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viernes, 19 de diciembre de 2025

Cosas diversas escuchadas en Radio Clásica

 

Programas de muy diversa índole

La escucho a menudo solo 20 o 30 minutos al día, pero casi siempre me encuentro con comentarios que me chirrían. He aquí algunos de los últimos:

“La oboísta XY: valenciana, claro; si es oboísta tiene que ser valenciana”…  Bien, ya sabemos que la región valenciana aporta muchos, una gran mayoría de instrumentistas de viento, sobre todo de viento madera. Pero yo le recordaría a la comentarista que decía eso que los dos oboístas españoles actuales más reconocidos no son valencianos, sino andaluces: Ramón Ortega Quero, primer oboe de la Sinfónica de la Radio Bávara, es granadino, y Cristina Gómez Godoy, solista de la Staatskapelle Berlin, es de Linares (Jaén). [Como me recuerda Xabier Armendáriz, Lucas Macías Navarro, oboe que ha estado en la Concertgebouw, es también andaluz (Valverde del Camino, Huelva)].

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El programa de Jesús Trujillo “La máquina del tiempo” me parece en líneas generales excelente (pese al ruido mecánico desagradable con el que se castiga a los oyentes para dar un salto en el tiempo: de Monteverdi a Ligeti, por ejemplo). Trujillo suele elegir músicas admirables en interpretaciones casi siempre admirables (es de los pocos de Radio Clásica que cuida este último aspecto). Pero… peca de mozartitis, de la que ya he hablado aquí. Me sorprendió ya hace un par de meses cuando habló de unas variaciones para piano de Mozart de primera época en términos no ya elogiosos sino, como suele decirse ahora un poco tontamente, “lo siguiente”. Por supuesto que Mozart tiene algunas maravillosas variaciones pianísticas, pero me parece que al hablar de aquellas (K ciento y pico o doscientos y pico, no recuerdo) exageraba una jartá (como dicen en el lugar de nacimiento del comentarista).

Y más recientemente, afirmaba con total contundencia que Mozart (Wolfgang Amadé suele llamarle: parece que ahora es moda lo de Amadé en lugar de Amadeus) era "el mayor genio de la historia de la humanidad". Puesto, creo, muy difícil de asignar. Pero es que además llegaba a esa conclusión porque el chaval de 14 años había copiado correctamente (con solo dos insignificantes errores), tras escucharlo solo una vez, el famoso Miserere de Allegri. Entonces sería, si acaso, una de las memorias más prodigiosas de las que tenemos noticia*. Y es que su referido programa tiene un apartado que se dedica al jovencísimo Mozart. Me parece bien, pero llegará un momento en que después de sacar a colación los Bastián y Bastiana, Lucio Silla o los Mitridate el filón se agotará. Le propongo que en ese momento establezca un apartado similar dedicado, por ejemplo, al jovencísimo Schubert, que tampoco fue manco ya en sus primeros años**. Otra cosa: se han programado en multitud de ocasiones en un concierto las tres últimas Sinfonías de Mozart. Pero que yo sepa, es la primera vez que se programan las tres últimas de Haydn: lo va a hacer Muti con la Filarmónica de Viena (el 17 de mayo de 2026). ¡Bravo, Riccardo!

Cuando afirmaba que Trujillo escogía con muy buen sentido sus interpretaciones, esto no ocurre siempre con sus invitados, a los que les pide su disco favorito. El de una de esas invitadas eran los Sextetos para cuerda de Brahms por el Cuarteto Amadeus, versiones creo que nada excepcionales (gangosillas, lloronas: anticuadas). Pero claro, esa persona debió de escuchar en su juventud esa grabación y por lo que quedó fascinada fue por la música. Pero es evidente que no conoce las interpretaciones con Menuhin, Gendron y compañía…

En cuanto a “Clásicos populares”, el programa de los concursos banales, es casi “clásicos populacheros”. Una de las pruebas en las que consiste me parece demencial: averiguar lo que suena reproducido a bastante velocidad y hacia atrás. Algunas piezas que he escuchado (solo suenan, menos mal, 20 o 30 segundos) podía uno imaginar qué eran, pero escuché hace poco una, original para piano, en la que, sonando al revés, ni siquiera era reconocible el instrumento.

