domingo, 7 de abril de 2013

Discografía de Wagner alternativa a la de González Barrio

 

El País ha publicado el sábado 6 de abril en su suplemento cultural “Babelia” una sucinta discografía de las diez grandes óperas de Wagner escrita por Miguel Ángel González Barrio, crítico del boletín de Diverdi (y de Scherzo) que me ha parecido bastante objetable.
No pongo en duda, ni mucho menos, los amplios conocimientos de este crítico sobre Wagner (reemplaza, de algún modo, al desaparecido Ángel F. Mayo, erudito wagneriano, en el referido boletín), pero sí que me parece que sus recomendaciones no son muy objetivas y menos adecuadas aún. En un diario de información general no se deben recomendar como primeras opciones una mayoría de grabaciones de hace más de medio siglo, muchas de ellas tomadas en público, con las deficiencias técnicas que eso acarrea; eso se entendería mejor si se dirigiera a un público especializado. Y además, sorprendentemente, no habla en absoluto de filmaciones en DVD y Blu-ray. Todo el mundo sabe que una grabación de ópera en audio recoge sólo una parte de lo que es una ópera: la música. Pero no la escena. Es una lástima que no haya tenido esto en cuenta...
Pero, aunque recomienda, por supuesto, algunas interpretaciones muy importantes, choca mucho que se olvide de otras musicalmente más importantes aún y que además, en la mayoría de los casos, poseen una calidad técnica superior.
Me voy a permitir la libertad de hacer mi lista alternativa, no sin referirme a las versiones escogidas por él.
El Holandés errante: selecciona Hans Knappertsbusch (Orfeo 1955) y Marek Janowski (Pentatone 2010). Nada tengo que objetar a la versión del gran “Kna”, pero sí bastante a la de Janowski. Por delante de ella encuentro no pocas: al menos Keilberth, Dorati, Konwintschny, Karajan, Sinopoli y Barenboim. Incluso, en DVD, las versiones de Sawallisch/Friedrich y la de Nelsson/ Kupfer.

    
Pero sobre todo ¿cómo es que González Barrio ha ignorado la interpretación dirigida por Otto Klemperer? Grabación EMI publicada en 1968 que goza de un sonido soberbio para la época, cuenta con un reparto excepcional –Theo Adam, Anja Silja, Martti Talvela, Ernst Kozub, Annelies Burmeister y Gerhard Unger–, un coro admirable (el de la BBC) y una orquesta sensacional (la New Philharmonia londinense). No sólo a mí me parece una interpretación colosal: su enorme reputación es prácticamente general.
Tannhäuser: González Barrio escoge Solti (Decca 1970) y Barenboim (Teldec 2001). Nada que objetar: a mí también me parecen las dos mejores, por delante de otras versiones muy meritorias: Sawallisch, Konwintschny y Sinopoli, y, en DVD, Philip Jordan/Lehnhoff.
Lohengrin: Lovro von Matacic (Orfeo 1959), por mucho que en esa versión cante muy bien y con su bellísima voz Sándor Kónya, no es una elección acertada: las hay mucho mejores. Como la otra escogida por él: Rudolf Kempe (EMI 1963), sin duda una de las dos que yo habría elegido. Pero no deja de ser sorprendente que margine la de Solti (la otra que yo habría seleccionado: con Domingo, Norman, Randova, Nimsgern, Sotin y Fischer-Dieskau, el Coro de la Ópera Estatal y la Filarmónica de Viena. Decca 1987: grabación técnicamente excepcional). Tampoco son precisamente desdeñables las de Keilberth, Kubelik, Karajan, Abbado y Barenboim. Y, en DVD, Abbado/Weber y Nagano/ R.Jones.
Tetralogía El Anillo del Nibelungo: existiendo la versión de Solti (Decca 1958-1965), varias veces remasterizada hasta alcanzar un sonido verdaderamente estupendo, está fuera de lugar recomendarla en segundo término, cediendo el primero a una versión inferior –muy buena, en todo caso, como es la de Joseph Keilberth, grabada en público en 1955 con sonido, lógicamente, bastante pobre, y que además es carísima–. Porque la interpretación soltiana sigue imbatida, gracias a un elenco asombroso, a una Filarmónica de Viena colosal y a una dirección de Solti arrolladora, incandescente. Además, algunas de las versiones de Knappertsbusch (Bayreuth 1956, por ejemplo, en Golden Melodram) son, en todo caso, preferibles a las de Keilberth. Pero la última gran Tetralogía sigue siendo por el momento la de Barenboim en Bayreuth 1991 (Teldec, Warner, también en DVD y Blu-ray –de calidad técnica superlativa– con la admirable escena de Harry Kupfer). En su elenco se acumulan varios de los más grandes cantantes de su tiempo (¡e intérpretes!, aspecto en el que supera en líneas generales a la mismísima de Solti): Jerusalem, Anne Evans, Tomlinson, Von Kannen, Finnie, Svendén, Hölle, Kang, Graham Clark o Waltraud Meier... Razones diversas por las que habría que recomendarla sin duda tras la de Solti.

