Resultados no tan diferentes de los esperados
Hay quienes han hablado de que el director canadiense
ha supuesto una “revolución” en la “casposa” tradición de estos famosísimos
conciertos vieneses. No lo veo así: Yannick podría haber sido una
sorpresa porque se le desconocía en este repertorio, pero, tras escucharlo, lo
cierto es que podía esperarse algo parecido a lo que ha resultado ser.
Por ejemplo: sonoridad orquestal algo liviana, menos
densa que Karajan, Barenboim o Muti, y más transparente y de algún modo
camerística, como lo fue sobre todo la de Carlos Kleiber.
Y también simpatía, sentido del humor, desenfado, efervescencia,
agilidad, chispa, hasta cierto nerviosismo, etc. Estas cualidades, muy bien trabajadas
(además dirigió todo el programa de memoria) fueron muy adecuadas para las
piezas, generalmente breves, de mayor desenvoltura y ligereza (en varios
sentidos), que resultaron muy satisfactorias. Fue, me parece, muy buena idea,
la de dirigir la Marcha Radetzky desde el público, y también el valiente hecho de
que Yannick besase a la vista de todos a su esposo. Pero llamarle “revolución”
a estos gestos me parece excesivo.
Ahora bien, en piezas de mayor envergadura los
resultados no fueron tan convincentes, salvo, por ejemplo, en la Fledermaus-Quadrille
(sin llegar al nivel de Maazel 1999) y sobre todo, en la obertura de La
bella Galatea de Suppé, quizá la cima del concierto. Pero no me
convencieron demasiado Rosas del sur (cumbres: Böhm DG 1973, Maazel año
nuevo 1981) ni la Marcha egipcia (Barenboim/Chicago Erato 1973 y año
nuevo 2014), Palmas para la paz (Barenboim 2014), y no digamos El Danubio
azul (Böhm 73, Karajan 87, Mehta 2007, Nelsons 2020, Muti 2018 y 2025…), quizá lo menos
logrado del concierto. Suprimir la repetición de ciertas frases creo que no fue
buena idea.
En cuanto a las dos tan cacareadas páginas compuestas por
mujeres, me gustó (a primera audición) el Vals del arco iris de Florence
Price, y mucho menos la insulsa Canciones de sirenas de Josephine
Weinlich.
Caso aparte es el de la retransmisión para España
realizada por Martín Llade: su incontrolada verborrea, a toda pastilla, le
llevó en varias ocasiones a casi “pisar” la música con sus explicaciones (y a que
se perpetrase escandalosamente una vez con la Marcha egipcia bastante empezada: inadmisible falta de profesionalidad). Aunque no venga a cuento en absoluto, no pudo reprimir su conocido grito "¡viva Mozart!"; a ver cuándo deban vivir Bach o Beethoven... El
ser o creerse muy gracioso resulta cargante: ¡qué buen aspecto el del maestro
por su vestimenta; si hubiese calzado zapatillas de deporte sería mi héroe de
2026!, dijo, más o menos, cuando lo vio aparecer: ¡menuda sandez! O su empeño en
pedir por enésima vez que este concierto lo dirija una mujer. Creo
que RTVE debería relevar a este comentarista de esa labor y destinarlo, por ejemplo, a la retransmisión
desde la Puerta del Sol de las doce campanadas…
Cuando pueda volver a ver y escuchar el concierto (espero
al blu-ray) podré hacer alguna puntualización adicional. Y, por cierto, total incertidumbre sobre el de 2027: Tugan Sokhiev.