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jueves, 12 de marzo de 2026

Libro sobre Hugo Wolf · Un actor estúpido Algo más sobre el Concierto de Año Nuevo

 

¡Por fin un buen libro sobre Hugo Wolf en español!

El mayor autor de lieder de la historia -después, naturalmente, de Schubert- tiene, por fin, un libro que le hace justicia en nuestra lengua: Las canciones completas de Hugo Wolf, por Richard Stokes (editorial Acantilado), con prólogo de Ian Bostridge, traducción de Luis Gago y dedicatoria, merecidísima, al magnífico pianista del lied Graham Johnson (n. 1950).

El libro, muy cuidadosamente traducido, dedica solo nueve páginas a la vida del compositor, veinte a la cronología de sus lieder, ¡678 a los textos bilingües agrupados por poetas!, 77 a cartas, 18 a apéndices varios, y las restantes, hasta alcanzar las 1040 páginas, a notas, bibliografía e índices. La edición, en papel muy fino, es absolutamente impecable. Una publicación por completo recomendable, que me parece particularmente necesaria al tratar de uno de los grandes, grandes, músicos especialmente poco conocido en España.

 

Las estupideces de un joven actor sobrevalorado

“No trabajaría en ópera o ballet: hay que mantenerlos con vida porque no le importan a nadie” (Thimothée Chalamet). A una afirmación como esta, propia de un ignorante malintencionado, hay que prestarle tanta atención como, por ejemplo, lo que pueda opinar Belén Esteban sobre Friedrich Schiller (“¡¿mande?! ¿Quién coño es ese?”)

 

Algo más sobre el Concierto de Año Nuevo 2026

Vuelto a ver y a escuchar en blu-ray, no tengo mucho más que añadir a lo que escribí el 3 de enero. Quizá, para mi gusto, algo saturado de color, la filmación me parece ejemplar, y espléndido el sonido de Sony. La frescura y la (aparente) espontaneidad de Yannick Nézet-Séguin, que dirigió de memoria, son un buen tanto a su favor, pese a que no mantuvo un nivel de excelencia constante y a que la Filarmónica de Viena no suena tan suntuosa como con Karajan o Barenboim, ni tan plateada como con Carlos Kleiber, Maazel o Prêtre. Y nada de la sosera de Thielemann o Welser-Möst. Creo que ahora lo he disfrutado más al librarme de los irritantes comentarios de Martín Llade.

Lo que sí llama la atención, una vez más, es cómo los diferentes directores, y Yannick también, por supuesto, se atienen, se adhieren en gran medida a la tradición, con los rubatos y los guiños que vienen desde al menos Willi Boskovsky. Quizá unos y otros comprenden que no es música para experimentar con ella (en algunas piezas lo hizo, más bien tímidamente, Harnoncourt, y no, no resulta…)

El pasado 1º de enero hubo, de nuevo, varias piezas de escaso valor, dándole, pues, demasiado importancia a la novedad. Los Cantos de sirenas de Josephine Weinlich creo que valen bien poco, mientras que sí mereció la pena Rainbow Waltz de Florence Price, muy bien orquestado por Wolfgang Dörner (quien, al parecer, no pudo hacer gran cosa con la pieza de Weinlich). El 10 pleno lo alcanzó Nézet, para mi gusto, en la cuadrilla de El Murciélago de Johann Strauss hijo, en la obertura de La bella Galatea de Suppé y en la Marcha Radetzky.

Cuando la retransmisión de TVE1 no me di muy bien cuenta de qué había pasado con el -tan criticado por algunos- beso del director a su marido; ahora lo he visto bien: un violinista de la orquesta se retiró para dejar el puesto al susodicho esposo, y durante la Radetzky, Yannick se le acercó y le dio un (casto, fugaz) beso. No veo el por qué del escándalo…

Durante el intermedio puede verse un estupendo documental sobre la Colección Albertina en el que, como es costumbre, músicos de la Filarmónica vienesa tocan fragmentos de piezas camerísticas -Ravel, Kreisler, Poulenc, Mozart, Haydn- con un nivel instrumental y de conocimiento admirables. Destacaría la preciosa Marcha miniatura vienesa de Fritz Kreisler maravillosamente tocada por el violinista Yamen Saadi, con Herbert Rüdisser al piano. Saadi, ahora co-concertino en la Ópera y la Filarmónica, fue durante años “el niño” de la Orquesta del West-Eastern Divan, el más joven de la plantilla.