  
Otras versiones importantes como las dos de Furtwängler, las de Böhm, Karajan o Janowski, Levine o Mehta (ésta sólo en vídeo) quedan indudablemente por debajo.
Tristán e Isolda: estamos de acuerdo en las recomendaciones de Furtwängler y de Barenboim, aunque la grabación de éste en audio (Teldec 1995: Jerusalem, W.Meier, Lipovsek, Salminen, Struckmann, Filarmónica de Berlín) no coincide con el vídeo del mismo año en D.G.: Jerusalem, W.Meier, Priew, Hölle, Struckmann, Bayreuth, con genial escena de Heiner Müller). Yo situaría a Karl Böhm (la otra de las en este caso tres recomendaciones de González Barrio) algo por detrás, sobre todo por la propia batuta. Tampoco son desdeñables Solti, Karajan, Bernstein, Carlos Kleiber, Thielemann y Pappano. Y, en vídeo, las otras dos propuestas dirigidas musicalmente por Barenboim: la de Ponnelle en Bayreuth 1983 (D.G.) y la de Chéreau en La Scala (Virgin 2008).
Los Maestros cantores: no me parece la de Knappertsbusch de 1955 la primera opción, en absoluto, ni que las “importantes voces” (el rudo Frantz, el tosco Hopf, el caricaturesco Pflanzl) del “cohesionado reparto” estén “a la altura” de la batuta. Karajan 1970 y Sawallisch 1993, también recomendados, me parecen muy preferibles. ¿Y qué hay de Kempe, Jochum, Kubelik, Solti I y II, Barenboim o Thielemann? Estos dos últimos directores, tienen, por cierto, las versiones filmadas (en Bayreuth con escena de Wolfgang Wagner y en Viena con la algo rancia de Otto Schenk, respectivamente) más meritorias, de las que no aparece rastro...

  
Parsifal: todo el mundo admite que las versiones de Knappertsbusch son referenciales, y, en efecto, la de Philips 1962, que suena muy bien, es una opción ineludible. Pero no hay que olvidar que las suyas son visiones sumamente religiosas, y que existen otras vías no menos interesantes, las seguidas sobre todo por Karajan (sensual ante todo), Solti y Barenboim (con no poco de demoníacas). Dudo seriamente que la segunda recomendación de González Barrio, la de Janowski, sea una de las grandes. Las de Solti (Decca 1973, Filarmónica de Viena) y Barenboim (Teldec 1991, Filarmónica de Berlín) deberían compartir el olimpo junto a “Kna”; recuérdense los respectivos repartos: Kollo, Frick, Ludwig, Fischer-Dieskau, Kélémen y Hotter el húngaro, y Jerusalem, Hölle, W. Meier, Van Dam, Von Kannen y Tomlinson el argentino.
Además de las citadas, hay que tener en consideración también las de Knappertsbusch 1951, Kubelik, Levine y Thielemann. Y, en DVD, son estimables las de Levine/Schenk y la de Nagano/Lehnhoff, y más que eso, la de Barenboim/Kupfer.
Resumiendo, hay un detalle que resulta un tanto chocante: de las 22 versiones de las diez óperas que recomienda González Barrio hay un total de 9 distribuidas por Diverdi: un poco feo ¿no creen?













