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martes, 22 de septiembre de 2026

Barenboim vuelve a El Escorial

 

Schubert, Wagner y Schumann

34 años después de su memorable concierto con Plácido Domingo y la Orquesta Filarmónica de Berlín, en la Basílica del Monasterio, Barenboim ha vuelto a San Lorenzo de El Escorial; no pude asistir al concierto del pasado día 19 en el Teatro del Auditorio de la localidad madrileña, pero sí he podido escuchar una grabación del mismo; no es buena, pero suficiente para percibir cómo fueron las interpretaciones.

Los tres o cuatro críticos cuyas crónicas he leído y que nunca han soportado a Barenboim, o al menos nunca han sido capaces de reconocer su genialidad, ahora admiten que el de Buenos Aires ha sido uno de los grandes (aunque, insisto, siempre han sido negacionistas de su talento, sobre todo como director). ¡Demasiado tarde, muchachos!: no tenéis credibilidad, que lo reconozcáis ahora no tiene ningún valor, porque han sido otros, no vosotros, quienes sí vieron -vimos- desde hace mucho tiempo la extraordinaria musicalidad de este intérprete, sea al piano o dirigiendo.

Pero, no contentos con este ejercicio de hipocresía, esos han vuelto a poner muy serios reparos -algunos grotescos, como que por momentos Barenboim no dirigió, sino que la orquesta tocó sola- a las recreaciones del día 19: nadie con un poco de experiencia asistiendo a conciertos puede afirmar en serio una cosa así. Amparándose, claro está, en que la mayoría de sus lectores no han escuchado ese concierto, siguen vertiendo su incomprensión o su inquina.

Pero es que, al margen de algunos deslices de ciertos músicos de la Orquesta del West-Eastern Divan, sobre todo en la Sinfonía “Renana” de Schumann, las interpretaciones de las tres obras programadas han sido sencillamente excelsas. Quienes las han fustigado no lo habrían hecho si, en lugar de haberlas dirigido Barenboim, lo hubieran hecho por ejemplo un Giulini o un Celibidache. La Sinfonía “Inacabada” de Schubert se ha parecido en concepto bastante a la que el propio Barenboim hizo el pasado 4 de octubre de 2025 con la Filarmónica de Berlín, que es, para más de uno entre los que me cuento, la más honda, hermosa y emocionante que hayamos escuchado nunca. La diferencia: que la Orquesta del día 19 no es tan extraordinaria desde el punto de vista técnico como la portentosa formación berlinesa.

¡Cómo ha sido el Preludio y Muerte de Isolda de Wagner! Hasta los más anti han reconocido su genialidad (pese a, por descontado, ¡faltaría más!, señalarle algún defecto). Creo que no he escuchado jamás algo tan sublime.

La “Renana” no tuvo apenas nada de la tópica interpretación que puede esperarse de un venerable maestro anciano, pues el vigor y el entusiasmo de los movimientos más rápidos -el primero y el último- apenas surgieron más lentos de lo habitual. El famoso cuarto, el que rememora la solemne ceremonia en la Catedral de Colonia, fue despojado de parte de su opulenta grandiosidad, pero no, ni mucho menos, de su íntima emoción y espiritualidad.

Pues sí, Barenboim está físicamente muy mermado, pero su musicalidad y su lucidez están tanto o más pujantes que nunca. Por cierto, un par de críticas que he leído sí las puedo compartir en buena parte: las de Fernando López Vargas-Machuca (“Ya nos queda un día menos”) y Víctor Mourelle (“Plateamagazine”). A los demás que he leído -no voy a nombrarlos- lo que les sigue apeteciendo es atizar. Y parece que no piensan apearse del burro. 

 

viernes, 4 de abril de 2025

Un espectacular "Don Carlo" rescatado

 

Domingo y Karajan juntos

En el Festival de Salzburgo de 1975 se reunió un fabuloso reparto para interpretar Don Carlo de Verdi (en italiano, y en la versión de cuatro actos, sin el de Fointaneblau). La lista de artistas impone: Nicolai Ghiaurov (Filippo II), Plácido Domingo (Carlo), Mirella Freni (Elisabetta), Piero Cappuccilli (Posa), Christa Ludwig (Eboli), George Crasnaru (Gran Inquisidor), José Van Dam (Monje), el Coro de la Ópera Estatal y la Orquesta Filarmónica de Viena dirigidos por Herbert von Karajan. El morbo es, si cabe, aún mayor porque se trata de una de las poquísimas colaboraciones entre el tenor madrileño y el director salzburgués.

