miércoles, 26 de noviembre de 2025

¿De verdad es un "avance" el historicismo informado?


Otras ruedas de molino con las que no comulgo

Abundando en que no me convencieron de que Haydn fuera muy inferior a Mozart o de que Tchaikovsky y Dvorák fuesen compositores “menores” (entrada del 7 de noviembre), hay otro asunto importante del que tampoco me han convencido.

De la autenticidad -el dichoso historicismo (bien) informado- en las interpretaciones de la música barroca y anterior: nunca nadie me ha explicado hasta ahora por qué es obligado tocar esas músicas tal y como (se supone que) sonaban en su tiempo; y que si no se hace (o intenta) así, se está traicionando la esencia de esas músicas. Desde que comencé a escuchar oboes gangosos, flautas y fagotes afónicos, trompas y trompetas torponas… (son los mismos que no aceptan una trompa moderna en un concierto de Telemann, pero sí el piano Steinway en Bach o Scarlatti), me dije que todo eso era un atraso, y no lo contrario.

Los oídos actuales no son, no pueden ser, como los de antaño, pues entre aquellos tiempos y hoy han sido compuestas muchas grandes músicas cuya memoria ni debemos ni podemos ignorar u olvidar: nos han marcado irremisiblemente. Como han expresado algunos ilustres y lúcidos musicólogos e intérpretes, el conocimiento de la obra de Beethoven -por poner un ejemplo- puede y debe influir en el modo de interpretar a Haydn y a Mozart. Es una especie de legítima (y casi inevitable) mirada, influencia retrospectiva. 

¡Hay además tantos ejemplos de grabaciones -a menudo a cargo de los propios compositores- que hoy día han quedado irremisiblemente anticuadas! ¿Esas no son acaso las históricamente mejor informadas? Hoy nadie dirige a Elgar como él lo hacía, ni nadie toca a Rachmaninov como solía hacerlo él. Sería absurdo quedarse en esa forma de hacer, no evolucionar, petrificarla, fosilizarla. Ha habido compositores -Stravinsky no está entre ellos- que han admitido que otros han interpretado su música con más lucidez que los propios autores. Hasta Stravinsky, que criticaba a diestro y siniestro a otros directores por cómo tergiversaban sus obras, varió la forma de verlas en grabaciones suyas con algunos años de diferencia. ¿Cuál es la auténtica, la primera o la segunda? 

Al parecer, Hindemith pidió a una compañía de discos que retirase su propia grabación tras escuchar la de otro director que le había gustado mucho más. ¿Por qué, si no, Bartók le dijo a Yehudi Menuhin cuando le escuchó en el estreno de su Sonata para violín solo que “pensaba que la música no se interpretaría así [con tal lucidez] hasta cincuenta años después de la muerte del autor”? Porque Bartók sabía que, con las obras importantes sobre todo, ocurre que se va formando, forjando con los años una jurisprudencia interpretativa que va enriqueciendo e iluminando el sentido de las composiciones. Otra cosa más: ¿cómo defender hoy que la música se haga como en su día, cuando multitud de obras maestras innovadoras no pudieron siquiera ser estrenadas, por incomprensión, o por considerarlas inejecutables?

El sonido chirriante de los violines en las ejecuciones del Barroco nunca lo soporté (“¡pero si en la primera mitad del XVIII ya habían sido construidos los Stradivarius!”), ni los continuos, extenuantes reguladores dinámicos, la profusión de adornos que distorsionan y hasta encubren la melodía… Esta hiperprofusión de antiguallas me ha retirado bastante de la música barroca tal y como hoy se suele tocar, y lo peor es que la marea negra, la avalancha de barro va adentrándose cada vez más en el Clasicismo, en el Romanticismo… Y la desolación al comprobar que estas grabaciones casi han acabado con -y arrumbado, con críticas feroces- a las anteriores de los años 60 y 70, esas que limpiaron de romanticismo y pesadez a muchas de las anteriores. No hay más escuchar los Concerti grossi de Haendel que grabaron Furtwängler, Klemperer y, sobre todo, Karajan, con las de Leppard, Menuhin, Karl Richter y otros que vinieron no mucho después. ¡Eso sí que fue un avance!

Una gran parte de los críticos y de los programadores de, por ejemplo, Radio Clásica tienen (¡qué papanatismo!) por genuina, auténtica, cualquier ejecución que siga (o diga seguir) los postulados historicistas… da igual que los directores sean unos inútiles, tengan un pésimo gusto o que haya entre ellos muchos instrumentistas mediocres, cantantes desprovistos de técnica, etc.: si se dicen históricamente informadas, todas ellas son -según ellos- modélicas, verdaderas a diferencia de las demás. Y, por lo tanto, las que no declaren autenticidad histórica, son soslayadas por esos programadores. ¡Funesta moda, vaya ceguera, menuda ignorancia!

No quiero terminar sin reconocer que hay algunos intérpretes partidarios del historicismo que me parecen buenos, serios y capaces: muy distanciados, por tanto, de las tropelías diversas de otros.