lunes, 1 de abril de 2013

Las 8 Sinfonías de Schubert por Maazel y la Radio Bávara


       

En marzo de 2001 Lorin Maazel dirigió a la Orquesta de la que entonces era titular, la Sinfónica de la Radio Bávara, las ocho Sinfonías de Schubert en tres conciertos celebrados en el Prinzregententheater muniqués. Ahora el sello de la propia Radio pública bávara (que había divulgado por televisión estas tomas) publica en CD este ciclo que, de un plumazo, se sitúa entre los más convenientes que existen en disco. Además, es quizá el único que se limita a 3 CDs, lo que se ha conseguido, más que por tempi veloces, por la eliminación de varias repeticiones que, como se sabe, son opcionales.
Las grabaciones son francamente buenas –un sonido muy natural y bastante diáfano– y la Orquesta posee una cuerda sensacional (del viento no podría afirmar siempre tanto). En cuanto a Maazel, como se sabe es un director fabuloso y un intérprete muy variable. Aquí predomina el gran músico, aunque no se libra de algunos desaciertos: las tres primeras Sinfonías las borda, constituyéndose para mí en versiones de primerísima magnitud. A mitad de camino entre las livianas o lúdicas –dicho en el sentido más laudatorio– de Colin Davis (en su integral de 1996 con la Staatskapelle Dresden para RCA: la mejor grabada) y las más solemnes (para entendernos) de Barenboim (Sony 1984-88, con la Filarmónica de Berlín), creo que son propuestas de todo punto ejemplares.
Casi lo mismo le ocurre a la Sexta, con un finale decididamente rápido (los directores se dividen entre quienes abordan este “Allegro moderato” con notable lentitud o con abierta presteza). La Cuarta, “Trágica”, en cambio, constituye una considerable decepción, por cuanto Maazel no da con su aire severo y sombrío, con su tono de tragedia inevitable que gravita de modo diverso pero igualmente inexorable en los movimientos extremos; el 2º, “Andante”, cae incluso en lo blandamente plañidero. La Quinta no es, como para Böhm (Viena, D.G.), para mí su traductor más genial, una especie de 40ª de Mozart serena pero cargada de dolor apenas explícito, sino una versión más abiertamente dramática.
También opta por el dramatismo obvio en la “Inacabada”, pero, demasiado crispada, no termina de convencerme (¡qué rematadamente difícil es dar en la diana con esta sublime Sinfonía!). La Novena, otra difícil piedra de toque, es aquí una versión de una pieza, poderosa y dramática, pero que decae desde el furioso clímax del 2º movimiento hasta el final de éste.
Mis calificaciones para estas versiones serían: 1ª y 2ª: 9,5; 3ª y 6ª: 9; 4ª: 7; 5ª y 9ª: 8; 8ª: 7,5. Repasando mis calificaciones sobre diez ciclos (Böhm, Kertész, Sawallisch, Karajan, Marriner, Barenboim, Muti, Abbado, Harnoncourt y Davis), constato que sólo dos le aventajan en conjunto: los referidos de Barenboim y Colin Davis. El ábum del primero ha sido recientemente reeditado (88697686162) con sonido mucho mejor que el original, a precio bajísimo, pero al parecer no ha sido distribuido en España, y el del segundo se halla ahora mismo descatalogado; esperemos que no tarde en ver una reedición.

lunes, 25 de marzo de 2013

Claudio Abbado y la Orquesta Mozart en Ibermúsica

 

