sábado, 14 de octubre de 2023

Las "Variaciones sobre un tema de Paganini" de Brahms

 

               Gran música y virtuosismo trascendental

 

No suele asociarse el nombre de Brahms al virtuosismo pianístico, como sí ocurre con Liszt, Rachmaninov, Ravel o Prokofiev. Sin embargo, es de dominio público que algunas de sus composiciones pianísticas más importantes –como los dos Conciertos o las Variaciones y fuga sobre un tema de Haendel– son de una dificultad técnica tremenda. Pero son obras que no buscan la exhibición, sino que por encima de todo están guiadas por criterios musicales; el caso es que, a la postre, resultan ser terriblemente difíciles: es lo que les sucede también a varias Sonatas de Beethoven (la “Waldstein”, la “Appassionata”, la “Hammerklavier”...) y a sus Variaciones Diabelli. ¿Ocurre esto igualmente con las temibles Variaciones sobre un tema de Paganini? No exactamente, pues, sin dejar de ser una obra ante todo musical, Brahms mismo la denominó “estudios para piano” y en ella se plantea cómo resolver diversos problemas técnicos de ejecución. Y, en efecto, puede adscribirse a la ilustre lista de composiciones de gran enjundia musical (de Chopin, Liszt, Scriabin, Rachmaninov, Bartók...) que sirven además como estudios, no para perfeccionar la técnica pianística al modo de los ejercicios para estudiantes, sino para obtener y demostrar un dominio absoluto del teclado. Por otro lado, estas Variaciones no deben ser entendidas como los estudios de Chopin o Liszt, que pueden tocarse aisladamente: cada uno de los dos cuadernos de que consta constituyen un todo continuo y unitario.

La obra fue compuesta en 1862 y 1863, cuando Brahms ya había alumbrado sus tres Sonatas, las 4 Baladas op. 10 y todas sus series pianísticas de variaciones: sobre Schumann, op. 9; sobre un tema original, op. 21/1; sobre una canción húngara, op. 21/2, y sobre Haendel, op. 24. Esta última suele estar considerada la cima brahmsiana del género. Es curioso constatar que en los 16 años siguientes a las Paganini Brahms no escribió nada para piano solo.

El tema de estas Variaciones, op. 35, como es bien sabido, procede del tema del Capricho No. 24 y último de Nicolò Paganini, que es en sí mismo una pequeña colección de variaciones. Este Capricho es la pieza que mayor número de variaciones ha generado en la historia de la música: además de la transcripción libre de Franz Liszt, las series de variaciones de Brahms, Sergei Rachmaninov, Karol Szymanowski, Luigi Dallapiccola, Witold Lutoslawski, Boris Blacher, Nathan Milstein o Andrew Lloyd Webber.

Cada uno de los dos cuadernos de la Op. 35 de Brahms consta de catorce variaciones; el tema se interpreta no sólo al principio del primero, sino también del segundo. Cuando se tocan ambos seguidos, el tema al comienzo del segundo cuaderno suele omitirse. La base de la obra no es tanto la melodía del Capricho como su esquema armónico; Brahms se quejaba en una carta, en 1876, de que la variación había dejado últimamente de sustentarse en la armonía para convertirse en una “variación-fantasía”; pero él mismo recurre en esta obra más o menos a este tipo en la variación XIV de cada uno de los cuadernos, y si acaso también en la VI del segundo. El origen violinístico del tema se detecta en algunas de las variaciones, como en la III del primer cuaderno y en la VIII del segundo. Cada una de las 28 variaciones explora una dificultad técnica particular: octavas, sextas, ritmos superpuestos... Pero también hay piezas en que el virtuosismo no es aparente, sino que prima ellas la delicadeza y la expresividad (cuaderno I: V, XI y XII; cuaderno II: II, XII o XIII).

Carl Tausig (1841-1871), quizá el discípulo más dotado de Liszt, fue buen amigo de Brahms y sirvió de estímulo al compositor hamburgués para la concepción de su Op. 35. Al parecer, Tausig tocaba con notable holgura esta dificilísima obra, lo que da idea de su excepcional dominio del teclado. En su tiempo se las llamó con frecuencia –quizá por ocurrencia de Clara Schumann– Hexenvariationen (“Variaciones de brujas”), lo que da idea de que a esta partitura se la veía con ojos muy distintos que a las Variaciones Schumann o Haendel: se les atribuía un carácter romántico y de algún modo fantástico, frente al mucho más clásico de esas dos últimas series. No les faltaba parte de razón.

 

DISCOGRAFÍA

28 Variaciones sobre un tema de Paganini, op. 35

1930 Urania            Wilhelm Backhaus           16’23           6/5

1937 Naxos            Egon Petri                         17’58           7/6

1949 EMI               Michelangeli                     16’47           8/5

1954 Testament       Geza Anda                        21’55           8/6

1954 Sony?            Charles Rosen                  11’10+10’10   6/5

1957 DG?               Andor Foldes                   21’34             5/5

1965 Decca            Julius Katchen                  11’26+08’54   7/7

1969 Sony              Gray Graffman                 21’47             7/7,5

1975 Philips           Claudio Arrau                   13’58+11’24   9/8

1990 Naxos            Idil Biret                          13’33+11’05   8,5/8

1990 Erato              François-René Duchâble  12’44+10’42   6/7,5

1994 Philips           Sviatoslav Richter             13’17+10’30   9,5/8

1994 RCA              Gerhard Oppitz                 13’17+10’38   8,5/9

1998 RCA              Evgeny Kissin                  13’12+10’25   10/9,5

2006 Virgin            Nicholas Angelich            13’56+11’38   8/9

2007 HMundi         Olga Kern                        14’06+11’58   8,5/8,5

2014 Ondine           Tzimon Barto                   14’05+12’20   8/8,5

2015 Chandos        Barry Douglas                  12’54+10’28   8/8,5

2019 Alpha             Nelson Goerner                12’03+10’08   7/9

miércoles, 11 de octubre de 2023

"Dido y Eneas" de Henry Purcell (y II)

 

ARGUMENTO

ACTO I. Cuadro I. (La obertura, que posee una sección lenta y solemne y un allegretto con entradas imitativas -no una fuga- puede recordar a algunas de Lully). En el palacio real de Cartago. Belinda trata de calmar a su hermana, Dido, que se halla inquieta. Belinda imagina que se ha enamorado de Eneas, un extranjero, hijo del valeroso Anquises y de la bella diosa Venus. Belinda le dice que Eneas también la corresponde y el coro anima a Dido a que lo despose. Llega Eneas y declara su amor a Dido. El acto termina con una danza que describe el triunfo del dios Amor.

