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miércoles, 26 de noviembre de 2025

¿De verdad es un "avance" el historicismo informado?


Otras ruedas de molino con las que no comulgo

Abundando en que no me convencieron de que Haydn fuera muy inferior a Mozart o de que Tchaikovsky y Dvorák fuesen compositores “menores” (entrada del 7 de noviembre), hay otro asunto importante del que tampoco me han convencido.

De la autenticidad -el dichoso historicismo (bien) informado- en las interpretaciones de la música barroca y anterior: nunca nadie me ha explicado hasta ahora por qué es obligado tocar esas músicas tal y como (se supone que) sonaban en su tiempo; y que si no se hace (o intenta) así, se está traicionando la esencia de esas músicas. Desde que comencé a escuchar oboes gangosos, flautas y fagotes afónicos, trompas y trompetas torponas… (son los mismos que no aceptan una trompa moderna en un concierto de Telemann, pero sí el piano Steinway en Bach o Scarlatti), me dije que todo eso era un atraso, y no lo contrario.

Los oídos actuales no son, no pueden ser, como los de antaño, pues entre aquellos tiempos y hoy han sido compuestas muchas grandes músicas cuya memoria ni debemos ni podemos ignorar u olvidar: nos han marcado irremisiblemente. Como han expresado algunos ilustres y lúcidos musicólogos e intérpretes, el conocimiento de la obra de Beethoven -por poner un ejemplo- puede y debe influir en el modo de interpretar a Haydn y a Mozart. Es una especie de legítima (y casi inevitable) mirada, influencia retrospectiva. 

¡Hay además tantos ejemplos de grabaciones -a menudo a cargo de los propios compositores- que hoy día han quedado irremisiblemente anticuadas! ¿Esas no son acaso las históricamente mejor informadas? Hoy nadie dirige a Elgar como él lo hacía, ni nadie toca a Rachmaninov como solía hacerlo él. Sería absurdo quedarse en esa forma de hacer, no evolucionar, petrificarla, fosilizarla. Ha habido compositores -Stravinsky no está entre ellos- que han admitido que otros han interpretado su música con más lucidez que los propios autores. Hasta Stravinsky, que criticaba a diestro y siniestro a otros directores por cómo tergiversaban sus obras, varió la forma de verlas en grabaciones suyas con algunos años de diferencia. ¿Cuál es la auténtica, la primera o la segunda? 

Al parecer, Hindemith pidió a una compañía de discos que retirase su propia grabación tras escuchar la de otro director que le había gustado mucho más. ¿Por qué, si no, Bartók le dijo a Yehudi Menuhin cuando le escuchó en el estreno de su Sonata para violín solo que “pensaba que la música no se interpretaría así [con tal lucidez] hasta cincuenta años después de la muerte del autor”? Porque Bartók sabía que, con las obras importantes sobre todo, ocurre que se va formando, forjando con los años una jurisprudencia interpretativa que va enriqueciendo e iluminando el sentido de las composiciones. Otra cosa más: ¿cómo defender hoy que la música se haga como en su día, cuando multitud de obras maestras innovadoras no pudieron siquiera ser estrenadas, por incomprensión, o por considerarlas inejecutables?

El sonido chirriante de los violines en las ejecuciones del Barroco nunca lo soporté (“¡pero si en la primera mitad del XVIII ya habían sido construidos los Stradivarius!”), ni los continuos, extenuantes reguladores dinámicos, la profusión de adornos que distorsionan y hasta encubren la melodía… Esta hiperprofusión de antiguallas me ha retirado bastante de la música barroca tal y como hoy se suele tocar, y lo peor es que la marea negra, la avalancha de barro va adentrándose cada vez más en el Clasicismo, en el Romanticismo… Y la desolación al comprobar que estas grabaciones casi han acabado con -y arrumbado, con críticas feroces- a las anteriores de los años 60 y 70, esas que limpiaron de romanticismo y pesadez a muchas de las anteriores. No hay más escuchar los Concerti grossi de Haendel que grabaron Furtwängler, Klemperer y, sobre todo, Karajan, con las de Leppard, Menuhin, Karl Richter y otros que vinieron no mucho después. ¡Eso sí que fue un avance!

Una gran parte de los críticos y de los programadores de, por ejemplo, Radio Clásica tienen (¡qué papanatismo!) por genuina, auténtica, cualquier ejecución que siga (o diga seguir) los postulados historicistas… da igual que los directores sean unos inútiles, tengan un pésimo gusto o que haya entre ellos muchos instrumentistas mediocres, cantantes desprovistos de técnica, etc.: si se dicen históricamente informadas, todas ellas son -según ellos- modélicas, verdaderas a diferencia de las demás. Y, por lo tanto, las que no declaren autenticidad histórica, son soslayadas por esos programadores. ¡Funesta moda, vaya ceguera, menuda ignorancia!