Ni en su grabación de audio (EMI 1979) ni en la de vídeo (Sony 1982) contó Karajan con elencos de tal calibre. En la primera, con el Coro de la Ópera Alemana de Berlín y la Filarmónica de la misma ciudad, José Carreras, muy entregado y meritorio, no estuvo a la altura de Domingo, y Ruggero Raimondi fue un Inquisidor no muy afortunado, pues requiere un bajo profundo, y no un bajo-barítono. Repitieron como en 1975 Freni, Cappuccilli y Van Dam. En la de vídeo, reaparecieron Carreras, Cappuccilli y Baltsa, Fiamma Izzo d’Amico fue una algo discreta Elisabetta, Ferruccio Furlanetto un gran intérprete del rey de España y Matti Salminen un imponente Inquisidor. En lugar de Van Dam estuvo Franco de Grandis. Volvieron el Coro y la Orquesta de 1975. Aparte de ese Don Carlo, del Trovatore en vídeo (TDK 1978), de la Madama Butterfly filmada por Ponnelle (1974, antes Decca y ahora DG), de Turandot (DG 1981) y Un ballo in maschera (DG 1989), creo que no hay más grabaciones oficiales de Domingo y Karajan juntos. 

Volviendo al Don Carlo de 1975 (en público y por desgracia con sonido más bien precario), se contó no solo con actuaciones memorables de Domingo y Freni, sino con destacadísimas contribuciones de Ghiaurov y Cappuccilli. Pese a la gran atracción que puede generar la actuación de Christa Ludwig como Eboli, la verdad es que la eximia mezzo berlinesa no estuvo al nivel de sus colegas, pareciendo incómoda y un tanto fuera de situación, sobre todo en la “Canción del velo”. No conocía a Crasnaru (Rumanía, 1941), que tal vez fuese una sustitución de última hora, pues luce una voz robusta… pero poco más. Y el empeño de Karajan por contar con Van Dam en papeles demasiado graves para su voz no lo acabo de comprender: la zona baja de su tesitura siempre flaquea.

La rutilante dirección de Karajan con una magnífica Filarmónica de Viena no carece, para mi gusto, de puntos débiles: demasiado ruido frente a no tantas nueces (no hay más que compararlo a Giulini, e incluso a Solti y a Pappano, este en blu-ray con la misma orquesta) en determinados momentos, con propensión al exceso decibélico no siempre sentido y con un comienzo del cuadro del Auto de fe descontrolado y algo a lo bestia. Por descontado, muchos pasajes no merecen sino elogios.

Pero lo que Giulini consiguió en estudio el año 1971 (trece años después de unas triunfales funciones en el Covent Garden, con Boris Christoff), con una orquesta de mucho menor postín, la del coliseo londinense, es de no dar crédito (elogio que también merecería no poco Georg Solti). Y la labor de una batuta, no hay que olvidarlo, no es solo el manejo de los conjuntos coral y orquestal, sino también y en no menor medida, cómo dirigir, encauzar a los cantantes. Por eso la versión de Giulini, sigue pareciéndome la número 1, pese a haber otras en que algunos cantantes son superiores, pero todos estuvieron más que bien. Incluso el soberbio Inquisidor del no muy conocido Giovanni Foiani y la Voz del cielo de una tal María Rosa del Campo. Y por cierto, ¡cómo suena tras ser reprocesada!

Mi Don Carlo ideal

En todo caso, ¿cuál sería mi combinación ideal -imposible, porque no todos los cantantes que voy a proponer fueron contemporáneos entre sí-? Felipe II: Boris Christoff (DG 1962, con Gabriele Santini II); Don Carlos: Plácido Domingo (con Giulini); Isabel de Valois: Montserrat Caballé; Princesa de Éboli: Shirley Verrett (también con Giulini); Marqués de Posa: Dietrich Fischer-Dieskau (con Solti); Gran Inquisidor: Martti Talvela (con Horst Stein en 1960, mejor aún que con Solti o con Karajan 1982).

domingo, 13 de octubre de 2024

La Sinfonía de Franck y Pelléas de Fauré por Barenboim y la Filarmónica de Berlín

 

He aquí lo que escribí tras el concierto, que tuvo lugar el 3 de junio de 2023. Ahora aparece el disco, que no puedo precisar si es exactamente lo que se escuchó en directo, o si ha habido algún tipo de montaje entre diferentes tomas. A decir verdad, si hubo diferencias, son tan nimias que soy incapaz de detectarlas. Las duraciones del disco con respecto a las que tomé del concierto son prácticamente idénticas.

Me parece que Pelléas et Mélisande de Fauré lo hacía Barenboim por primera vez. Enseguida, nada más comenzar el Preludio, se vio que aquella intepretación iba a ser algo muy especial: de belleza extrema y espiritualidad como nunca hubiera escuchado. Se trata, en mi opinión, de la composición orquestal más hermosa y sentida de su autor. Pero yo no me imaginaba hasta qué punto puede ser una obra tan maravillosa. Predominó una serenidad de última madurez, que solo en la Muerte de Mélisande se erizó en intenso dramatismo. Ayer mismo, antes del concierto, repasé la notable grabación de Michel Plasson con la Orquesta del Capitolio de Toulouse (EMI 1982) y la distancia, la verdad, es francamente grande (he aquí las duraciones de Plasson y Barenboim: Preludio, La hilandera, Siciliana, Muerte de Mélisande: 5’12”+2’58”+3’07”+4’40” y 6’02”+2’52”+4’06”+4’35”).