martes, 11 de febrero de 2025

Riccardo Muti en el Concierto de Año Nuevo de 2025

 

La plenitud de la madurez

Es la séptima vez que el maestro napolitano dirige el famosísimo evento; ningún director vivo lo ha dirigido tantas veces, y en la historia solo le han superado en esto Clemens Krauss (12 veces), Willi Boskovsky (25) y Lorin Maazel (11). Cuando comenzó, en 1993, Muti lució su técnica, su energía y su electricidad, pero a decir verdad no solía dominar del todo el estilo, el lenguaje tan particular de la música de la vienesa familia Strauss. Progresivamente -y no sin altibajos- ha llegado a hacerlo suyo por completo. Yo diría que la de este año ha sido la mejor de todas sus actuaciones en un primer día de enero.

Algunas consideraciones antes de comentar el concierto por medio del blu-ray (Sony) que acabo de ver y escuchar. En el programa, una vez más, han tenido a gala contar con algunas piezas -esta vez solo dos- nunca antes tocadas en estos eventos. Política que me parece inadecuada, dado que muy rara vez estas rarezas merecen la pena. Creo que es preferible centrarse en las piezas más indiscutibles, como ocurrió en el único concierto -1987- dirigido por Karajan. Sin desdeñar, por supuesto, algunas poco frecuentadas pero musicalmente notables: las hay.

Siguiendo por orden el programa nos encontramos en primer lugar con una expeditiva Freiheit-Marsch (Marcha de la libertad) de Johann Strauss padre, de la que tal vez no sea fácil sacar más partido. El precioso vals Dorfschwalben aus Österreich (Golondrinas de aldea de Austria), de Josef, muy reposado y cantado, difícilmente habrá podido ser escuchado mejor en otra ocasión. La Demolirer-Polka (Polca de los demoledores), de Johann hijo, no satisface gran cosa, pese al esfuerzo de la batuta. El Lagunen-Walzer (Vals de la Laguna) del mismo autor, con temas extraídos de la opereta Una noche en Venecia, pudo ser más paladeado en alguna de las melodías más bellas del compositor. La polca rápida de Eduard Luftig und duftig (algo así como Ligero y vaporoso) destacó por su aire alegre y chispeante.

Y llegamos al primer acierto monumental con la obertura de Der Zigeunerbaron (El barón gitano), hecha con fuego, entusiasmo, sentido del humor (no muy frecuente en otras versiones) y una coda trepidante. Rubatos insuperables. La flexibilidad en la agógica y la dinámica, la sensualidad y los rubatos no forzados sino naturales, certeros a más no poder, vuelven a hacerse presentes en el maravilloso vals, también de Johann hijo, Accelerationen, que puede verse en el blu-ray con o sin baile -fresca, preciosa coreografía de Cathy Marston-. La marcha Fidele Brüder de Joseph Hellmesberger II, tocada por vez primera en un concierto de año nuevo, me pareció notable, e irreprochablemente servida. Siguió el vals Ferdinandus de Constance Geiger (1836-1890), orquestado por Wolfgang Dörner, que constituye la primera pieza de una compositora en la historia del concierto. Pero es una página de, en mi opinión, escaso valor, lo que no es de extrañar al saberse que fue compuesta a la edad de 12 años.

Volvemos a Johann hijo con su más bien olvidable polca rápida Entweder… oder! (O bien… ¡o bien!), de la que lo mejor me pareció la coreografía (y cómo la bailaron, por supuesto). El espléndido vals Transactionen de Josef fue recreado con una elegancia y sensualidad admirables. En la Polca de Ana de Johann II se apreció la ternura con que el hijo describía el carácter de su madre. Su calma contrastó con la polca Tritsch-Tratsch, más veloz que enérgica. Seguimos con Johann hijo: memorable interpretación del vals Wein, Weib und Gesang (Vino, mujeres y canto), interpretado con su algo inconveniente introducción y sin el coro que añadía la versión original. Pero será improbable recordarlo mejor, gracias entre otras maravillas a sus impactantes rubatos.