ACTO II. Cuadro I. En la Caverna de las brujas. (La introducción orquestal presagia a Haendel). Una maga revela a las dos brujas su intención de destruir, envidiosa de su felicidad, a Eneas y a Dido y de arruinar así a la ciudad de Cartago. Enviará a Eneas a un falso Mercurio con un supuesto mensaje de Júpiter, pidiéndole que abandone a Dido y Cartago para proseguir su labor de conquista. El acto se cierra con la Danza de las furias, en eco como el coro precedente.

Cuadro II. Bosque próximo a Cartago. Eneas, Dido y Belinda se hallan cazando y les sorprende una tormenta, provocada por la maga, que obliga a la reina a regresar a palacio. Belinda pide a todos que también retornen; cuando Eneas se dispone a hacerlo, se le acerca un elfo disfrazado de Mercurio, que le insta a proseguir su labor conquistadora hacia la península itálica: ha de partir esa misma noche. Eneas se queja amargamente, pero acepta el mandato de los dioses (“Obedezco vuestra voluntad, pero más fácil me sería morir”).

ACTO III. Junto a la orilla del mar. Los marineros se preparan contentos para volver a navegar. Tras la danza de los marineros, la maga y las brujas se alegran de la inminente desgracia de Dido y predicen que una tempestad hundirá la flota de Eneas (Risa musicalmente bien descrita, lo mismo que en la respuesta del coro). Dido confía a Belinda su terrible amargura ante la partida de su amado; no está muy segura de la sinceridad de que para Eneas sea un gran sacrificio partir. Éste duda si obedecer a Amor o a Júpiter. Pero finalmente opta por cumplir su duro deber, impulsado además por la destrozada Dido. Pero nada más instarlo a irse, Dido se da plena cuenta de que a ella sólo le espera la muerte. Busca consuelo en Belinda por su desgracia y muere (no se dice con claridad, pero se entiende que se ha dado muerte. Es ya una “muerte de o por amor”, casi dos siglos antes de la sublime “muerte de amor de Isolda” del Tristán e Isolda wagneriano). El compungido coro comenta: “Venid, Cupidos, con las alas abatidas, a esparcir rosas sobre su tumba”. Este coro que cierra la obra tiene claros ecos de Corelli.

 

De las más de 50 óperas sobre este asunto, se recuerdan sobre todo Didone de Francesco Cavalli (de 1641, el mismo año de Il ritorno di Ulisse de Monteverdi) y Les Troyens (1863, 1890) de Hector Berlioz.

El libreto de Pietro Metastasio que trata este asunto fue puesto en música no menos de 36 veces, entre otros por Niccolo Jommelli en 1747 (Didone abbandonata). Y de 1783 es la Didon (en francés) de Nicola Piccinni.

 

 

DISCOGRAFÍA

 

Dido/Eneas/Belinda/Maga/Otra mujer/Primera bruja/Segunda bruja/

Espíritu/Marinero

 

1952 EMI

Kirsten Flagstad/Thomas Hemsley/Elisabeth Schwarzkopf/Eilidh McNab/

Elisabeth Schwarzkopf/Sheila Rex/Anna Pollak/Elisabeth Schwarzkopf/David Lloyd

Mermaid Singers/Orquesta/Geraint Jones                          58’42  7/5

 

1962 Decca

Janet Baker/Raimund Herincx/Patricia Clark/Monica Sinclair/Elieen Poulter/

Rhianon James/Catherine Wilson/Dorothy Dorow/John Mitchinson

St. Anthony Singers/English Chamber Orchestra/Anthony Lewis 52’37  8/7

 

1966 EMI

Victoria de los Ángeles/Peter Glossop/Heather Harper/Patricia Johnson/

Elizabeth Robson/Clare Walmesley/Sybil Michelow/Sybil Michelow/Robert Tear

Ambrosian Singers/English Chamber Orchestra/Sir John Barbirolli        58’33            8,5/7,5

 

1968 Archiv/DG

Tatiana Troyanos/Barry McDaniel/Sheila Armstrong/Patricia Johnson/

Margaret Baker/Paul Esswood

Coro Monteverdi Hamburgo/Orquesta de Cmara de la NDR Hamburgo/

Sir Charles Mackerras                                                       62’38  7,5/7,5

 

1970 Philips

Josephine Veasey/John Shirley-Quirk/Helen Donath/Elizabeth Bainbridge/

Delia Wallis/Delia Wallis/Gillian Knight/Thomas Allen/Frank Patterson

Coro John Alldis/Academy of St. Martin in the Fields/Sir Colin Davis 57’59      8/8

 

1978 Erato

Tatiana Troyanos/Richard Stilwell/Felicity Palmer/Patricia Kern/

Alfreda Hodgson/Linn Maxwell/Alfreda Hodgson/Philip Langridge

Choir & English Chamber Orchestra/Raymond Leppard              56’17  9/8,5

 

1984 Teldec

Ann Murray/Anton Scharinger/Rachel Yakar/Trudeliese Schmidt/Paul Esswood

Coro Arnold Schoenberg/Concentus Musicus Viena/

Nikolaus Harnoncourt                                                                   53’33  8/8

 

1986 Philips

Jessye Norman/Thomas Allen/Marie McLaughlin/Patricia Kern/Elizabeth Gale/

Helen Walker/Della Jones/Derek Ragin/Patrick Power

Choir & English Chamber Orchestra/Raymond Leppard              58’10  8/9

 

1987 Erato

Teresa Berganza/Per-Arne Wahlgren/Danielle Borst/Alexandra Papadjkiakou              

Coro del Teatro Municipal de lausana/Ensemble Instrumental Lausana/

Michel Corboz                                                                     55’16  7,5/8

 