No quiero terminar sin reconocer que hay algunos intérpretes partidarios del historicismo que me parecen buenos, serios y capaces: muy distanciados, por tanto, de las tropelías diversas de otros.


viernes, 28 de febrero de 2025

Novedades discográficas: Queyras, Ridout, Donohoe, Ott, Thibaudet, Dueñas

 


BACH: las 6 Suites para violonchelo solo – Jean-Guihen Queyras (Harmonia Mundi)

Queyras ya las había grabado en 2008 para el mismo sello. No las tuve entre mis favoritas. Pero las de ahora me han gustado, en general, algo menos aún. No hay duda de que toca muy bien y de que posee un gran sonido. Pero me molestan mucho lo que creo que son guiños a la interpretación (mejor, a qué engañarnos: ejecución) históricamente informada: demasiada ornamentación, que para mí desdibuja la línea de la sobria y genial escritura bachiana, y demasiados, casi constantes, breves reguladores dinámicos, así como brusquedades varias. Lo siento, me molesta y me indigesta escuchar estas cosas. Pero, por supuesto, habrá a quienes les encante esta forma de tocar; están en todo su derecho.

¡Qué contraste con la Segunda Partita para violín solo de Bach que acaba de grabar a la viola Timothy Ridout, un instrumentista sensacional! Nacido en Londres en 1995, es claramente un fuera de serie. El CD que acaba de editar Harmonia Mundi contiene, además de la magna partitura bachiana, las Fantasías 1 y 7 para violín solo de Telemann arregladas por el propio Ridout. La admirable Elegía para viola sola de Britten y la pieza In manus tuas de Caroline Shaw (Greenville, 1982) completan este apasionante CD.

 

BUSONI: Fantasía contrapuntística. Sonatinas 1 y 2. Sonatina brevis. Variaciones y fuga sobre el Preludio Op. 28/10 de Chopin. Transcripciones de Bach: Toccata y fuga BWV 565, Preludio y fuga BWV 532 – Peter Donohoe, Karl Lutchmayer (Chandos)

Es la segunda publicación del pianista Peter Donohoe dedicada al gran Ferruccio Busoni (1866-1924), uno de los enormes pianistas de su tiempo y un compositor mucho más importante de lo que dice su más bien escasa fama. Tiene, entre otros, grandes valedores en Alfred Brendel y Daniel Barenboim (quien, sin embargo, no ha grabado nada suyo de piano, aunque sí una ópera -Die Brautwahl- y dirigido otra, Doktor Faustus, entre otras composiciones). Pues bien: la gigantesca Fantasia contrappuntistica se ofrece en la versión para dos pianistas (yo conocía solo la de un único pianista), en la que Donohoe colabora con Karl Lutchmayer, quien por su parte toca también admirablemente la Sonatina brevis. Las transcripciones de las composiciones para órgano de Bach suenan grandiosas, lo que puede no gustar, pero lo más probable es que así las concibiese Busoni. En suma: espléndidas interpretaciones de obras poco conocidas pero de gran valor, y estupendas tomas de sonido.

 

FIELD: los 18 Nocturnos – Alice Sara Ott (DG)

El irlandés John Field (1782-1837) inventó, sí, el nocturno, lo cual siempre se recuerda al hablar de los de Chopin, pero a la luz de los del polaco aquellos palidecen un montón: son música muy de salón, delicada y ornamental, realmente poco poética y nada profunda. Ott las toca primorosamente, eso sí, y seguramente muy en la línea de lo pretendido por su autor.

 

KHACHATURIAN: Concierto para piano. Transcripciones para piano (Adagio de Espartaco; Danza del sable y Canción de cuna de Gayaneh; Suite de Mascarada. Estampas infantiles) – Jean-Yves Thibaudet/Orquesta Filarmónica de Los Angeles/Gustavo Dudamel (Decca)

Hacía años que no escuchaba el Concierto (1936) de este compositor armenio (1903-1978), pero no tengo la menor intención de volverlo a hacer: me parece, me vuelve a parecer una obra de puro lucimiento, anacrónica, aparatosa, efectista, tirando a vulgar, y cuentista. Eso sí, está muy bien servida en esta grabación. Las Estampas infantiles, de 1964, sí son originales para piano.

 

PAGANINI: los 24 Caprichos. Etc. – María Dueñas (DG)

Impresionante trabajo de la sensacional violinista granadina (n. 2002), que yo diría que ya es una de las grandes del panorama internacional, pues a su triunfo con el comprometidísimo Concierto de Beethoven añade ahora este despliegue formidable de virtuosismo. No se trata de una versión más, por muy bien tocada que esté, de los Caprichos paganinianos, sino una recreación que intenta -y consigue- salirse del mecanicismo con el que suelen ejecutarse, plagada de detalles muy personales, y que en muchos casos me han parecido muy bien traídos; sin embargo no me ha gustado un pelo cómo frasea, rizando el rizo, el famoso tema -del que tantas series de variaciones se han escrito- del Capricho 24. El álbum se completa con piezas de Berlioz, Saint-Saëns, Wieniawski, Sarasate, Kreisler, Jordi Cervelló (Barcelona, 1935-2022) y Gabriela Ortiz (México, 1964), en las que cuenta con diversos colaboradores. Una reflexión personal: Dueñas posee una técnica excepcional y un gran talento… en bruto. Para llegar a ser una artista de primerísimo orden, lúcida y equilibrada, necesitaría de algún músico de gran solidez (pianista, director…) que la encaminara.