El primero de los dos conciertos que Claudio Abbado ofrece esta temporada en Ibermúsica (Auditorio Nacional, 24 de marzo de 2013) ha sido un programa muy breve: la Obertura Leonora III (se había anunciado una más corta aún: Las criaturas de Prometeo), la Sinfonía concertante de Haydn y la Sinfonía 33 de Mozart. La Leonora III fue una lectura impecable pero bastante insípida: ni la introducción fue lo debidamente sombría, ni exaltada y exultante la coda (que, por cierto, como casi única excentricidad, empezó, en el rápido dibujo de los violines, muy piano). El sonido de la disciplinadísima orquesta, muy parco en la cuerda grave, es muy poco beethoveniano.

Resulta curiosa la evolución de Abbado: tras llegar a ser uno de los más grandes directores del orbe en los años 70 (en un momento en que abundaban los gigantes), en los 80 comenzó (con intenciones, creo, muy comerciales) a imitar a Karajan en su suntuosidad y refinamiento excesivos, sin alcanzar casi nunca al modelo en sus mayores aciertos. Aun con logros aislados importantes, esa década y la siguiente bajó de categoría musical ostensiblemente, con patinazos tan evidentes como sus ciclos sinfónicos de Mendelssohn y Schubert, o el de Beethoven para Sony. Últimamente ha descubierto los instrumentos originales, aunque no para usarlos sino para imitar su sonoridad y los modos de muchos de sus abanderados, y aquí los dislates en música del XVIII están, para mi gusto, a la orden del día. En esta última manera se inscriben las interpretaciones de este concierto, aunque la de Beethoven fue bastante moderada.

Tras la obertura, Alfonso Aijón subió al escenario para anunciar que Abbado le había pedido un favor al que no podía negarse: dejar la Sinfonía concertante en manos de su asistente, Gustavo Gimeno. Supongo que ensayada por el maestro italiano, el español no dejó huella: la versión fue escasa en vitalidad y chispa, y le sobraron algunos contrastes dinámicos un poco excesivos. Los solistas, de la Orquesta Mozart (con sede en Bolonia), fueron el estupendo fagotista Guilhaume Santana, el magnífico oboísta onubense Lucas Macías (¡solista en la Orquesta del Concertgebouw!), el más que notable cellista Konstantin Pfiz y el para mí bastante insufrible violinista Gregory Ahss, de sonido y maneras rácanas al modo del Kremer más aquejado de raquitismo. O sea, cualquier cosa menos coherencia entre los solistas.

La segunda parte se componía sólo de la Sinfonía en Si bemol mayor K 319, que Abbado expuso con la meridiana claridad que le caracteriza (su técnica de batuta es, como siempre, asombrosa), con un carácter en exceso leve y un sonido de nuevo muy avaro en sonoridades graves; el Andante fue más bien un allegretto (parecía un episodio de divertimento), más anguloso que galante el minueto y algo más pimpante de la cuenta el finale, con algún momento relamidillo.

Pero lo más discutible –y para mi gusto, con mucho, lo peor– fue la propina: el bellísimo Entreacto III de Rosamunda. El tema del comienzo fue expuesto siempre en pp; hubo amaneramientos varios, con reguladores excesivos y asomos de ñoñería: un Schubert totalmente periclitado. Se salvó, no obstante, la sección central, gracias a las bellísimas sonoridades y a la musicalidad del oboe –Macías– y del clarinete –Maria Francesca Latella–. El mal gusto del grueso del público quedó claro: esto fue lo más aplaudido.