1989 Archiv

Anne Sofie von Otter/Stephen Varcoe/Lynne Dawson/Nigel Rogers/Sarah Leonard/

Carol Hall/Elizabeth Priday/Kym Amps/Nigel Rogers

Choir & English Concert/Trevor Pinnock                          53’30  7/8,5

 

1993 Decca

Catherine Bott/John Mark Ainsley/Emma Kirkby/David Thomas/Julianne Baird/

Elizabeth Priday/Sara Stowe/Michael Chance/Daniel Lochmann

Choir & Academy of Ancient Music/Christopher Hogwood        50’24  6/7

 

2003 Erato

Susan Graham/Ian Bostridge/Camilla Tilling/Felicity Palmer/Cecile de Boever/

¿?/David Daniels/Paul Agnew

European Voices/Le Concert d’Astrée/Emmanuelle Haïm           52’52  6/8

 

2006 Harmonia Mundi

Lynne Dawson/Gerald Finley/Rosemary Joshua/Susan Bickley    59’17  8/8,5

Clare College Chapel Choir/Orchestra of the Age of Enlightenment/René Jacobs

 

*2006 FraMusica

Malena Ernman/Christopher Maltman/Judith van Wanroij/Hilary Summers/

Lina Markeby/Céline Ricci/Ana Quintans/Marc Mauillon/Damian Whiteley

Coro & Orquesta Les Arts Florissants/William Christie/*Deborah Warner         7/8

 

*2009 OpusArte

Sarah Connolly/Lucas Meachem/Lucy Crowe/Sara Fulgoni/Anita Watson/
Eri Nakamura/Pumeza Matshikiza/Iestyn Davies/Ji-Min Park

Ballet & Coro de la Royal Opera House, Covent Garden/Orchestra of the

Age of Enlightenment/Christopher Hogwood/*Wayne McGregor                       7/9

 

2017 Alpha

Simone Kermes/Dimitris Tiliakos/Deborah York

New Siberian Singers/Musica Aeterna/Teodor Currentzis            63’23  5/8

 

lunes, 9 de octubre de 2023

Cuatro cosillas, y no solo de Radio Clásica

 

Buena música, y música excelsa

El otro día escuché en Radio Clásica decir que la música de Nino Rota para la película de Fellini Otto e mezzo es “absolutamente maravillosa”. ¿Qué calificativos usaría la comentarista para referirse a La Pasión según San Mateo de Bach, a la Missa Solemnis de Beethoven o a Tristán e Isolda?…

Otra conductora de un programa, tras emitir una obra de calidad musical rigurosamente ínfima, afirmó al final algo así como “hemos disfrutado de lo lindo escuchando esta joya”… Me quedé pasmado. Ni siquiera había necesidad de adjetivar esa pieza: ¿acaso se suele hacer después de emitir el Cuarteto “La muerte y la doncella” de Schubert o la Cuarta Sinfonía de Brahms?


Música e interpretación

Otra comentarista más, esta muy aguda e penetrante, dijo hace poco muchas cosas interesantes sobre las músicas que programó. Pero ¡ay!, las interpretaciones que escogió casi desmentían las maravillas que con razón atribuía a esas músicas: el movimiento inicial de la Sonata “Claro de luna” de Beethoven por Maurizio Pollini vale bien poco: lejos de transcurrir en piano, se desarrolló con un tempo totalmente rígido, sin la menor inflexión, resultando carente de misterio y poesía. Luego siguió el primer movimiento de la Sonata para violín y piano “Primavera” por Gidon Kremer y Martha Argerich, muy alejados en mi opinión del espíritu y la serena poesía de esta bellísima música, un punto schubertiana (avant la lettre). Esta sapiencia sobre la música y a la vez ignorancia sobre sus interpretaciones no es precisamente rara entre nuestros críticos musicales.   


Escuchar mejor

He sustituido las anteriores pantallas de mi equipo de música por otras más voluminosas y potentes (llamémosle “columnas”, pues miden 92 cm de altura), pues lo aconsejaba el hecho de que ahora dispongo de una sala de escucha de mayores dimensiones. Lo cierto es que estoy muy contento con el cambio. Aprovecho para recomendar las columnas de la serie Pulsar que fabrica Studio 22. Tanto de las anteriores (X 6) como de las nuevas (Premium M 18) puedo afirmar que su relación calidad/precio es extremadamente favorable, comparadas con las de otras conocidas marcas, normalmente extranjeras. Ahora el sonido, escuchado sobre todo a cierto volumen, que es cuando mejor se aprecia, es más denso y profundo (con ganancia de graves). Y tengo también la percepción de que es también algo más nítido, más transparente: consecuencia probablemente de lo anterior.

sábado, 7 de octubre de 2023

"Dido y Eneas" de Henry Purcell (I)

 

Su obra cumbre

Henry Purcell, el más grande compositor nacido en Inglaterra, vivió entre 1659 y 1695: sólo 36 años. De 1689, cuando contaba 30 años, es su única ópera propiamente dicha, Dido and Aeneas. Además de ella, compuso cuatro semióperas (The Prophetess or Dioclesian, de 1690, King Arthur, de 1691, The Fairy Queen, de 1692 y The Indian Queen, de 1695) y música para unas 50 obras teatrales.

Dido and Aeneas no es sólo la obra cumbre de toda la producción purcelliana –título al que sólo se acercan The Fairy Queen, la Música para el funeral de la reina Mary, de 1695, y, si acaso, la Oda para el cumpleaños de la reina Mary “Come ye sons of art away”, de 1694–, sino que además es la ópera más representada hoy en el mundo de toda la segunda mitad del XVII (la primera mitad está representada por las tres óperas que se conservan de Monteverdi).

Recordemos: Orfeo es de 1607, Il ritorno di Ulisse in patria de 1641 y L’incoronazione di Poppea de 1642. Otras óperas notables del siglo XVII son: Ercole amante de Francesco Cavalli de 1662, Armide de Lully de 1686, y Médée de M. A. Charpentier de 1693. Dido y Eneas es la más breve de todas ellas: no pasa de una hora.

