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jueves, 19 de octubre de 2023

Los "otros" compositores (XXV): de Kabalevsky a Kreisler

 

DMITRI KABALEVSKY (1904-1987)

Compositor soviético, nombrado Artista del Pueblo de la URSS, su música es tradicional, “fácil” y melódicamente agradable. Llama la atención que el gran Emil Gilels grabase (en 1954) una composición tan vulgar como su Tercer Concierto para piano (1952), bajo la batuta del autor (¿le amenazaron con deportarlo a Siberia si no lo hacía?)…

Colas Breugnon: suite (1938). Los comediantes: suite (1940). Romeo y Julieta: suite (1956)

Orquesta Filarmónica Armenia/Loris Tjeknavorian (ASV 1996. 72’)

 

MAURICIO KAGEL (1931-2008)

Compositor argentino radicado desde 1957 en Colonia. Discípulo de Alberto Ginastera, ha sido uno de los pioneros y más creativos autores de música electrónica.

Cuartetos I, II y III (1967, 1967, 1987). Pan, para piccolo y cuarteto (1985)

Cuarteto Arditti/Dietmar Wiesner, piccolo (WDR/Naïve 2000. 64’)


VASILY KALINNIKOV (1866-1901)

Protegido por Tchaikovsky y más tarde por Rachmaninov, Kalinnikov, enfermo de tuberculosis, probablemente no pudo desarrollar plenamente su indudable talento. Resaltan en su obra su excelente oficio y un reconocible sabor ruso.

Las 2 Sinfonías (1895, 1897)

Orquesta Real Nacional de Escocia /Neeme Järvi (Chandos 1988. 75’)


ARAM KHACHATURIAN (1903-1978)

Armenio, al igual que Kabalevsky, otro compositor del régimen soviético: Premio Lenin y cuatro veces premio Estatal, su música, fácil y popular cuando no banal, siempre fue del agrado de los jerarcas musicales rusos. En todo caso, son notables sus Conciertos para piano y para violín, así como fragmentos de sus dos ballets más conocidos: la Danza del sable, de Gayaneh, ha alcanzado, comprensiblemente, fama mundial.

Concierto para piano (1936)

Alicia de Larrocha/Orquesta Filarmónica de Londres/Rafael Frühbeck de Burgos (Decca 1973. 37’)

Concierto para violín (1940)

Itzhak Perlman/Orquesta Filarmónica de Israel/Zubin Mehta (EMI/Warner 1984. 35’)

Espartaco: selección (1943). Gayaneh: selección (1942, rev. 1952, 1957)

Orquesta Sinfónica de Londres/Aram Khachaturian (EMI/Warner 1977. 55’)

 

CHARLES KOECHLIN (1867-1950)

Maestro de Poulenc en París, su ciudad natal, también impartió clases en Estados Unidos. Compositor inclasificable, torna su mirada no ya al Romantiscismo, sino más atrás, al Clasicismo e incluso al Barroco, pero de un modo -impregnado de lirismo- muy personal. Está, quizá injustamente, casi olvidado. Su sugerente poema sinfónico La course de printemps, basado en El libro de la selva de Kipling, es quizá su obra cumbre.

El curso de la primavera (1908-1925). La zarza ardiente (1938-1945)

Orquesta Sinfónica de Radio Stuttgart/Heinz Holliger (Hänssler/SWR 2000. 73’)

 

JOSEPH MARTIN KRAUS (1756-1792)

Nacido el mismo año que Mozart y muerto solo un año después, la música de este alemán fallecido en Estocolmo ha sido descubierta últimamente como la de “el Mozart sueco”, si bien hay en ella también ciertas anticipaciones, incluso, de Schubert.

Concierto para violín en Do M (1783). Sinfonías en Do m (1783) y “Fúnebre” (1792)

Edith Peinemann/Orquesta de Cámara de Stuttgart/Martin Sieghart (Orfeo 1992. 72’)

 

FRITZ KREISLER (1875-1962)

El ilustre violinista vienés, uno de los más aclamados de la primera mitad del siglo XX, firmó multitud de páginas, generalmente breves, para su instrumento (con acompañamiento de piano) que han sido y siguen siendo interpretadas con frecuencia y fruición por sus sucesores. Muchas de ellas, incluyendo transcripciones de Gluck, Weber, Chopin, Schumann, Wieniawski, Dvorák, Albéniz, Granados o Franz Lehár, poseen el encanto y el decadentismo de la época.  