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El 17 de diciembre pillé en el coche, recién comenzada, la Danza árabe (El café) del Cascanueces de Tchaikovsky; enseguida me dije: ¡qué mala follá (¡perdón!) tiene esta versión! Vino a continuación la Danza china (El té), también sosa, horterilla y no muy bien tocada, que además fue interrumpida a la mitad dos veces por aplausos. Supuse, como es lógico, que sería una grabación bailada tomada en público. ¿Quién resultó ser el tan vulgar director musical? Pues sí: era el gran protegido y amigo de Vladimir Putin: Valery Gergiev, con su Orquesta del Kirov de San Petersburgo. No hay como escuchar algo sin conocer sus intérpretes para confirmar los gustos que uno tiene. Y se constata, una vez más, que Amaya Prieto escoge las versiones al tuntún. Sí, porque a continuación emitió los dos movimientos finales del Concierto triple de Beethoven por Mutter, Yo-Yo Ma y Barenboim, nada menos.

*¿Es menos meritorio saberse de memoria, para tocarlas o dirigirlas sin partitura, y desde hace un montón de años, las 32 Sonatas de Beethoven, sus 9 Sinfonías, las 4 de Schumann y de Brahms, las de Bruckner o Tristán e Isolda? Ya sabéis de quién os hablo…

**Pese a vivir cuatro años menos que Mozart, debemos a Schubert una serie de composiciones que -al margen de las cuatro grandes óperas del salzburgués- son de importancia no menor (no hace falta recordarlas aquí, espero).

martes, 27 de agosto de 2024

Brahms y Schubert en los Proms del 11 de agosto: Mutter y Barenboim

 

Un Concierto de Brahms y la última Sinfonía de Schubert para no olvidar

 

Gracias a dos amigos, tengo ya en CDs este concierto, con muy buena calidad de sonido. Así que he vuelto a escuchar lo que sonó en Londres esa velada (entonces fue en directo). Memorable, sin exagerar lo más mínimo. La extensa introducción orquestal de la Op. 77 de Brahms casi nunca (Perlman/Chicago/Giulini sería la excepción) pudo escucharse con semejante amplitud y hermosura: Barenboim nos sumergió de lleno en el Brahms más entrañable y admirable. La entrada de Mutter fue tremendamente encendida; todo su desempeño en el Concierto tuvo ese carácter: extremadamente lírico y a la vez apasionadísimo: puro hiperromanticismo. A todo esto, la violinista de 61 años conserva un dominio apabullante del instrumento y un sonido de una belleza y una riqueza casi sin parangón en décadas. Solo le achacaría pequeños detalles aquí y allá (portamentos, sobre todo), quizá innecesarios, pero a decir verdad en ningún momento objetables (¡menos mal: no siempre resulta así con ella!).

En esta ocasión su entendimiento con la batuta ha sido especial: no exactamente por coincidencia, sino en cierto modo por una oposición que convirtió en apasionante y constructiva la experiencia (la falta de consenso o de sintonía en estos casos puede hacer descarrilar una interpretación, pero no fue, en absoluto, lo que ocurrió). Impresionante la magnífica cadenza de Joseph Joachim.

La sabia dirección dotó de una entidad trascendente los tutti orquestales del primer movimiento, poderosos y ardientes, pero férreamente controlados: la cabeza siempre fría, pero el corazón bien caliente. Al margen de los tutti, los  acompañamientos orquestales fueron atentísimos, lo que permitió escuchar cosas infrecuentes e incluso nuevas: abundante música de cámara. El lirismo del Adagio, con un oboe excepcional (ese del que sentía celos Sarasate) es de una intensidad lacerante. Y pleno de irresistible impulso el finale, nada lento (como sí lo fueron los movimientos anteriores). Duraciones: 24’20”, 10’08” y 8’08”.