En la Inglaterra del XVII se cultivó, más que la ópera, la mask o masque (que deriva del trionfo y la mascherata italianas y del ballet de cour francés). El Diccionario Harvard lo define como “forma de entretenimiento que incluye vestuario, decorados, danzas, música y poesía, que floreció en Inglaterra en las épocas Tudor y Estuardo”.

 

Situación histórica y breve biografía

Tras décadas convulsas de guerras civiles y del gobierno republicano de Oliver Cromwell, al año siguiente del nacimiento de Purcell, en 1660, tuvo lugar la restauración monárquica, con la vuelta al trono de Carlos II. Se superaron los graves enfrentamientos entre la iglesia y la monarquía que tuvieron su punto culminante de ruptura en 1534, cuando Enrique VIII se erigió en cabeza de la Iglesia de Inglaterra.

María I, casada con Felipe II en 1554, restauró a sangre y fuego el orden anterior. La situación duró poco: su hermanastra Isabel comenzó a reinar cuatro años después. La música sacra fue prácticamente prohibida e Inglaterra se descolgó de los países europeos continentales. Carlos, muy aficionado a la música, restituyó la Capilla Real abolida por Cromwell.

Allí se formó musicalmente el niño Purcell, con Henry Cooke y Pelham Humfrey -que había estudiado en París con Lully- y con John Blow. En 1673, a los 14 años, ya había publicado sus primeras piezas vocales (canciones y anthems o himnos). Ese mismo año es nombrado ayudante de John Hingeston, encargado de velar por la colección de instrumentos musicales del rey (“regales, órganos, virginales, flautas traveseras y dulces y todo tipo de instrumentos de viento”). Le sucede diez años después.

Desde 1677 es el principal suministrador de música para los “Four and twenty fiddlers”, la orquesta real formada como réplica a la de Luis XIV. Dos años más tarde, en 1679, sucede a John Blow como organista de la Abadía de Westminster y en 1682 es nombrado organista de la Capilla Real (cargo que comparte con Blow y William Child).

Sirvió en estos puestos durante los reinados de Jaime II, Guillermo II y Ana, y fue enterrado en la Abadía de Westminster, bajo el órgano. La inscripción reza: “Aquí yace Henry Purcell, que dejó esta vida y partió al único y bendito lugar en el que su armonía puede ser superada. Murió el 21 de noviembre del año 37º de su edad. Año del Señor de 1695”. Ya en 1726 Roger North lo llamó “el mayor genio musical que jamás tuvo Inglaterra”.

Su particular contribución consiste en asimilar la tradición coral inglesa con benéficas influencias del continente. Tras su muerte, la música inglesa volvió a entrar en un período oscuro que duraría nada menos que hasta la llegada de Edward Elgar, a finales del siglo XIX.

 

Dido and Aeneas

Representada en vida de Purcell sólo en octubre o diciembre de 1689, no volvió a subir a escena en vida de su autor; sólo volvería a hacerse en 1704 en condiciones precarias, y por fin debidamente en Londres el 10 de julio de 1878, casi dos siglos después. La primera edición de la partitura es de 1777, pero apareció recortada.

Fue escrita, como otras masques, para las chicas del Internado de Josias Priest, en Chelsea, Londres. Fue interpretada por ellas, que no eran más que aficionadas, y por hombres para el papel de Eneas y para las partes masculinas del coro (procedentes éstos de la escuela de Louis Madwell). Incluso el papel de marinero fue cantado por una joven. En una masque la mayor parte de los papeles pequeños serían hablados, no cantados como en Dido y Eneas.

Además, en vista de que el director de la institución era un maestro de baile, Purcell escribió para Dido y Eneas varias danzas. Pero suprimió otras que el libretista, Naum Tate, quería destinadas a las estaciones, ninfas, nereidas o tritones, manteniendo las de mayor justificación dramática. También añade a la maga pensada por Tate dos brujas más, estableciendo un trío diabólico.

Algunos investigadores piensan que pudo haberse estrenado cuatro o cinco años antes en la propia corte, porque en la versión impresa del texto aparecen varios personajes masculinos (coro incluido) y porque parece exigir cantantes-intérpretes de alto nivel profesional. Pero esto no ha podido ser demostrado.

En efecto, la sencillez que muestra la hace más propia de 1685 que de 1689, cuando la música de Purcell solía presentar mayor complejidad de escritura. Pero si fue escrita para chicas no profesionales es ésa la explicación, y además no se puede comparar con otras óperas purcellianas de los mismos años, puesto que no hay más óperas propiamente dichas.

Naum Tate se aprovechó para redactar el texto de una obra teatral suya anterior, adaptándola a las circunstancias. Remotamente inspirada en el libro IV de La Eneida de Virgilio, Tate cambia no pocas cosas en su trama.

Al parecer, Dido and Aeneas tenía un prólogo –cuya música se ha perdido- que convertía a los reyes ingleses Guillermo y María en Febo y Venus, nada menos. Un poema del mismo Naum Tate (de hacia 1686) se refería a Jaime II como Eneas, quien, engañado por la maga (la Iglesia Católica Romana), abandona a Dido (el pueblo inglés).

La orquesta se reduce a cuerdas y continuo, sin instrumentos de viento o percusión. Pero la sencilla y sin embargo eficaz y excelente orquestación consigue que no se los eche de menos.

 

Antecedentes

En Inglaterra había prácticamente sólo uno, la ópera igualmente breve Venus and Adonis de John Blow, estrenada hacia 1682 o 1683, o sea sólo siete años antes. También fue denominada masque (en concreto “A masque for the entertainment of the King”), aunque en realidad suele ser considerada hoy ópera. Purcell se inspiró en ella, adoptando la estructura en partes cantadas a solo, coros y danzas, pero la superó de lejos. La ópera de Blow, además, carece de arias. Mientras que Dido sí que posee tres, que se desenvuelven sobre un basso ostinato, técnica en la que Purcell era un verdadero maestro.

No se sabe qué óperas italianas conocía Purcell, pero la influencia de este género es innegable, reconocido por el propio compositor. Ahora bien, por aquellos años la ópera italiana había degenerado por la presión de los empresarios teatrales que sólo buscaban rentabilidad. Así que, como escribe Raymond Leppard, “Dido y Eneas es la última de las grandes óperas venecianas del siglo XVII”. La concisión y fuerza expresiva son dos de sus cualidades más sobresalientes, que la hacen verdaderamente grande.