Conozco dos Sinfonías de Franck por Barenboim: la que hizo para DG con la Orquesta de París en 1976 y la que se divulgó en vídeo de agosto de 2021 con la Orquesta del Diván en Salzburgo. Ninguna de ambas está a la altura de lo que se podría esperar de él (pues su Cazador maldito y otras composiciones de Franck son modélicas). Pero el Barenboim octogenario, a partir de su grave enfermedad neurológica, es -por lo que he conseguido escucharle- el mejor Barenboim de toda su carrera. La Sinfonía en Re menor de César Franck siempre me ha parecido una de las admirables del repertorio. Pero nunca ha sido tan bella, espiritual y emotiva como la de ayer. De una enorme calma (en el tempo y en el carácter), se desenvolvió con una lógica y una fluidez desconocidas, mostrando recovecos inesperados gracias a una clarificación máxima de las voces instrumentales, a una naturalidad en las transiciones realmente insólita, a una libertad en la agógica extremadamente sutil. Envuelta a menudo de una dorada luz crepuscular, transcurrió mayormente en p o pp sin el menor rebuscamiento o blandenguería. La extática sección del finale poco antes de coda, con el arpa sobrevolando, fue inolvidable, como la escarpada conclusión, de significado diría que  particularmente ambiguo. Maravillosa tanto la orquesta como sus solistas, que mostraron especialísima atención y concentración. Creo que sabían que estaban asistiendo y participando en una sesión memorable. Tras Franck, los aplausos de un público enfervorizado duraron ocho minutos. La toma de sonido del CD es, literalmente, excelsa (suena claramente mejor que lo que ofrece Digital Concert Hall).

(Duraciones de mi grabación favorita hasta ahora, la de Giulini con la misma Orquesta, DG 1987, y la de ayer: 20’23”+11’56”+12’14” y 21’22”+12’50”+12’25”).

domingo, 21 de enero de 2024

En el segundo centenario del nacimiento de Anton Bruckner

 

Declaraciones de Blomstedt

El día 17 ha aparecido en el diario “El País” un interesante y reivindicativo artículo de Pablo L. Rodríguez sobre Bruckner. Gracias a él me he enterado de que ha salido un libro en español, escrito por el conocido musicólogo Constantin Floros y titulado “Anton Bruckner. Personalidad y obra” (edit. Universidad de Castilla-La Mancha). Lo cual es un notición, porque lo poquísimo que había hasta ahora en castellano era poco recomendable (he encargado dicho libro y espero ansioso su llegada).

Pablo L. R. recoge unas declaraciones del director Herbert Blomstedt en las que afirma rotundamente que Bruckner es el mayor sinfonista después de Beethoven, opinión con la que estoy de acuerdo (se queda corto con respecto a Sergiu Celibidache, quien lo consideraba no en segundo lugar, ¡sino en el primero!). Blomstedt, ¡que sigue activo a sus 96 años!, sigue declarando: “ningún otro sinfonista fue capaz de plasmar la grandeza interior de la sinfonía de manera tan convincente como Bruckner”. Y continúa diciendo: “estas sinfonías representan el anhelo de lo eterno”. Pero “no las considero religiosas, pues Bruckner buscaba una sala de conciertos para el mundo entero. Su profesión de fe era la música”. Y habla de obras colosales y exigentes que “demuestran un gran intelecto, pero también saben expresarse con brevedad y sencillez cuando es necesario”. Estoy muy de acuerdo con todas estas opiniones del gran director sueco, aún activo a sus ¡96 años!

En cuanto a Floros, conocido musicólogo greco-germano, de 94 años, muestra en su libro sus preferencias por tres reconocidos directores brucknerianos. El primero es Eugen Jochum (1902-1987), adelantado apóstol de Bruckner, cuyo primer ciclo para DG, con la Filarmónica de Berlín y la Sinfónica de la Radio Bávara, tuvo mucho mérito en su día como divulgador del compositor austríaco, pero, sinceramente, creo que hoy no mantiene todos los valores de su tiempo. Para mí, se salvan casi todos sus Adagios y una Sinfonía al completo: la Primera. Su segundo ciclo, para EMI, con la Staatskapelle Dresden, no mejoró en líneas generales a la anterior.

El segundo es Sergiu Celibidache (1912-1996), al que será difícil negarle absoluta genialidad sobre la mayor parte de sus interpretaciones brucknerianas. Y ello pese a su carácter tan personal y peculiar, que se manifiesta sobre todo en sus -a menudo enormes- lentitudes. Y el tercero es Günther Wand (1912-2002), creo que sin duda también uno de los grandes intérpretes del autor que nos ocupa, sobre todo en sus últimos años: varias de sus grabaciones para RCA con la Filarmónica de Berlín son admirables.


