De 1972 a 1989
Este álbum no recoge, por
supuesto, todas las muy numerosas grabaciones que estos intérpretes hicieron
para DG, ni las -pocas- para CBS/Sony. Aun así, son 15 CDs agrupados en una
preciosa caja en la que cada disco reproduce la portada del LP original
correspondiente. El libretillo, de 44 páginas, contiene un muy interesante artículo
de Rémy Louis que ofrece numerosas informaciones poco conocidas. Por ejemplo, que
la primera actuación del argentino con esta orquesta, el 23 y el 25 de
septiembre de 1975, fue Romeo y Julieta de Berlioz con Berganza, Jean
Dupouy y Bastin, o la fundación en 1982 del Festival Mozart junto al régisseur
Jean-Pierre Ponnelle, la invitación regular a grandes directores como Böhm,
Jochum, Celibidache, Kubelik, Giulini, Bernstein, Boulez o Mehta y a otros
entonces jóvenes como Muti, Sinopoli o Chailly, así como a solistas
primerísimos: Arrau, Michelangeli, Curzon, Brendel, Pollini, Lupu, Perahia,
Milstein, Mutter, Zukerman, Perlman… o cantantes como Fischer-Dieskau, Waltraud
Meier y Jessye Norman. Barenboim dirigió por esos años (1975-1989) multitud de
composiciones contemporáneas: de Messiaen, Dutilleux, Gilbert Amy, Lutoslawski,
Takemitsu, Henze, Boulez, Denisov, Penderecki, Berio…
Los discos han sido
numerados por orden cronológico; los dos primeros, grabados en 1972 y 1974, son
anteriores a la titularidad de Barenboim. Comienza la serie con Bizet:
una Suite de Carmen (5 números), Juegos de niños y la Suite I de La
Arlesiana (lástima, no está la II). Espléndidas interpretaciones, vibrantes
y no estrictamente a la francesa, según el extendido tópico. Más alejado
aún de lo meramente francés es la impresionante, dramática y sobrecogedora
versión del Requiem de Fauré, con el soberbio Coro del Festival
de Edimburgo (aún no se había fundado el de la Orquesta, dirigidos ambos por
Arthur Oldham), la exquisita -nada ñoña- Sheila Armstrong y el imponente
Fischer-Dieskau. Se completa el disco con la Pavana en versión
sinfónico-coral. Vuelta a Bizet en 1975: una bellísima Sinfonía (con el excelso
oboe de Maurice Bourgue en el Andante) y dos páginas poco conocidas: La
Jolie fille de Perth y la Obertura Patria. Del mismo año es el
primer disco Mozart, en el que se aprecia cierta incomodidad de la
orquesta con la música del salzburgués: el Concierto de flauta K 313 y
el Andante K 315, más el de oboe, K 314. Soberbios solistas de la
Orquesta: Michel Debost y el citado Bourgue. De 1976-77 es el 5º CD: los dos
más notables Conciertos para violín (4º y 5º) de Vieuxtemps,
con un deslumbrante Itzhak Perlman, cuyo virtuosismo e intensidad dejan sin
respiración. Barenboim está ¡a su altura!
A partir de aquí empiezan
las tomas digitales. Grabado en febrero de 1983 fue el CD que contiene una de
las tres o cuatro mejores Sinfonías “Júpiter” de la historia del disco
(¡menudo avance de la Orquesta, que está sensacional, en esos ocho años!),
completada con una versión irreprochable pero algo voluminosa de la Eine
kleine Nachtmusik. Esta Sinfonía 41 no había sido,
¡inexplicablemente! pasada a CD hasta ahora.
En 1984 se registró el
segundo Requiem de Mozart por Barenboim. Yo asistí al concierto que
precedió en un día (o siguió, no estoy seguro) a la grabación. El anterior, de
1972, fue con la English Chamber Orchestra y el Coro John Alldis. El nuevo no
tiene un cuarteto vocal tan alucinante como el primero (Armstrong, Baker,
Gedda, Fischer-Dieskau), pero sí uno excelente y sin fisuras: Kathleen Battle,
Ann Murray, David Rendall y Matti Salminen. Muy bien el nutrido Coro de la
Orquesta, la interpretación es sumamente dramática y decididamente desoladora:
una de las grandes del disco, no lejos de las líneas de Böhm, Karajan o Giulini.
Con los siguientes discos
pasamos de grabaciones originales de EMI a las de Erato. Las Noches en los
jardines de España de Falla con Martha Argerich y los cinco números
de Iberia de Albéniz orquestados por Fernández Arbós datan de
1986, en público en la Sala Pleyel de París. Las cualidades que solemos asociar
a la pianista de Buenos Aires están perfectamente presentes en esta
interpretación, en completa sintonía con la batuta. Creo que las piezas de Iberia
están correctamente servidas, pero… lo siento, no me gusta el trabajo que hizo
Arbós (y menos con la rabia de saber que su contrato impidió que Ravel
orquestase la obra completa).
1986: cal y arena en dos
composiciones rusas. La consagración de la primavera de Stravinsky
presenta serios altibajos, pero, sobre todo, es una toma de sonido inexplicablemente
desequilibrada. Por el contrario, el Poema del éxtasis de Scriabin
es rigurosamente ejemplar: ardiente, sensual y de sabia planificación. E
intachable toma de sonido.