Y vinieron las propinas: la excelente lectura de la polca rápida Die Bajadere (La bayadera) y El Danubio azul más creativo imaginable -fraseado con alcune licenze, pero todas ellas perfectamente acertadas, sin extravagancias-. Sinceramente, no recuerdo ni una sola versión que me haya agradado más: ¡qué formidables rubatos antes del clímax! La Marcha Radetzky del padre, más enérgica y matizada que de costumbre. O sea, un concierto a pedir de boca en el año del segundo centenario del nacimiento del “Rey del vals”.

La Filarmónica de Viena

Está como de moda -estoy oyéndolo o leyéndolo últimamente, y dudo que la insistencia sea una casualidad- afirmar que la Orquesta Filarmónica de Viena no está en su mejor momento. No estoy de acuerdo: conserva al completo su tan peculiar y bella, plateada y diáfana sonoridad, y luce, embriaga tanto como de costumbre en su conjunto como por sus solistas -a cuál mejor-, como se pudo comprobar también en las piezas de cámara que tocaron en el intermedio. ¡Qué cuerdas, qué oboe, flauta, clarinete, arpa, trompas, trompetas… por no hablar de los percusionistas! La pena es que esta maravillosa orquesta grabe tan poco en estudio. 

A ver qué tal se le da el 1 de enero de 2026 al anunciado Yannick Nézet-Séguin…

miércoles, 17 de enero de 2024

La Filarmónica de Viena y la pérdida de personalidad de las orquestas

 

La mejora "técnica"

Con el aumento progresivo del número de orquestas de gran profesionalidad y nivel que se ha producido últimamente ha ido disminuyendo en paralelo la personalidad de las mismas. Es evidente que hace 60 o 70 años, en los siguientes al final de la segunda gran guerra las mejores orquestas del mundo eran mucho menos buenas -sobre todo mucho menos seguras o infalibles- que ahora, como puede comprobarse claramente en las grabaciones de finales de los 40 o de los 50 del siglo pasado, incluso con los directores más reputados de entonces. Pero no es ya que esas de la élite mundial sean ahora mejores y mucho más fiables, es que actualmente hay -en mi opinión, claro- un buen puñado de ellas que superan a las tres o cuatro más reconocidas de aquellos tiempos.  

Supongo que la principal razón es que hay un número mucho mayor de instrumentistas de alta cualificación que entonces. Otro motivo es, sin duda, la técnica más acabada de muchos de los directores punteros de las más recientes generaciones, lo que se traduce en un dominio superior de las posibilidades de ejecución de los conjuntos orquestales a cuyos podios se suben.

Otro asunto muy diferente es que las generaciones áureas de los directores nacidos a finales del XIX y en el primer tercio del siglo XX no se dan ahora mismo, donde abundan los batuteros (perdón por la expresión, que espero no sea demasiado negativa) de excelente técnica directorial, pero donde escasean los de fuerte personalidad y dotes artísticas de primer orden. Seguramente varios de los jóvenes de ahora mismo lleguen a ser con el tiempo grandes maestros, pero hoy por hoy hay pocos nombres que sean auténticas luminarias.


La personalidad sonora

Volviendo a las orquestas: hace pocas décadas era todavía bastante fácil reconocer por su sonido varias de ellas. Y no solo se debía a las salas donde grababan, algo que también influía en la sonoridad que se percibe en sus discos: ahí está la seca, amojamada, casi desabrida sonoridad de la Sinfónica de la NBC de Arturo Toscanini, a quien al parecer satisfacía ese tipo de sonido (por tanto, en parte él mismo era responsable final de esos resultados. Para poder hacer esta afirmación no hay más que recurrir a unas pocas grabaciones suyas con la Orquesta de Filadelfia o la Philharmonia, a las que nebeciza un tanto).