Otros grandes brucknerianos

Pero, como dice Pablo L., llama la atención la ausencia en el citado libro de otros ilustres brucknerianos, y cita a Herbert von Karajan, Bernard Haitink, Daniel Barenboim y Blomstedt. En lo que le doy la razón, por supuesto, aunque me siguen faltando Otto Klemperer, Karl Böhm, Sir Georg Solti y Carlo Maria Giulini. ¿Cómo ignorar las seis últimas legadas por Klemperer, la 3ª, 4ª, 7ª y 8ª de Böhm, las núms. 1, 5, 6, 7 y 9 de Solti en Chicago, por no hablar de la 2ª, la 7ª, 8ª y 9ª de Giulini? Téngase muy en cuenta que esta última, en su grabación la Filarmónica de Viena para DG en 1989, ha sido considerada por muchos la más grande interpretación de cualquier sinfonía de Bruckner existente en disco. Y, por supuesto, hay memorables grabaciones aisladas de otros varios directores.

El ciclo grabado por Karajan con la Filarmónica de Berlín, y más aún otras interpretaciones aisladas con la Filarmónica de Viena, son insoslayables. Por su parte, Haitink, después de un prematuro, irregular y no muy logrado en conjunto, ciclo con la Concertgebouw, ha conseguido verdaderas maravillas con no pocas grabaciones en Dresde, Múnich, Londres o, sobre todo, Viena. De Barenboim baste decir que es, seguramente, el mayor intérprete vivo de Bruckner, y que nadie más que él ha grabado tres veces su ciclo sinfónico. Blomstedt me parece que está un poco por debajo, en este autor, de los tres anteriores.


Dos ciclos un tanto decepcionantes

Le vuelvo a dar la palabra a Pablo L.: “El bicentenario del compositor ha coincidido con el lanzamiento de dos integrales sinfónicas en disco de Christian Thielemann y la Filarmónica de Viena, en Sony Classical, y de Andris Nelsons y la Gewandhaus de Leipzig, en Deutsche Grammophon. Ambas son decepcionantes por diferentes motivos. Thielemann grabó el ciclo de las 11 sinfonías, con la de estudio y la descartada (las llamadas núm. 00 y núm. 0), entre 2019 y 2022. Una versión que exalta el glamur sonoro de la orquesta vienesa, depositaria del estreno de varias sinfonías de Bruckner, pero sacrifica la profundidad de la música. No se trata de un problema de agilidad o de fluidez, de tempos lentos o rápidos, sino simplemente de interpretaciones cegadas por el hedonismo tímbrico y carentes de emoción. Por otro lado, Andris Nelsons comenzó su ciclo en 2016 y lo culminó cinco años después, aunque sin la sinfonía de estudio. La orquesta de Leipzig, en su caso, también ofrece una gran excelencia sonora junto a una sólida tradición, pues estrenó la Séptima sinfonía, si bien el resultado es contemplativo y superficial”. El juicio sobre este último me parece un poco duro, aunque algo de ello veo en estas interpretaciones, que encuentro en todo caso superiores a las de Thielemann.

También viene a decir que más interesantes que estos dos ciclos le parece el que está realizando Markus Poschner (Múnich, 1971) para el sello Capriccio, y que se anuncia como “de todas las versiones”, es decir, tal vez de al menos dos ediciones distintas de varias de las Sinfonías; ya veremos: “todas” no creo que pueda ser, pues de algunas Sinfonías existen más de dos y de tres… Por el momento solo se han publicado 1ª, 2ª, 5ª y 8ª. Salvo la 5ª, que es con la Orquesta Sinfónica de Radio Viena -un conjunto más que notable- las otras tres lo son con la más modesta Orquesta Bruckner de Linz. De entrada, hay que dejar bien patente que ni una ni otra pueden competir con las “superorquestas” que han grabado los principales ciclos brucknerianos. Poschner se revela como un muy buen conocedor de Bruckner y un músico más que sensato. Pero me temo que estas cualidades no son suficientes para hacer plena justicia a estas reconocidamente dificilísimas obras, que requieren una batuta de técnica excepcional, de una lúcida visión global de su arquitectura y de un talento extraordinario para ahondar en sus profundidades. Así que me temo que lo más logrado hasta la fecha (en CDs o DVDs/Blu-rays) se sitúa en la franja de tiempo que terminó hace un par de lustros.

miércoles, 17 de enero de 2024

La Filarmónica de Viena y la pérdida de personalidad de las orquestas

 

La mejora "técnica"

Con el aumento progresivo del número de orquestas de gran profesionalidad y nivel que se ha producido últimamente ha ido disminuyendo en paralelo la personalidad de las mismas. Es evidente que hace 60 o 70 años, en los siguientes al final de la segunda gran guerra las mejores orquestas del mundo eran mucho menos buenas -sobre todo mucho menos seguras o infalibles- que ahora, como puede comprobarse claramente en las grabaciones de finales de los 40 o de los 50 del siglo pasado, incluso con los directores más reputados de entonces. Pero no es ya que esas de la élite mundial sean ahora mejores y mucho más fiables, es que actualmente hay -en mi opinión, claro- un buen puñado de ellas que superan a las tres o cuatro más reconocidas de aquellos tiempos.  

