Gran música y virtuosismo trascendental
No suele asociarse el nombre de Brahms al virtuosismo pianístico, como sí ocurre con Liszt, Rachmaninov, Ravel o Prokofiev. Sin embargo, es de dominio público que algunas de sus composiciones pianísticas más importantes –como los dos Conciertos o las Variaciones y fuga sobre un tema de Haendel– son de una dificultad técnica tremenda. Pero son obras que no buscan la exhibición, sino que por encima de todo están guiadas por criterios musicales; el caso es que, a la postre, resultan ser terriblemente difíciles: es lo que les sucede también a varias Sonatas de Beethoven (la “Waldstein”, la “Appassionata”, la “Hammerklavier”...) y a sus Variaciones Diabelli. ¿Ocurre esto igualmente con las temibles Variaciones sobre un tema de Paganini? No exactamente, pues, sin dejar de ser una obra ante todo musical, Brahms mismo la denominó “estudios para piano” y en ella se plantea cómo resolver diversos problemas técnicos de ejecución. Y, en efecto, puede adscribirse a la ilustre lista de composiciones de gran enjundia musical (de Chopin, Liszt, Scriabin, Rachmaninov, Bartók...) que sirven además como estudios, no para perfeccionar la técnica pianística al modo de los ejercicios para estudiantes, sino para obtener y demostrar un dominio absoluto del teclado. Por otro lado, estas Variaciones no deben ser entendidas como los estudios de Chopin o Liszt, que pueden tocarse aisladamente: cada uno de los dos cuadernos de que consta constituyen un todo continuo y unitario.
La obra fue compuesta en 1862 y 1863, cuando Brahms ya había alumbrado sus tres Sonatas, las 4 Baladas op. 10 y todas sus series pianísticas de variaciones: sobre Schumann, op. 9; sobre un tema original, op. 21/1; sobre una canción húngara, op. 21/2, y sobre Haendel, op. 24. Esta última suele estar considerada la cima brahmsiana del género. Es curioso constatar que en los 16 años siguientes a las Paganini Brahms no escribió nada para piano solo.
El tema de estas Variaciones, op. 35, como es bien sabido, procede del tema del Capricho No. 24 y último de Nicolò Paganini, que es en sí mismo una pequeña colección de variaciones. Este Capricho es la pieza que mayor número de variaciones ha generado en la historia de la música: además de la transcripción libre de Franz Liszt, las series de variaciones de Brahms, Sergei Rachmaninov, Karol Szymanowski, Luigi Dallapiccola, Witold Lutoslawski, Boris Blacher, Nathan Milstein o Andrew Lloyd Webber.
Cada uno de los dos cuadernos de la Op. 35 de Brahms consta de catorce variaciones; el tema se interpreta no sólo al principio del primero, sino también del segundo. Cuando se tocan ambos seguidos, el tema al comienzo del segundo cuaderno suele omitirse. La base de la obra no es tanto la melodía del Capricho como su esquema armónico; Brahms se quejaba en una carta, en 1876, de que la variación había dejado últimamente de sustentarse en la armonía para convertirse en una “variación-fantasía”; pero él mismo recurre en esta obra más o menos a este tipo en la variación XIV de cada uno de los cuadernos, y si acaso también en la VI del segundo. El origen violinístico del tema se detecta en algunas de las variaciones, como en la III del primer cuaderno y en la VIII del segundo. Cada una de las 28 variaciones explora una dificultad técnica particular: octavas, sextas, ritmos superpuestos... Pero también hay piezas en que el virtuosismo no es aparente, sino que prima ellas la delicadeza y la expresividad (cuaderno I: V, XI y XII; cuaderno II: II, XII o XIII).
Carl
Tausig (1841-1871), quizá el discípulo más dotado de Liszt, fue buen amigo de
Brahms y sirvió de estímulo al compositor hamburgués para la concepción de su Op.
35. Al parecer, Tausig tocaba con notable holgura esta dificilísima obra,
lo que da idea de su excepcional dominio del teclado. En su tiempo se las llamó
con frecuencia –quizá por ocurrencia de Clara Schumann– Hexenvariationen
(“Variaciones de brujas”), lo que da idea de que a esta partitura se la veía
con ojos muy distintos que a las Variaciones Schumann o Haendel:
se les atribuía un carácter romántico y de algún modo fantástico, frente al
mucho más clásico de esas dos últimas series. No les faltaba parte de razón.
DISCOGRAFÍA
28
Variaciones sobre un tema de Paganini, op. 35
1930 Urania Wilhelm Backhaus 16’23 6/5
1937 Naxos Egon Petri 17’58 7/6
1949 EMI Michelangeli 16’47 8/5
1954 Testament Geza
Anda 21’55 8/6
1954 Sony? Charles Rosen 11’10+10’10 6/5
1957 DG? Andor Foldes 21’34 5/5
1965 Decca Julius Katchen 11’26+08’54 7/7
1969 Sony Gray Graffman 21’47 7/7,5
1975 Philips Claudio Arrau 13’58+11’24 9/8
1990 Naxos Idil Biret 13’33+11’05 8,5/8
1990 Erato François-René Duchâble 12’44+10’42 6/7,5
1994 Philips Sviatoslav Richter 13’17+10’30 9,5/8
1994 RCA Gerhard Oppitz 13’17+10’38 8,5/9
1998 RCA Evgeny Kissin 13’12+10’25 10/9,5
2006 Virgin Nicholas Angelich 13’56+11’38 8/9
2007 HMundi Olga
Kern 14’06+11’58 8,5/8,5
2014 Ondine Tzimon Barto 14’05+12’20 8/8,5
2015 Chandos Barry
Douglas 12’54+10’28 8/8,5
2019 Alpha Nelson Goerner 12’03+10’08 7/9