Boris Godunov
Aunque la orquestación de Boris Godunov por Rimsky-Korsakov es sin duda meritoria, es cierto también que -pese a las indudables buenas intenciones del autor de Scheherazade- traiciona, falsea el espíritu de Mussorgsky, de algún modo dulcificándolo y restándole elementalidad y asperezas, además de añadirle un resplandeciente y seductor arco iris de colores que no parecen convenir gran cosa al autor de Cantos y danzas de la muerte. Por ello, desde hace más de un cuarto de siglo, la genial ópera se interpreta casi siempre respetando la orquestación original del propio Mussorgsky, perfectamente realizable -aunque se había oído asegurar insistentemente que “no lo era”-.
Cuadros de una exposición
En cuanto a los Cuadros de una exposición, si bien es cierto que la orquestación de Ravel no es muy mussorgskiana que digamos, es tal la maestría de la paleta y tan atinada la imaginación tímbrica del compositor francés -aun sin que se vea su trabajo exactamente como un servicio al ruso- que es fascinante lo que resulta de la suma de ambas personalidades, por lo que la versión Mussorgsky/Ravel creo que no debería espantar a nadie. El resultado puede que sea un producto híbrido, pero es, qué duda cabe, un híbrido maravilloso. Es probable que algunas otras orquestaciones de esta obra suenen más a Mussorgsky (él nunca orquestó su partitura pianística), por ejemplo la de Vladimir Ashkenazy. Pero, claro está, ninguno de esos autores es tan gran orquestador, y por eso son a la postre versiones menos logradas y acabadas que la del autor de Mi madre la oca. No es por tanto de extrañar que los Cuadros se escuchen con mucha más frecuencia en la versión orquestal raveliana que en la, también apasionante, original para piano -circunstancia a la que contibuye, todo hay que decirlo, la extrema dificultad de ejecución de la versión original para teclado-.
Una noche en el Monte Pelado
Pero ¿qué ocurre con Una noche en el Monte Pelado? Creo que es un caso bien distinto a los dos anteriormente expuestos. Existen al parecer hasta cinco versiones de Mussorgsky, alguna de ellas con coro titulada Noche de San Juan en el Monte Pelado. De modo que de la supuesta versión original es raro escuchar en los discos dos veces exactamente la misma música. Pues bien, me dispongo a mostrar una opinión políticamente muy incorrecta, por la que voy a ser crucificado (solo virtualmente, espero), y es que el trabajo de reelaboración -recomposición, casi- de Rimsky-Korsakov convierte esta página -estas páginas- en un más breve, más conciso y magníficamente articulado y orquestado poema sinfónico, mientras que las versiones de Mussorgsky me resultan mucho menos convincentes: son caóticas, alocadas, desordenadas.
Esas características, en principio, podrían incluso parecer atractivas, pero lo cierto es que las versiones de Mussorgsky no dejan de ser deshilachadas, informes, desconcertantes y carentes no ya de estructura, sino incluso de cualquier línea de continuidad; es muy difícil memorizarlas, por ello. Y es que si se me objeta alegando que un aquelarre ha de ser informe y caótico, yo respondería que incluso el caos ha de ser organizado de algún modo para que llegue a convertirse en arte. De ello hay no pocos ejemplos muy logrados en la historia de la música, desde la introducción de La Creación de Haydn y el movimiento final de la Sinfonía Fantástica de Berlioz a El aprendiz de brujo de Dukas. Así que, aunque el bienintencionado Rimsky-Korsakov sea normalmente muy criticado por falsear a Mussorgsky (y hasta a Borodin: pero con el autor de El príncipe Igor esa acusación es mucho más difícil de sostener), en el caso del Monte Pelado creo que Rimsky hizo un trabajo que mejora claramente a los originales.