21 Piezas para violín y piano

Itzhak Perlman/Samuel Sanders (EMI/Warner 1974, 1976, 1980, 1987. 72’)

17 Piezas para violín y piano

Shlomo Mintz/Clifford Benson (Deutsche G. 1981. 53’)

miércoles, 14 de abril de 2021

La primera media hora de "Música a la carta" del 12 de abril. Y Rachmaninov/Lugansky

 

 La primera media hora de “Música a la carta” del 12 de abril

A las 9,30 de la mañana, tras las presentaciones y la lectura de un poema, la primera música que se escucha es la canción Amapola (¿será de Monteverdi, de Haydn, de Schumann, de Mahler o de Britten?), que, como viene siendo costumbre últimamente, es una elección de la conductora del programa. Que es quien, de lejos, más música escoge (haciendo un uso abusivo de su puesto), pues ahora nos “regala” con una canción que selecciona cada día. Canciones no clásicas, como la del día 12, y que son del tipo que le deben de gustar más a ella. Llevaba, pues, toda la razón el lector de este blog que nos hacía saber que en un programa de Radio Nacional en el que entrevistaron a Amaya Prieto le pidieron que escogiera sus piezas musicales favoritas, y no hubo ninguna propiamente clásica. La conocidísima Amapola emitida estaba cantada, ¡además!, por un señor de voz muy afeminada y gusto almibaradísimo, hasta la náusea.

A continuación, una señora pidió “algo cantado por la Tebaldi”, por ejemplo la “Madame Barteflai” (así lo pronunció), pero en lugar de “Un bel dì vedremo”, Amaya puso “Vissi d’arte”, en la que la soprano de Pésaro dejó claro que no se cree lo que está diciendo en la famosa aria de Tosca. (Pero de esta carencia no tiene Amaya la culpa, faltaría más).

Luego, un señor que siempre que pide algo a este programa es algo cantado por Alfredo Kraus, solicitó “Parigi, o cara” de La Traviata, junto a Maria Callas. Hacía tiempo que no escuchaba esta grabación lisboeta de 1958 (la única en la que cantaron juntos), pero, además de las estridencias vocales de la famosísima soprano greco-norteamericana, el tenor grancanario comenzó el dúo en un tono tan llorón y empalagoso que me dejó hecho polvo. 

A continuación, otro oyente pidió la Segunda Partita de Bach “en una versión para violín y continuo” (¡!), y lo más parecido que Amaya encontró fue una grabación de la Chacona en (des)arreglo para violín y orquesta de cámara, obsequiándonos con una insufrible interpretación de Joshua Bell con la Academy of St. Martin in the Fields.

Minutos más tarde otra oyente que se declaró -no fue la única- asidua del programa solicitó la Obertura 1912 de Tchaikovsky; Amaya emitió ¡menos mal! la 1812, pero… en una versión con el Coro Sinfónico de Kiev y la Cincinnati Pops Orchestra dirigidos por Erich Kunzel. Elección inmejorable, obviamente.

(Ayer, martes 13, Amaya se empeñó, antes y después de emitir el aria de Nedda de I Pagliacci por Anna Netrebko y Pappano, en pronunciar Nebretko).

 

Las dos Sonatas para piano de Rachmaninov por Nikolai Lugansky

El pianista moscovita (n. 1972), asociado más que a cualquier otro compositor precisamente a Sergei Rachmaninov, ya grabó hace años, en sus comienzos (Vanguard, 1993) la Segunda Sonata. Una interpretación extraordinaria, una de las mejores que recuerdo, de la versión revisada por el compositor en 1931 para hacerla un poco menos intocable. Porque la versión original, de 1913, algo más larga, es más intrincada aún y requiere un virtuoso dotado de un mecanismo poderosísimo. 

Dos décadas más tarde ha grabado la Primera Sonata y de nuevo la Segunda, pero en la versión original. A la Op. 28 la he calificado con un 9,5, pero a la Op. 36, un rotundo 10. Lugansky convierte el virtuosismo -que no carece de exhibicionismo de velocidad, limpieza y poderío- no en fin sino en medio, en un fuego alucinante. El 10 que le había asignado a la segunda grabación de Hélène Grimaud (DG 2005), tras escuchar esta de Lugansky, he decidido rebajarlo en medio punto. La toma de sonido de este disco Naïve (de la serie Ambroisie) también es, rotundamente, de 10.