POSDATA:
Acabo de leer en "El País" la crítica a este concierto (y al siguiente, de ayer lunes) escrita por Juan Ángel Vela del Campo. He aquí algunas frases: (el Entreacto III) "nos hizo revivir a los de más edad su primer concierto madrileño en Ibermúsica con la Sinfónica de Londres en mayo de 1980, cuando interpretó también como propina este entreacto de una manera genial. Ahora el enfoque es distinto pero si me apuran aún más hechizante. Abbado consiguió anteayer que se nos saltasen las lágrimas. Tiene un estilo de hacer música sin comparación posible en la actualidad. Todo respira verdad, profundidad, cercanía".
¡Para que vean ustedes qué distintas formas hay de ver una misma interpretación!...


sábado, 23 de marzo de 2013

Las 32 Sonatas de Beethoven por Barenboim y Ponnelle en Blu-ray

 

Luces y sombras de un álbum excepcional

    

El álbum de 3 Blu-rays (o los 5 DVDs aislados) de EuroArts con todas las Sonatas para piano de Beethoven es, desde el punto de vista musical y artístico, una pura maravilla. Filmadas en 1983-84 en los Palacios Lobkowitz, Rasumovsky, Kinsky y Hetzendorf de Viena más o menos al tiempo (1981-1984) que Deutsche Grammophon grababa para audio el mismo ciclo en París, recogen interpretaciones del mayor intérprete beethoveniano. Conociendo sus maneras, no hay que extrañarse de que no siempre sean muy parecidas a las de los CDs del sello alemán. Todas las Sonatas reciben interpretaciones magistrales y de una lucidez incontestable, pero yo destacaría como estratosféricas las números 4, 5, 7, 8, 15, 28, 31 y 32.

En estas filmaciones realizadas por el probablemente más grande director de escena de la época, Jean-Pierre Ponnelle (1932-1988), un hombre con una cultura musical asombrosa, la belleza de las imágenes y la adecuación de éstas a la música es algo muy especial. En la breve entrevista a Barenboim que se incluye en el tercer blu-ray, el pianista manifiesta su gran admiración por uno de los cámaras, Ennio Guarnieri.

En cuanto al sonido, es magnífico: a cargo de Gernot R. Westhäuser y Werner Mayer, ingenieros que trabajaron mucho para D.G., me gusta más que el de las grabaciones de audio de ese mismo sello a cargo del no menos reputado Klaus Scheibe. Éstas son muy brillantes y claras, pero tal vez un pelín agresivas; el piano de Barenboim suena algo más natural y reconocible en las tomas de vídeo de EuroArts (originales de la productora Metropolitan Munich).

Hasta aquí las características más positivas de esta publicación. Pero no faltan las negativas: las tomas originales eran en la proporción de 4:3 y, para que no queden bandas negras a izquierda y derecha, han optado por adaptarlas a las proporciones de la mayoría de los televisores actuales, o sea, 16:9. Resultado: se han cargado una franja de arriba o de abajo, o ambas a la vez. Se tergiversan así los encuadres de la filmación original, y hay veces que se pierden detalles imprescindibles: un fallo garrafal.

Pero hay más cosas: antes de que se vea cada Sonata, la pantalla en negro nos asegura que cada una de las 32 fue dedicada a Haydn, cuando lo fueron sólo las tres primeras (¡!). Y en el libretillo de los Blu-rays (ignoro si también están mal los de la edición en DVDs) hay varias duraciones groseramente equivocadas: en la Sonata 4, el 2º mov. no dura 7’39”, sino 10’13”, y el 3º no dura 7’27” sino 4’56”; en la Sonata 5, el 1er. mov. dura 5’50”, no 4’27”, y el 2º, 8’52”, no 10’09”; y en la Sonata 29, el 2º mov. no dura 15’45” sino 3’05”. ¡Qué descuidados!

Por lo demás, la imagen es apreciablemente más nítida que en la filmación de EMI 2006, tomada en público en la Staatsoper de Berlín, pues ésta no ha sido comercializada en Blu-ray, sino sólo en álbum de 6 DVDs (dos de los cuales son clases magistrales sobre estas obras). El sonido de ambos álbumes, algo diferente, es quizá igual de soberbio en ambos casos. ¿Hará falta recordar que estamos, sin la menor duda, ante uno de los ciclos de obras más importantes de la historia de la música, acaso el que más?