Bueno, lo cierto es que hoy hay varias decenas de orquestas estupendas, aunque sea cada vez más difícil distinguirlas por sus peculiaridades sonoras. El incesante tráfico de músicos de unas a otras influye en la uniformización sonora, al mismo tiempo que se diluyen poco a poco las características específicas de las escuelas de instrumentistas de determinados países (las cuerdas rusas o belgas, las maderas francesas, incluso los metales soviéticos). Mientras antaño era fácil reconocer a varias de ellas, hoy hay que andarse con pies de plomo para averiguar qué orquesta es la que está sonando. Hace unos pocos años me llevé un gran chasco al escuchar una obra sinfónica de primera magnitud, extremadamente crítica para juzgar la calidad de una formación: creía estar escuchando la London Symphony y resultó ser… ¡la Saito Kinen de Japón! Bien pensado, es que, dentro de un nivel de calidad similar, hoy se hace difícil muy a menudo reconocer, distinguir unas de otras.

Por suerte, aún hay unas pocas orquestas todavía bastante reconocibles; son precisamente las mejores, o sea la Sinfónica de Chicago, la Filarmónica de Berlín, la Concertgebouw de Amsterdam y, sobre todo, la Filarmónica de Viena, que es la más impermeable a acoger a músicos de formación no vienesa.


¿No es lo que era?

Más de una vez he oído decir que esta orquesta “no es lo que era”, que su edad de oro ya pasó. Puede que tomen como referencia las grabaciones que hicieron con ella en los años 70 y 80 directores excepcionales que se entendían con ella a la perfección y le extraían lo mejor de lo mejor: Karl Böhm, Sir John Barbirolli, Herbert von Karajan, Sir Georg Solti, Leonard Bernstein o Carlo Maria Giulini. Y si ahora la Filarmónica de Viena no suele sonar tan maravillosamente bien como en esos discos se debe en primer lugar a que prácticamente no hay directores de ese calibre que la frecuenten, sobre todo en disco. Pero precisamente en las últimas semanas he reescuchado algunas tomas dirigidas en los últimos años por el para mí más grande artista vivo de la batuta, Daniel Barenboim, en las que en mi opinión suena al más alto nivel que yo recuerde de esta centuria. Invito a quienes puedan a escucharlas y comprobar si llevo o no razón.

Y estas son Ma Vlast de Smetana en Praga en mayo de 2017, una grabación no comercializada pero que por su alta calidad técnica podría (¡y debería!) serlo. Comparando las inmediatamente posteriores del mismo maestro con la Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall) y la Sinfónica de Chicago (toma privada de muy buena calidad), la sonoridad de la de Viena sobresale por encima de las de estos otros dos formidables conjuntos. Más: en el Concierto de Año Nuevo de 2022 (ya saben, ese en el que según algún ignorante crítico que lleva décadas escuchando música sin enterarse de nada, “Barenboim simplemente NO dirigió”) no hay más que escuchar (preferiblemente en blu-ray) Morgenblätter, la obertura de El Murciélago, Las mil y una noches, Música de las esferas o el mismo Danubio azul para comprobar la sonoridad excelsa de los violonchelos, la profunda densidad de los contrabajos, o, en los violines, plateada, sedosa e incluso aterciopelada. Sonoridades que en nada envidian a lo logrado por Karajan en su segundo Rosenkavalier, por poner un solo ejemplo supremo. Y en cuanto a elocuencia, virtuosismo y poderío -por no hablar de entrega, como si les fuera la vida en ello- baste escucharles la Quinta Sinfonía de Beethoven del 5 de junio de 2020, primer concierto los Wiener Philharmoniker tras el confinamiento por la covid. 

 

jueves, 9 de febrero de 2023

"El Murciélago" por Karl Böhm y Otto Schenk

Un DVD muy recomendable

Hacía años que no veía y escuchaba este DVD del sello Deutsche Grammophon procedente de 1972, filmado no en un escenario, sino en estudios. Pues bien, me ha llamado la atención -no lo recordaba- lo bien que suena, pese a ciertos altibajos dependiendo de las escenas. Lo que me ha maravillado nada más empezar -claro- ha sido la Obertura, seguramente la que más me ha gustado de cuantas recuerdo; nada de sorprendente, pues el CD (DG 1973) de este director, también con la Filarmónica de Viena, con valses y polcas de Strauss, está plagado de versiones maravillosas. La verdad es que desconcierta un poco: conociendo al maestro Böhm, tan inexpresivo y hasta un poco militar en su gestualidad, no parece a priori que fuese el más adecuado para dotar de encanto, sensualidad, vitalidad y entusiasmo a la música de la mejor opereta del repertorio. Pero así es, nada tiene que envidiar a Willi Boskovsky en verbo -superándolo en técnica de batuta- ni a Carlos Kleiber, más centelleante y burbujeante, pero menos controlado y a veces casi atropellado (ya saben cómo le gustaba correr…)

