por su tan particular y personal sonido, la orquesta más reconocible de todas las grandes...)

 

Parece que David Hurwitz tiene una gran audiencia, pero, por lo poco en que le he leído -no tengo interés en leerle más- me parece básicamente maniático, caprichoso y superficial. Del álbum Warner (EMI, Teldec, Erato) de Barenboim con la Sinfónica de Chicago que ha sido publicado hace poco opina con una frivolidad desconcertante si uno se lo tomase en serio. Solo un ejemplo: afirma que, de los tres ciclos sinfónicos de Bruckner, solo le interesa el primero, el de Deutsche Grammophon de entre 1973 y 1981 (que no está en ese álbum, claro). Cualquier melómano que conozca ese ciclo y los dos siguientes (Filarmónica de Berlín en Teldec y Staatskapelle Berlin en DG, este filmado por Accentus de la 4ª a la 9ª) comprenderá que esa opinión suya es inaceptable. Seguramente, me temo, ni conozca bien esos tres ciclos (incluso retirando lo de “bien”): no sería la primera vez que escucho a alguno, crítico oficial o melómano sin más, pontificar sobre grabaciones que no conoce: más de una vez los he pillado con todas las de la ley.

No es difícil reconocer que en el primer ciclo hay alguna versión que más tarde Barenboim no superó (es, en mi opinión, el caso de la Segunda Sinfonía), varias Sinfonías superiores en el segundo (Tercera y Séptima al menos) y que el tercero comprende varias versiones más maduras, equilibradas e indiscutibles. En fin..., ¡pobres de los que tomen al pie de la letra lo que dice este señor! 

[Tras escribir esto, he ido al libro de Fernando López Vargas-Machuca "Los mejores discos de Daniel Barenboim. El maestro sinfónico" y he aquí lo que leo: "Raramente suelo coincidir con las cosas que dice David Hurwitz, pero en este caso concreto discrepo de manera especial. De hecho, su afirmación según la cual 'Las interpretaciones de Barenboim a lo largo de sus tres ciclos de Bruckner han cambiado muy, muy poco en lo que respecta a los tempi* y al trazo global' PARECEN INDICAR QUE ESTE SEÑOR NO SE HA ENTERADO DE NADA"]

*Con respecto a los tempi, es bien fácil comprobar, objetivamente, la falta de fiabilidad de Hurwitz. 

domingo, 21 de enero de 2024

En el segundo centenario del nacimiento de Anton Bruckner

 

Declaraciones de Blomstedt

El día 17 ha aparecido en el diario “El País” un interesante y reivindicativo artículo de Pablo L. Rodríguez sobre Bruckner. Gracias a él me he enterado de que ha salido un libro en español, escrito por el conocido musicólogo Constantin Floros y titulado “Anton Bruckner. Personalidad y obra” (edit. Universidad de Castilla-La Mancha). Lo cual es un notición, porque lo poquísimo que había hasta ahora en castellano era poco recomendable (he encargado dicho libro y espero ansioso su llegada).

Pablo L. R. recoge unas declaraciones del director Herbert Blomstedt en las que afirma rotundamente que Bruckner es el mayor sinfonista después de Beethoven, opinión con la que estoy de acuerdo (se queda corto con respecto a Sergiu Celibidache, quien lo consideraba no en segundo lugar, ¡sino en el primero!). Blomstedt, ¡que sigue activo a sus 96 años!, sigue declarando: “ningún otro sinfonista fue capaz de plasmar la grandeza interior de la sinfonía de manera tan convincente como Bruckner”. Y continúa diciendo: “estas sinfonías representan el anhelo de lo eterno”. Pero “no las considero religiosas, pues Bruckner buscaba una sala de conciertos para el mundo entero. Su profesión de fe era la música”. Y habla de obras colosales y exigentes que “demuestran un gran intelecto, pero también saben expresarse con brevedad y sencillez cuando es necesario”. Estoy muy de acuerdo con todas estas opiniones del gran director sueco, aún activo a sus ¡96 años!

En cuanto a Floros, conocido musicólogo greco-germano, de 94 años, muestra en su libro sus preferencias por tres reconocidos directores brucknerianos. El primero es Eugen Jochum (1902-1987), adelantado apóstol de Bruckner, cuyo primer ciclo para DG, con la Filarmónica de Berlín y la Sinfónica de la Radio Bávara, tuvo mucho mérito en su día como divulgador del compositor austríaco, pero, sinceramente, creo que hoy no mantiene todos los valores de su tiempo. Para mí, se salvan casi todos sus Adagios y una Sinfonía al completo: la Primera. Su segundo ciclo, para EMI, con la Staatskapelle Dresden, no mejoró en líneas generales a la anterior.