DISCOGRAFÍA

Sonata No. 1, op. 28

1979 Sony       Ruth Laredo     12’54+8’41+13’34       8,5/8

1989 DG         Weissenberg    10’16+6’54+11’35       7/8

1998 Naxos     Idil Biret          14’25+9’56+16’38       9/9

2012 Naïve      Lugansky         13’18+8’32+14’18       9,5/10

 

Sonata No. 2, op. 36

1960 Sony       Van Cliburn (1913)                  09’52+08’13+7’04       8,5/7   

1968 EMI        John Ogdon (rev. 1931)            07’28+06’24+5’09       7/7                  

1979 Sony       Ruth Laredo (rev. 1931)           09’07+05’59+5’35       8,5/8   

1980 Decca     Ashkenazy (1913)                    10’25+08’00+7’05       9,5/8,5

1982 Sony       Horowitz (rev. Horowitz)         09’39+06’12+6’12       8/8

1985 DalSegno Grimaud (rev. 1931)                07’13+04’54+5’43       9/8

1989 DG         Weissenberg (rev. 1931)          06’01+04’44+4’32       8/8

1991 Naxos     Idil Biret (rev. 1931)                09’00+06’56+6’12       8/8

1993 Vanguard Lugansky (rev. 1931)               08’33+06’30+5’14       9,5/9

1995 Philips    Zoltán Kocsis (1913)               09’16+07’08+6’31      8/8,5

1998 Naxos     Idil Biret (1913)                       11’51+07’48+8’14       9/9

2003 Naxos     K.Scherbakov (rev. 1931)         08’33+06’54+5’29       9/9

2005 DG         Grimaud (1913/1931)               09’50+07’25+5’53       9,5/9

2005 EMI        Simon Trpceski (rev. 1931)      08’28+07’00+5’26       9/9,5

2010 Naxos     Antonii Baryshevskyi (rev. 31) 08’23+06’35+5’40       8/8,5

2012 Naïve      Lugansky (1913)                     10’28+06’54+7’12       10/10

2019 Sony       Pogorelich (1913)                    11’42+10’04+7’50       7/8

martes, 27 de junio de 2017

Tres óperas en DVD: una novedad y dos tesoros recuperados



Macbeth en Los Ángeles con Domingo y Semenchuk

Filmada por Sony en la Ópera Los Ángeles en una sola representación, el 13 de octubre de 2016, solo al final de la agotadora sesión podemos encontrar al tenor/barítono de 75 años y 9 meses un poco cansado, pero con toda su proverbial, incondicional, completa entrega, hasta el final mismo. El caso Domingo me sigue pareciendo inexplicable: desde que comenzó a cantar como barítono, hace ya bastantes años -con un color vocal, como se ha señalado hasta la extenuación, que no es propiamente baritonal-, su voz no ha perdido un ápice de firmeza y seguridad. A ello hay que sumar lo que me parece más importante: su capacidad como intérprete, encarnando aquí a uno de los personajes más complejos de Verdi con una extraordinaria credibilidad y clarividencia. Además su estilo verdiano no admite parangón. A su lado, me ha impresionado sobremanera la Lady Macbeth de Ekaterina Semenchuk, que, aunque no siempre es impecable en la temible, impropia coloratura, posee una recia voz de mezzo, sonora en el centro y el grave y restallante en los agudos. No actúa de forma tan creíble como Plácido, pero su prestación es en conjunto de gran altura. Muy bien Ildebrando D'Arcangelo, que ya es un bajo-bajo de sólida voz y espléndida línea de canto. La sorpresa ha sido para mí el joven tenor lírico que encarna a Macduff, Joshua Guerrero: preciosa voz y más que buen cantante; a seguirlo con atención. Aquí acaban los elogios a esta versión. La batuta de James Conlon creo que no sabe lo que se trae entre manos: le ha quitado hierro a este áspero y oscuro melodrama; no suena a Verdi, a joven Verdi; Plácido no debería haberlo aceptado aquí. Pero peor aún encuentro la puesta en escena, tradicional pero a menudo cutre y hasta ridícula. Todas las apariciones de las brujas son de vergüenza ajena. Para colmo, el DVD, que suena correctamente, tiene una imagen muy poco nítida, algo inaceptable hoy (desconozco la calidad del blu-ray). Y nada de subtítulos en castellano, para variar. Usted verá.