En cuanto al elenco vocal, acaso los más completos siguen siendo el de Boskovsky (pese al cierto pinchazo de Adolf Dallapozza como Alfred) y el de Carlos Kleiber en audio, pero quizá ninguna otra grabación, al menos de vídeo, supere a esta de Böhm. Un breve repaso: espléndida la Rosalinde de Gundula Janowitz, con su timbradísima voz; muy en su sitio Eberhard Wächter, al que he encontrado menos baritonal que de costumbre (en realidad, Gabriel von Eisenstein es para una especie de baritenor); estupenda la Adele de Renate Holm, una ligera no chillona ni muy pizpireta; correcto el Dr. Falke de Heinz Holecek; muy bien el Frank de Erich Kunz (que esta vez no se pasa de bufo) y soberbio Waldemar Kmentt, el mejor Alfred que recuerdo. Dejo para el final la extraña elección de Wolfgang Windgassen, con 57 años y aún bastante bien de voz. Pero me resulta muy extraño este (ex)tenor heroico para un papel que es ideal para una mezzo o contralto. Extraño, pero no tan disparatado como el contratenor o falsetista (¿?) bufonesco de Ivan Rebroff en la versión de audio de Carlos Kleiber (DG 1976).

La puesta en escena de Otto Schenk es todo un clásico, que, me parece, no pasa de moda: está repleta de ocurrencias graciosas y en ella están muy bien todos los actores. Por cierto, el propio Schenk hace el papel hablado de Frosch, el carcelero (también en la grabación de Boskovsky): muy bien, pero sin llegar a la jugosísima actuación de Josef Meinrad en la filmación dirigida musicalmente (y nada mal) por Plácido Domingo en el Covent Garden. Curiosamente, esta grabación de Böhm está también en audio, en un doble CD de serie media del sello… ¿DG? ¡No, Decca! Versión a la que se le han suprimido las partes habladas (y no sé si algo más), pues dura una hora y 32 minutos frente a las dos horas y cuarto de la versión con imágenes.

 

JOHANN STRAUSS II: Die Fledermaus

DISCOGRAFÍA

 

                Eisenstein/Rosalinde/Dr. Falke/Adele/Orlofsky/Frank/Alfred/Dr. Blind        

 

Decca 1951    Julius Patzak/Hilde Gueden/Alfred Poell/Wilma Lipp/Sieglinde Wagner/Kurt Preger/Anton Dermota/August Jaresch/Coro de la Ópera Estatal y Orquesta Filarmónica 

            de Viena/Clemens Krauss                     92’46               7/5

 

EMI 1956    Nicolai Gedda/Elisabeth Schwarzkopf/Erich Kunz/Rita Streich/

            Rudolf Christ/Karl Dönch/Helmut Krebs/Eich Majkut/Coro & Orquesta

Philharmonia/Herbert von Karajan                                   109’38             9/7

 

Decca 1960    Waldemar Kmentt/Hilde Gueden/Berry/Erika Köth/Regina Resnik/

            Eberhard Waechter/Giuseppe Zampieri/Peter Klein/Coro de la Ópera Estatal

y Orquesta Filarmónica de Viena/Herbert von Karajan  142’48**          8/7,5

 

EMI 1972    Nicolai Gedda/Anneliese Rothenberger/Dietrich Fischer-Dieskau/Renate

            Holm/Brigitte Fassbaender/Walter Berry/Adolf Dallapozza/Jürgen Förster/

            Coro de la Ópera Popular de Viena/Orquesta Sinfónica de Viena/                   

            Willi Boskovsky                    110’23            9,5/8

 