El segundo es Sergiu Celibidache (1912-1996), al que será difícil negarle absoluta genialidad sobre la mayor parte de sus interpretaciones brucknerianas. Y ello pese a su carácter tan personal y peculiar, que se manifiesta sobre todo en sus -a menudo enormes- lentitudes. Y el tercero es Günther Wand (1912-2002), creo que sin duda también uno de los grandes intérpretes del autor que nos ocupa, sobre todo en sus últimos años: varias de sus grabaciones para RCA con la Filarmónica de Berlín son admirables.


Otros grandes brucknerianos

Pero, como dice Pablo L., llama la atención la ausencia en el citado libro de otros ilustres brucknerianos, y cita a Herbert von Karajan, Bernard Haitink, Daniel Barenboim y Blomstedt. En lo que le doy la razón, por supuesto, aunque me siguen faltando Otto Klemperer, Karl Böhm, Sir Georg Solti y Carlo Maria Giulini. ¿Cómo ignorar las seis últimas legadas por Klemperer, la 3ª, 4ª, 7ª y 8ª de Böhm, las núms. 1, 5, 6, 7 y 9 de Solti en Chicago, por no hablar de la 2ª, la 7ª, 8ª y 9ª de Giulini? Téngase muy en cuenta que esta última, en su grabación la Filarmónica de Viena para DG en 1989, ha sido considerada por muchos la más grande interpretación de cualquier sinfonía de Bruckner existente en disco. Y, por supuesto, hay memorables grabaciones aisladas de otros varios directores.

El ciclo grabado por Karajan con la Filarmónica de Berlín, y más aún otras interpretaciones aisladas con la Filarmónica de Viena, son insoslayables. Por su parte, Haitink, después de un prematuro, irregular y no muy logrado en conjunto, ciclo con la Concertgebouw, ha conseguido verdaderas maravillas con no pocas grabaciones en Dresde, Múnich, Londres o, sobre todo, Viena. De Barenboim baste decir que es, seguramente, el mayor intérprete vivo de Bruckner, y que nadie más que él ha grabado tres veces su ciclo sinfónico. Blomstedt me parece que está un poco por debajo, en este autor, de los tres anteriores.


Dos ciclos un tanto decepcionantes

Le vuelvo a dar la palabra a Pablo L.: “El bicentenario del compositor ha coincidido con el lanzamiento de dos integrales sinfónicas en disco de Christian Thielemann y la Filarmónica de Viena, en Sony Classical, y de Andris Nelsons y la Gewandhaus de Leipzig, en Deutsche Grammophon. Ambas son decepcionantes por diferentes motivos. Thielemann grabó el ciclo de las 11 sinfonías, con la de estudio y la descartada (las llamadas núm. 00 y núm. 0), entre 2019 y 2022. Una versión que exalta el glamur sonoro de la orquesta vienesa, depositaria del estreno de varias sinfonías de Bruckner, pero sacrifica la profundidad de la música. No se trata de un problema de agilidad o de fluidez, de tempos lentos o rápidos, sino simplemente de interpretaciones cegadas por el hedonismo tímbrico y carentes de emoción. Por otro lado, Andris Nelsons comenzó su ciclo en 2016 y lo culminó cinco años después, aunque sin la sinfonía de estudio. La orquesta de Leipzig, en su caso, también ofrece una gran excelencia sonora junto a una sólida tradición, pues estrenó la Séptima sinfonía, si bien el resultado es contemplativo y superficial”. El juicio sobre este último me parece un poco duro, aunque algo de ello veo en estas interpretaciones, que encuentro en todo caso superiores a las de Thielemann.

También viene a decir que más interesantes que estos dos ciclos le parece el que está realizando Markus Poschner (Múnich, 1971) para el sello Capriccio, y que se anuncia como “de todas las versiones”, es decir, tal vez de al menos dos ediciones distintas de varias de las Sinfonías; ya veremos: “todas” no creo que pueda ser, pues de algunas Sinfonías existen más de dos y de tres… Por el momento solo se han publicado 1ª, 2ª, 5ª y 8ª. Salvo la 5ª, que es con la Orquesta Sinfónica de Radio Viena -un conjunto más que notable- las otras tres lo son con la más modesta Orquesta Bruckner de Linz. De entrada, hay que dejar bien patente que ni una ni otra pueden competir con las “superorquestas” que han grabado los principales ciclos brucknerianos. Poschner se revela como un muy buen conocedor de Bruckner y un músico más que sensato. Pero me temo que estas cualidades no son suficientes para hacer plena justicia a estas reconocidamente dificilísimas obras, que requieren una batuta de técnica excepcional, de una lúcida visión global de su arquitectura y de un talento extraordinario para ahondar en sus profundidades. Así que me temo que lo más logrado hasta la fecha (en CDs o DVDs/Blu-rays) se sitúa en la franja de tiempo que terminó hace un par de lustros.