CD 10, de 1987: las Sinfonías
1 (1951) y 2 “Le double” (1959), reconocidas composiciones de Henri
Dutilleux, alcanzan interpretaciones magistrales. El disco 11, del mismo
año, es una de las joyas de esta colección: admirable recreación de la Tercera
Sinfonía,“el Poema divino”, de Scriabin, y una enormemente sentida Sinfonía
de los Salmos de Stravinsky.
CD 12, de 1988: lo mismo
puede aplicarse a los emotivos Kindertotenlieder de Mahler (en
público), a unos Wesendonck-Lieder de Wagner de libro, más tres
lieder de Hugo Wolf (In der Frühe, Denk’ es, o Seele!, Wo find’ ich
Trost) orquestados por el autor. El talento y la expresividad de Waltraud
Meier pasan de la escena a la sala de conciertos.
CD 13: monográfico Hugo
Wolf: el magnífico y casi desconocido poema sinfónico Pentesilea,
Preludio y Entreacto de la ópera El Corregidor (basada, sí, en El
sombrero de tres picos de Pedro Antonio de Alarcón, espléndida ópera quizá inédita en
España), la Serenata Italiana (con la viola de la portuguesa Ana Bela
Chaves) y Scherzo y Final. Un disco raro y apasionante.
No es Edison Denisov
(1929-1996) uno de los compositores rusos del XX más conocidos; sin embargo sus
méritos son grandes. Por ejemplo en esta Sinfonía -enfrentamiento entre
la luz y las tinieblas, en expresión de Ekaterina Kuprovskaja- encargada por la
Orquesta de París y estrenada con Barenboim en 1988; he aquí su grabación en
público en la Salle Pleyel. Aparte de por sus creaciones, Denisov es reconocido
por haber completado el oratorio Lazarus de Schubert (1995) y la ópera
de Debussy Rodrigue et Chimène (1993).
El último disco de la
caja reúne grabaciones de 1988 y 1989 de tres importantes composiciones de Pierre
Boulez, compositor con el que Barenboim ha gozado de una muy especial,
intensa relación: Rituel (in memoriam Bruno Maderna), Messagesquisse
y Notations (los números 1, 4, 3 y 2: los orquestados por su autor hasta
aquel momento). Esta última serie, que Barenboim ha dirigido multitud de veces y
registrado en cuatro ocasiones, se ha convertido en la obra más divulgada de su
autor (ha sido grabada hasta en una decena de ocasiones: además de por el
compositor, por Abbado, Gielen o Rattle, entre otros).
Los discos originales de
EMI dicen (no me fío de que siempre sea cierto) haber sido remasterizados. Pero
lo importante es que varios de ellos, y también alguno de Erato, suenan ahora mejor
que en las ediciones originales.
Quedamos a la espera de otra
caja, de 37 CDs, con las grabaciones para EMI, Erato y Teldec (sellos integrados
hoy en Warner) de Barenboim con la Orquesta Sinfónica de Chicago. Saldrá a la
venta el 15 de mayo.
Para quien le interese la visión alternativa: el señor David Hurwitz ha comentado esta misma caja en su canal de YouTube. Básicamente, su conclusión es que el contenido es poco interesante. Reconoce el mérito de las versiones de los conciertos para violín de Vieuxtemps, pero como están en la caja dedicada al solista con las grabaciones completas para esos mismos sellos, entiende que allí está mejor acompañada. Los Mozart los liquida todos como si no aportaran nada, (yo sí he escuchado la Sinfonía 41, y en ese caso concreto desde luego no estoy de acuerdo con Hurwitz, coincido con Ángel). También reconoce Hurwitz el valor del disco íntegro dedicado a Hugo Wolf, por la rareza del repertorio, y lo mismo va por los discos de Denisov y Boulez. El resto no parece interesarle nada, sobre todo el disco Falla-Albéniz, (ahí dice que al Albéniz le falta color…). En fin, cuestión de escuchar.
ResponderEliminarPor otra parte, acabo de escuchar el Oro del rin de Kirill Petrenko con la Filarmónica de Berlín que ha retransmitido el Digital Concert Hall en directo, y tengo cierta curiosidad por ver qué dice Ángel sobre él. Creo que es una interpretación que, por diversas razones, merece una serie de reflexiones y que puede generar bastante debate… Por la propia dirección de Petrenko y sobre todo algunas decisiones de reparto, como el Wotan de Christian Gerhaher…
De Hurwitz nada nuevo que comentar: las opiniones de ese señor no me interesan lo más mínimo, ni siquiera por curiosidad.
EliminarY en cuanto al Rheingold, no he podido escucharlo. Cuando lo cuelgue DCHall lo haré.
Hurwitz es como cualquier otro crítico: expresa sus propios gustos estéticos. En los tiempos del streaming, un melómano solo debe fiarse de una única cosa: su oído.
EliminarHay críticos musicales de los que yo suelo fiarme; otros que no merecen que me fíe de ellos. Uno de estos es Hurwitz; le he leído poco, y aun así me he encontrado con demasiadas estupideces. Creo que carece de criterios y está dominado por unas cuantas manías.
EliminarLo único bueno de esta penosa "crónica" de Hurwitz es que se visualizan las portadas de los discos. Probablemente su maléfica gata Mildred esté detrás de todo este despropósito. (J.S.R.)
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