*DG 1972  Eberhard Wächter/Gundula Janowitz/Heinz Holecek/Renate Holm/

             Wolfgang Windgassen/Erich Kunz/Waldemar Kmentt/Erich Kuchar/Coro de la

            Ópera Estatal y Orquesta Filarmónica de Viena/Karl Böhm/*Otto Schenk           9/8

 

DG 1976    Hermann Prey/Julia Varady/Bernd Weikl/Lucia Popp/Ivan Rebroff/Benno

            Kusche/René Kollo/Ferry Gruber/Coro & Orquesta de la Ópera Estatal

de Baviera/Carlos Kleiber    106’46            9/8,5

 

*TDK 1980  Bernd Weikl/Lucia Popp/Walter Berry/Edita Gruberova/Brigitte Fassbaender/       

             Erich Kunz/Josef Hopferwieser/Anton Wendler/Coro & Orquesta de la

Ópera Estatal de Viena/Theodor Guschlbauer/*Otto Schenk       8,5/8

 

*NVC/Warner1984  Hermann Prey/Kiri Te Kanawa/Benjamin Luxon/Hildegard Heichele/

            Doris Soffel/Michael Langdon/Dennis O’Neill/Paul Crook/

Coro & Orquesta del Covent Garden, Londres/Plácido Domingo/

*Leopold Lindtberg, Richard Gregson          8/7

 

*DG 1987  Eberhard Wächter/Pamela Coburn/Wolfgang Brendel/Janet Perry/Brigitte

           Fassbaender/Benno Kusche/Josef Hopferwieser/Ferry Gruber/Ballet, Coro & Orquesta 

            de la Ópera Estatal de Baviera/Carlos Kleiber/*Otto Schenk  8,5/8

 

Teldec 1988    Edita Gruberova/Werner Hollweg/Anton Scharinger/Barbara Bonney/Marjana Lipovsek/Christian Boesch/Josef Protschka/Waldemar Kmentt/Coro de la Ópera Holandesa/Orquesta del Concertgebouw/Nikolaus Harnoncourt      105’45 7/8,5

 

Philips 1991    Wolfgang Brendel/Kiri Te Kanawa/Olaf Bär/Edita Gruberova/Brigitte

            Fassbaender/Tom Krause/Richard Leech/Anton Wendler/Coro de la Ópera Estatal 

            y Orquesta Filarmónica de Viena/André Previn            111’48             8,5/9   

 

Pentatone 2018    Nikolai Schukoff/Laura Aikin/Matthias Hausmann/Annika Gerhards/

            Elisabeth Kulman/Jochen Schmeckenbecher/Christian Elsner/Alexander Kaimbacher/

            /Coro & Orquesta Filarmónica de la NDR/Lawrence Foster         79’32   7/9

 

**La grabación de Karajan de 1960 incluye una “Gala” en la que intervienen Renata Tebaldi, 

Plácido Domingo, Fernando Corena, Birgit Nilsson, Mario del Monaco, Teresa Berganza, 

Joan Sutherland, Jussi Björling, Leontyne Price, Giulietta Simionato y Ljuba Welitsch

viernes, 30 de septiembre de 2022

Las 9 de Beethoven por Nézet-Séguin y el "Sommernachtskonzert" 2022 por Nelsons

 

El Beethoven con pluma de Nézet-Séguin

Algunos destacados biógrafos de Beethoven, entre ellos Maynard Solomon, sostienen que Beethoven pudo ser homosexual; no lo afirman categóricamente, pero aportan indicios de que pudo haberlo sido. Podría ser; no hay ningún problema, por qué habría de parecernos mal. Se sumaría a la extensa lista de grandes compositores que lo han sido, desde Lully y Haendel a Poulenc y Henze pasando por Schubert, Bellini, Chopin, Tchaikovsky, Saint-Saëns, Szymanowski, Hahn, Ravel, Falla, Poulenc, Britten, Gershwin, Barber, Copland, Bernstein… y muchos otros de los que se sospecha que pudieron serlo.