miércoles, 17 de enero de 2024

La Filarmónica de Viena y la pérdida de personalidad de las orquestas

 

La mejora "técnica"

Con el aumento progresivo del número de orquestas de gran profesionalidad y nivel que se ha producido últimamente ha ido disminuyendo en paralelo la personalidad de las mismas. Es evidente que hace 60 o 70 años, en los siguientes al final de la segunda gran guerra las mejores orquestas del mundo eran mucho menos buenas -sobre todo mucho menos seguras o infalibles- que ahora, como puede comprobarse claramente en las grabaciones de finales de los 40 o de los 50 del siglo pasado, incluso con los directores más reputados de entonces. Pero no es ya que esas de la élite mundial sean ahora mejores y mucho más fiables, es que actualmente hay -en mi opinión, claro- un buen puñado de ellas que superan a las tres o cuatro más reconocidas de aquellos tiempos.  

Supongo que la principal razón es que hay un número mucho mayor de instrumentistas de alta cualificación que entonces. Otro motivo es, sin duda, la técnica más acabada de muchos de los directores punteros de las más recientes generaciones, lo que se traduce en un dominio superior de las posibilidades de ejecución de los conjuntos orquestales a cuyos podios se suben.

Otro asunto muy diferente es que las generaciones áureas de los directores nacidos a finales del XIX y en el primer tercio del siglo XX no se dan ahora mismo, donde abundan los batuteros (perdón por la expresión, que espero no sea demasiado negativa) de excelente técnica directorial, pero donde escasean los de fuerte personalidad y dotes artísticas de primer orden. Seguramente varios de los jóvenes de ahora mismo lleguen a ser con el tiempo grandes maestros, pero hoy por hoy hay pocos nombres que sean auténticas luminarias.


La personalidad sonora

Volviendo a las orquestas: hace pocas décadas era todavía bastante fácil reconocer por su sonido varias de ellas. Y no solo se debía a las salas donde grababan, algo que también influía en la sonoridad que se percibe en sus discos: ahí está la seca, amojamada, casi desabrida sonoridad de la Sinfónica de la NBC de Arturo Toscanini, a quien al parecer satisfacía ese tipo de sonido (por tanto, en parte él mismo era responsable final de esos resultados. Para poder hacer esta afirmación no hay más que recurrir a unas pocas grabaciones suyas con la Orquesta de Filadelfia o la Philharmonia, a las que nebeciza un tanto).

Bueno, lo cierto es que hoy hay varias decenas de orquestas estupendas, aunque sea cada vez más difícil distinguirlas por sus peculiaridades sonoras. El incesante tráfico de músicos de unas a otras influye en la uniformización sonora, al mismo tiempo que se diluyen poco a poco las características específicas de las escuelas de instrumentistas de determinados países (las cuerdas rusas o belgas, las maderas francesas, incluso los metales soviéticos). Mientras antaño era fácil reconocer a varias de ellas, hoy hay que andarse con pies de plomo para averiguar qué orquesta es la que está sonando. Hace unos pocos años me llevé un gran chasco al escuchar una obra sinfónica de primera magnitud, extremadamente crítica para juzgar la calidad de una formación: creía estar escuchando la London Symphony y resultó ser… ¡la Saito Kinen de Japón! Bien pensado, es que, dentro de un nivel de calidad similar, hoy se hace difícil muy a menudo reconocer, distinguir unas de otras.

Por suerte, aún hay unas pocas orquestas todavía bastante reconocibles; son precisamente las mejores, o sea la Sinfónica de Chicago, la Filarmónica de Berlín, la Concertgebouw de Amsterdam y, sobre todo, la Filarmónica de Viena, que es la más impermeable a acoger a músicos de formación no vienesa.


¿No es lo que era?