Supongo que la principal razón es que hay un número mucho mayor de instrumentistas de alta cualificación que entonces. Otro motivo es, sin duda, la técnica más acabada de muchos de los directores punteros de las más recientes generaciones, lo que se traduce en un dominio superior de las posibilidades de ejecución de los conjuntos orquestales a cuyos podios se suben.

Otro asunto muy diferente es que las generaciones áureas de los directores nacidos a finales del XIX y en el primer tercio del siglo XX no se dan ahora mismo, donde abundan los batuteros (perdón por la expresión, que espero no sea demasiado negativa) de excelente técnica directorial, pero donde escasean los de fuerte personalidad y dotes artísticas de primer orden. Seguramente varios de los jóvenes de ahora mismo lleguen a ser con el tiempo grandes maestros, pero hoy por hoy hay pocos nombres que sean auténticas luminarias.


La personalidad sonora

Volviendo a las orquestas: hace pocas décadas era todavía bastante fácil reconocer por su sonido varias de ellas. Y no solo se debía a las salas donde grababan, algo que también influía en la sonoridad que se percibe en sus discos: ahí está la seca, amojamada, casi desabrida sonoridad de la Sinfónica de la NBC de Arturo Toscanini, a quien al parecer satisfacía ese tipo de sonido (por tanto, en parte él mismo era responsable final de esos resultados. Para poder hacer esta afirmación no hay más que recurrir a unas pocas grabaciones suyas con la Orquesta de Filadelfia o la Philharmonia, a las que nebeciza un tanto).

Bueno, lo cierto es que hoy hay varias decenas de orquestas estupendas, aunque sea cada vez más difícil distinguirlas por sus peculiaridades sonoras. El incesante tráfico de músicos de unas a otras influye en la uniformización sonora, al mismo tiempo que se diluyen poco a poco las características específicas de las escuelas de instrumentistas de determinados países (las cuerdas rusas o belgas, las maderas francesas, incluso los metales soviéticos). Mientras antaño era fácil reconocer a varias de ellas, hoy hay que andarse con pies de plomo para averiguar qué orquesta es la que está sonando. Hace unos pocos años me llevé un gran chasco al escuchar una obra sinfónica de primera magnitud, extremadamente crítica para juzgar la calidad de una formación: creía estar escuchando la London Symphony y resultó ser… ¡la Saito Kinen de Japón! Bien pensado, es que, dentro de un nivel de calidad similar, hoy se hace difícil muy a menudo reconocer, distinguir unas de otras.

Por suerte, aún hay unas pocas orquestas todavía bastante reconocibles; son precisamente las mejores, o sea la Sinfónica de Chicago, la Filarmónica de Berlín, la Concertgebouw de Amsterdam y, sobre todo, la Filarmónica de Viena, que es la más impermeable a acoger a músicos de formación no vienesa.


¿No es lo que era?

Más de una vez he oído decir que esta orquesta “no es lo que era”, que su edad de oro ya pasó. Puede que tomen como referencia las grabaciones que hicieron con ella en los años 70 y 80 directores excepcionales que se entendían con ella a la perfección y le extraían lo mejor de lo mejor: Karl Böhm, Sir John Barbirolli, Herbert von Karajan, Sir Georg Solti, Leonard Bernstein o Carlo Maria Giulini. Y si ahora la Filarmónica de Viena no suele sonar tan maravillosamente bien como en esos discos se debe en primer lugar a que prácticamente no hay directores de ese calibre que la frecuenten, sobre todo en disco. Pero precisamente en las últimas semanas he reescuchado algunas tomas dirigidas en los últimos años por el para mí más grande artista vivo de la batuta, Daniel Barenboim, en las que en mi opinión suena al más alto nivel que yo recuerde de esta centuria. Invito a quienes puedan a escucharlas y comprobar si llevo o no razón.

Y estas son Ma Vlast de Smetana en Praga en mayo de 2017, una grabación no comercializada pero que por su alta calidad técnica podría (¡y debería!) serlo. Comparando las inmediatamente posteriores del mismo maestro con la Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall) y la Sinfónica de Chicago (toma privada de muy buena calidad), la sonoridad de la de Viena sobresale por encima de las de estos otros dos formidables conjuntos. Más: en el Concierto de Año Nuevo de 2022 (ya saben, ese en el que según algún ignorante crítico que lleva décadas escuchando música sin enterarse de nada, “Barenboim simplemente NO dirigió”) no hay más que escuchar (preferiblemente en blu-ray) Morgenblätter, la obertura de El Murciélago, Las mil y una noches, Música de las esferas o el mismo Danubio azul para comprobar la sonoridad excelsa de los violonchelos, la profunda densidad de los contrabajos, o, en los violines, plateada, sedosa e incluso aterciopelada. Sonoridades que en nada envidian a lo logrado por Karajan en su segundo Rosenkavalier, por poner un solo ejemplo supremo. Y en cuanto a elocuencia, virtuosismo y poderío -por no hablar de entrega, como si les fuera la vida en ello- baste escucharles la Quinta Sinfonía de Beethoven del 5 de junio de 2020, primer concierto los Wiener Philharmoniker tras el confinamiento por la covid. 