45 comentarios:

  1. Ahora viene cuando yo saco mis argumentos, que seguramente no convencerán a nadie, (o a muy pocos de los que leen este blog), pero que a pesar de todo me permito compartir, para que quienes quieran leerlos y reflexionarlos lo puedan hacer.
    Lo primero que hay que hacer es negar la mayor: los intérpretes historicistas nunca pretendieron ser intérpretes “auténticos”. Ya en los años ochenta, Richard Taruskin afirmó muy acertadamente que los intérpretes historicistas no intentaron nunca reproducir la sonoridad de la música que interpretaban de acuerdo con las teorías musicológicas más aceptadas, sino adaptándolas a criterios de escucha más actuales. Ejemplos: Cada vez está más extendida la opinión de que cuando interpretaba Bach sus cantatas en Leipzig, sólo disponía como máximo de dos o tres cantantes por voz, pero muy pocos intérpretes historicistas se atreven a intentarlo siquiera en grabación; algunos que sí lo han hecho en disco pero que también son inteligentes, como John Butt cuando hizo la Pasión según San Juan en los Proms, adaptan el tamaño de los coros al espacio donde hacen música. Y como ya he dicho más de una vez, quienes tocan música de Chopin en pianos de época no suelen intentar imitar a los pianistas de comienzos del siglo XX que, ellos sí, conocieron más directamente la tradición interpretativa romántica.
    Así pues, ¿ha sido el historicismo un avance o no? Yo creo que no es un avance ni un retroceso; es una visión alternativa. Algunos críticos, como Luis Gago, lo han aceptado y saben valorar las virtudes de una aproximación u otra. En el plano técnico, ahora las orquestas historicistas tocan evidentemente mucho mejor que en los años setenta, aunque han perdido personalidad. Quienes están a un lado u otro de la trinchera que, a estas alturas, debería estar superada se pierden muchas cosas… Dicho todo esto con el máximo respeto a directores como Karl Richter, Leppard, Marriner, Britten y compañía, que también me encantan.



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    1. Yo he escuchado, en escritos, entrevistas, etc., a varios intérpretes historicistas, decir que sí pretenden tocar y sonar como se hacía (o se haría) en la época de composición de las piezas en cuestión.

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  2. Hola desde Compostela. Efectivamente, no es usted el único. Se puede decir más alto pero no más claro. Simplemente añadir que este verano en Radio Clásica escuché a una locura decir, preguntarse, cuando llegaría el tiempo en que interpretar una música con instrumentos creados posteriormente a la época de redacción de la obra se vería como algo absurdo. Espero que nunca, me contesté a mí mismo.

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    1. Eso que escuchaste es más que una frase aislada. Era (o es aún) una solemne declaración que se escuchaba a menudo (no sé si aquella locutora sigue: últimamente no lo he vuelto a oír).

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  3. Como ya puedes imaginar, Ángel, yo, como Sergio, también estoy de acuerdo en todo, y en especial sobre tu descripción de los sonidos con que el prurito historicista ha dado en torturar a la música barroca: “sonido chirriante de los violines, extenuantes reguladores dinámicos, la profusión de adornos que distorsionan y hasta encubren la melodía.” A mí esos tics me ponen de los nervios y me echan para atrás. Con la de maravillas que podrían hacerse con esas obras…
    En cuanto a la opinión de Xabier sobre que “los intérpretes historicistas nunca pretendieron ser intérpretes “auténticos”. Puede que no todos, pero lo cierto es que Jordi Savall, por ejemplo, envuelve siempre sus conciertos con el reclamo de “el sonido original”, que es como decir el auténtico, el que las interpretaciones no-historicistas (acabarán por llamarlas negacionistas) nos han adulterado e impedido que llegue a nuestros oídos en toda su inmaculada pureza.
    Cierto que, en general, el resultado sonoro de esas pretensiones historicistas es una alternativa más a otras formas de interpretar, el problema es que la forma historicista se ha convertido en totalitaria y excluyente, no solo para la llamada “música antigua” sino que como un chapapote envolvente se va extendiendo hasta zonas que parecían inexpugnables a sus maleficios, como el planeta Wagner, por ejemplo:
    https://www.plateamagazine.com/criticas/12275-kent-nagano-y-concerto-koeln-presentan-das-rheingold-de-wagner-en-una-revision-historicista

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  4. Yo parto de una hipótesis. Qué habrían hecho esos compositores de contar con la calidad de los instrumentos que hay hoy en día? Porque no se trata solo del Stradivarius, del Stenway… se trata del material con el que están hechas las cuerdas, los martillos, los mecanismos, la madera de los arcos… Tengo varios amigos “famosillos” que han tenido que comprar arcos “históricos” porque es lo que más se demanda hoy. Si tienen que interpretar un concierto de violín de Mozart o un concierto de cello de Haydn les piden que sea con esos arcos. Hay ciertos músicos que hacen gran trabajo. Lo que no soporto son esos Bruckner, Brahms… que suenan a lo música de feria. Saludos. Juan

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  5. Buenas tardes a todos. Sin pretender hacer de esto un recuento: totalmente de acuerdo con su entrada de hoy. Todo esto del historicismo llega a ser agotador, sobre todo por lo que de excluyente tiene la propuesta.

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  6. ¿El historicismo ha enriquecido el arte de la interpretación musical? Indudablemente sí, como también Beethoven supuso un gran avance en composición. ¿Beethoven invalidó por ello a Mozart o Bach? Por supuesto que no, como tampoco quedaron invalidadas las interpretaciones de Klemperer o Rachmaninov. Para mí, es muy sencillo...

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    1. No acierto a ver en qué ha enriquecido el historicismo la interpretación musical; si acaso, en recuperar el "sonido" -solo el sonido, que no es el elemento principal en la música- de aquellos tiempos. Como curiosidad puede ser interesante, en mi opinión nada más. Pero esto del sonido atañe a la ejecución, no a la interpretación. Y sí, algunos -pocos- intérpretes historicistas han sido y son buenos intérpretes, pero desde luego no es lo habitual; rara vez sus aportaciones son sustanciales.