La música no está libre de defectos, por no respetar los tiempos teatrales: para la aparición de algún personaje en ciertos momentos no se da tiempo suficiente con frases musicales que sirvan de puente, por ejemplo, pero también el personaje de Eneas carece de la debida definición psicológica, que es notable en Belinda y excepcional en Dido.

La ópera carece de pretensiones de lucimiento virtuosístico para los cantantes. Sólo Dido tiene oportunidades de lucir su talento dramático y su capacidad expresiva, y, en menor medida, Belinda. Lo que reafirma que la ópera fue escrita para cantantes no profesionales, no para divos, como debería de haber ocurrido si se hubiese estrenado en la corte, y no en el internado de jovencitas.

Con respecto a Monteverdi, en Dido y Eneas hay más melodía, y melodías más próximas a las del Barroco posterior, cuya expresividad resulta hoy más familiar para los operófilos no muy conocedores de la ópera del XVII.

La función del coro es comentar la acción, siguiendo el ejemplo de la tragedia griega. Los coros de Dido son homofónicos y a veces en aire de danza. Pueden recordar a algunos de Lully. El que abre el acto III es, en cambio, muy inglés. En cuanto al personaje de la maga, a veces es interpretada por un barítono, siguiendo una costumbre propia de los años en que fue compuesta.

Tras Purcell, la ópera en Inglaterra pasó a manos de compositores italianos (Giovanni Bononcini) o que componían óperas en italiano (su rival Georg Friedrich Haendel). Durante todo el XVIII y el XIX la ópera fue vista en Inglaterra como un género extranjero, sobre todo italiano: hasta Wagner fue traducido al italiano para su introducción en Inglaterra. La siguiente gran ópera inglesa no llegaría hasta más de dos siglos y medio después, en 1945: Peter Grimes de Benjamin Britten.

miércoles, 4 de octubre de 2023

Los "otros" compositores (XXIV): de Hummel a Jolivet

 

JOHANN NEPOMUK HUMMEL (1778-1837)

Compositor austríaco que fue uno de los mayores virtuosos del piano en su tiempo. Fue discípulo de Mozart, de Salieri y de Haydn. Sus composiciones, que no se limitaron a su instrumento, fueron básicamente clásicas, pero en sus últimos años se acercaron un tanto al Romanticismo.

Concierto para fagot (h. 1805)

Klaus Thunemann/Academy of St Martin in the Fields/Sir Neville Marriner (Philips/Decca 1990. 23’)

Concierto para trompeta (1803)

Wynton Marsalis/Orquesta National Philharmonic/Raymond Leppard (Sony 1985. 18’)

Quinteto para piano y cuerdas (1802). Septeto con piano (h. 1916)

Lamar Crowson, piano/Conjunto Melos de Londres (Decca 1966. 60’)

 

ENGELBERT HUMPERDINCK (1854-1921)

Este compositor y profesor alemán fue asistente de Wagner en Bayreuth y, como curiosidad, enseñó en el Conservatorio de Barcelona. Su ópera “infantil”, basada en un cuento de los hermanos Grimm, Hänsel y Gretel, ¡de resonancias wagnerianas!, sigue representándose por doquier, incluso traducida a las lenguas locales. 

Hänsel und Gretel (1893)

Anne Sofie von Otter/Barbara Bonney/Andreas Schmidt/Hanna Schwarz/Marjana Lipovsek/Barbara Hendricks/Eva Lind/Coro de Niños de Tölz/Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara/Jeffrey Tate (EMI/Warner 1990. 103’)

Hänsel und Gretel en imágenes

Angelika Kirchschlager/Diana Damrau/Thomas Allen/Elizabeth Connell/Anja Silja/Pumeza Matshikiza/Anita Watson/Coro de Niños Tiffin/Orquesta de la Royal Opera House, Covent Garden/Sir Colin Davis/Moshe Leiser, Patrice Caurier (Blu-ray OpusArte 2009)

 

JACQUES IBERT (1890-1962)

Este inclasificable maestro francés fue realmente un ecléctico de muy competente formación: “todos los sistemas son buenos, con tal de que en ellos haya música”, afirmó. Su poema sinfónico en tres partes Escalas (“Roma-Palermo”, “Túnez-Nefta”, “Valencia”) y, quizá más aún, su Concierto para flauta, son composiciones de notable precisión y sutileza.

Concierto para flauta (1934). Escalas (1922). París (1930). Bacanal (1956). Bostoniana (1961). Louisville Concert (1953). Homenaje a Mozart (1956)

Timothy Hutchins/Orquesta Sinfónica de Montreal/Charles Dutoit (Decca 1994. 79’)

 

VINCENT D’INDY (1851-1931)

Representante de la ortodoxia “cíclica” de su adorado maestro César Franck, pero sin la genialidad de este, la imagen que queda del director de la Schola Cantorum parisiense, en la que estudiaron muchos músicos brillantes, es la de un excesivo formalismo. Pero probablemente es injusto el considerable olvido en que se le ha sumido.

Sinfonía sobre un canto montañés francés, para piano y orquesta (1886). Sinfonía No. 2 (1903)

Aldo Ciccolini/Orquesta de París/Serge Baudo; Orquesta del Capitolio, Toulouse/MichelPlasson (EMI/Warner 1976, 1982. 71’)

 Sinfonía No. 3 “de bello Gallico” (1918). Saugefleurie (1884). Souvenirs (1906)

Orquesta Filarmónica de Estrasburgo/Theodor Guschlbauer (Auvidis Valois 1993. 72’)

Los 2 Cuartetos (1891, 1898)

Cuarteto Kodály (Naxos 1990. 75’)

Trío para piano, clarinete y cello, op. 29 (1887)

Patrick Cohen/Pascal Moraguès/Christophe Coin (Adès 1989. 38’)

 

ANDRÉ JOLIVET (1905-1974)

Tras unos comienzos con una música áspera y provocadora, este compositor parisino se volvió mucho más accesible, si bien finalmente volvió a una escritura de mayor libertad y complejidad. Mostró una especial predilección por la flauta y la trompeta.