 

domingo, 4 de junio de 2023

Un Barenboim en estado de gracia vuelve a dirigir la Filarmónica de Berlín

 

Gabriel Fauré

Hace unos días, en un concierto que Barenboim hizo en Berlín con la Orquesta de la Academia de la Staatskapelle se dirigió al público para decir que se encontraba mucho mejor. Ayer, al salir a dirigir en la Philharmonie a la Filarmónica berlinesa, se le vio caminar más seguro y, de hecho, dirigió en pie, y Franck, sin partitura. El público lo recibió con un especial calor; ojalá se afiance su mejoría.  

Me parece que Pelléas et Mélisande de Fauré lo hacía por primera vez. Enseguida, nada más comenzar el Preludio, se vio que aquella intepretación iba a ser algo muy especial: de belleza extrema y espiritualidad como nunca hubiera escuchado. Se trata, en mi opinión, de la composición orquestal más hermosa y sentida de su autor. Pero yo no me imaginaba hasta qué punto puede ser una obra tan maravillosa. Predominó una serenidad de última madurez, que solo en la Muerte de Mélisande se erizó en intenso dramatismo. Ayer mismo, antes del concierto, repasé la notable grabación de Michel Plasson con la Orquesta del Capitolio de Toulouse (EMI 1982) y la distancia, la verdad, es francamente grande (he aquí las duraciones de Plasson y Barenboim: Preludio, La hilandera, Siciliana, Muerte de Mélisande: 5’12”+2’58”+3’07”+4’40” y 6’00”+2’55”+4’08”+4’35”).

 

Sin Wagner, pero con un Mozart de repuesto

La primera parte del concierto constaba también de los Wesendonck-Lieder de Wagner con Elina Garanca: una lástima que razones legales impidieran su transmisión (según parece, DG se opuso por haberlos grabado hace poco con la misma mezzosoprano bajo la batuta de Thielemann). Así que, como el concierto se daba en directo, Digital Concert Hall optó por rellenar el tiempo con la emisión del Concierto No. 13, K 415, que Barenboim tocó y dirigió con la Filarmónica de Berlín el 1º de mayo de 1997 en Versalles y que está editado en blu-ray. Versión de la que, como ya he contado alguna vez, Ángel Fernando Mayo me dijo que era “la mejor interpretación que había conocido nunca de cualquier concierto para piano de Mozart”.

 

César Franck

Conozco dos Sinfonías de Franck por Barenboim: la que hizo para DG con la Orquesta de París en 1976 y la que se divulgó en vídeo de agosto de 2021 con la Orquesta del Diván en Salzburgo. Ninguna de ambas está a la altura de lo que se podría esperar de él (pues su Cazador maldito y otras composiciones de Franck son modélicas). Pero el Barenboim octogenario, a partir de su grave enfermedad neurológica, es -por lo que he conseguido escucharle- el mejor Barenboim de toda su carrera. La Sinfonía en Re menor de César Franck siempre me ha parecido una de las más admirables del repertorio. Pero nunca ha sido tan bella, espiritual y emotiva como la de ayer. De una enorme calma (en el tempo y en el carácter), se desenvolvió con una lógica y una fluidez desconocidas, mostrando recovecos inesperados gracias a una clarificación máxima de las voces instrumentales, a una naturalidad en las transiciones realmente insólita. Envuelta a menudo de una dorada luz crepuscular, transcurrió mayormente en p o pp sin el menor rebuscamiento o blandenguería. La extática sección del finale poco antes de coda, con el arpa sobrevolando, fue inolvidable, como la escarpada conclusión, de significado diría que particularmente ambiguo. Maravillosa tanto la orquesta como sus solistas, que mostraron especialísima atención y concentración. Creo que sabían que estaban asistiendo y participando en una sesión memorable. Tras Franck, los aplausos de un público enfervorizado duraron ocho minutos. 

(Duraciones de mi grabación favorita hasta ahora, la de Giulini con la misma Orquesta, DG 1987, y la de ayer: 20’23”+11’56”+12’14” y 21’22”+12’55”+12’50”).

jueves, 27 de abril de 2023

Ferruccio Busoni: Discografía (y IV)

“Los [músicos] latinos que viven o trabajan en Alemania durante

mucho tiempo a menudo alcanzan una fusión especial de esos

dos temperamentos, aparentemente antagónicos. Podría mencionar

a Ferruccio Busoni, por ejemplo, y después a Claudio Arrau,

Jean-Pierre Ponnelle y Carlo Maria Giulini” (Daniel Barenboim)

 

24 Preludios op. 37, K181 (1881)

1987 Philips     Geoffrey Douglas Madge          50’43   8/8

 