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    2. Buenos días. Quiero intervenir en esta conversación aportando una pregunta que no parece tenerse en cuenta generalmente en la discusión sobre la HIP: ¿Por qué existe la HIP? ¿Tiene alguna justificación?
      La explicación más sencilla es que algunos músicos durante el siglo XX intentaron comprender cómo podían sonar aquellas músicas cuya tradición interpretativa había caído en desuso o que estaban destinadas a instrumentos olvidados. Si tomamos por ejemplo la música destinada a los instrumentos antiguos que no tienen un relativo moderno exacto (o sea, instrumentos no tienen las mismas notas o las mismas cuerdas o afinaciones) como son los de cuerda pulsada (laúdes, tiorbas, guitarras barrocas, etc) o la viola da gamba, el intrépido explorador musical del siglo XX, si quería tocar música destinada a alguno de esos instrumentos, o aprendía a hacerlo en una copia del mismo, o debía hacer una severa transcripción a su ‘equivalente moderno’ (perdiendo en el camino, entre otras cosas, muchas notas de las partituras, que la guitarra moderna o el cello no pueden hacer y sí los laúdes o las violas da gamba). ¿Que eso no tiene importancia alguna porque los instrumentos antiguos son gangosos, afónico o torpes…? Perfecto, que cada uno escuche lo que quiera, pero si prescindimos del laúd o de la viola da gamba el oyente de La Pasión Según San Mateo de Bach jamás podrá oír el aria Komm, süsses Kreuz con las notas que escribió el autor, o la Suite para laúd BWV 995 tal como fue compuesta. ¿Que ambas suenan mejor con cello o guitarra? Depende del gusto del oyente, claro. Suenan obviamente diferentes, pero, ¿no merece Bach que, al menos, conozcamos lo que compuso?
      Beethoven, en su Sonata ‘Claro de Luna’, instruyó al intérprete a que tocase todo el primer movimiento ‘senza sordino’, esto es, en un piano actual, con el pedal de resonancia pisado. Si hacemos caso al compositor - y quizá Beethoven lo merezca -, en un piano moderno eso suena horrible (una melaza de armónicos inasumible). ¿Tiene sentido probar a tocar la obra en un instrumento donde eso funcione? Yo creo que sí, aunque sea por cumplir lo que requiere (en modo imperativo: “Si deve Suonare tutto…”) Beethoven. En un piano de su época suena perfectamente, claro, aunque el sonido del instrumento sea diferente.
      Para cosas como estas y para descubrir repertorio cuyo sentido era inescrutable con la tradición interpretativa e instrumentos del siglo XX empezó toda la movida esta de la interpretación históricamente informada. Pensemos que autores tan importantes como Anton Rubinstein ya decían en 1892 cosas como: “Creo que a lo largo de la historia ha habido instrumentos con efectos particulares de color y sonido que ya no encontramos en los instrumentos actuales. Dado que las obras de una época en particular fueron concebidas para los instrumentos existentes en ese momento y estaban destinadas a recibir su máxima expresión de ellos, creo que estas obras pierden mucho más al interpretarse en instrumentos modernos.” No estoy de acuerdo con el maestro ruso, pero creo que por probar no perdemos nada y que el esfuerzo de conocer sonoridades que no nos son familiares merece la pena.
      ¿Y por qué participo yo en esto? Para aportar mi opinión de que no hay guerra más allá del que la quiera librar. ¿Que hay personas que tienen posturas guerracivilistas con todo esto? Y tanto que las hay. ¡A montones! Los locutores de RNE que se mencionan en este blog, sin duda, o músicos tan ilustres como Pinchas Zukerman que afirmaba, preguntado en una entrevista en 1991 sobre la HIP: “"I hate it. It's disgusting. The first time I heard that shit, I couldn't believe it. It's complete rubbish, and the people who play it“.
      Ps. Yo, en las Suites para laúd de Bach, prefiero la guitarra, y, más todavía, la transcripción para clave. P’a gustos, colores.
      Saludos, Guillermo Peñalver

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    3. Hombre, yo nunca he pretendido que se sustituya una viola da gamba por un cello. No conozco una sola grabación de La Pasión según San Mateo en la que hagan eso.

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    4. Hola. Yo conozco pocas, pero alguna hay. Fritz Lehmann, en el 49, y Furtwängler, en el 54, sí las grabaron con cello y son versiones interesantísimas. Probablemente Mengelberg, en su versión del 39, también habría utilizado cellos de no haber hecho los típicos recortes alla Mendelssohn, donde se comía ese aria, otros muchos números y… el aria Mache dich. ¡Dios mío, perdónalos porque… ¡. En cualquier caso, esas versiones con cello son diferentes de lo que escribió Bach. Todas las demás versiones discográficas, con viola da gamba, responden al deseo genuino, en mi opinión, de explorar lo que Bach propuso en su partitura, incorporando un instrumento en desuso desde 1750. Muy encomiable, sí señor. Estos directores que han integrado la viola de gamba en sus plantillas orquestales para hacer la San Mateo de Bach han entendido, imagino, que de no utilizar la viola da gamba algo se habría perdido. Otros, yendo más allá, piensan que, aunque un moderno corno inglés puede dar todas las notas que hay en el papel del oboe d’amore de la época de Bach, el uso de este último genera un color y una textura sonora que les es deseable y lo incorporan a su orquesta. La cuestión es dónde se pone la frontera entre lo que se obtiene vs sacrifica al cambiar sonoridades habituales (vgr. instrumentos modernos) por otras menos familiares, ... o gangosas, afónicas o como se las quiera describir. Saludos, G.P.

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  7. El historicismo ha sacrificado excelencia interpretativa por arqueología. No me parece un buen intercambio.