Concertino y Concierto* para trompeta (1948, 1954)

Jouko Harjanne/Tapiola Sinfonietta/Juhani Lagerspetz; Orquesta Sinfónica de Radio Finlandia/Jukka-Pekka Saraste* (Warner 1990, 1998. 22’)

Pequeña suite, para flauta, viola y arpa (1941). Fantasía-capricho, para flauta y piano (1953). Sonata para flauta y piano (1958). Sonatina para flauta y clarinete (1961). Alla rustica, para flauta y arpa (1963). Suite en concierto, para flauta y percusión (1965)

Anna Noakes, flauta/Jonathan Barritt, viola/Gillian Tingay, arpa/Leslie Craven, clarinete (ASV 1996. 66’)

 


domingo, 1 de octubre de 2023

Nuevas publicaciones, y una pregunta retórica

 

"Fantasía", nuevo (doble) álbum de Igor Levit: ¡menudos altibajos!

Singular, y muy interesante, como suele ser, el programa propuesto por el pianista Igor Levit en su última publicación. Hagamos un somero recorrido por las piezas y obras que lo componen, por orden. Comienza con una acertada transcripción de Siloti de la famosísima Aria de la Tercera Suite orquestal de Bach. Queda muy bien y está tocada con un acertado legato. La Fantasía cromática y fuga del Cantor de Santo Tomás de Leipzig también me ha gustado bastante.

El gran pinchazo viene, en mi opinión, con la Sonata en Si menor de Liszt: versión bruta, machacona, casi sin legato, de transiciones a veces mal resueltas y hasta con momentos al borde de lo chabacano. ¡Al lado de otras frases muy logradas! En conjunto, muy por debajo de las grandes. El lied Der Doppelgänger de Schubert, perteneciente al Canto de cisne, es uno de los más sobrecogedores y hasta aterradores de la historia. La transcripción de Liszt desmerece bastante del original (aprovecho para decir que la interpretación de Fischer-Dieskau con Gerald Moore -la de EMI de 1963- ningún buen melómano debería perdérsela; escucharla es  una experiencia de la que uno no puede olvidarse).

No tengo opinión sobre la brevísima Klavierstück en Si menor (1’00”) de Alban Berg, pero sí sobre su interpretación, espléndida, muy ardorosa, de su magnífica Sonata. En todo caso creo que lo más logrado del álbum es su admirable, magistral lectura de la inmensa (en valía y tamaño: 34’07”) Fantasía contrapuntística de Ferruccio Busoni, que quizá se alza hasta lo más alto de la discografía. El cierre lo pone la Nuit de Noël, BV 251, del propio Busoni: otra delicia. La toma de sonido, nítida pero un poco descarnada, no me termina de convencer.

 

“El gran Puccini”: recital del tenor Jonathan Tetelman

Mucho me ha gustado el joven tenor estadounidense de origen chileno Jonathan Tetelman en el recital Puccini que acaba de lanzar Deutsche Grammophon. Es, cómo no, lírico (¡a ver si aparece de una vez, como ansía mi amigo Ignacio Fernández Bargues, y yo no menos, un tenor verdiano como dios manda!). En este su segundo recital (el anterior lo comenté aquí el 1 de septiembre de 2022) da un repaso a la mayor parte de las arias (y alguna escena) más representativas de Puccini, con la llamativa excepción de “Addio, fiorito asil”, de Madama Butterfly. Las arias y escenas de esa ópera, de La bohème, La Rondine o Manon Lescaut son, creo, lo que mejor le va a su voz. Pero logra defenderse más que bien con las de Tosca, Le Villi y La fanciulla del West y con “Nessun dorma” de Turandot, aunque no tanto, extrañamente, con “Non piangere, Liù”. Son solo las arias, pero es de esperar que no le tienten todavía estas óperas completas. Más peligroso aún sería para su voz, por ahora, abordar Il tabarro, donde -pese a su arrojo- no está nada cómodo: en la escena “O Luigi!... Dimmi perchè”, junto a la soprano Vida Mikneviciute, no muy convincente aquí; a diferencia de la espléndida Federica Lombardi en La bohème. En general, Tetelman posee no solo un timbre privilegiado (que a veces recuerda a Pavarotti, si bien con bastante menos squillo en el agudo), sino también más que correctos técnica y sentido musical. En las arias no es tan fácil distinguir los caracteres de los diferentes personajes, pero no está nada mal, ni mucho menos, lo que en este aspecto consigue. Estupenda, casi siempre, la batuta de Carlo Rizzi al frente de una muy notable PFK Prague Philharmonia.


Soberbio programa de Barrios Mangoré a cargo del guitarrista Thibaut García

Con el título “El bohemio”, el guitarrista francés Thibaut García (Toulouse, 1994) demuestra poseer un dominio llamativo del difícil instrumento y ser un músico de primer orden. Siempre bajo el sello Erato, este séptimo CD suyo, de 80 minutos, está espléndidamente grabado, como pocas veces lo haya sido este instrumento. Agustín Barrios Mangoré, guitarrista y compositor uruguayo (1885-1944), con sangre guaraní, alcanzó gran notoriedad como concertista en América y Europa y llevó a cabo una extensa aportación al repertorio de su instrumento. Con el precedente de un magistral recital monográfico a cargo del gran John Williams (Sony 1995), el presente disco, más generoso, no desmerece de aquél. A las 22 piezas interpretadas por García se añade como bonus una grabación del propio compositor de su Caazapá.  

 

La Obra para cello y piano de Beethoven por Hoffman y Selig

Aunque no constituya una aportación fundamental a la copiosa discografía de estas composiciones, me alegra confirmar que el no muy conocido Gary Hoffman (n. 1956) es uno de los violonchelistas más distinguidos de nuestro tiempo. A sus 67 años se halla en muy buena forma, aunque su sonido no esté entre los más esplendorosos que conocemos. Pero su musicalidad es siempre irreprochable. La sorpresa en este caso me la ha dado el excelente pianista australiano David Selig, al que no conocía. Su actuación en este álbum doble del sello Dolce Volta no tiene aquí que envidiar a otros concertistas famosos. Y el entendimiento entre ambos cameristas es aquí completo.

