viernes, 23 de marzo de 2012

Virsaladze y Dutoit en Ibermúsica

¿Es aburrido el Cuarto Concierto de Beethoven?

¡No, claro que no! Pero en el concierto de Ibermúsica del pasado 21 de marzo en el Auditorio Nacional sí que lo fue. La pianista georgiana Eliso Virsaladze fue la auténtica artífice de esta transmutación de una obra bellísima, poética hasta lo excelso, en un puro aburrimiento. Todas las notas estuvieron en su sitio (no falló prácticamente ni una), pero nada más. Y esto no basta, ni muchísimo menos. Los tempi fueron algo apresurados, sin llegar a irritar por este motivo, y tampoco se entregó al virtuosismo puro que me molesta muchísimo en una partitura como ésta. Pero... ni el menor asomo de emoción o de elevación por encima del suelo. Lo siento, pero me parece que multitud –multitud, sí– de pianistas de final de carrera de conservatorio lo habrían podido tocar así. El primer tutti orquestal fue llevado por Charles Dutoit con sensatez, pero pronto sucumbió a la frialdad absoluta de la solista, a la que a veces trataba de frenar (para que no corriese en exceso). El suizo (con 75 años cumplidos y el pelo sospechosamente negro, sin una cana) nunca ha sido lo que se dice un beethoveniano, pero al menos es un músico cabal (ahora que lo pienso: maravillas no le he escuchado muchas, pero fiascos, casi ninguno. Siempre me parece serio y sensato) que hizo lo que pudo para salvar la Op. 58 beethoveniana. Eso sí, en el Andante ya había perdido fuelle, y la entrada de la orquesta, que ha de ser rotunda, incluso áspera, fue bastante desvaída. (¿Por qué no tocarían otro concierto, en el que podrían haber convencido?...)

Cuando Strauss no suena a Strauss

Escuchando ayer la Vida de héroe que ocupaba la segunda parte de la sesión me pregunté (una vez más) por qué será que a unos directores un autor les suena a tal y a otros no. Es mucho más fácil de apreciar que de explicar o de explicárselo uno mismo. Porque creo que no es sólo una cuestión de sonido –que por supuesto– sino tal vez también de fraseo, de acentuación y quizá también de algo más. Lo cierto es que Dutoit se esforzó en hacer una versión bien medida y, una vez más, sensata: clara, bien expuesta y estructurada, bien diferencia la atmósfera de cada una de las partes, incluso emotiva cuando debe serlo. Pero aquello no sonaba a Richard Strauss, no. Y no era culpa de la orquesta, una Royal Philharmonic que quizá no atraviesa su mejor etapa, pero que en cualquier caso es un conjunto notable (pese a reiterados fallos de trompas y trompetas, sobre todo), con un concertino – Duncan Riddell– que estuvo realmente estupendo en “La compañera del héroe”. Sí, creo que es un tanto misterioso esto del sonido genuino de los grandes compositores.