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  8. En mi opinión, hay sitio para (casi) todo. El movimiento historicista revitalizó la música antigua, barroca y del clasicismo. Podrá gustar más o menos, pero sus planteamientos interpretativos (organológicos, agógicos, etc.) son serios e informados. ¿Hay grupos HIP malos? Claro, como hay orquestas mediocres no historicistas. ¿Ha invadido el historicismo otros territorios? Sí, claro. ¿Pasa algo? En mi opinión, no. ¿Qué problema hay en que Roth haga Ravel con instrumentos "originales"? (partiendo de un meticuloso estudio organológico).

    Dice usted que no hay que quedarse en cómo se hacían las obras en el momento en que se compusieron. Que hay que innovar, avanzar. Bien. Pues de un tiempo a esta parte sucede que la gente (intérpretes, público) parece no querer anclarse a la manera de hacer de la segunda mitad del siglo XX. No sé qué problema tiene usted con eso, más allá de que no le guste, habiendo donde elegir. Si no le gusta el historicismo, siga escuchando Bach por sus intérpretes de siempre.

    Termino con una reflexión: quien me parece anclado al pasado, en el peor sentido de la expresión, es usted. No hay más que mirar sus puntuaciones. Parece que no ha pasado nada en la música desde que escuchó un disco por primera vez. Sí, menciona intérpretes nuevos, pero sus filias o fobias no han cambiado. Barenboim: 10. Toscanini: 6. Historicistas: 3.

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    1. En primer lugar: ya que arremetes contra mí, deberías firmar con tu nombre.
      En lo que dices podría ser que tuvieras razón. Pero también podría ser que yo la tenga; al menos, explico por qué opino lo que opino.
      Lo que no entiendo es por qué lees este blog, de alguien "anclado en el pasado, en el peor sentido de la expresión".

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  9. Pues no veo yo qué ha revitalizado si las mata. De chaval estaba harto de escuchar barroco en Radio 2 y en los discos y cassettes que compraba y no había nada ade históricamente petardeado.

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  10. Ahora que tengo tiempo y oportunidad, respondo a algunas de las cuestiones que se han planteado a propósito de mi comentario inicial en esta entrada:
    a). Los intérpretes historicistas pueden decir lo que quieran sobre la búsqueda de la autenticidad, pero lo cierto es que, en la práctica, reconstruyen algunos aspectos de la interpretación de época, mientras dejan muchos otros fuera. Si se me apura, con todas sus limitaciones, Harnoncourt era en su época inicial más historicista que muchos intérpretes actuales de Bach con instrumentos de época, (básicamente, más que todos los que utilizan voces femeninas como solistas o en los coros; que ahora algunos digan que las cantantes de hoy sí tienen un entrenamiento vocal que entonces no tenían no es una excusa válida). Los intérpretes que son inteligentes o están bien informados lo reconocen y argumentan sus decisiones, admitiendo las licencias que se toman respecto a lo que se conocde de la época y el contexto; quienes no, pues bueno, ellos sabrán… Pero de una forma o de otra, la expresión “instrumentos originales” cada vez se usa menos.
    b). En cuanto a si han aportado algo las interpretaciones historicistas, es evidente que sí que han aportado, y desde muy pronto. Más allá de recuperar mucho repertorio que antes no se tocaba, (en algunos casos porque no se podía, no lo olvidemos, pienso en las sonatas del Rosario de Biber, por ejemplo), ha habido cambios de articulación, una expresión más contrastada, los recitativos han ganado viveza en la música vocal, etc. Evidentemente, conforme progresamos hacia el siglo XIX y el XX, las ventajas de la aproximación historicista se diluyen, pero ese es otro asunto que este artículo apenas abordaba originalmente.
    Y por cierto, los famosos Stradivarius y demás instrumentos de cuerda utilizados por los solistas de hoy tuvieron que ser modificados para que se pudieran utilizar las técnicas interpretativas modernas, así que su sonido en efecto ha cambiado…
    En definitiva, cada cual es libre para preferir la aproximación historicista o la neo-objetiva de la segunda mitad del siglo XX, pero hay que tener todos los datos y olvidarse de maximalismos, más aún ahora que incluso los instrumentistas que tocan instrumentos actuales tienen, en muchos casos, entrenamiento específico en las técnicas propias de los intérpretes historicistas.




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    1. Solo una puntualización: el mérito de haber recuperado repertorio barroco olvidado no es solo de los historicistas, y no tiene que ver con ello.