 

Interpretaciones lentas ¿aburridas?

Uno de los lectores que me envía mensajes siempre insultantes me ha echado a la cara (¡varias veces, qué pesado!) que la Sinfonía de Franck de Barenboim el pasado 3 de junio de este año en Berlín, con la Orquesta Filarmónica, ha sido un peñazo, que estaba muerta, etc. Ese juicio lapidario se debe, supongo, a su lentitud (47’). La interpretación grabada de referencia para muchos -y para mí- es la de Giulini con la misma Orquesta, que también es lenta (casi 45’). Dos minutos y pico de diferencia no son para llevarse las manos a la cabeza…

Ya sabemos que la lentitud por sí misma no determina cómo es una interpretación: hay una cosa a la que se le suele llamar tensión interna que no se mide con cronómetro, pero que un buen aficionado puede sentirla.

Voy a poner otros ejemplos de interpretaciones magistrales -con amplio consenso- realizadas casi siempre por intérpretes mayores que, a esa edad, suelen ver la música con otros ojos. Primero anoto la duración media aproximada.

Beethoven: Sinfonía 9: 68’. Böhm 1981: 79’

Bruckner: Sinfonía 7: 65’. Celibidache/OFilBerlín 86’

Bruckner: Sinfonía 8: 78’. Celibidache/OFilMúnich 100’

Tchaikovsky: Sinfonía 6: 45’. Bernstein 1987: 58’

Mahler: Sinfonía 7: 75’. Klemperer: 101’

Rachmaninov: Sinfonía 2, 1er. mov. 19’. Sanderling 1989: 26’

Sibelius: Sinfonía 2: 44’. Bernstein/FilViena: 52’

Ravel: Bolero: 14’. Celibidache DVD: 18’

Schubert: Sonata D 960, 1er mov. (con la repetición): 18’. Sviatoslav Richter: 26’

Wagner: Parsifal: 245’ aprox. Knappertsbusch 1951: 271’

 

¿Son también aburridas estas interpretaciones?...

jueves, 28 de septiembre de 2023

La Octava Sinfonía de Shostakovich

 

SHOSTAKOVICH: Sinfonía No. 8

Segunda sinfonía de la llamada «trilogía de la Guerra» (7ª, 8ª y 9ª), mientras la primera de ellas, la n° 7 “Leningrado”, es una afirmación “positiva” y épica que alentó el fervor patriótico en la lucha contra el nazismo, la Octava es una sombría reflexión y una pavorosa vivencia personal sobre los horrores de la guerra. Por ello ha sido, no sin acierto, comparada con las pinturas negras de Goya sobre este tema, e incluso con el Guernica de Picasso.

Fue compuesta en Ivanovo (al noroeste de Moscú) el verano de 1943, durante la terrible batalla de Stalingrado, dos años después de que los nazis atacasen la Unión Soviética y poco más de un año después de que el ejército alemán llegase hasta Stalingrado, circunstancia que movió a Shostakovich a escribir la Séptima hasta el momento en que fue evacuado a Kyuibishev, donde la completó.

El 4 de noviembre del mismo año 1943 fue estrenada en Moscú la Octava Sinfonía bajo la dirección de Yevgeni Mravinsky, a quien había sido dedicada. Pese al desconcierto que causó, obtuvo un considerable éxito. Pero pocos años después, ya abiertamente desde 1948, empezó a ser duramente criticada por la jerarquía soviética, que poco después llegaba a declararla oficialmente “formalista y derrotista”, “contrarrevolucionaria y antisoviética”, “que insiste demasiado en los aspectos sombríos y trágicos de la realidad y muestra un inveterado pesimismo”. Frase esta última absolutamente cierta. Según confesó el compositor a Solomon Volkov (Testimonio, Aguilar 1991): “Dijeron ¿por qué escribió Shostakovich una sinfonía optimista al principio de la guerra y ahora escribe una trágica? Al comienzo de la guerra estábamos en retirada y ahora estamos contraatacando, destruyendo a los fascistas. Y Shostakovich se muestra trágico; eso significa que está del lado de los fascistas” (¡!)

Caer la obra oficialmente en desgracia significaba de hecho la prohibición de ser interpretada en la URSS así como el arrinconamiento de su primera grabación, realizada por Mravinsky en 1947. Para ese momento, la Octava Sinfonía ya había sido interpretada en algunas ocasiones fuera de Rusia: el año 1944 en Nueva York, bajo la dirección de Arthur Rodzinsky, la cadena CBS pagó al Gobierno soviético diez mil dólares por los derechos de la primera transmisión radiofónica; en Boston dirigida por Sergei Kussevitzky; en México por Carlos Chávez y en Londres por Sir Henry Wood. Pero pronto cayó en un casi completo olvido, hasta 1961 en que apareció su segunda grabación discográfica, dirigida por Kyril Kondrashin. Durante bastantes años y pese al aprecio de muchos conocedores, no ha sido tan interpretada ni tan grabada como harían esperar sus merecimientos. Sólo a partir de los años 80 se le está haciendo justicia tanto en las salas de concierto como en los estudios de grabación.

Si el día mismo del estreno suscitó incomprensión hasta en personalidades tan relevantes como Prokofiev (quien manifestó que “le sobraban al menos dos tercios” de su extensión), pocos años después se llegó hasta la condena más furiosa en la Unión Soviética. En “Testimonio”, Shostakovich declaraba a Volkov: “Un musicólogo de Moscú me contó la siguiente historia: estaba él dando una conferencia sobre compositores soviéticos y en el curso de la misma alabó mi Octava Sinfonía. Tras la conferencia, T. N. Khrennikov (uno de los compositores más influyentes del régimen) se acercó a verle, rugiendo de rabia: ‘¿Sabe usted a quién ha estado elogiando? ¿Lo sabe? ¡Tan pronto como nos libremos de los Aliados aplastaremos a Shostakovich con el pulgar!’”