Pero esto no quiere decir que la música de Beethoven sea, nunca, nunca, amariconada en el sentido de frívola o con pluma. Es, por el contrario, tremendamente viril, si bien a menudo hay en su música -como se ha señalado a menudo- una gran ternura (que no tiene por qué tener su origen en la posible homosexulidad).

Entonces, interpretar su música con pluma es un grave error, un menosprecio de su arte. Y es lo que me parece hace Yannick Nézet-Séguin en varios momentos de su reciente ciclo de las 9 Sinfonías para DG, con la Orquesta de Cámara de Europa. Así en lo que llevo escuchado -no sé si tendré ganas de escuchar las nueve- me lo ha parecido, y mucho, en una frívola Primera, algo en la pimpante Segunda, en una floja Cuarta (imperdonable a lo que reduce su excelso “Adagio”) o en la absolutamente insípida y banal“Pastoral”. La Quinta es rápida -como todo lo que llevo escuchado-, desprovista de “pathos” y chillona: demasiado trompetera. No sé si seguir: ya veremos; de momento estoy agotado, no me merece la pena dedicarle más tiempo a este ciclo. Les temo especialmente a la “Heroica” (ya le escuché una, horrible, a este director), y a la Novena. De lo que acabo de escuchar, se ha salvado una notable Octava. 

 

El Concierto de verano de 2022: Gautier Capuçon y Nelsons

Variadísimo y curioso programa el del concierto en los jardines del Palacio vienés de Schönbrunn el 16 de junio de este año 2022. Comenzó con la Obertura Leonora III de Beethoven: una más que buena versión, con algún detalle poco justificado, como el acelerón introducido por el solo de flauta poco después de las llamadas de la trompeta (por cierto: el músico al que le enfocan, muy lejos de la orquesta, no es el que toca…). Gesto hacia dos compositores ucranianos prácticamente desconocidos: del primero, Mykola Lysenko (1842-1912), un discreto vals titulado Despedida. Luego vino un muy libre pero muy interesante, creo que espléndido, Tango para gran orquesta (2003) del letón -paisano del director, Andris Nelsons- Arturs Maskats (n. 1957).

No parecía venir muy a cuento en este programa el Primer Concierto para cello de Saint-Saëns, en el que me ha decepcionado bastante el otras veces estupendo Gautier Capuçon, demasiado preocupado aquí por mostrar su virtuosismo -léase velocidad, hasta atropellar las notas en algunas frases-. Se desquitó tocando con belleza cantabile y emotividad la para mí sorpresa del concierto, la Melodía del ucranio Myroslav Skoryk (1938-2020), al que su reciente muerte ha librado de ver la invasión rusa (más justo decir putinesca) de su país.    

La maravillosa, jugosísima Obertura de La gazza ladra de Rossini conoció una versión más voluntariosa que lograda, pues hubo en mi opinión varios desequilibrios entre las intensidades dinámicas de unos y otros grupos instrumentales (trombones apenas audibles, por ejemplo). La magnífica Rapsodia rumana No. 1 de George Enescu (¿no es seguramente superior a las húngaras de Liszt?) me pareció un poco desigual: algunos pasajes me sonaron algo machacones, para después alcanzar un virtuosismo, fantasía y entusiasmo llamativos: una ejecución de altos vuelos de la excelsa Filarmónica de Viena; en varios de los títulos tuvo oportunidades de lucirse a base de bien su primer clarinete, Daniel Ottensamer, hijo de Ernest -quien le precedió en el puesto- y hermano de Andreas, actual primer clarinete de la Filarmónica de Berlín: ¡vaya familia clarinetesca!

Para mí lo mejor dirigido del concierto fueron las dos piezas checas: la Obertura de La novia vendida de Smetana y la bellísima Danza eslava No. 10 (op. 72/2) de Dvorák. El concierto terminó, como va siendo costumbre, con un hermoso pero muy rubateado -quizá hasta el exceso- Vals Sangre Vienesa de Johann Strauss hijo. La toma de sonido del blu-ray ha mejorado mucho con respecto a las primeras ediciones de este Sommernachtskonzert, pero sigue siendo algo problemática por las características de la carpa que cubre la Orquesta y por la enorme amplitud del parque. La filmación y la iluminación sí que constituyen un alarde en toda regla.