Retratos medievales, op. 33, K194 (1883)

1987 Philips     Geoffrey Douglas Madge          13’08   8/8

 

Sonatina piano (1), K 257 (1910)

1987 Philips     Geoffrey Douglas Madge          12’33   8/8

2001 CPO        Roland Pöntinen                      12’16   9/8,5

 

Sonatina piano 2, K259 (1912)

1985 Erato       Cyril Huvé                               9’35     7/8

1987 Philips     Geoffrey Douglas Madge          9’43     8,5/8

2001 CPO        Roland Pöntinen                      9’55     9/8,5

 

Sonatina piano 3 “Ad usum infantis”, K268 (1915)

1987 Philips     Geoffrey Douglas Madge          6’43     8/8

2000 EMI         Thomas Adès                           7’43     8/9

2001 CPO        Roland Pöntinen                      7’24     8,5/8,5

 

Sonatina piano 4 “Navidad de 2017”, K274 (1917)

1985 Erato       Cyril Huvé                               7’49     8/8

1987 Philips     Geoffrey Douglas Madge          7’34     8/8

2001 CPO        Roland Pöntinen                      8’24     9/8,5

 

Sonatina piano 5 “brevis in signo de Joannis Sebastiani Magni”, K280 (1918)

1987 Philips     Geoffrey Douglas Madge          5’37     7/8

2001 CPO        Roland Pöntinen                      5’56     8,5/8,5

2019 Naxos      Wolh Harden                           5’19     8/8,5

 

Sonatina piano 6 “Fantasía sobre Carmen de Bizet”, K284 (1920)

1928 Warner    Claudio Arrau                          7’05     9/4

1961 EMI         John Ogdon                              7’34     7/7

1987 Philips     Geoffrey Douglas Madge          8’25     8/8

2001 CPO        Roland Pöntinen                      8’22     9/8,5

2016 Erato       Cyril Huvé                               7’48     7/8

2021 Hyperion  Stephen Hough                         8’24     8/8,5

2021 Chandos   Peter Donohoe                          7’49     9/9

 

Suite campestre, op. 18, K81 (1878)

1987 Philips     Geoffrey Douglas Madge          10’22   7/8

 

Toccata: Preludio-Fantasía-Chacona, La b M, BV287 (1920)

1980 Philips                 Alfred Brendel                         09’34   10/8,5

2016 Erato                   Cyril Huvé                               10’42   8/8

1987 Philips                 Geoffrey Douglas Madge          09’13   8/8

1989  Continuum         John Ogdon                              13’55   9/8

2001 CPO                    Roland Pöntinen                      10’24   9/8,5

2021 Chandos               Peter Donohoe                         10’33   9/9

2021 Pentatone             Francesco Piemontesi               09’16   8/8,5

 

Variaciones y fuga sobre el Preludio en Do m de Chopin, op. 22, K213 (1885)

1961 EMI         John Ogdon*                            08’52   7/7,5

1987 Philips     Geoffrey Douglas Madge          26’55   8/8

1987 Philips     Geoffrey Douglas Madge*         11’31   8/8

2012 CPO        Roland Pöntinen*                    13’17   8/8,5

*segunda versión, de 1922

 

 

VOCAL

 

2 Lieder soprano y piano

1943 Music&Arts Elisabeth Schwarzkopf/Michael Raucheisen  5’02     9/5

 

4 Lieder barítono y piano

19?? Intaglio    Dietrich Fischer-Dieskau/Gerald Moore             9’32     10/7

 

5 Lieder barítono y piano

1965 DG          Dietrich Fischer-Dieskau/Jörg Demus, Karl Engel         10/7,5

 

18 Lieder barítono y piano

2006 Naxos      Martin Bruns/Ulrich Eisenlohr  69’10

 

ÓPERA

 

Arlecchino, op. 50, K270 (1917)

1955 EMI         Kurt Gester/Ian Wallace/Geraint Evans/Fritz Ollendorff/Elaine Malbin/

                        Murray Dickie/OFestivalGlyndebourne/Sir John Pritchard         53’24

19?? Capriccio  Robert Wörle/René Pape/Siegfried Lorenz/Peter Lika/Marcia Bellamy/

                        OSinfRadioBerlín/Gerd Albrecht                                             55’04

1993 Virgin      Ernst Theo Richter/Thomas Mohr/Wolfgang Holzmair/Philippe Huttenlocher/

                        Susanne Mentzer/Stefan Dahlberg/OÓperaLyon/Kent Nagano   62’13

 

Die Brautwahl (La elección de la novia), K258 (1912)

1999 Teldec      Siegfried Vogel/Carola Höhn/Graham Clark/Vinson Cole/Pär Lindskog/

Roman Trekel/Günter von Kannen/CoroÓperaEstatal&StaatskapelleBerlin/

Daniel Barenboim                    116’27  9/7,5

 

Doktor Faust (1924, compl. Jarnach)

196? LPO         Dietrich Fischer-Dieskau/Richard Lewis/Ian Wallace/Heather Harper/