Más de una vez he oído decir que esta orquesta “no es lo que era”, que su edad de oro ya pasó. Puede que tomen como referencia las grabaciones que hicieron con ella en los años 70 y 80 directores excepcionales que se entendían con ella a la perfección y le extraían lo mejor de lo mejor: Karl Böhm, Sir John Barbirolli, Herbert von Karajan, Sir Georg Solti, Leonard Bernstein o Carlo Maria Giulini. Y si ahora la Filarmónica de Viena no suele sonar tan maravillosamente bien como en esos discos se debe en primer lugar a que prácticamente no hay directores de ese calibre que la frecuenten, sobre todo en disco. Pero precisamente en las últimas semanas he reescuchado algunas tomas dirigidas en los últimos años por el para mí más grande artista vivo de la batuta, Daniel Barenboim, en las que en mi opinión suena al más alto nivel que yo recuerde de esta centuria. Invito a quienes puedan a escucharlas y comprobar si llevo o no razón.

Y estas son Ma Vlast de Smetana en Praga en mayo de 2017, una grabación no comercializada pero que por su alta calidad técnica podría (¡y debería!) serlo. Comparando las inmediatamente posteriores del mismo maestro con la Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall) y la Sinfónica de Chicago (toma privada de muy buena calidad), la sonoridad de la de Viena sobresale por encima de las de estos otros dos formidables conjuntos. Más: en el Concierto de Año Nuevo de 2022 (ya saben, ese en el que según algún ignorante crítico que lleva décadas escuchando música sin enterarse de nada, “Barenboim simplemente NO dirigió”) no hay más que escuchar (preferiblemente en blu-ray) Morgenblätter, la obertura de El Murciélago, Las mil y una noches, Música de las esferas o el mismo Danubio azul para comprobar la sonoridad excelsa de los violonchelos, la profunda densidad de los contrabajos, o, en los violines, plateada, sedosa e incluso aterciopelada. Sonoridades que en nada envidian a lo logrado por Karajan en su segundo Rosenkavalier, por poner un solo ejemplo supremo. Y en cuanto a elocuencia, virtuosismo y poderío -por no hablar de entrega, como si les fuera la vida en ello- baste escucharles la Quinta Sinfonía de Beethoven del 5 de junio de 2020, primer concierto los Wiener Philharmoniker tras el confinamiento por la covid. 

 

jueves, 9 de febrero de 2023

"El Murciélago" por Karl Böhm y Otto Schenk

Un DVD muy recomendable

Hacía años que no veía y escuchaba este DVD del sello Deutsche Grammophon procedente de 1972, filmado no en un escenario, sino en estudios. Pues bien, me ha llamado la atención -no lo recordaba- lo bien que suena, pese a ciertos altibajos dependiendo de las escenas. Lo que me ha maravillado nada más empezar -claro- ha sido la Obertura, seguramente la que más me ha gustado de cuantas recuerdo; nada de sorprendente, pues el CD (DG 1973) de este director, también con la Filarmónica de Viena, con valses y polcas de Strauss, está plagado de versiones maravillosas. La verdad es que desconcierta un poco: conociendo al maestro Böhm, tan inexpresivo y hasta un poco militar en su gestualidad, no parece a priori que fuese el más adecuado para dotar de encanto, sensualidad, vitalidad y entusiasmo a la música de la mejor opereta del repertorio. Pero así es, nada tiene que envidiar a Willi Boskovsky en verbo -superándolo en técnica de batuta- ni a Carlos Kleiber, más centelleante y burbujeante, pero menos controlado y a veces casi atropellado (ya saben cómo le gustaba correr…)

En cuanto al elenco vocal, acaso los más completos siguen siendo el de Boskovsky (pese al cierto pinchazo de Adolf Dallapozza como Alfred) y el de Carlos Kleiber en audio, pero quizá ninguna otra grabación, al menos de vídeo, supere a esta de Böhm. Un breve repaso: espléndida la Rosalinde de Gundula Janowitz, con su timbradísima voz; muy en su sitio Eberhard Wächter, al que he encontrado menos baritonal que de costumbre (en realidad, Gabriel von Eisenstein es para una especie de baritenor); estupenda la Adele de Renate Holm, una ligera no chillona ni muy pizpireta; correcto el Dr. Falke de Heinz Holecek; muy bien el Frank de Erich Kunz (que esta vez no se pasa de bufo) y soberbio Waldemar Kmentt, el mejor Alfred que recuerdo. Dejo para el final la extraña elección de Wolfgang Windgassen, con 57 años y aún bastante bien de voz. Pero me resulta muy extraño este (ex)tenor heroico para un papel que es ideal para una mezzo o contralto. Extraño, pero no tan disparatado como el contratenor o falsetista (¿?) bufonesco de Ivan Rebroff en la versión de audio de Carlos Kleiber (DG 1976).

