Medio chasco en la Philharmonie
El dia 31 de diciembre por la tarde escuché en directo a través de Digital Concert Hall el Concierto de San Silvestre de la Filarmónica de Berlín dirigida por su titular, Kirill Petrenko. Me quedó claro, una vez más, que no merece ese puesto. El programa, italiano en sentido amplio, empezó con una Obertura de La forza del destino de Verdi extremadamente desigual: a ratos fue insulsa e inexpresiva, metronómica, mientras tuvo pasajes logrados o al menos muy brillantes y exhibicionistas (¡Barenboim, ¿dónde estás?!). Las arias italianas -Verdi, Zandonai, Giordano, Mascagni- las cantó Jonas Kaufmann, cada vez más oscura y baritonal su voz. Con algunos problemas canoros en el paso y cierta falta de sintonía de lo “italiano” -pese a su perfecta pronunciación- volvió a dar una lección de musicalidad, de fuerza expresiva y, sobre todo, de permanente atención a lo que expresaban las palabras en todo momento. El Intermedio de Cavalleria rusticana, del último compositor citado, sonó blando y empalagoso, cuando se trata de una música ardorosa y sufriente (¡Muti, ¿dónde estás?!). Lo que más me gustó del concierto fue la jugosa interpretación de la preciosa Suite del film La Strada de Fellini, compuesta por Nino Rota; aun así, creo que hubiera quedado mejor con una orquesta más reducida. La muerte de Teobaldo del Romeo y Julieta de Prokofiev pecó de mecanicismo metronómico y de efectismo poco motivado “desde dentro” (¡Celibidache, ¿dónde estás?!). El programa terminó con el Capricho italiano de Tchaikovsky, por encima de la media, pero que, lejos de disimular las carencias de la obra, las acentuó, si bien la coda fue electrizante demostración de virtuosismo orquestal. De propinas, el tema de El padrino cantado por Kaufmann, y una vibrante página de El tábano de Shostakovich.
He leído muchas veces acerca de la “gran técnica” de Kirill Petrenko. Y yo me pregunto: ¿ser exactísimo rítimicamente es el no va más de la técnica de batuta? Porque, ¿dónde está el sutil manejo de la agógica, la fluidez y lógica de las transiciones? Se me ha venido a la mente la reciente interpretación de las Sinfonías de Schumann por Barenboim, al que algunos ¡todavía! consideran un gran músico con una técnica de dirección limitada: ¡¡déjenme que me ría!!
San Silvestre en la Staatsoper berlinesa
Este concierto comenzaba a las 17,30 h., y, a las 19 h, en la Ópera Estatal de Berlín, la Novena Sinfonía de Beethoven dirigida por un Daniel Barenboim venturosamente repuesto de la grave enfermedad que le ha alejado de tocar y dirigir en los últimos meses. Con el Coro de la Ópera y la Staatskapelle Berlin, y un cuarteto vocal formado por Camilla Nylund, Marina Prudenskaya, Saimir Pirgu y René Pape, por supuesto que no he podido escuchar esta interpretación. Parece ser que Barenboim vuelve a la actividad, que ojalá continúe: los días 7 y 8 de enero se anuncia que dirigirá en la Philharmonie a la Filarmónica de Berlín el Primer Concierto de Tchaikovsky con Martha Argerich y el Concierto para orquesta de Witold Lutoslawski. Dirigió, eso sí, sentado: como Klemperer o Celibidache en sus últimos años, en los que hicieron auténticas maravillas; así que ese no es el problema.
El Concierto de Año Nuevo en Viena
Y en cuanto al famosísismo Concierto de Año Nuevo, a esta última edición ha vuelto el único austríaco que la ha dirigido en los últimos tiempos -desde el vienés Willi Boskovsky y de Karajan, por supuesto-, Franz Welser-Möst, que es, para mí, el más soso y gris de todos los escuchados desde hace tiempo. Para empeorar las cosas, el alto número de piezas nuevas (es decir, en la mayoría de los casos, flojas) que veníamos padeciendo desde hace años, esta vez se ha agrandado hasta llenar el concierto de rabo a cabo -salvo las propinas de siempre, de costumbre-, con lo que el nivel medio de calidad de la música ha bajado muy peligrosamente. Sin que mejore mucho la impresión que en estos conciertos nos había causado esta batuta. Un buen amigo melómano y yo comentábamos ayer que estos conciertos vieneses deberían dar un giro, y abrirse a más músicas, directa o indirectamente relacionadas con la familia Strauss, porque está cayendo en un nada recomendable anquilosamiento. Por cierto, en este concierto ha estado como ayuda de concertino Yamen Saadi, el joven violinista que desde casi su fundación ha tocado en la Orquesta del West-Eastern Divan; entró en ella en 2008, a los 11 años de edad, como el componente más joven de la misma. Pues bien, leo que acaba de ser nombrado concertino (co-concertino) de la maravillosa orquesta vienesa. ¡Bravo, muchacho!