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sábado, 3 de enero de 2026

Yannick Nézet-Séguin en el Concierto de Año Nuevo 2026: “¿Revolución?”

 

Resultados no tan diferentes de los esperados

Hay quienes han hablado de que el director canadiense ha supuesto una “revolución” en la “casposa” tradición de estos famosísimos conciertos vieneses. No lo veo así: Yannick podría haber sido una sorpresa porque se le desconocía en este repertorio, pero, tras escucharlo, lo cierto es que podía esperarse algo parecido a lo que ha resultado ser.

Por ejemplo: sonoridad orquestal algo liviana, menos densa que Karajan, Barenboim o Muti, y más transparente y de algún modo camerística, como lo fue sobre todo la de Carlos Kleiber.

Y también simpatía, sentido del humor, desenfado, efervescencia, agilidad, chispa, hasta cierto nerviosismo, etc. Estas cualidades, muy bien trabajadas (además dirigió todo el programa de memoria) fueron muy adecuadas para las piezas, generalmente breves, de mayor desenvoltura y ligereza (en varios sentidos), que resultaron muy satisfactorias. Fue, me parece, muy buena idea, la de dirigir la Marcha Radetzky desde el público, y también el valiente hecho de que Yannick besase a la vista de todos a su esposo. Pero llamarle “revolución” a estos gestos me parece excesivo.

Ahora bien, en piezas de mayor envergadura los resultados no fueron tan convincentes, salvo, por ejemplo, en la Fledermaus-Quadrille (sin llegar al nivel de Maazel 1999) y sobre todo, en la obertura de La bella Galatea de Suppé, quizá la cima del concierto. Pero no me convencieron demasiado Rosas del sur (cumbres: Böhm DG 1973, Maazel año nuevo 1981) ni la Marcha egipcia (Barenboim/Chicago Erato 1973 y año nuevo 2014), Palmas para la paz (Barenboim 2014), y no digamos El Danubio azul (Böhm 73, Karajan 87, Mehta 2007, Nelsons 2020, Muti 2018 y 2025…), quizá lo menos logrado del concierto. Suprimir la repetición de ciertas frases creo que no fue buena idea.

En cuanto a las dos tan cacareadas páginas compuestas por mujeres, me gustó (a primera audición) el Vals del arco iris de Florence Price, y mucho menos la insulsa Canciones de sirenas de Josephine Weinlich.

Caso aparte es el de la retransmisión para España realizada por Martín Llade: su incontrolada verborrea, a toda pastilla, le llevó en varias ocasiones a casi “pisar” la música con sus explicaciones (y a que se perpetrase escandalosamente una vez con la Marcha egipcia bastante empezada: inadmisible falta de profesionalidad). Aunque no venga a cuento en absoluto, no pudo reprimir su conocido grito "¡viva Mozart!"; a ver cuándo deban vivir Bach o Beethoven... El ser o creerse muy gracioso resulta cargante: ¡qué buen aspecto el del maestro por su vestimenta; si hubiese calzado zapatillas de deporte sería mi héroe de 2026!, dijo, más o menos, cuando lo vio aparecer: ¡menuda sandez! O su empeño en pedir por enésima vez que este concierto lo dirija una mujer. Creo que RTVE debería relevar a este comentarista de esa labor y destinarlo, por ejemplo, a la retransmisión desde la Puerta del Sol de las doce campanadas… 

Cuando pueda volver a ver y escuchar el concierto (espero al blu-ray) podré hacer alguna puntualización adicional. Y, por cierto, total incertidumbre sobre el de 2027: Tugan Sokhiev.