La puesta en escena de Otto Schenk es todo un clásico, que, me parece, no pasa de moda: está repleta de ocurrencias graciosas y en ella están muy bien todos los actores. Por cierto, el propio Schenk hace el papel hablado de Frosch, el carcelero (también en la grabación de Boskovsky): muy bien, pero sin llegar a la jugosísima actuación de Josef Meinrad en la filmación dirigida musicalmente (y nada mal) por Plácido Domingo en el Covent Garden. Curiosamente, esta grabación de Böhm está también en audio, en un doble CD de serie media del sello… ¿DG? ¡No, Decca! Versión a la que se le han suprimido las partes habladas (y no sé si algo más), pues dura una hora y 32 minutos frente a las dos horas y cuarto de la versión con imágenes.

 

JOHANN STRAUSS II: Die Fledermaus

DISCOGRAFÍA

 

                Eisenstein/Rosalinde/Dr. Falke/Adele/Orlofsky/Frank/Alfred/Dr. Blind        

 

Decca 1951    Julius Patzak/Hilde Gueden/Alfred Poell/Wilma Lipp/Sieglinde Wagner/Kurt Preger/Anton Dermota/August Jaresch/Coro de la Ópera Estatal y Orquesta Filarmónica 

            de Viena/Clemens Krauss                     92’46               7/5

 

EMI 1956    Nicolai Gedda/Elisabeth Schwarzkopf/Erich Kunz/Rita Streich/

            Rudolf Christ/Karl Dönch/Helmut Krebs/Eich Majkut/Coro & Orquesta

Philharmonia/Herbert von Karajan                                   109’38             9/7

 

Decca 1960    Waldemar Kmentt/Hilde Gueden/Berry/Erika Köth/Regina Resnik/

            Eberhard Waechter/Giuseppe Zampieri/Peter Klein/Coro de la Ópera Estatal

y Orquesta Filarmónica de Viena/Herbert von Karajan  142’48**          8/7,5

 

EMI 1972    Nicolai Gedda/Anneliese Rothenberger/Dietrich Fischer-Dieskau/Renate

            Holm/Brigitte Fassbaender/Walter Berry/Adolf Dallapozza/Jürgen Förster/

            Coro de la Ópera Popular de Viena/Orquesta Sinfónica de Viena/                   

            Willi Boskovsky                    110’23            9,5/8

 

*DG 1972  Eberhard Wächter/Gundula Janowitz/Heinz Holecek/Renate Holm/

             Wolfgang Windgassen/Erich Kunz/Waldemar Kmentt/Erich Kuchar/Coro de la

            Ópera Estatal y Orquesta Filarmónica de Viena/Karl Böhm/*Otto Schenk           9/8

 

DG 1976    Hermann Prey/Julia Varady/Bernd Weikl/Lucia Popp/Ivan Rebroff/Benno

            Kusche/René Kollo/Ferry Gruber/Coro & Orquesta de la Ópera Estatal

de Baviera/Carlos Kleiber    106’46            9/8,5

 

*TDK 1980  Bernd Weikl/Lucia Popp/Walter Berry/Edita Gruberova/Brigitte Fassbaender/       

             Erich Kunz/Josef Hopferwieser/Anton Wendler/Coro & Orquesta de la

Ópera Estatal de Viena/Theodor Guschlbauer/*Otto Schenk       8,5/8

 

*NVC/Warner1984  Hermann Prey/Kiri Te Kanawa/Benjamin Luxon/Hildegard Heichele/

            Doris Soffel/Michael Langdon/Dennis O’Neill/Paul Crook/

Coro & Orquesta del Covent Garden, Londres/Plácido Domingo/

*Leopold Lindtberg, Richard Gregson          8/7

 

*DG 1987  Eberhard Wächter/Pamela Coburn/Wolfgang Brendel/Janet Perry/Brigitte

           Fassbaender/Benno Kusche/Josef Hopferwieser/Ferry Gruber/Ballet, Coro & Orquesta 

            de la Ópera Estatal de Baviera/Carlos Kleiber/*Otto Schenk  8,5/8

 

Teldec 1988    Edita Gruberova/Werner Hollweg/Anton Scharinger/Barbara Bonney/Marjana Lipovsek/Christian Boesch/Josef Protschka/Waldemar Kmentt/Coro de la Ópera Holandesa/Orquesta del Concertgebouw/Nikolaus Harnoncourt      105’45 7/8,5

 