 

De las 60 grabaciones que tengo escuchadas y anotadas de la Sinfonía postrera de Schubert, la en Do mayor “Grande” (8ª o 9ª, como se prefiera), solo les había puesto un 10 a las de Furtwängler (EMI 1950 con Viena y DG 1952 con Berlín) y a la del propio Barenboim (Sony 1987, con Berlín), quedando muy cerca (con un 9,5) solo la de Furtwängler (Tahra 1953, con Viena) y la de Giulini (DG 1978, con Chicago). Puedo afirmar que la interpretación que ha realizado Barenboim, al frente de una Orquesta del Diván en estado de gracia, este 11 de agosto, ha sido la más bella y emocionante que conozco. Explicar movimiento a movimiento sus bellezas y hallazgos sería largo y tedioso. Pero sí quiero señalar que nunca he escuchado tantas cosas en ella, y tan bien traídas: ¡qué avalancha, qué borrachera de música! Es decir, que al contrario de lo que dicen por ahí algunos que siempre han detestado a Barenboim, este está más lúcido que nunca. Pero es que no solo es su musicalidad lo que desborda, sino que su control de los más mínimos resortes y detalles es llamativo, de modo que su técnica sigue siendo asombrosa; por mucho que hayan trabajado en los ensayos -que con seguridad lo habrán hecho- este hombre de salud tan precaria goza de una sabiduría y una luz que deja atónito. Duraciones (sin las repeticiones, a diferencia de su grabación con la Filarmónica de Berlín): 15’30”, 15’52”, 11’15” y 12’40”.

jueves, 24 de noviembre de 2022

Sí, aún se siguen grabando discos: Beethoven, Brahms, Clara Schumann

 

Las 10 Sonatas para violín y piano de Beethoven por Midori y Thibaudet

Pequeño chasco por la grabación -Warner- de este ciclo, del que sigue sin haber en mi opinión uno completamente satisfactorio. Midori (de apellido Gotó), que ya tiene 51 años, fue una violinista maravillosa, que hace años nos regaló numerosas actuaciones y grabaciones inolvidables. Pero últimamente, tras varios años de silencio, me ha defraudado seriamente. Sobre todo por su Obra para violín solo de Bach, chungamente historicista. Estas Sonatas de Beethoven no son, ni mucho menos, tan decepcionantes, pero salta a la vista que su mejor momento pasó. Su sonido es ahora más pequeño y afilado, y ha perdido fuerza. Lo mejor está en sus movimientos lentos, tendentes al intimismo y en ocasiones muy hermosos. No me parece que Jean-Yves Thibaudet (¡ya diez años mayor que ella!) sea un pianista muy idóneo para Beethoven, ni por su sonido ni por su familiaridad con su estilo. Toca muy bien, y, la verdad, no ofende, pero tampoco convence mucho, en parte por su tendencia al virtuosismo de exhibición. En fin, un ciclo que no aporta a la discografía nada que merezca la pena.

 

El Concierto doble de Brahms por Mutter, Ferrándiz y Honeck. Y el Trío de Clara Schumann

Sony acaba de lanzar un CD con un programa nuevo y muy acertado: el Concierto para violín y violonchelo de Brahms acoplado con el Trío para piano, violín y cello, en Sol menor, op. 17 (compuesto antes de 1846) de su gran amiga Clara Schumann.

El Concierto op. 102 de Brahms, el último compuesto por su autor, alcanza aquí una versión espléndida, muy canónica si bien con un par de características diferenciadoras: la dirección, brahmsiana, apasionada, vibrante, es lo mejor que recuerdo haberle escuchado a Manfred Honeck, antes violinista de la Filarmónica de Viena; el Vivace non troppo final es casi demasiado jubiloso. Mutter luce su hermosísimo sonido y su deslumbrante técnica, pero en algunos momentos, sobre todo en el Andante, se pasa en mi opinión de sentimental. Algo que no le ocurre a Ferrándiz, que para mi gusto está admirable, de principio a fin y se le mire por donde se le mire: sí, tenemos a un gran cellista, continuador y de algún modo heredero de Pablo Casals, Gaspar Cassadó y otros.

El Trío de Clara es una obra preciosa que ya había sido grabada varias veces y que suena sobre todo a Schumann, pero también aquí y allá nos trae a la mente a Brahms. Ahora bien: si nos fijamos en la fecha de composición de este Trío, resulta que Brahms no había escrito para entonces nada en absoluto, y Robert Schumann probablemente sí, varias composiciones camerísticas en 1842. Así que si algo nos suena a Brahms, es que este lo tomó de aquí y de varias obras de su amigo Robert.