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    2. Yo creo que sí, que la recuperación de repertorio olvidado/ignorado se debe en gran medida a la HIP. Repertorio que había caído en el olvido a causa de que no tenía sentido alguno para nuestros oídos y del que algunos intérpretes tuvieron la curiosidad de ver cómo podía sonar en el contexto (prácticas interpretativas, instrumentos, etc.) de la época de su creación. Pongamos como ejemplo de ello a Louis Couperin, ese oscuro autor del que el consumidor medio de música clásica sabe, más o menos, que era el tío de François Couperin y poco más. ¿Tocaba alguien la música de este autor antes de empezar esto de la HIP? ¡Ni el tato! Si se consulta la página de DISCOGS [que no es una estadística oficial pero que sirve al propósito de esta explicación] se observa que los únicos que grabaron a L. Couperin hasta los años 2000 fueron clavecinistas y organistas. ¿Por qué ocurre esto? ¿Es un autor poco intereresante, un mal compositor? Intento responder a la pregunta con un ejemplo -inventado, claro- práctico: Un músico curioso, en los años 50 del siglo pasado, se topa con un preludio ‘non mesuré’ de Louis Couperin; pero hete ahí que no sabe qué significan los signos de ornamentación, las ligaduras, no hay compás, todo son redondas… Un completo sinsentido. Parece más el garabato de un estudiante que otra cosa. Sobre eso, en la época de nuestro intérprete, no había ninguna jurisprudencia, ni lo tocaba nadie, ni se estudiaba en los conservatorios. O recurría a algún texto coetáneo del autor para enterarse de qué iba la película o lo dejaba por imposible, porque no había por dónde cogerlo. Una vez conocido el lenguaje las piezas parecen ordenarse y, si toca el preludio en cuestión con un clave, aquello cobra sentido: las resonancias, las acumulaciones de sonidos, el fraseo… Gracias a la labor de ese pionero, a que su música se puede escuchar con sentido, hoy, un pianista, puede, si quiere, tocar a Louis Couperin y que parezca música y no los espasmos de un lunático. Los que rebuscaron en tratados antiguos y restauraron instrumentos arrinconados en museos han revivido una música que estaba completamente perdida. Y cualquiera puede integrarla al repertorio mainstream si lo desea. ¿Qué hay de malo en eso? Nada, todo lo contrario. ¿Que el clave te suena “como dos esqueletos copulando sobre un techo de hojalata durante una tormenta eléctrica”? (Th. Beecham dixit). Desde luego, quien lo perciba así debe mantenerse alejado. Yo, en cambio, invito al que se sienta intimidado por esas sonoridades inusuales a hacer el esfuerzo de descubrir valor en lo diferente. Por cierto, si alguien tiene curiosidad en escuchar la música barroca más francesa imaginable para teclado, puede empezar con el Prélude non mesuré en fa mayor (nº 13 de la clasificación de Gustafson) de nuestro L. Couperin. En mi opinión es una maravilla. Incluso existe, que yo conozca, una grabación con piano (Pierre Chalmeau). Al que le guste la música de piano de Scriabin esto no le debe dejar indiferente. Saludos, G. P.

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    3. El caso de Louis Couperin está clarísimo. Pero también un "no historicista" como Leppard (hoy denostadísimo) descubrió e interpretó varias óperas barrocas olvidadas.

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    4. Ángel Carrascosa Almazán. 29 de noviembre de 2025 a las 8:29: “Pero también un "no historicista" como Leppard (hoy denostadísimo) descubrió e interpretó varias óperas barrocas olvidadas.”
      Cierto. El caso de Leppard ilustra lo más ruin de cualquier movimiento cultural en el que algunos sacan tajada del efecto turba. El gran maestro británico tuvo que sufrir el arrinconamiento más injusto por los talibanes de los instrumentos antiguos, que no son sus intérpretes sino sus voceros y acólitos. Pensar que alguien que tanto hizo por la recuperación del repertorio de los siglos XVII y XVIII se quedase difuminado en la nube de los intérpretes ‘no auténticos’ es irritante para cualquier persona sensata. En su libro Authenticity in music se escandaliza con la idea de las interpretaciones correctas e incorrectas, con la idea absurda de que se pueden… ¡se deben! reproducir las condiciones idénticas a las del estreno de las obras que se tocan…y gilipolleces similares. Como dice en su libro, según esa regla de tres, la cantata Wachet Auf de Bach, la BWV 140, sólo la podrían escuchar unos cuantos privilegiados, dentro del oficio litúrgico protestante en las iglesia de Santo Tomás o San Nicolas de Leipzig, el Domingo 27 del Tiempo Ordinario, a las 7 de la mañana, claro. Y que no se le ocurra acercarse a ningún católico, musulmán o de cualquier otra religión diferente de la luterana.
      Yo creo que, por cronología y por haber sido un director que se dedicó mucho a la música antigua con instrumentos modernos, Leppard pagó más cara que otros la crueldad de los talibanes. Pero que nadie piense que los que estaban en sus casas estudiando los instrumentos antiguos o transcribiendo partituras son los responsables de eso. Son, en general, las casas discográficas, los programadores de conciertos y los críticos musicales los verdaderos culpables del ensañamiento. Entre los propios músicos eso nunca pasó; simplemente fueron beneficiarios de ello, claro está. Yo le he oído hablar con admiración a G. Leonhardt de Helmut Walcha, que no era precisamente un intérprete HIP. El caso de los intérpretes que se suman a la teoría de lo auténtico yo creo que es más bien como reclamo publicitario. Conozco muchos ejemplos de músicos que saben que lo de la autenticidad es una pamema, pero si se acerca un periodista se hinchan como un pavo y les sueltan el rollito historicista como si no hubiera un mañana. Una amiga mía, violinista, me contaba que un ilustrísimo violinista barroco italiano, en los conciertos normalitos usaba siempre cuerdas metálicas: más seguro, más fácil de afinar, y con buena técnica se puede conseguir un efecto similar al de la tripa. Pero cuando iban a un festival de relumbrón, ¡tutti tripa!, no sea que el crítico los crucificase. Yo, si abriese un restaurante andaluz en Bremen, pondría en la carta que las tortillitas de camarones son la auténtica receta de mi abuela Mari Trini, la del Altozano. Yo sé que es mentira; el cocinero, coreano, sabe que es mentira; los camareros, todos colombianos, también lo saben. Los clientes, de Bremen, igual pican…

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    5. Aparte de muchos críticos, la industria discográfica acogió con entusiasmo aquello de los "instrumentos originales" o "auténticos" por otra razón que en privado confesaron sin morderse la lengua: ¡las grabaciones iban a salir mucho más baratas": menos músicos en las orquestas, menos cantantes en los coros, e instrumentistas menos buenos, porque disimularían sus carencias con el cuento de lo antiguo.