Philips 1991    Wolfgang Brendel/Kiri Te Kanawa/Olaf Bär/Edita Gruberova/Brigitte

            Fassbaender/Tom Krause/Richard Leech/Anton Wendler/Coro de la Ópera Estatal 

            y Orquesta Filarmónica de Viena/André Previn            111’48             8,5/9   

 

Pentatone 2018    Nikolai Schukoff/Laura Aikin/Matthias Hausmann/Annika Gerhards/

            Elisabeth Kulman/Jochen Schmeckenbecher/Christian Elsner/Alexander Kaimbacher/

            /Coro & Orquesta Filarmónica de la NDR/Lawrence Foster         79’32   7/9

 

**La grabación de Karajan de 1960 incluye una “Gala” en la que intervienen Renata Tebaldi, 

Plácido Domingo, Fernando Corena, Birgit Nilsson, Mario del Monaco, Teresa Berganza, 

Joan Sutherland, Jussi Björling, Leontyne Price, Giulietta Simionato y Ljuba Welitsch

jueves, 11 de agosto de 2022

Discografía comentada de la "Leonora III" de Beethoven

 

¿El primer poema sinfónico?

La Obertura Leonora III de Beethoven es, como se sabe, una de las dos más ambiciosas y extensas (junto a la Leonora II) y seguramente la más admirada de su autor.

Compuesta, al igual que las Leonoras I y II y la llamada Obertura Fidelio (la definitiva), para preceder a su única ópera, Fidelio, es una página sinfónica de tales proporciones que no se suele emplear para comenzar la ópera, de la que es una especie de amplio resumen orquestal, sino como pieza de concierto (por esto podría considerársela un precedente del poema sinfónico, género oficialmente inaugurado por Franz Liszt). También, algunos directores -siguiendo el ejemplo de Gustav Mahler- la emplazan, tanto en disco como en escena, antes del cuadro del final de Fidelio, entre las mazmorras y la celebración de la libertad en el patio de la prisión.

La mayor parte de los principales directores de orquesta, y muchos otros que no lo son tanto, la han llevado al disco, por lo que el número de grabaciones es ingente. Pero Beethoven es uno de los compositores a los que es más difícil hacer justicia, por lo que las verdaderamente muy buenas escasean; en varias de éstas nos a centramos.

Wilhelm Furtwängler está considerado, unánimemente, uno de los gigantes de la batuta de todos los tiempos e intérprete, antes que de cualquier otro compositor, de Beethoven. No es de extrañar, pues, que una de sus grabaciones conservadas, concretamente la única de las suyas realizada en estudio, por EMI, con la Filarmónica de Viena y dentro de la ópera completa, en octubre de 1953, sea un referente ineludible. La introducción, Adagio, es un sobrecogedor descenso a los abismos. Interpretación toda ella honda, personal e inspiradísima, su Allegro final es tremendamente apasionado y dionisíaco. La orquesta está maravillosa, sobre todo las cuerdas. Como escribió el llorado crítico musical Gonzalo Badenes, esta interpretación, “genialmente subjetiva, es un constante crescendo hacia la luz”. Se trata, en mi opinión, de la primera grabación -cronológicamente hablando- modélica.

Cuatro años más tarde, en 1958, otro de los grandes directores de aquellos años, el húngaro Ferenc Fricsay, grabó para DG con la Orquesta Filarmónica de Berlín esta obertura. Una versión densa, sólida, poderosa e impactante de la gran página, a la que, puestos a ser puntillosos, podría reprochársele un predominio excesivo de las trompetas en algunas frases y un tempo un poco desbocado en la coda.

Otro gran director en los años 50 y 60 del siglo pasado, Joseph Keilberth, muerto al igual que Fricsay bastante joven (aquél en 1963, a los 48 años, y éste en 1968, a los 60), la grabó en 1961, para Teldec y con la misma orquesta berlinesa. Una versión de impresionante introducción, oscura y misteriosa, que en el Allegro parece perder un tanto la concentración, resultando un poco rutinario. Lástima, pues prometía ser una de las más grandes.

1964 alumbraba una de las más geniales interpretaciones existentes de esta gran obertura, acaso la más fascinante. Se debe a Otto Klemperer, para EMI y con la Orquesta Philharmonia de la que era titular y a la que en pocos años había llevado hasta lo más alto en el ranking internacional. El efecto demoledor que esta interpretación, francamente diferente de las demás versiones existentes, produce en el oyente merece un esfuerzo de análisis para intentar explicar los porqués. La introducción, sobria y concentrada, sin concesiones llamémosles personalistas, muestra ya una claridad extrema de texturas, en varios momentos reveladora.