La presente versión está a cargo, claro, de Anne-Sophie Mutter, Pablo Ferrándiz (Madrid, 1991) y del pianista que tanto ha colaborado con la violinista alemana, Lambert Orkis (y que rara vez está a la altura de la violinista alemana). Consta de cuatro movimientos con las siguientes indicaciones de tempo: Allegro moderato; Scherzo: Tempo di menuetto (¡curiosa indicación!); Andante; Allegretto. Me parece que el 2º mov., al menos a juzgar por esta versión, tiene más el aire de un minueto que de un scherzo. El Andante (¡ay, demasiado breve!) es de una gran ternura, muy lo que tópicamente se suele entender por “femenino”. Aunque no conocía la obra, salta a la vista que la interpretación es muy buena, y aquí Mutter está algo más contenida. El pianista, discreto, algo gris: creo que a su parte se le puede sacar más partido.

BRAHMS: Concierto para violín y violonchelo

1951 RCA       Milstein/Piatigorsky/ORobinHoodFiladelfia/Reiner   14’58+6’39+7’50         7/6

1952 EMI        Boskovsky/Brabec/OFilViena/Furtwängler       17’17+7’37+9’17         9,5/5

1955 Sony       Stern/Rose/OFilNuevaYork/Walter                  14’05+7’14+8’25         7/5      

1959 Sony       Francescatti/Fournier/OSinfColumbia/Walter    16’28+7’58+8’38         8/7

1959 EMI        Oistrakh/Fournier/OPhilharmonia/Galliera        16’11+8’16+8’26         7/7

1961 DG         Schneiderhan/Starker/OSinfRBerlín/Fricsay      16’48+8’04+9’11         8/7,5

1962 EMI        Ferras/Tortelier/OPhilharmonia/Kletzki            16’48+8’35+8’21         7/6,5

1970 Philips    Szeryng/Starker/OConcertgebouw/Haitink        17’00+7’32+8’55         8,5/8

1970 EMI        Oistrakh/Rostropovich/OCleveland/Szell          16’50+7’50+8’48         9,5/8

1980 EMI        Perlman/Rostropovich/OConcertgebouw/Haitink       16’51+7’44+8’41         10/8,5

1980 Sony       Zukerman/Harrell/OFilNuevaYork/Mehta         17’02+7’56+8’40         8/8

1983 DG         Mutter/Meneses/OFilBerlín/Karajan                 18’04+7’30+9’11         9,5/8,5

1983 DG         Kremer/Maisky/OFilViena/Bernstein                17’48+8’24+8’32         7,5/8,5

1985 Hänssler  Zehetmair/Meneses/OSinfWDR/Sanderling      17’57+7’40+9’11         7,5/7,5

1988 Sony       Stern/Ma/OSinfChicago/Abbado                      16’31+7’19+8’31         9/9

1997 EMI        Zimmermann/H.Schiff/OFilLondres/Sawallisch 16’33+7’43+8’27         8/7,5

1997 Teldec     Kremer/CHagen/OConcertgebouw/Harnoncourt 17’30+6’06+8’43         6/9      

1997 Teldec     Perlman/Ma/OSinfChicago/Barenboim             16’09+7’40+8’11         9,5/8,5

2002 DG         Shaham/Jian Wang/OFilBerlín/Abbado            17’10+8’02+8’51         9/9

2008 DG          Repin/Mork/OGewandhaus/Chailly                  16’43+7’40+8’29         7,5/9

2021 Unitel     Michael Barenboim/Soltani/ODiván/Barenboim 17’20+7’40+9’02         9/9

2022 Sony       Mutter/Pablo Ferrández/OFilCheca/M.Honeck  18’23+8’03+8’49         8,5/9

viernes, 4 de diciembre de 2020

Varios discos recientes o que acabo de escuchar

 

Chopin, Schubert, Saint-Saëns, Schoenberg

En un doble CD de Deutsche Grammophon (2017) titulado “Chopin Evocations” el pianista Daniil Trifonov ofrece, entre otras cosas de autores diversos, los dos Conciertos de Chopin. En ellos su prestación me ha parecido no carente de valores, pero lastrados estos por falta de fluidez y naturalidad, por un inocultable afán de pretenciosidad que encuentro muy poco sincero: “yo soy en los movimientos lentos más lento que nadie -parece decirnos-, es decir: más profundo”. Pero no, no es así. En todo caso, lo verdaderamente odioso de estas versiones es la batuta de un Mikhail Pletnev más despistado que una cabra en un garaje y, si Trifonov resulta pretencioso, lo es poco comparado con la batuta que está al frente de una decepcionante Orquesta de Cámara Mahler.