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    6. Estamos de acuerdo en que las discográficas vieron el cielo abierto ante la posibilidad de volver a grabar todo el repertorio antiguo, que fuese más barato y que encima el público de a pie notase la diferencia. En lo que no estoy de acuerdo con usted es en la generalización, en afirmar que no eran buenos instrumentistas los que se dedicaron al barroco. De todo hubo y hay, como en el repertorio contemporáneo, en el flamenco o en el mundo del Theremin. Pero muchos de ellos, los que hoy todos recordamos, eran músicos normales (unos más virtuosos y otros menos) que simplemente se vieron atraídos por la aventura de esa nueva ruta y seducidos por los resultados. Anner Bylsma, por poner un ejemplo, cuando dejó la Concertgebouw no era un instrumentista menos bueno que otros: ¡era el primer cello de la orquesta! Y de ahí pasó a tocar ricercares de Domenico Gabrielli y Sonatas de Jacchini. No trató de disimular ninguna carencia con el cuento de lo antiguo. Seguía siendo el mismo cellista que antes, pero cambió de repertorio, de forma de tocar y de instrumentos. Y como él, muchos otros.
      Volviendo a las discográficas. ¿Cómo no iban a lanzarse en tromba cuando comenzó el asunto este? ¿Un aficionado medio a la música clásica distingue la versión nº 3 de la nº 4 del ciclo de Sinfonías de Beethoven de Karajan? No creo que ni el 2%. Hay que ser un súper forofo para comprarse los discos de las mismas músicas una y otra vez, tocadas prácticamente igual y por la misma gente. Los hay, los súper forofos, porque de lo contrario no existiría la industria discográfica clásica, pero lo que sí está claro es que el tiene el disco del El clave bien temperado de Bach tocado por Gould, por ejemplo, si se compra una versión con clave le trae cuenta: es realmente diferente y cualquiera puede notarlo. En ocasiones percibo que algunas personas como que reprochan a las discográficas el hecho de que se aprovecharan de esa circunstancia y la vistieran con todos los recursos publicitarios imaginables. ¿Cómo no iban a hacerlo? Las discográficas, como DG, no eran más puras cuando pagaban portadas de revistas generalistas o especializadas con el eslógan, “Mutter, la mejor violinista del mundo”, que cuando venden el cuento de la autenticidad. Estaban haciendo su negocio, que es a lo que se dedican. Ahora, si el viento cambia de dirección serán los primeros en arrimarse, no nos quepa duda.

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    7. Por descontado que yo no he pretendido generalizar, pero estoy convencido de que al principio del movimiento "original" proliferaron no pocos instrumentistas de menor nivel con el pretexto de que antiguamente los instrumentos sonaban más "imperfectos". Hay muchos discos que dan fe de ello.

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    8. Y claro está que las compañías fonográficas no son ONGs, sino que se mueven ante todo por el negocio. Pero tampoco debemos olvidar cuánto han hecho por preservar la cultura musical: ¡la cantidad de documentos interpretativos de primerísimo orden que han preservado!

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    9. Cierto. Hay grabaciones de las primeras épocas de la HIP que son… difíciles de olvidar. La grabación de un concierto en Moscú por el clavecinista Günther Ramin en el 54 [https://www.youtube.com/watch?v=60yldDtvkIg&list=OLAK5uy_niWf_Rz7c7C-mPHLwkGQGQFApAe9nFS-I&index=8] o el disco de René Clemencic con Claudio Scimone intentado tocar varios conciertos de flauta dulce de Vivaldi [https://www.discogs.com/master/1142115-Vivaldi-I-Solisti-Veneti-Claudio-Scimone-Ren%C3%A9-Clemencic-Quattro-Concerti-Concertos-RV-552-108-442-E], son buena prueba de que los comienzos son difíciles. Pero a todos les pasa. El trompetista Adolf Scherbaum, que trabajó en la Filarmónica de Berlín durante varios años, en época de Furtwängler, fue de los que empezaron a utilizar la llamada Trompeta Piccolo, ese instrumento moderno inventado para poder tocar la música barroca más difícil (2º Brandemburgo, Misa en Si menor, etc.), imposible de hacer con la trompeta estándar de orquesta. Cayó en mis manos hace poco una grabación suya del Concierto para trompeta de Leopold Mozart [https://www.youtube.com/watch?v=iNkY17NW3Q0], y se comprueba que el muy sólido trompetista, con un instrumento moderno a más no poder, aunque experimental, las pasa canutas. Hoy, cualquier trompetista se merienda ese concierto porque la trompeta piccolo ya no es una rareza. Saludos, G. P.

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    10. Yo recuerdo con espanto los Conciertos para flauta op. 10 de Vivaldi por Veilhan y Malgoire, con una no menos horrible Grand Ecurie.
      O la primera grabación de la Música acuática por Harnoncourt con unas trompas que bramaban a lo bestia: el director parecía refocilarse con su horrendo sonido.

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  11. Muy de acuerdo con Anónimo. Conozco a Ángel Carrascosa desde hace más de treinta años y siento por él cariño verdadero y una profunda simpatía, pero su postura me parece tan reduccionista y extremista como la de esos historicistas iluminados y radicales (que los hay), con la salvedad de que ellos HACEN (ejecutan) la música como la SIENTEN (interpretan) y Ángel parece pretender que todo su argumentario historicista (fundado o no, a los efectos del goce estético eso es lo de menos) invalida, desbarata o anula lo que por sí mismo es incuestionable: el hecho musical, el acto de convertir unos signos escritos en sonidos y ofrecer una versión más. Tanto y tan poco como eso.