La orquesta, de sonido rocoso, articulación incisiva y perfecta, de transparencia pasmosa, está en esta pieza por encima de cualquier otra, y los dos solistas con mayor papel, la trompeta y la flauta, son sencillamente increíbles. En la coda, Klemperer, a diferencia de lo que tiende a hacerse, no acelera, sino que somete el discurso a un control férreo, consiguiendo acumular una tensión tremenda, abrumadora, y la mayor exaltación imaginable. Su lógica es, a la vez, aplastante, y los fortísimos, en momentos acertadamente escogidos, son apabullantes, hasta poner los pelos de punta.

Dos años más tarde, en 1966, nos llega la versión de Herbert von Karajan con la Orquesta Filarmónica de Berlín, para DG. Tras una espléndida introducción, en los pasajes más fuertes no sólo se pierde algo de claridad (culpa, en parte, de la toma de sonido), sino que da la sensación de haber muchas veces "más ruido que nueces". Bien trazada y con momentos muy bellos, la coda es desbocada, tumultuosa, persiguiendo abiertamente lo espectacular.

De 1969 es la poco conocida y sin embargo admirable e inatacable versión de Hans Schmidt-Isserstedt con la Filarmónica de Viena, para Decca. Magnífica versión a la que sólo podría achacarse no poseer un sello o rasgo suficientemente personal. La orquesta está, además, sensacional.

Ese mismo año se publica también, en este caso por DG, la grabación de Karl Böhm, uno de los más grandes maestros beethovenianos, con la Staatskapelle de Dresde. Las secciones más sosegadas de la partitura son admirables, pero en las agitadas se desboca, tanto en lo que se refiere al tempo como a la dinámica; suena pobre la cuerda grave (culpa, en parte seguramente, de la toma de sonido) y demasiado las trompetas. Algunos acordes son en exceso secos y cortantes. Pese a atesorar momentos geniales de lirismo y dramatismo, el conjunto se resiente por falta de control emocional del director.

Sir Georg Solti grabó en dos ocasiones la Leonora III: en 1973 y en 1989, y en ambas con la misma orquesta, la de suntuosa sonoridad e hipervirtuosa Sinfónica de Chicago. Son dos interpretaciones de gran altura, con algunas aportaciones personales más que nada en detalles, que podrían ser vistas como “licencias”. Ambas versiones, salvo en algún momento, se parecen mucho entre sí y tienen también en común ser muy brillantes y espectaculares; en general la primera es más juvenil, y algo más equilibrada la segunda. Espléndidas, pues, pero que no llegan a hacer historia. 

La versión de Kurt Masur con la Gewandhaus de Leipzig (Philips, 1975) es correcta, pero rutinaria: la verdad, no hace honor a la fama de beethoveniano de ese director silesio.

Bastante superior es la del menos reputado en este terreno Vladimir Ashkenazy (Decca 1983, con la Philharmonia londinense), y no sólo a causa de la superioridad manifiesta de la orquesta británica sobre la alemana, entonces del Este.

Entre una y otra, en 1978, apareció en el mercado una de las más personales, creativas, admirables y arrebatadoras interpretaciones de la Leonora III: la de Leonard Bernstein, con la Orquesta Filarmónica de Viena, para DG, que describe con misterio y desolación el terrible ambiente de la mazmorra donde se halla secretamente preso Florestán, ambiente que da paso progresivamente a la gran exaltación de la celebración final.

En los últimos 40 años han escaseado las grandes interpretaciones de esta obertura; una de las más notables es la debida a Bernard Haitink dentro de su grabación de la ópera completa, para Philips en 1990 y con la Staatskapelle de Dresde. Es una versión de indudable solvencia, pero que no aporta nada a lo ya dicho, y que no se acerca, ni mucho menos, a las cimas de Furtwängler, Klemperer o Bernstein.

Sí se les acerca una 9 años posterior, de 1999, debida a Daniel Barenboim dirigiendo la Staatskapelle de Berlín, para Teldec y dentro también de la grabación completa de la ópera (en la que por primera vez se incorporan las cuatro oberturas compuestas por Beethoven para ella). Barenboim, en mi opinión el más sobresaliente intérprete actual del compositor de Bonn, tanto al piano como en el podio, es el músico que mayor número de obras de Beethoven ha grabado en la historia del disco, bastantes de ellas en dos, tres, cuatro -como en este caso- y hasta en cinco ocasiones.

