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domingo, 6 de mayo de 2018

Primer concierto de Nelsons con la Gewandhaus para Ibermúsica


Arena y cal con Yefim Bronfman
Ayer, sábado 5 de may, tuvo lugar el primero de los dos conciertos de Andris Nelsons como nuevo director de la famosa Orquesta de Leipzig, en calidad de sucesor de Riccardo Chailly. Pese al popular programa, el Auditorio Nacional no estaba completamente lleno. Cuando terminó el primer movimiento del Quinto Concierto "Emperador" de Beethoven que iniciaba la velada, me encontraba furioso: Yefim Bronfman había pasado olímpicamente de la hermosísima obra: no se había implicado en ella, había tocado de trámite (y no siempre limpísimamente), con desgana, sin fuerza, de modo muy mecánico. Recordaba con disgusto que en su filmación (C Major 2012) con la Concertgebouw y también con Nelsons -aun sin ser lo que yo entiendo por un genuino intérprete beethoveniano: no lo son muchos- está francamente bien. Por suerte, el movimiento lento, aun sin ser creativo, estuvo al menos bien fraseado y con la calma espiritual que faltó en el anterior (que no llegó a los 20 minutos de duración). En el tercero volvió en parte al pasotismo del primero, sin enlazar bien una sola transición entre los temas. Lástima, porque Nelsons le había brindado un trabajo riguroso, atento y analizado al milímetro, con una maravillosa introducción al Adagio. Por cierto, ya en el "Emperador" se comprobó que la orquesta tiene una cuerda magnífica, muy alemana, una madera algo desigual -excelentes flauta y clarinete, buen fagot y oboe dulzón-, un metal de agradable sonoridad pero no muy fino, y un timbalero no muy exacto, que empastó regular y con decidida tendencia a los excesos. Un conjunto orquestal que, a juzgar por este concierto -en el de hoy, con la Sinfonía 40 de Mozart y la "Patética" de Tchaikovsky, se podrá confirmar- tiene grandes cualidades y alguna deficiencia, y que globalmente me parece algo inferior a las Staatskapelle de Dresde y de Berlín y a la Sinfónica de la Radio Bávara.
Menos mal que en las dos propinas que ofreció Bronfman afloró por fin el gran pianista: una espléndida, poética Arabesca de Schumann y un sensacional finale de la Séptima Sonata de Prokofiev.

Y una Cuarta de Brahms antológica
Pero por lo que no olvidaré el concierto de ayer fue porque en la segunda parte nos esperaba una de las interpretaciones más hermosas y conmovedoras que he escuchado en mi vida, en vivo o en disco, de la Cuarta Sinfonía de Brahms. Arranque furtwängleriano, desde un pianissimo inaudible, para desenvolverse al modo giuliniano, tanto por la cálida cantabilidad como por el planteamiento de las tensiones, con una coda de intensidad y tensión crecientes. El Andante, algo más lento de lo normal, abundó en este canto introspectivo, doliente pero entrañable, sin que las turbulencias fuesen apaciguadas. Poderoso Scherzo no especialmente incisivo o violento -quizá no encajaría bien en una versión tan humanista- y un finale absolutamente antológico, el más convincente que he escuchado desde hace más de seis décadas, desde Furtwängler: de una belleza y a la vez una intensidad emocial casi insoportables. Para colmo de aciertos, el tramo final fue decididamente rabioso: en él siguió Nelsons al pie de la letra el "Più allegro", que en mi opinión erróneamente no respetan ni Bernstein ni Giulini -por citar, entre otros muchos, a los responsables de los dos ciclos sinfónicos discográficos de Brahms que más admiro-.
Termino con una anédcota: tras el concierto fui a cenar con unos amigos a un restaurante próximo al Auditorio. Allá se sentaron en una mesa grande unos diez o doce componentes de la orquesta; al salir, me dirigí a ellos diciéndoles que "¡bravo!" por su su actuación, y a continuación -admito que fui imprudente- me atreví a decirles escuetamente: "Brahms/Nelsons" poniendo el pulgar ostensiblemente hacia arriba, y "Brahms/Chailly" poniendo el pulgar hacia abajo. No sabía de antemano cómo reaccionarían, pero ¿qué ocurrió? Prorrumpieron al unísono en carcajadas y en aplausos. (¡Menos mal!... El ciclo sinfónico de Brahms que Chailly grabó con ellos para Decca hace pocos años ya lo comenté en este blog poniéndolo a parir, sobre todo precisamente una horrorosa Cuarta).