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  12. Tal es la cerrazón que seguro que para esto (tomado de la cuenta de la justamente venerada orquesta)

    𝗟𝗮 𝗙𝗶𝗹𝗮𝗿𝗺o𝗻𝗶𝗰𝗮 𝗱𝗲 𝗕𝗲𝗿𝗹i𝗻 𝗵𝗼𝗺𝗲𝗻𝗮𝗷𝗲𝗮 𝗮 𝗝𝗼𝗿𝗱𝗶 𝗦𝗮𝘃𝗮𝗹𝗹

    La Filarmónica de Berlín, una de las orquestas más prestigiosas del mundo, dedicará parte de su temporada 2025–2026 a rendir homenaje al Maestro Jordi Savall, reconociendo su contribución esencial a la recuperación del patrimonio musical y su trayectoria como intérprete, director y divulgador.

    Este homenaje marca un hito histórico, ya que no solo supone el debut de Jordi Savall como director invitado de la Filarmónica de Berlín, sino que la orquesta le dedica un ciclo monográfico que combina sus tres facetas excepcionales a lo largo de seis conciertos:
    • Intérprete solista de viola da gamba.
    • Director al frente de la orquesta berlinesa.
    • Mentor de jóvenes músicos con la Karajan-Akademie.

    para esto, digo, los antihistoricistas tienen una justificación conspiranoica.

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    1. Savall es un músico muy conocido internacionalmente. Mucho ha tardado la Filarmónica de Berlín en llamarlo; ya la han dirigido algunos "historicistas" no precisamente buenos.

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    2. El homenaje de la Filarmónica de Berlín a Jordi Savall es un tributo a su prestigio, un prestigio que él se ha ganado a fuerza de autopromocionarse. Nada más. Ya nadie se atreve a decir que el Rey Jordi va desnudo.

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    3. Joso, supongo que quienes, en uso de nuestras propias facultades intelectivas y emocionales, sí le reconocemos una identidad y categoría como intérprete no existimos o no somos dignos de consideración.

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    4. No es así, Anónimo, en absoluto. Cada melómano tiene derecho a existir y a que sus consideraciones sean tomadas en cuenta. Por eso un servidor dice lo que dice, porque en el mundo musical parece como que quienes, en uso de nuestras facultades intelectivas y emocionales no existimos ni somos dignos de que se nos tome en consideración. Reconozco que a veces me paso un poco arremetiendo contra Savall, y pido disculpas por ello, pero es la única forma que tenemos la minoría antisavalliana para hacernos notar aunque solo sea para que nos den caña.

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  13. Anónimo 9:18: “¿Qué problema hay en que Roth haga Ravel con instrumentos "originales"? (partiendo de un meticuloso estudio organológico)”.
    Pues el problema es el propio Roth, que es muy poca cosa como intérprete y lo disimula haciéndose el “original”. Es decir, que para este viaje no hacían falta alforjas historicistas. Y lo mismo ocurre con no pocas interpretaciones de este jaez, lo cual no obsta para que las haya realmente buenas, que resultan ser las que presciden de esos manierismos pretendidamente históricos pero que en su realidad sonora no son más que torturas auditivas que dudo mucho que los contemporáneos de época pudiesen soportar sin abroncar a los intérpretes.
    ¿Que “El movimiento historicista revitalizó la música antigua, barroca y del clasicismo.? Puede que sí, pero como se revitaliza a una momia que momia se queda por mucho que la hagan bailar en plan marioneta.
    Hace años asistí a una interpretación de la Pasión según San Juan de Bach, a cargo de Franz Brüggen, que en paz descanse. En verdad que estuvo a su cargo, porque se la cargó y la convirtió en una suite de danzas de lo más cursi. Y el público, al final, aplaudiendo a rabiar, porque se trataba de hacer un acto de veneración, no hacia lo que realmente se escuchó, sino hacia el reclamo historicista con que se presentó. Y conste que mi impresión no fue fruto de una manía exclusiva, ya que la compartí con otras personas, además de que acudí al concierto lleno de ilusión. Soy un desilusionado del historicismo musical, hasta el punto de que todo ese movimiento se me antoja una pura engañifa, con las debidas y merecidas excepciones.
    Pienso que se pueden realizar excelentes interpretaciones de música barroca y hasta del clasicismo clásica teniendo en cuenta información histórica y musicológica, pero dentro de ciertos límites, que son los que vienen dados por la auténtica musicalidad del intérprete, ya sea instrumentista o director. Por eso no entiendo qué musicalidad pueden tener esos chirridos de los instrumentos de cuerda o ese hinchar y deshinchar continuamente el sonido que embrutecen tanta interpretaciones barrocas, y que no teniendo bastante se metan con obras del clasicismo para ejecutarlas a toda pastilla como para que cuando antes se acaben mejor. En fin…

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    1. Joso 27 de noviembre de 2025 a las 14:46: “qué musicalidad pueden tener [...] ese hinchar y deshinchar continuamente el sonido que embrutecen tanta interpretaciones barrocas”.
      Está claro que no le gusta esa manera de tocar. Yo, en cambio, no dudo de la musicalidad (si es posible definir ese concepto) del que toque de esa manera. Creo que es sensato y tiene justificación. Si se asoma usted, por ejemplo, al Adagio ornamentado que J. J. Quantz incluye en su célebre Método de flauta, verá que indica con todo el detalle cómo se debe tocar: cada nota, cada dinámica, cada crescendo o diminuendo, cada golpe de lengua… todo. Todo aquello que un compositor de mediados del siglo XX incluía normalmente en las partituras, en ocasiones de forma mareante, como Brian Ferneyhough y que hasta entonces jamás se anotaba; simplemente se tocaba en el estilo de cada época o lugar. Pues ese Adagio prescribe tanto “hinchar y deshinchar continuamente el sonido”, que no sé si embrutece pero que desde luego no resulta similar al estilo más ‘de gran frase’ en el que tocaban Rampal, Nicolet o Marion. A mi me gustan tanto Reinhard Goebel como Aurèle Nicolet. Tengo suerte, la verdad. Saludos, G. P.