En momento de plena madurez, a sus 56 años, ha llevado por fin al disco Fidelio, y dentro de ella la Obertura Leonora III es, igualmente, un acierto total. La introducción, honda, trágica, inquietante, es la más lenta de las que se recuerda (por ello, sobre todo, la versión en conjunto, es 20” más larga que la que le sigue en lentitud), pero no da la impresión de morosidad por la riqueza de significado que alcanza cada frase, cada nota: nada más lejos de la rutina que esta interpretación. El sentimiento de piedad ante el sufrimiento y el de exultante celebración de la libertad puede que nunca hayan sonado expresados con tal sinceridad y elocuencia. Por lo anteriormente dicho y por la asombrosa nitidez expositiva y el exhaustivo control de los medios, parece que Furtwängler y Klemperer, lo dionisíaco y lo apolíneo, se hubieran dado la mano: la coda, sin descontrolarse, consigue un efecto arrollador, incluyendo un par de detalles personales aportados por Barenboim: sendos súbitos arrebatos, verdaderamente electrizantes, a 1’20” y a unos 30” del final. La Staatskapelle berlinesa había alcanzado ya aquí estatus de orquesta beethoveniana de primerísima línea.

(No entro a valorar las grabaciones con instrumentos originales, o como quiera llamárseles).

 

 

GRABACIONES ESCUCHADAS

Incluidas las pertenecientes a la ópera completa

 

1927 DG         Klemperer/OOpEstatalBerlín                14’07   7,5/4

1941 Naxos     Walter/OMetropolitanNuevaYork        14’13   6/4

1944 DG         Furtwängler/OFilViena                        14’09   8/4

1944 DG         Karajan/OConcertgebouw                    14’42   8/5

1945 Arkadia   Toscanini/OSinfNBC                           13’11   4/4

1954 EMI        Furtwängler/OFilViena                        15’19   10/6

1954 EMI        Karajan/OPhilharmonia                        14’59   8,5/6,5

1954 Testament Klemperer/ORealDanesa                     13’31   9/5

1958 DG         Fricsay/OFilBerlín                               14’14   9/7

1958 EMI        Kempe/OFilBerlín                               14’36   9/6,5

1961 Teldec     Keilberth/OFilBerlín                            13’29   7/7,5

1961 EMI        Cluytens/OFilBerlín                             15’12   8/7,5

1961 Nota Blu Klemperer/OCoventGarden                  14’23   9/6

*1961 VAI       Szell/OSinfChicago                             12’50   7/6

1961 Teldec     Keilberth/OFilBerlín                            13’29   7,5/7

1961 Eurodisc  Masur/OGewandhaus                           13’20   7/7

1964 EMI        Klemperer/OPhilharmonia                    14’38   10/8

1966 DG         Karajan/OFilBerlín                              14’41   8/7,5

1967 Decca     Schmidt-Isserstedt/OFilViena               14’59   8,5/8

*1967 DG       Kubelik/OConcertgebouw                    14’46   8/7,5

1969 DG         Böhm/StaatskapelleDresden                 13’35   7,5/7

1970 Philips    Jochum/OConcertgebouw                    13’32   8,5/7,5

1975 Decca     Solti/OSinfChicago                              13’57   8/8

1975 Philips    Masur/OGewandhaus                           13’42   7/7,5

1978 DG         Bernstein/OFilViena                            14’56   9/8

*1981 DG       Bernstein/OFilViena                            13’50   8,5/7,5

1983 Decca     Ashkenazy/OPhilharmonia                   14’59   8,5/9

1985 Sony       C.Davis/OSinfRadioBávara                  15’32   8,5/9

1986 DG         Karajan/OFilBerlín                              13’53   7,5/9

1989 Decca     Solti/OSinfChicago                              13’52   8,5/9

1990 Philips    Haitink/StaatskapelleDresden               14’10   8/9

*1990 TDK     Wand/OSinfNDRHamburgo                 14’20   8/7

1999 Teldec     Barenboim/StaatskapelleBerlin             15’26   10/10

*2006 EuroA   Barenboim/OWest-EasternDivan          14’38   9/8,5

*2006 Medici  Barenboim/OWest-EasternDivan          15’08   9/9

*2007 Medici  Mehta/OComunidadValenciana             14’15   7/8

*2011 C Major Barenboim/OWest-EasternDivan          14’52   9,5/9,5

2012 SanFrS    Tilson Thomas/OSinfSanFrancisco       13’58   7/9,5

*2015 Sony     Welser-Möst/OFilViena                       13’18   7/8,5