John Cameron/Coro&OFilLondres/Sir Adrian Boult     

1970 DG          Dietrich Fischer-Dieskau/William Cochran/Karl Christian Kohn/

                        Hildegard Hillebrecht/Anton de Ridder/Franz Grundheber/Hans Sotin/

                        Coro&OSinfRadioBávara/Ferdinand Leitner                 155’38  9/7,5

*2006 Arthaus  Thomas Hampson/Gregory Kunde/Günther Groissböck/

Sandra Trattnigg/Reinaldo Macías/Coro&OóperaZúrich/

Philippe Jordan/*Klaus Michael Grüber                        8,5/9

2013 Oehms     Wolfgang Koch/John Daszak/Catherine Naglestad

                        Coro&OÓperaEstatalBaviera/Tomas Netopil

 

Turandot, K273 (1917)

1993 Capriccio Linda Plech/René Pape/Josef Protschka/Robert Wörle/Johann Werner Prein/Gotthold Schwarz/Friedrich Molsberger/Gabriele Schreckenbach/

Celina Lindsley/OSinfRadioBerlín/Gerd Albrecht         73’27   8,5/8,5

1993 Virgin      Mechthild Gessendorf/Franz-Josef Selig/Stefan Dahlberg/Markus Schäfer/                                   Michael Kraus/Wolfgang Holzmair/Falk Struckmann/Gabriele Sima/

Anne-Marie Rodde/OÓperaLyon/Kent Nagano              74’58

domingo, 5 de marzo de 2023

Novedades discográficas: Bruckner/Thielemann y Chopin/Blechacz

 

La Novena Sinfonía de Bruckner por Thielemann

Empieza mal: la introducción, tan misteriosa e inquietante, se la carga de plano con una lectura rápida e insípida. La segunda sección es, en cambio, en vez de doliente, un tanto sentimental(ona): es como si el Bruckner (de unos 70 años) se hubiese vuelto un poco gagá. Algunas transiciones están poco justificadas o motivadas, como si la partitura no hubiese conectado las secciones entre sí de un modo natural y lógico. La Sinfonía avanza y me traslada la palpable impresión de que el director alemán “no se la cree”. Así no es posible convencer.

Correcto el scherzo, un poco parco en mala uva y en carácter demoníaco. El finale mejora un poco, pero, aun así, está claramente por debajo de los más logrados que recuerdo. El último y aterrador clímax no está del todo bien preparado y pierde fuelle. La coda -el último minuto y medio- es tan decepcionante como la introducción del comienzo: apresurada, pese al calderón final, y neutra, indiferente.

Este disco es uno de los Bruckner menos bueno de los que le he escuchado a Thielemann (que no son pocos, aunque tampoco son todos). Bueno, pues un disco a ignorar, pero, por suerte, siempre nos quedará la formidable interpretación de Giulini con la Filarmónica de Viena (DG 1989) que, ya se sabe, es uno de los discos más extraordinarios de la historia de la música grabada y que -¡hay que jorobarse!- suena bastante mejor que este de 2023. Por cierto (véase lo que escribí el 27 de febrero), acabo de comprobar que no recibió ningún premio: ¡¡toma ya!! 

Duraciones de Giulini: 28’02+10’39+29’30, y de Thielemann: 23’22+10’29+23’46.

 

Las Sonatas 2 y 3 de Chopin por Blechacz

Polaco nacido en 1985, en 2005 obtuvo el máximo galardón en el Concurso Chopin en Varsovia, 30 años después de su anterior compatriota en conseguirlo, Krystian Zimerman. Este es el cuarto disco Chopin que Blechacz realiza para DG. Ya el primero me gustó mucho por sus Preludios, y algo menos por los dos Nocturnos op. 62 que lo completaban. Admirables los Conciertos (sobre todo el Primero) de 2009, con soberbia dirección del casi olvidado Jerzy Semkow (1928-2014). Las 7 Polonesas, de 2013, son lo que menos me ha convencido de Blechacz hasta ahora: lecturas expeditivas y hasta un poco brutas.

Su último CD, que acaba de salir, contiene las dos Sonatas, el Nocturno op. 48/1 y la Barcarola. Confirmo la impresión que siempre, hasta ahora, me ha producido este pianista: es muy serio y sensato, no comete errores ni frivolidades, y toca maravillosamente, con un sonido precioso y una limpieza irreprochable. ¿Alguna otra cualidad positiva? No estoy seguro: creo que no posee una personalidad muy reconocible, y carece de elocuencia, siendo su pasión -su expresividad en general- muy comedida o atemperada. No son pocas aquellas virtudes, pero no bastan para que alcance el Olimpo. Este último disco está magníficamente bien grabado. 

Pero, sinceramente, si me lo permiten, les recomiendo claramente por delante ambas Sonatas (más las tres Mazurcas op. 63) por Javier Perianes (Harmonia Mundi 2021), con toma de sonido al menos tan fenomenal.