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    2. J. J. Quantz:
      “En todos los géneros musicales, y especialmente en las piezas lentas, los ejecutantes deberán siempre asumir los sentimientos del compositor, intentando expresarlos de la mejor manera. Para que esto ocurra, además de los recursos tratados anteriormente, será de gran ayuda el crescendo y diminuendo, siempre que se haga con calma, y sin ejercer una presión exagerada y desagradable con el arco. No obstante, si al compositor ha concebido la pieza con poco o nulo sentimiento, tampoco se podrá esperar de los ejecutantes consigan dotarla de una
      expresión particular.”

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    3. Un ejemplo.
      Comparo estas dos versiones, aunque solo sea el tiempo limitado de la muestra, y tengo muy claro cual es la que me gusta. La segunda. No es que la prefiera a la otra, o que la otra no me guste, es que me resulta insoportable escuchar más de 10 segundos lo que Schayegh hace con su violín.

      Leclair, J-M: Violin Concerto in D Major, Op. 10 No. 3
      II Andante.

      https://www.prestomusic.com/classical/products/8715675--leclair-violin-concertos-vol-2
      (Leila Schayegh, violín)

      https://www.prestomusic.com/classical/products/9268546--vivaldi-leclair-locatelli-violin-concertos
      (Théotime Langlois de Swarte, violín)

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  14. Es que yo creo que estamos perdiendo el punto de esta discusión. De una manera o de otra, el hecho de “adaptarse” a escuchar la música interpretada con instrumentos de época es, en efecto, una cuestión de acostumbrarse. Yo llevo más de veinte años escuchando a intérpretes historicistas; mi versión favorita de la Pasión según San Mateo de Bach sigue siendo una interpretación que nada tiene que ver con ese movimiento, (Klemperer), pero he aprendido a apreciar lo que el historicismo ha aportado a la música barroca.
    Me sorprende, hasta cierto punto, la observación sobre la interpretación de la Pasión según San Juan por Frans Brüggen. Para mí, Brüggen es, igual que John Butt o Nikolaus Harnoncourt a sus respectivas maneras, uno de los directores más respetuosos que han tenido las obras religiosas de Bach. Si al escuchar su versión de la Pasión según San Juan de Bach alguien recibió la impresión de estar escuchando una suite de danzas, a lo mejor no andaba desencaminado, porque las influencias de la música de danza están ahí para quien quiera escucharlas. En efecto, los intérpretes historicistas lo han demostrado en lo sonoro, algunos, (todo hay que decirlo), yendo demasiado lejos. Para todos ellos, ahí están los Richter, Rilling, Leppard, Jochum y compañía, que también lo muestran, pero en mucha menor medida.
    Y como digo, no creo que convenga tratar igual a los historicistas de Bach y Händel o a los que se empeñan en hacer Mahler o Ravel con esos criterios, porque estos últimos tienen que enfrentarse a una evidencia histórica que ya existe: las grabaciones de quienes sí conocieron a los correspondientes autores. Pero que el historicismo ha contribuido a mejorar nuestro conocimiento de la música antigua me parece indudable.


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  15. No es más que una cuestión de gustos. El problema es confundir el gusto propio con "la verdad", y es un vicio demasiado común, en historicistas y antihistoricistas. Ni Goebel es superior a Leppard por el hecho de utilizar instrumentos de época, ni Barenboim es superior a Gardiner por ser más "profundo" o sabe Dios qué invento. El arte es subjetivo, depende exclusivamente de los gustos y experiencias de cada oyente, no existe eso que se llama "mal gusto", ni tiene más autoridad una opinión porque su autor tenga más conocimientos o experiencia. Es sorprendente que, a estas alturas, sigamos tropezando una y otra vez con la misma piedra...

    Para mí, el historicismo ha inyectado una savia al repertorio barroco que lo ha reinventado por completo, no solo es una cuestión de timbre o matices, afecta al corazón mismo de la interpretación. También ha iluminado el clasicismo y romanticismo, aportando una nueva y muy interesante perspectiva, aunque su fuerza en estos periodos sea menor. Pero, una vez más, no es más que mi opinión.

    Yo disfruto con la Pasión según San Mateo por Klemperer y Harnoncourt, las Goldberg por Gould y Hantai, el Vivaldi de I Musici e Il Giardino Armonico, las sinfonías de Beethoven por Furtwangler e Immerseel, etc., etc.

    Saludos.

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  16. Hola desde Compostela. No estoy de acuerdo en casi nada de lo que comenta Pablo. Es decir, a mí modo de ver si existe el mal gusto; y el derecho a tenerlo, por supuesto. Y naturalmente que tiene más autoridad una opinión porque su autor tenga más conocimientos o experiencia: desde luego Sviatoslav Richter tiene más autoridad que yo para hablar de la ejecución de la última sonata para piano de Schubert. Cosa diferente es que ambos tengamos derecho a expresar nuestro parecer. Barenboim ha estudiado y luego grabado varias veces la integral de sonatas del sordo genial, durante años, muchos, yo solo las he escuchado. Y desde luego que su autoridad para desentrañar esa música es bastante superior a la mía. Y que decir de Diskau en el campo del lied. La autoridad basada en el estudio, la interpretación, la investigación, existe y en determinados casos es superior a otras personas que tienen una aproximación más superficial, e incluso menos talento. Luego viene el gusto personal, que puede hasta reconocer esa autoridad pero preferir otra interpretación. Ejemplo: Celibidache en Bruckner, muchas gente prefiere otra aproximación pero restarle autoridad a Celi en ese autor..... Saludos

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