Pero este dislate es poca cosa comparado con el Quinteto “La Trucha” de Schubert tocado por el mismo, Trifonov, al lado de Anne-Sophie Mutter y otros tres instrumentistas de cuerda para mí desconocidos (Hwayoon Lee, viola; Maximilian Hornung, cello; Roman Patkoló, contrabajo). Es un disco DG de 2017. Estos instrumentistas -no sé quién los liderará en la práctica- han hecho retroceder a Schubert 70 u 80 años, hasta la época en que el autor de Viaje de invierno era considerado bonito, agradable y superficial. La versión del Quinteto es rebuscada, empalagosa, pizpireta y frívola como ninguna otra que recuerde: los tempi suelen ser muy veloces, más que en ninguna de las doce versiones grabadas que conozco. Mi primer movimiento favorito es del András Schiff con el Cuarteto Hagen: les dura 14’06” frente a los 11’45” de aquí (unos y otros hacen la repetición); el 2º mov. que más me gusta, el de Barenboim, Perlman, Zukerman, Du Pré y Mehta, pasa de 7’45” a 6’40”; el 4º, el de las variaciones, en esta versión se toman 8’26”, y aquí, 6’45”. Pero esto dará solo una vaga idea de lo que ocurre. El disco se completa con un Nocturno para trío, D 897, también muy apresurado (10’30” frente a los 13’ del Trío Beaux Arts), que pierde gran parte de su sentido. Pero lo más estomagante me ha parecido la transcripción para violín y piano de la famosa Ständchen (la Serenata de Canto de cisne), en la que detesto con todas mis fuerzas a la otras veces grandísima violinista. Casi tan dulzona es la adaptación, para los mismos instrumentos, del famoso Ave Maria. ¡Anne-Sophie, eres capaz de lo mejor y de lo peor (o casi: no llegas a ser la Kopatchinskaja!)...

Muy recomendable el disco Erato, recién publicado, con tres de las más destacadas composiciones camerísticas de Saint-Saëns: la Primera Sonata para violín y piano, la Primera para cello y piano y el Segundo Trío para piano, violín y cello. Son sus intérpretes tres instrumentistas franceses: dos bastante jóvenes -el violinista Renaud Capuçon (n. 1976) el pianista Bertard Chamayou (n. 1981)- y otro muy joven: el cellista Edgar Moreau (n. 1994)-. Sobre las interpretaciones: la primera de las tres obras referidas me ha encantado, casi tanto la tercera, y también bastante -pero algo menos- la segunda. En todo caso, un disco estupendamente grabado, muy conveniente, dada sobre todo la escasez de publicaciones en disco de estas obras, en particular del Trío.

En cuanto a los Gurrelieder de Schoenberg por Christian Thielemann que acaba de publicar Hänssler, que supongo serán de hace algunos años, la suntuosa y brillante dirección me ha gustado bastante o mucho. Intervienen varios coros (entre otros el MDR, Coro de la Radio de Leipzig), la Staatskapelle Dresden y la Orquesta Juvenil Gustav Mahler. Cuenta con un par de cantantes excelentes -Camila Nylund como Tove y Wolfgang Ablinger-Sperrhacke como Klaus el idiota-, dos notables -la mezzo Christa Mayer, Paloma del bosque, y el barítono Markus Marquardt, Campesino-, y un narrador de lujo -Franz Grundheber-. Pero el tenor protagonista (Waldemar), Stephen Gould, me parece un gran fiasco; canta y está peor de voz de lo que suele, y su interpretación es indiferente en un papel de desbordada pasión. ¡Qué metedura de pata! La toma de sonido, en público, no es la ideal para una obra de efectivos tan gigantescos.