Si en algunas ocasiones Shostakovich siguió los dictados del régimen soviético (la música debía ser optimista, “positiva”, fácil para llegar al pueblo, etc.) y en otras aparentó seguirlos, burlándose con un sarcasmo que en muchos casos ni siquiera barruntaron las autoridades de su país, en la Octava Sinfonía no debió de intentar siquiera seguirlos, ni aparentarlo, sino que se sumergió directamente y de lleno en un pesimismo radical, en una depresión sin el menor asidero de esperanza, yendo hasta más allá de toda emoción, hasta un nihilismo absoluto.

La Octava Sinfonía tiene un número de movimientos, cinco, no muy frecuente en su autor; lo había adoptado, por ejemplo, en el Quinteto para piano y cuerda (1940) y lo volvería a seguir en la Novena Sinfonía (1945) y en los Cuartetos Tercero (1946) y Octavo (1960). Comienza con un extenso Adagio que puede traer a la mente el Moderato inicial de la Quinta Sinfonía o el Largo con que comienza la Sexta, pero el de la Octava es aún más sombrío y desolador. La célula temática de toda la Sinfonía es una nota que se oye en primer y tercer lugar, y entre ambas otra que es siempre un tono o un semitono más alta o más baja. Su primera aparición es, por ejemplo, Do-Si bemol-Do y, más tarde, Do-Re-Do y Si-Do-Si. El moroso desarrollo conduce a una suave y progresiva aceleración del tempo (allegro non troppo y luego allegro) y culmina en un clímax terrorífico que prescribe ffff y que es el comienzo de la recapitulación, con el tempo lento del comienzo y que concluye con una engañosa quietud. Este movimiento, el único que la muerte permitió grabar a Kussevitzky (en 1951) fue descrito por el gran director en estos términos: “El poder de su emoción humana sobrepasa a todo lo compuesto en nuestro tiempo”.

Es de insólita audacia continuar, como hace Shostakovich, con dos scherzi de aire marcial igualmente agresivos y burlescos, incluso similares en el tempo (Allegretto y Allegro non troppo). Más grotesco el primero (se ha afirmado que describe los triunfalistas y ridículos desfiles nazis), más salvaje el segundo, que repite de principio a fin un machacón y mecánico ritmo hasta desembocar en un paroxístico clímax de brutalidad sin precedentes, enlazándose sin pausa con un originalísimo y genial Largo en forma de passacaglia (una estructura empleada en varias ocasiones por el compositor en aquellos años), que parece simbolizar la plena devastación y desolación del campo tras la batalla. De nuevo sin pausa se enlaza mediante una modulación con el movimiento final, un Allegretto que parece va a traer la paz, o al menos el olvido de la tragedia, en los sucesivos episodios a cargo del fagot, los violines, la flauta, los chelos, el oboe, etc. Pero no se trata más que de un engañoso espejismo: poco a poco la calma va encrespándose hasta prorrumpir en un clímax que repite el del primer movimiento, remachado por unos trombones que no dejan lugar a dudas. Clarinete bajo, violín, chelo y fagot retornan, pero nada convence de que la paz se haya alcanzado al fin. Por el contrario, el movimiento y la Sinfonía concluyen en un clima de disolución terminal, sin el menor resquicio de salida. “Desaparecida toda emoción, el horror permanece” (Timothy Day).

La Octava de Shostakovich, seguramente una de la Sinfonías más sinceras de su autor y de las más prominentes del siglo XX, es dudoso que llegue a gozar del favor del público tanto como la Quinta, la Séptima o la Décima; éstas son más efectistas y no sacuden como la Octava la conciencia del oyente hasta casi el dolor físico.

 

Sinfonía 8, en Do menor, op. 65 (1943)

1961 Melodiya   Kondrashin/OFilMoscú                   23’57+5’44+6’04+08’28+12’13    7,5/5

1973 EMI            Previn/OSinfLondres                       25’08+5’51+5’34+11’16+13’23     9/7,5

1976 BerlinClassics  Kurt Sanderling/OSinfBerlín    27’10+6’37+6’46+10’32+15’27     9,5/7,5

1982 Philips        Mravinsky/OFilLeningrado            24’33+6’07+6’17+09’37+15’28    8,5/7

1983 Decca         Haitink/OConcertgebouw               25’55+6’14+5’57+08’49+14’47    9/8,5

1988 Melodiya   Rozhdestvensky/OSMinCultURSS 24’37+6’30+7’49+09’37+13’35    8/4

1989 Chandos     Neeme Järvi/ONacionalEscocia     26’28+6’42+5’54+09’54+14’28    6/8

1989 RCA           Slatkin/OSinfStLouis                      26’35+6’14+5’54+09’43+13’05    7/8,5     

1989 Decca         Solti/OSinfChicago                         25’44+6’30+6’27+09’42+14’31    10/9

1992 Philips        Bychkov/OFilBerlín                        25’03+6’00+6’24+10’24+14’50    6/8

1993 Teldec         Rostropovich/OSinfNacWashington     22’52+6’16+6’58+10’23+14’45    9/8

1994 Denon        Inbal/OSinfViena                              28’05+6’37+6’52+10’00+15’59    8/8,5

1994 Decca         Ashkenazy/ORoyalPhilharmonic   24’58+5’57+6’11+09’35+13’44     7/8,5

1994 DG              Previn/OSinfLondres                       27’47+6’14+6’08+13’17+14’16    9,5/9

2001 EMI            Jansons/OSinfPittsburgh                 24’28+6’27+6’20+10’01+15’09    7,5/8

2005 LSO            Rostropovich/OSinfLondres           26’35+6’45+7’07+12’01+16’14    8/8

2005 Pentatone   Berglund/ONacionalRusa               27’44+6’34+6’48+09’39+15’33    7/8,5

2006 Arts             Oleg Caetani/OSinfVerdiMilán      20’44+5’52+6’01+07’40+13’19    6/8

*2012 C Major   Nelsons/OConcertgebouw               25’20+6’42+7’02+11’12+16’25     9/9

2016 DG              Nelsons/OSinfBoston                      26’44+6’31+6’37+10’33+16’11     9/9

2019 Sony           MichaelSanderling/OFilDresde      28’34+6’27+5’53+10’01+16’37    7,5/8,5

2020 Warner       Tugan Sokhiev/OCapitolioToulouse    28’22+6’19+6’10+10’35+14’57    7,5/8,5