Lucrezia Borgia y Un ballo in maschera en el Covent Garden

Hace años el fenecido sello Pioneer publicó estas versiones de sendas óperas tomadas en el Covent Garden en 1975 -Ballo- y 1980. Ahora las reedita Opus Arte con sonido algo mejorado -parecen haber modificado la ecualización subiendo un poco las frecuencias agudas- y dividiendo los DVDs en muchos más tracks que anteriormente. Pero los subtítulos en inglés venían ya sobreimpresos, así que no pueden suprimirse. Pese a estos inconvenientes, como se trata de versiones que podríamos calificar de tesoros, son muy a tener en cuenta, sobre todo Lucrezia, por su escasa competencia en DVD. Joan Sutherland -53 años- había perdido algo de brillo en su timbre, pero la técnica extraordinaria se mantenía intacta y también había ido ganando algo con el tiempo como intérprete, no limitándose tanto como en sus comienzos a cantar solamente. De modo que, después de una sublime Caballé (RCA 1966), ha sido seguramente la mejor Lucrezia de la que se conserva testimonio. Alfredo Kraus, diez meses más joven que la diva australiana, se conservaba aún mejor. Me atrevería a afirmar que esta función constituye una de las mejores óperas completas que le he escuchado. La voz se hallaba en perfecta forma -y habían pasado 14 años desde su grabación junto a Caballé-, el dominio de su instrumento era si cabe aún más aquilatado, y también aparece algo más involucrado en su personaje que antes. Todo ello hace de su prestación un modelo inigualado desde entonces. Tanto Anne Howells (Orsini) y Stafford Dean (Alfonso) -notable ella, solo correcto él- quedan sin embargo muy por debajo de Verrett y Flagello en la referida grabación de audio de RCA. Aceptables el resto de los personajes, con la excepción del insufrible Francis Egerton como Rustighello. La dirección de Richard Bonynge -mucho más que mister Sutherland- al frente de un coro y una orquesta en muy buena forma es sencillamente ejemplar. La antigua y anticuada escena -vestuario suntuoso, decorados feos- es llevadera.

En este Ballo in maschera de 1975 Plácido estaba pletórico en lo vocal, aún más que en 1989 con Solti (DVD/Blu-ray Arthaus), si bien su caracterización de Gustavo III puede haber llegado con el tiempo aún algo más lejos en convicción y matices. En todo caso, no está de más dejar claro que Plácido ha sido el más sobresaliente Gustavo (o Riccardo) del que existe testimonio discográfico. Aunque un poco lírica para Amelia, Katia Ricciarelli redondea aquí uno de sus mayores logros; el timbre es seductor -solo se resiente un poco en el registro agudo-, espléndida la línea y creíble la interpretación. También creo que esta es una de las mejores funciones operísticas que recuerdo de Piero Cappuccilli, en todos los aspectos, lo que no es poco decir. Más que bien Elizabeth Bainbridge, aunque su voz tampoco es lo suficientemente dramática y grave para la muy exigente Ulrica. Y un verdadero lujo Reri Grist para Oscar. Incluso la mayoría de los papeles menores -los conjurados: Gwynne Howell y Paul Hudson, y Silvano: William Elvin- están muy bien escogidos. La dirección de Claudio Abbado -que entonces se hallaba en el período áureo de su carrera- al mando de un coro y una orquesta en gran forma, es vibrante, vital, dramática, magistral. Hay que recurrir a Solti (tanto en su segunda grabación de audio como en el referido DVD) para hallar una labor aún más extraordinaria, apoyada además en 1989 en una sensacional Filarmónica de Viena. La puesta en escena, rigurosamente tradicional, me parece intachable. Lástima que la calidad del sonido (monoaural) y de la imagen sean bastante limitadas, pues se trata de una interpretación globalmente extraordinaria, con el mejor reparto quizá reunido en una versión de vídeo.